Nuestra vida de novios

Javier Luengo y Laura López

 

En el Oratorio

Nuestra historia comenzó 17 años atrás, cuando tuvimos la oportunidad de conocernos. En ella tenemos mucho que agradecer a los Salesianos y, en especial, a Don Bosco por crear un lugar tan propicio para niños y jóvenes: el Oratorio.

En ese lugar nos encontramos. En él vivimos nuestro paso de la niñez a la adolescencia rodeado de amigos, que como nosotros se iban llenando con la misma pasta: el espíritu de Don Bosco, la forma de vida, los valores, sus creencias, sus milagros…

En el oratorio te sentías arropado, comprendido y muy querido. Nuestros monitores, por aquel entonces y hoy amigos y/o componentes de nuestra Comunidad, te hacían sentir así. Eso era algo que te hacía creer todavía más en ese espacio dedicado a los jóvenes.

Además de aprender de todos ellos, sin darnos cuenta, íbamos aprendiendo el uno del otro. Porque, el Oratorio primero y más tarde el Centro Juvenil, iba mostrándonos la vida desde vertientes diferentes, todo ello acompañado con la figura de Jesús, quien nos servía de ejemplo.

 

…como monitores…

Pero sin duda, cuando mas nos conocimos el uno al otro fue en nuestra etapa como monitores. El centro juvenil nos permitió ver que hay gente con tus mismos ideales y pensamientos, que creen en lo mismo, apuestan por ello y se preocupan por el Mundo y por las personas y que, como recoge el lema de nuestro Centro Juvenil, “lo importante son las  personas”.

El centro juvenil fue ante todo un hogar. La confianza puesta en nosotros, por medio de los Salesianos que lo han dirigido, su ayuda y su comprensión, han dado lugar a considerarlo así, como algo nuestro.

Este espacio nos dio lo que, quizás en otra clase de ambiente del tipo discoteca o fiesta, no hubiéramos conseguido encontrar. Esto se puede comprobar viendo que afloraban unos valores que no se pueden apreciar en cualquier otro sitio, porque son valores humanos; valores que hacen conocer a la otra persona desde de lo más limpio de su corazón. Observas la actitud ante la vida del otro, como afrontar obstáculos, como vives con otros, como compartes, como te entregas, como te sacrificas, como discurres, como imaginas, cómo te comunicas, como quieres y cómo quieres a Dios… Y es que, esto último, es una suerte inmensa. Porque poder hallar alguien que como tú, pone en el centro de su vida a Dios, hoy en día es casi imposible.

 

…en un proceso de fe…

Una vez confirmados, seguimos en post-confirmación en un grupo. Como se puede comprobar, el Centro Juvenil seguía acogiéndonos en un momento clave de madurez: la elección de nuestras  carreras, vocaciones, nuevos grupos de amigos, iniciarnos en la vida  laboral… Este grupo, que se iba desarrollando tanto en aspectos humanos como religiosos, nos ayudaba a tomar importantes decisiones. Confiábamos en sus consejos porque sabíamos que tras esas palabras estaba el referente de Jesús.

 

…en una Comunidad…

Hoy ese grupo se va vinculando más a la parroquia, a sus labores (Cáritas, Consejo familiar, Consejo parroquial), y poco a poco, se va convirtiendo en Comunidad.

Pero eso no nos hace olvidar que el Centro Juvenil estuvo, está y estará siempre en nuestras vidas y que, cada vez que echemos mano de esos recuerdos o participemos en alguna actividad puntual, podamos mostrar como este ejemplo de vida puede servir de referente para el resto.

Y teniendo tanto en común, y compartiendo tanto tiempo en el Centro Juvenil, pues pasó lo que suele pasar cuando encuentras a la persona que complementa tu vida: que decides que esa persona tiene que estar en tu vida para siempre.

Por eso, en nuestra parroquia, el 27 de junio de 2009, nos juramos amor eterno, ante Él y rodeado de amigos y familia en la que, a día de hoy, nos hace sentir como en casa.

Laura López

Javier Luengo