NUEVOS AGENTES Y NUEVA FORMACIÓN

Después de este intenso verano, donde ha destacado la Jornada Mundial de la Juventud, comenzamos un nuevo curso pastoral. Estas jornadas de agosto han evidenciado la sed de sentido y de espiritualidad que hay en muchos jóvenes. Debemos dejar reposar personal y eclesialmente las experiencias vividas, los mensajes escuchados, las emociones compartidas.

Misión Joven tiene previsto dedicar algunas páginas de los próximos números de la revista a la Jornada Mundial de la Juventud. Hace unos meses el objetivo era prepararse para celebrar con fruto la JMJ, hoy los objetivos son otros: recoger los frutos cosechados, seguir los procesos iniciados, dar un nuevo impulso a la Pastoral Juvenil.

Queremos felicitar a los jóvenes participantes y a los responsables de la organización de este acontecimiento juvenil y eclesial. Queremos agradecer al Papa Benedicto su luminoso magisterio, su palabra cálida, su propuesta ilusionante para la vida cristiana de los jóvenes… ¡Hoy también merece la pena ser joven cristiano!

 

Un nuevo curso pastoral

El mes de septiembre viene cargado de esfuerzo y de esperanza para quienes nos dedicamos a la educación y a la evangelización de jóvenes. La esperanza, que se relaciona bien con la resistencia y con los sueños, ilumina el esfuerzo y aproxima el bien posible.

Al comienzo de este nuevo curso pastoral, mirando con simpatía a educadores y pastores de jóvenes, queremos dedicar este número de la revista a la formación de formadores.

Este es un tema de continua actualidad. En una sociedad compleja la formación es un instrumento privilegiado para el desarrollo humano y espiritual de los educadores, para el sostenimiento de unos proyectos pastorales consistentes y para el mantenimiento de una organización pastoral.

 

Disponerse para la misión

Antes de plantear qué formación, con qué metodología… es necesario preguntarse por qué es importante la formación. Creemos que podemos afirmar que la misión juvenil sigue teniendo gran actualidad y que, en consecuencia, debemos hacernos aptos para esta misión.

Cuando utilizamos este lenguaje, cuando hablamos de misión, nos situamos ya en una actitud de disposición y disponibilidad. Somos colaboradores de la misión de la Iglesia. “Id por todo el mundo proclamando la buena noticia a toda la humanidad” (Marcos 16,15).

La teología nos recuerda que no elegimos la misión, sino que nos viene dada y exige por nuestra parte dedicación y confianza, fidelidad y creatividad. Por todo ello cada día vemos más claro que la formación no es sólo un compromiso intelectual sino, ante todo, creyente, y que renovación espiritual, tensión pastoral, preparación cultural y competencia educativa van unidas.

 

Programas concretos

La formación se ve como la conjunción de aspectos doctrinales, metodológicos, afectivos, personales y espirituales. Los educadores cada día están más en busca de vida espiritual, de acompañamiento y de lugares de retroalimentación, dando mucha importancia a la experiencia vital y a las relaciones. El programa, así como la planificación, deben cuidar estos aspectos.

 

Sobre los artículos

El primer artículo se lo hemos pedido a Antonio Ávila quien hace ver que no podemos separar la nueva formación de los profundos cambios sociales y culturales que estamos viviendo. Nos referimos a algunos de estos cambios,  cuando hablamos de la posmodernidad, de la revolución tecnológica, del papel de la mujer en la sociedad actual, de la crisis económica. Este último factor es de una gran actualidad y complejidad. En la esta situación cultural para ser educador, pastor, o cristiano sin más se debe discernir y saber escoger.

Hemos pedido a Álvaro Ginel que hable del nuevo agente de pastoral. Para hacer esta presentación se inspira en el Directorio General de la Catequesis que habla del catequista con una gran consideración.

El último artículo lo firman Álvaro Chordi y un servidor. Entendemos que para dar un nuevo impulso a la Pastoral Juvenil necesitamos unos agentes de pastoral vitalmente fortalecidos y con robustez espiritual. De ahí la necesidad de una nueva formación. Desde nuestro punto de vista la formación en pastoral tiene como eje integrador la experiencia de fe en el Dios Trinitario con un testimonio creíble de vida.

 

KOLDO GUTIÉRREZ