NUEVA EVANGELIZACIÓN Y ANUNCIO DEL EVANGELIO. PARADOJAS Y CONTRASTES A PROPÓSITO DEL PRIMER ANUNCIO DIRIGIDO A LOS JÓVENES

Xavier Morlans i Molina

Profesor en la Facultad de Teología de Cataluña y consultor del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO.-

El autor del artículo, que ha escrito mucho sobre el primer anuncio, y que también ha puesto en marcha itinerarios concretos para ello, reflexiona y da pistas sugerentes sobre la necesidad, características imprescindibles y realización del primer anuncio del evangelio a los jóvenes.

 

Planteo mi aportación como un elenco de paradojas y contrastes que nos depara  la pastoral con jóvenes, prestando una especial atención al aspecto del anuncio explícito de Jesucristo o, tal como se ha dado en llamar en la última década, el primer anuncio[1].

 

  1. Acompañamiento e interpelación

 

Uno de los mitos de la pastoral juvenil en ciertos ambientes y sensibilidades eclesiales innovadoras ha sido durante años el de huir de la “dirección espiritual” y de todo lo que suene a dirigismo espiritual. La presencia encarnada por parte del adulto educador-evangelizador, laaproximación empática al mundo del joven y del adolescente, y sencillamente el hecho de amar a los jóvenes y aceptarles de entrada tal como son, aparece como conditio sine qua nonpara cualquier proceso pastoral con jóvenes. En eso estamos todos de acuerdo, y ya forma parte de nuestras convicciones más firmes[2].

El reto aparece cuando se trata de combinar y dosificar el acercamiento empático a los jóvenes con los estímulos o interpelaciones que es necesario propiciarles para iniciar procesos  y para dar saltos cualitativos. Es obvio que un exceso de acomodación impide efectuar el revulsivo que puede poner en marcha procesos de conversión. Saber cuándo es momento de un acompañamiento discreto y silencioso y cuándo corresponde una palabra y una iniciativa interpelante, ése es el arte de toda pastoral en general y de la pastoral con jóvenes muy especialmente.

 

  1. Pastoral de tiempos largos y pastoral de tiempos cortos

 

Al hilo de la paradoja anterior viene a cuento la distinción entre metodologías pastorales de tiempos largos e inductivos o reflexivos como son la revisión de vida (ver-juzgar-actuar), la catequesis de jóvenes y en general los procesos de lenta maduración, y los métodos pastorales de tiempo corto y comprimido. Me refiero con estos últimos a los impactos puntuales equivalentes a lo que se experimenta durante las dos horas que dura el visionado de una película, una obra de teatro o un musical.

Mircea Eliade, el gran estudioso de las tradiciones religiones, decía que las vivencias impactantes de tiempo corto y concentrado propias de la experiencia religiosa– la duración de una ceremonia en el templo – han sido substituidas en la sociedad moderna por el cine y el teatro. Nosotros, los católicos, reaccionando contra la liturgia preconciliar rígida y excesivamente verticalista, nos olvidamos pronto de la fuerza impactante de las ceremonias litúrgicas. Claro que ahora no es el momento de añoranzas, cuando los jóvenes ya no pisan las iglesias. Pero la moraleja sí es clara: no hay transmisión de la fe a los jóvenes sin impacto visual, ambiental, escenográfico[3].

 

  1. Activación de la inteligencia e impacto emocional

 

En estos tiempos recios y propensos a las vísceras más que a la argumentación, no obstante sigue siendo rasgo esencial de la pastoral católica el no desesperar del poder de la razón para abrir el corazón del joven al encuentro con Jesucristo. La evangelización como proceso global debe asumir ese momento internamente constitutivo: el diálogo a la búsqueda del punto de contacto antropológico, en este caso en la vivencia del joven, para poder ofrecerle el Evangelio como respuesta sobreabundante al deseo que ya aletea en su interior.

Sabemos, sin embargo, que ésta es una de las tareas pastorales más difíciles hoy día en el occidente poscristiano, porque precisamente el éxito de la posmodernidad consiste en el haber anestesiado en los jóvenes el deseo, el instinto de rebelión y, en definitiva, la búsqueda de una vida más alta. Si en los 60 y los 70 la habilidad del evangelizador consistía en saber trazar puentes entre las expectativas de cambio social y de emancipación por una parte, y la propuesta cristiana por otra, el evangelizador, en estos inicios del s. XXI, tiene que constituirse previamente en despertador de las expectativas antropológicas del joven interlocutor. Sin deseo activado no hay campo de aterrizaje para la propuesta del Evangelio.

