¡NO PERMITAS, SEÑOR! Oración al recibir, diariamente, la carta de Dios

 

Entre las cartas que recibes cada día en tu buzón, seguramente ninguna de ellas te despierte demasiada ilusión: facturas del banco, recibos de la luz o del agua, folletos publicitarios… [O quizás no recibas ninguna y la estés esperando.] Sin embargo hay una carta especial, diferente al resto, una que nunca falla, que viene a tu nombre y que la Persona que te la envía espera paciente y amorosamente tu respuesta.

 

No permitas, Señor,

que no acuda al buzón de mi corazón.

No permitas que el Cartero del Reino

tenga que poner la cruz en paradero desconocido.

 

No permitas, Señor,

que almacene tus cartas en la estantería del olvido.

No permitas que salga al mundo

sin haber memorizado, en el corazón, tu mensaje.

 

No permitas, Señor,

que tus palabras se queden en eso, en palabras.

No permitas que tu Palabra, tu Buena Noticia

no tambalee los cimientos de mi alma.

 

No permitas, Señor,

que tu misiva la convierta en un documento confidencial.

No permitas que pase el día de hoy sin haber comunicado,

con palabras y con obras, tus enseñanzas.

 

No permitas, Señor,

que no acuda a tu carta tres, cinco, siete… las veces que sean necesarias.

No permitas que acabe la jornada

sin haberte respondido con mi vida y mis acciones.

 

Y no permitas, Señor, no lo soportaría

que posibles cambios de domicilio o de vida me aparten de tu Palabra.

No permitas, no lo permitas jamás

que nuestra correspondencia, por mi culpa, se vea truncada.

 J. M. de Palazuelo