 

  1. Yo racional y yo profundo

 

  1. F. Shumacher (1911-1977), un economista germanobritánico marxista en su juventud y convertido luego al catolicísimo, escribió en su “This I believe and other essays” que el despegue en su vida espiritual lo constituyó la pequeña experiencia de dedicar quince minutos diarios a la reflexión: “Mi yo más profundo empezó a reaccionar”. Tomó conciencia de lo que él llama su órgano interior, que le avisa de que una cosa es verdad mucho antes de que su razón crítica sea capaz de formular por qué es verdad[4].

Es todo un reto para un educador-evangelizador saber dirigirse al yo profundo del joven, al órgano interior que no es estrictamente hablando la capacidad racional, sino que es anterior y más determinante que  ella. Dicho órgano – en lenguaje bíblico el “corazón” y en lenguaje moderno la “conciencia” – es la sede interna en la que las diversas facultades humanas se anudan en una sinergia difícil de desmenuzar, y que se conoce más por sus efectos que no por el análisis de su composición: inteligencia, voluntad, libertad, y emoción o afectividad, se dan ahí cita, anudadas las unas a las otras, pero con un primado de la voluntad.

 

  1. Emocionalismo no, emoción sí.

 

Durante años hemos huido de la emoción y más cuando vemos los estragos de lostelepredicadores, ante los cuales pronunciamos aquello de “¡Yo jamás haré eso!”. Pero,  ¿por qué nos extraña que miles de padres de niños de primera comunión y miles de parejas de novios no respondan a nuestras reiteradas invitaciones para asistir a un encuentro pos-sacramental a la parroquia, colegio o comunidad, si cuando han estado en nuestras convocatorias nada les ha impactado, nada les ha emocionado, por no querer parecernos a lostelepredicadores en cuestión? Sentimentalismo no, pero sentimiento sí; emocionalismo no, pero emoción auténtica sí.

Leía en La Vanguardia del domingo pasado: “Todos los estudios en neurociencia cognitiva indican que el componente emocional es mayoritario en todas nuestras decisiones, fundamental en cualquier proceso de aprendizaje, y clave para determinar nuestros intereses personales, incluyendo el interés por la ciencia[5]. A lo que podemos añadir: y decisivo también para despertar el interés por la fe en Jesucristo.

Nadie regresa a un lugar donde no ha experimentado la sensación de que ahí hay algo nuevo, algo que aprender, algo que te enriquece. Nadie reincide en los autores de cine, novela, teatro o música que no impactan, que no emocionan. Apliquémonoslo a nuestra pastoral, y muy especialmente a la pastoral con  jóvenes. Tenemos una buena noticia, un gran anuncio: ¿somos capaces de vehicularlo?

El primer anuncio tiene como finalidad despertar la primera fe, la primera conversión a Jesucristo. Dado que las palabras “fe” y “conversión” corren el riesgo de no decir nada a fuerza de tan oídas, bien podemos traducirlas diciendo que la finalidad del primer anuncio es despertar en el joven el primer vínculo intelectual y afectivo o emocional con Jesucristo.

 

  1. ¿Se puede hacer el primer anuncio por espolvoreo?

 

La siguiente anécdota ocurrió el pasado mes de enero al finalizar mi aportación a laXXIV Semana de Teología Pastoral, Invitar hoy a la fe, organizada por el Instituto Superior de Pastoral León XIII en Madrid. Había estado sesenta minutos enunciando las propiedades y modos  del primer anuncio cristiano cuando se me acercó un viejo conocido y me susurró:Bueno, pero el primer anuncio también se puede hacer por espolvoreo, ¿no?”. De regreso en el Ave hacia Barcelona no dejaba de darle vueltas a la pregunta.

Por espolvoreo se produce el testimonio de vida, la aproximación empatizante, el dialogo al hilo de la vida; pero el primer anuncio como tal es una acción evangelizadora que tiene la singularidad y la condición puntual – si se me permite el símil futbolístico – de un disparo a portería. O se hace o no se hace. 

 

  1. Algunas definiciones del primer anuncio

 

El contexto: entendemos el primer anuncio como uno de los siete elementos del proceso complejo de la evangelización tal como fueron magistralmente descritos por Pablo VI en la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi (1975) (n. 24) y tal como recuerda repetidamente el Directorio General para la Catequesis (nn. 47-49): renovación de la humanidad, testimonio de vida, primer anuncio, fe y conversión inicial, catequesis básica y entrada en la comunidad, recepción de los sacramentos, y apostolado organizado. “Estos elementos pueden parecer contrastantes e incluso excluyentes. Son, en realidad, complementarios y mutuamente enriquecedores. Conviene considerar siempre a cada uno de ellos integrado en el resto” (EN 24).

Una definición breve: el primer anuncio es aquella acción pastoral que intenta trasladar el “corazón” del Evangelio al corazón  de las personas. Se entiende aquí por “corazón” del Evangelio la propuesta de Jesucristo viviente como  mediador del vínculo intelectual y afectivo de cada persona con Dios.

Una definición más completa: con la expresión primer anuncio nos referimos  a aquellas acciones evangelizadoras espontáneas – cada cristiano  en su entorno cotidiano – u organizadas – un equipo parroquial o arciprestal ; dirigidas a persones individuales o a grupos: a quienes no conocen a Jesucristo, a quienes habiéndole conocido se alejaron de Él y a quienes, pensando que le conocen, viven una fe superficial y rutinaria; propuestas con motivo de otra acción pastoral – por ejemplo  la petición  de un sacramento – o como convocatoria expresa; con el objetivo de ayudar a establecer un vínculo intelectual y afectivo inicial entre los interesados y la persona de Jesucristo.

Una definición más atenta a la intencionalidad del primer anuncio: Lo que caracteriza como primer anuncio a la acción verbal evangelizadora más allá del contenido informativo sobre Jesucristo, es una intención más profunda: la de intentar  convencer al oyente de que Jesucristo tiene un mensaje importante para él, que puede cambiarle radicalmente la vida; y no sólo un mensaje, sino una vida nueva para regalarle, si opta por Él y acepta ponerse en camino siguiendo sus pasos.       

 

  1. Relación y diferencia entre primer anuncio y catequesis

 

El primer anuncio es una acción evangelizadora propia y específica, que ni debe precipitarse adelantándose al testimonio de vida y al diálogo cercano, ni debe ser reducida y asimilada a la catequesis o a la revisión de vida o a la liturgia. En condiciones normales el primer anuncio correctamente entendido y aplicado con sentido común es la herramienta adecuada para despertar la primera fe o interés por Jesucristo.

Ayuda a captar la especificidad del primer anuncio su comparación con la catequesis. El primer anuncio o kerigma evangélico  – precedido y  acompañado del mejor testimonio de vida y siempre propuesto en un contexto dialogal – tiene en sí mismo la capacidad de suscitar la primera fe o conversión a Jesucristo, mientras que la catequesis, en cambio, es la actividad que tiene como fin alimentar o hacer crecer esa fe inicial. Si no hay fe inicial no puede haber catequesis. Nadie alimenta lo que todavía no ha nacido o no existe. La catequesis sistemática, temática, no tiene por sí misma la capacidad de generar  la primera fe, a no ser que se convierta en catequesis de primer anuncio o catequesis kerigmática (DGC 62).

En este sentido, Joseph Gevaert, salesiano que fue profesor de catequética en la Universidad Salesiana de Roma, afirma en relación a niños y adolescentes algo que podemos aplicar también a los jóvenes:

 

“En la mayor parte de las parroquias, la praxis catequística se basa todavía por entero en el   presupuesto de que los niños a quienes sus padres envían a la catequesis son ya pequeños cristianos, tienen una rica experiencia cristiana y, de algún modo, desean vivir como cristianos.

Pero, ¿hasta qué punto hoy esta visión tradicional responde todavía a la verdad? Actualmente, en Europa occidental muchos niños y adolescentes bautizados no han recibido el primer anuncio cristiano en la familia y no han tenido una experiencia seria de cristianismo vivido y participado en la vida familiar con sus padres. No es infrecuente que desconozcan incluso los símbolos cristianos más elementales (alguna oración, la señal de la cruz…).

La consecuencia es que una gran parte de la catequesis se encuentra en una situación incómoda, debido al hecho de que intenta modelar y formar una inicial fe cristiana que en realidad no existe. Este dato de hecho, en la medida en que está presente, exigiría la dedicación al primer anuncio de la fe cristiana con vistas a la inicial conversión y la fe en Jesucristo”[6].

 

Es obvio que los signos de los tiempos piden una conversión misionera[7] de la catequesis y de los y las catequistas.

 

  1. ¿Una lección o un parto?

 

¿Qué imagen expresa mejor lo que representa la transmisión del primer anuncio?

Si tuviésemos que escoger preferiríamos la imagen de un parto más que la de una clase o lección. Recordemos: la intención profunda del primer anuncio no es otra que la de intentar convencer al oyente que Jesucristo tiene un mensaje importante para él, que puede cambiarle radicalmente la vida; y no sólo un mensaje, sino una vida nueva para regalarle, si opta por Él y acepta ponerse en camino siguiendo sus pasos. Esta opción inicial por ponerse en marcha adhiriéndose a Jesucristo supone una lucha interior en la persona, que debe limitar el sentido de su propia autonomía para aceptar que sea Otro quien  la conduzca y quien marque las pautas de su vida. Todo ello no se da sin lucha, sin debate interno[8].

De ahí que el papel del educador-evangelizador, cuando se trata de transmitir el primer anuncio a un joven o a un grupo de ellos, se parezca más al de una comadrona que al de un profesor. La metáfora evangélica del volver a nacer es muy expresiva en este sentido (Jn 3,3-5).

 

  1. ¿Proceso o acción puntual?

 

“A la orilla de la fe no se llega únicamente por una reflexión más profunda. La fe nunca será la lógica conclusión de la meditación sobre el sentido de la existencia y el misterio de la realidad. Al don de la fe no se llega confiando únicamente en las propias fuerzas. Para ello es necesario que pase algo diferente: uno ha sido tocado por Dios y su Palabra. El Espíritu es el que hace que el corazón se encuentre disponible para las cosas de Dios”[9].

Para que pase algo diferente debe haber algún tipo de iniciativa por parte del educador-evangelizador que vaya más allá del mero acompañar o alentar un proceso de “toma de conciencia”. De nuevo, no se trata de montar una guerra entre pastoral de procesos y pastoral de llamadas puntuales; pero sí conviene percatarse de que de todo se puede abusar, tanto de lo uno como de lo otro. La espera de la toma de conciencia progresiva puede eternizarse y devenir un mito paralizante; así como  la acción puntual, la  llamada a la conversión, la invitación-exigencia al sacramento de la confesión, puede devenir obsesión compulsiva también paralizante. In medio est virtus: Lo correcto está en mantener el equilibrio.

 

  1. La fe ¿la chispa que salta por el contacto físico con un testimonio de vida o la relación con una Persona que necesita ser presentada de palabra?

 

Dicen que pensamos con imágenes más que con conceptos abstractos. Durante años toda una generación pensábamos que después del exceso de palabras vacías de la etapa nacional-católica (1939-1975), la fe se transmitiría como una chispa que salta por el contacto físico con la vida de militantes cristianos a través del testimonio callado de sus vidas ejemplares. Con el tiempo hemos visto que la cosa no es tan fácil ni tan automática.

Ciertamente que el testimonio de vida es ya, como decía el papa Pablo VI, un primer gesto evangelizador (Evangelii Nuntiandi n. 21) y conditio sine qua non para cualquier palabra evangelizadora significativa que quiera ser pronunciada. Pero el gesto evangelizador debe llevar a la palabra, al anuncio explícito de Jesucristo, para que podamos hablar de evangelización completa e integral (EN 22).

De nuevo damos la palabra al salesiano Joseph Gevaert, nada sospechoso de sustentar planteamientos de carácter involucionista:

 

“El descubrimiento del Evangelio pasa normalmente a través de un encuentro global con la realidad de la fe cristiana y está profundamente unido a relaciones educativas e interpersonales. Pues bien: defendiendo con decisión esta tesis, hemos querido estudiar específicamente los aspectos catequéticos (verbales) de este proceso global. Estos aspectos son la parte más descuidada y menos apreciada en esta fase de un primer acercamiento a la fe cristiana. Y ello es debido al prejuicio de que, en esta fase, no sirven las palabras sino sólo el testimonio[10].

 

  1. Transmisión de la fe ¿por “pasteurización” o por “uperización”?

 

Hace poco estuve en Menorca dando unas charlas y un diácono permanente de la isla me brindó un símil que considero útil.  Me contaba que hay dos maneras de tratar la leche para su proceso de conservación: la pasteurización, que consiste en mantener un punto de ebullición continuo de 100 grados – así se obtiene la llamada leche “pasteurizada” -, y lauperización, que consiste en provocar de vez en cuando un “pico” de 120 o 130 grados, con lo cual se obtiene la llamada leche “uperizada”.

El símil trasladado a la pastoral con jóvenes, lejos de inspirar una opción aut aut,ilustra bien la necesidad de combinar los momentos largos de lenta maduración, de siembra por espolvoreo o irrigación (testimonio, diálogo, mensajes que se dejan caer como quién no quiere la cosa…, en definitiva, una pastoral por pasteurización) con los momentos puntuales de interpelación, de llamada o invitación explícita a dar el paso de la fe (he aquí la “uperización”).

 

  1. El símil de la llamada vocacional

 

En la praxis pastoral “normal” de sacerdotes, religiosos y religiosas tenemos incorporado con naturalidad – aunque cada uno lo practica con frecuencia y fervor diversos – la llamada o invitación vocacional. Con el riesgo obvio de recibir una negativa en redondo o la callada por respuesta, más de una vez nos hemos animado a plantearle a un joven o a una joven: “¿Y tú, no te has planteado nunca la posibilidad de ser sacerdote, o religioso o religiosa?”.

Tengo para mí que, con los tiempos de secularización e indiferencia que corren, esta práctica tiene que empezar a ser habitual, no ya para la llamada al sacerdocio o a la vida religiosa, sino para la simple y elemental llamada  a la vida cristiana. ¿No se da una cierta incoherencia en mantener una pastoral de jóvenes en la parroquia, colegio o comunidad a base de catequesis, convivencias, eucaristías, presuponiendo que todos ellos ya tienen una opción personal por Jesucristo? Hoy más que nunca es necesario efectuar la llamada personal a la opción por Jesucristo. Eso es el primer anuncio.

 

  1. Interioridad y Palabra

 

Ocurrió al abrir el diálogo con maestros y profesores de religión en un encuentro sobre Escuela cristiana y nueva evangelización. Una joven maestra planteó la siguiente pregunta: “Dado que en nuestra escuelas – cristianas –  acogemos a un determinado número de alumnos de otras confesiones religiosas o cuyos padres no son creyentes, ¿no sería mejor, en señal de respeto y comunión, realizar la oración al inicio de la jornada a base de un gran silencio sin mediar palabra ni texto alguno?”

Mi respuesta, si bien tomó como punto de partida la necesidad de iniciar a los niños y jóvenes en el hábito del silencio y de la interioridad, enfatizó la necesidad de que en ese espacio interior resuene la Palabra de Dios si se trata  de una oración cristiana. El silencio y la interioridad son requisitos necesarios para la oración, pero no pueden ser la finalidad de la misma si se trata de una oración cristiana[11].

“Al principio existía la palabra” (Jn 1,1). Resuena todavía con fuerza la llamada del Cardenal Martini, gran pastor y magnífico biblista: “Volvamos al primado de la Palabra de Dios”.

 

  1. Una palabra eficaz:un piñón que contiene todo el pino

 

Con la expresión primer anuncio se quiere denominar al Evangelio como buena noticia – antes que como libro -, y a su sinónimo kerigma, que significa pregón o proclamación – se sobreentiende  de Jesucristo resucitado dador de vida -. Se trata de una palabra eficaz que invita o empuja a hacer lo que dice: adherirse a Jesucristo como salvador radical. San Pablo en sus cartas habla a menudo de este anuncio que, siendo una formulación relativamente breve sobre Jesús el crucificado-resucitado que quiere entrar en la vida del oyente, tiene la extraña capacidad de presionar suavemente en el corazón  invitando al encuentro con Él (Rm 1,16)[12].

No es magia, ni superstición. Es lo que teológicamente se llama la eficaciasacramental de la Palabra de Dios. Se habló de ello en el Sínodo de los Obispos del 2008, y el papa Benedicto XVI animó a seguir investigando sobre este carácter sacramental de la Palabra de Dios que, si bien presenta en la liturgia de la Palabra –primera parte de la Eucaristía – su forma más eficaz (cf. Verbum Domini, n. 56), también ofrece otras versiones no tan potentes, pero con una eficacia mínima necesaria para provocar la primera fe, como es el caso del primer anuncio.

Así lo ha expresado el Sínodo de los obispos en 2012 en su propuesta n. 9:

 

“La base de cualquier anuncio, la dimensión kerigmática, la Buena Nueva, destaca el anuncio explícito de la salvación. «Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y luego a los Doce» (1 Cor. 15,3-5). El «primer anuncio» es el lugar donde el kerigma, el mensaje de la salvación del misterio pascual de Jesucristo, es proclamado con gran poder espiritual, capaz de provocar el arrepentimiento del pecado, la conversión del corazón y la decisión de la fe.

 

Al mismo tiempo, debe haber continuidad entre el primer anuncio y la catequesis que nos instruye en el depósito de la fe. Consideramos que es necesario contar con un Plan Pastoral para el primer anuncio, que muestre un encuentro vivo con Jesucristo. Este documento pastoral proporcionaría los primeros elementos de un proceso catequético, permitiendo su integración en la vida de la comunidad parroquial. Los padres sinodales han propuesto que se redacten líneas guías para el primer anuncio del kerigma. Este compendio incluiría: La enseñanza sistemática sobre el kerigma en la Escritura y en la Tradición de la Iglesia católica; enseñanzas y citas de santos misioneros y mártires en nuestra historia católica, que nos ayudarían en nuestros desafíos pastorales de hoy; cualidad y directrices para la formación de evangelizadores católicos hoy”[13].

 

Este “gran poder espiritual” con el que debe ser proclamado el primer anuncio o kerigma hace referencia al redescubrimiento de metodologías pastorales de tiempo breve y comprimido o de “uperización”, antes mencionado; metodologías capaces “de provocar el arrepentimiento del pecado, la conversión del corazón y la decisión de la fe”… Un conjunto de virtualidades que los escritos del Nuevo Testamento atribuyen precisamente  al carácter interpelante del primer anuncio.

Para decirlo con una imagen: el primer anuncio es como el piñón que contiene en potencia todo el esplendor del inmenso pino que crecerá después, cuando el piñón- semilla se entierre bajo tierra y dé su fruto. En efecto: la invitación inicial a establecer un vínculo de conocimiento y de amor con Jesucristo contiene en sí misma la potencialidad de toda la vida cristiana que luego deberá desplegarse a través de un tiempo adecuado de catecumenado y en las sucesivas etapas y “conversiones” de la vida cristiana adulta. Pero si no hay un inicio, por humilde y pequeño que sea, no puede seguirle el adecuado crecimiento.

 

  1. Relato en primera persona

 

El primer anuncio supone la puerta de entrada normal a la relación de amistad con Jesucristo. Lo afirmaba también Benedicto XVI en una de sus frases más citadas:

“No se empieza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea,  sino por  el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida, y con ello la orientación decisiva” (Deus caritas est 1).

                La ocasión más normal para propiciar dicho encuentro, para que se dé dicho acontecimiento, es el hecho de que un cristiano le hable a otra persona de Jesucristo con amor, humildad y fe, intentando provocar en el interlocutor el deseo de acercarse personalmente a Él.

                Para ello el mejor camino es el relato sobrio, sincero y auténtico del propio encuentro con Jesucristo. Nos urge la puesta en marcha de talleres o escuelas prácticas en las que, junto a otros subsidios y rudimentos pastorales – base bíblica del primer anuncio, psicología de la conversión… –, se enseñe a relatar el propio encuentro con Jesucristo de forma breve, ágil, y con garra comunicativa.

 

 

  1. Los jóvenes protagonistas del primer anuncio

 

Ya lo dijo aquel sacerdote belga, hijo de minero, Joseph Cardijn, fundador de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y, con ella, del apostolado organizado moderno: “Nadie evangelizará mejor a un joven trabajador que otro joven trabajador”. O como dice el PadreRaniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, los sacerdotes y religiosos en el mundo son decenas de millares, los laicos y laicas centenares de millones… Luego los protagonistas de la nueva evangelización en primera línea tienen que ser los laicos y las laicas.

Lo nuevo en estos últimos tiempos es que al mejor testimonio de vida y compromiso – condición indispensable para ser creíbles y primer gesto necesario de evangelización -, los laicos y laicas deben incorporar una habilidad para suscitar el diálogo, y una inteligencia apostólica para transmitir de corazón a corazón el primer anuncio.

 

  1. La recepción del primer anuncio y los itinerarios de (re)iniciación cristiana

 

      Nos falta espacio para desarrollar todo lo relativo a las vicisitudes de la recepción del primer anuncio por parte del interlocutor y a las propuestas que debieran tenerse apunto en caso de recepción positiva. Nos referimos a los diversos itinerarios de (re)iniciación cristiana de jóvenes y de adultos que últimamente se están poniendo en marcha en diversas diócesis. Permítaseme sólo, para acabar, recordar los elementos fundamentales de dicho itinerario, que requiere un mínimo de dos años de tiempo para su asimilación y que comprende los siguientes ejes:

  • Consolidación de la relación personal con Jesucristo a partir de la Palabra (Escritura);
  • catequesis básica (revelación, fe, credo, sacramentos, la vida en el Espíritu);
  • acompañamiento personal para ayudar a verificar la personalización de la fe y el cambio progresivo de actitudes, sentimientos, y hábitos más acordes con el Evangelio;
  • experiencia de grupo cristiano (oración y vida);
  • incorporación a la Iglesia (parroquia, movimiento, comunidad);
  • (re)iniciación a la vida sacramental;
  • y discernimiento de la propia vocación (laical, religiosa, ministerial) y carismas de servicio a la Iglesia y a la sociedad (compromiso en la sociedad y misión evangelizadora).

 

Desarrollar con más detalle las características y posibilidades de dichos itinerarios constituiría ya materia de otro artículo.

 

XAVIER MORLANS I MOLINA

 [1] Dado el largo recorrido pastoral (1976-2013) de quien firma este artículo, no es de extrañar que en estas páginas se cuele el deseo de ajustar cuentas con el propio pasado y con los mitos fundacionales de toda una generación. Espero que, a pesar de estas “batallitas”, el conjunto resulte iluminador y algún detalle concreto también. Sobre primer anuncio puede consultarse, en lengua castellana: J. GEVAERT, El primer anuncio. Proponer el Evangelio a quien no conoce a Cristo. Finalidades, destinatarios, contenidos, modos de presencia, Santander 2004; X. MORLANS, El primer anuncio. El eslabón perdido, Madrid 2009; J. C. CARVAJAL BLANCO, Pedagogía del primer anuncio. El Evangelio ante el reto de la increencia, Madrid 2012.

[2] Véase A. CHORDI MIRANDA, “Volver a creer con los jóvenes. Explorando nuevos horizontes”, Frontera-Hezian n. 73 (2011).

[3] Véase el método de pastoral con adolescentes y jóvenes, importado de Estados Unidos, Life-teen. O un clásico:Taizé.

[4] Qüestions de vida cristiana 229 (2008) 105-108.

[5] D. BUENO, “De la racionalidad a la emoción”, La Vanguardia, 26 mayo 2013.

[6] J. GEVAERT, El primer anuncio, p. 29.

[7] Tal fue el titulo dado al Congreso del Equipo Europeo de Catequesis  celebrado en Lisboa del 28 de mayo al 2 de junio de 2008: EQUIPO EUROPEO DE CATEQUESIS (EEC), La conversión misionera de la catequesis. Relación entre fe y primer anuncio en Europa, Madrid: PPC 2009.

[8] Véase la abundante literatura de conversos sobre este tema. Entre otros: J. R. AYLLÓN, 10 ateos cambian de autobús, Madrid: Palabra 2009; J. PEARCE, Escritores conversos. La inspiración espiritual en una época de incredulidad, Madrid: Palabra 2006.

[9] A. CHORDI MIRANDA, “Volver a creer con los jóvenes. Explorando nuevos horizontes”, Frontera-Hezian n. 73 (2011) p. 72 (el subrayado es mío).

[10] J. GEVAERT, Primera evangelización. Aspectos catequéticos, Madrid: Central Catequística Salesiana, 1992, p. 5 (el paréntesis es mío).

[11] J.M. RAMBLA, Aproximación ignaciana a la interioridad, en AA.VV., ¿De qué hablamos cuando hablamos de interioridad? Cuadernos Cristianismo y Justicia, EIDES  n. 69, Barcelona marzo 2013, pp 17-23, www.cristianismeijusticia.net/eides.

[12] Ver también CONCILIO VATICANO II, Dei Verbum 5.

[13] SINODO DE LOS OBISPOS 2012, Propuestas finales, n. 9

 Misión Joven. Número 438_439. Julio-Agosto 2013