Ocio y tiempo libre en la vida de los jóvenes

PIE AUTOR:

María Luisa Setién es profesora de Sociología en la Universidad de Deusto (Bilbao).

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO:

El ocio y el tiempo libre son algunos de los factores clave para entender la ruptura con los modelos de vida anteriores. Tras describir la actual «sociedad del ocio» –tiempo libre como tiempo retribuido; sistema de valores que gira en torno al individuo, y su bienestar; la estrecha relación entre ocio y calidad de vida…–, la autora analiza el significado e importanica del ocio y el tiempo libre en la vida de los jóvenes: actividades, hábitos de ocio, etc. El ocio y los amigos, sin duda, dibujan el horizonte esencial de la socialización de los jóvenes.

 

 

 

 

 

En nuestra sociedad, los jóvenes son los que tienen más tiempo libre y también los que realizan una gran diversidad de actividades de ocio. En este artículo trataremos de reflejar algunas de esas prácticas de ocio juveniles, reflexionando sobre su significado. Pero, en primer lugar, situaremos ese fenómeno en el contexto de la sociedad del ocio y de los factores en los que se fundamenta.

 

 

  1. Una sociedad del ocio

 

En los países ricos y durante el último cuarto del siglo XX ha ido configurándose la sociedad del ocio. Aunque el ocio constituye una de las necesidades humanas, su consecución, como logro social y como componente de la ciudadanía, se ha producido en décadas recientes.

Varios factores interrelacionados han originado cambios profundos y rupturas con los modelos de vida anteriores, contribuyendo al nacimiento de nuevas formas de organización social, en este caso relacionados con una sociedad del ocio. El desarrollo de la sociedad industrial está en el origen de la posición y del significado social que ha alcanzado el ocio.

 

 

1.1. Tiempo libre

 

El modo de producción industrial, apoyado en la ciencia y la tecnología, propició el cambio en la organización del trabajo. Desde los primeros momentos de la industrialización, las empresas necesitaron establecer un horario de trabajo lo que posibilitó la división del tiempo en tiempo de trabajo y tiempo de no trabajo. Posteriormente los progresos tecnológicos y los altos niveles de productividad alcanzados permitieron aumentar el tiempo de no trabajo, de modo que el tiempo libre ha ido estando a disposición de gran parte de la población.

 

Además, la cantidad de tiempo libre disponible ha aumentado también desde otras áreas distintas al trabajo productivo. Así, se ha reducido el tiempo necesario para llevar a cabo distintos tipos de obligaciones, como la realización de las tareas domésticas o el tiempo necesario para el transporte y las comunicaciones. También el aumento continuado y sustancial de la duración de la vida ha permitido acceder a cantidades importantes de tiempo de libre disposición a muchas personas que antaño no llegaban a cumplir los años que hoy se alcanzan, y además en muy buena forma en muchos casos. Estamos hablando de la disponibilidad de tiempo libre para toda la población, primer paso hacia el disfrute del ocio.

 

 

1.2. Tiempo retribuido

 

La característica principal de este nuevo tiempo libre es que se trata de un tiempo financiado. Para los trabajadores es un tiempo de ocio remunerado ya que el salario incluye el disponer de fines de semana libres, fiestas y vacaciones pagadas, y el horario de trabajo se ha ido acortando, dejando tiempo libre a diario para realizar algunas actividades de libre opción.

 

Pero el tiempo libre no sólo se retribuye a los trabajadores, porque los sistemas de Bienestar Social que se han organizado también financian a otros colectivos que pueden disfrutar de sus tiempos libres con la seguridad de contar con unos ingresos para vivir. De este modo, –los desempleados–, es decir aquellos grupos que no encuentran acomodo en los procesos productivos, las personas apartadas prematuramente del trabajo –los prejubilados–, así como los que han finalizado su vida laboral –los jubilados–, son grupos que aunque no trabajan disponen de unos ingresos y, por tanto, su tiempo de libre disposición está remunerado. Lo mismo puede decirse de los familiares de los trabajadores fallecidos –viudas, huérfanos– y otros grupos que cuentan con pensiones no contributivas, además de los que viven del salario social, a pesar de que las cantidades mensuales que reciben sean exiguas.

 

 

1.3. Sistema de valores

 

Existe, por tanto, el tiempo disponible para el ocio y este tiempo está socialmente retribuido. Además, los poderes públicos financian y suministran los recursos de instalaciones, equipamientos y programas de ocio. Todo ello teniendo como factores determinantes el desarrollo industrial y el progreso tecnológico que han hecho posible la creación de la riqueza necesaria. Pero la expansión de la sociedad industrial requirió una justificación ideológica y un sistema de valores sociales que legitimara el modo de producción industrial. El trabajo llegó a erigirse en el valor más importante; el ideal del trabajo obtenía la máxima valoración y, por el contrario, el ocio fue despreciado y vilipendiado.

 

La situación fue cambiando con el tiempo. La sociedad de producción en masa necesitaba también un consumo masivo y para ello se requería, además de dinero y tiempo, –dos ingredientes que poco a poco van propagándose en la sociedad de clases medias– un nuevo sistema de valores no tan centrado en el trabajo. Se trata de unos valores que giran en torno al individuo, al bienestar, al desarrollo de la personalidad y de la expresividad. Se requieren personas que consuman y gocen de la vida expresándose a través de ese consumo.

El tiempo libre es el tiempo privilegiado para este tiempo de vida, para el consumo, para el disfrute, para la autorrealización y la libre elección. Las actividades de ocio se convierten en la expresión del nuevo sistema de valores. De ahí que hablemos de la sociedad del ocio. Se reivindica el derecho al ocio porque es un componente inestimable del bienestar de los individuos y porque es factor de desarrollo de las sociedades. El tiempo libre y las actividades de ocio son un componente del bienestar real de las personas y posibilitan una mejora de la calidad de vida.

 

 

1.4. El ocio

 

El ocio es uno de los componentes de la calidad de vida. Y esto es así porque el ocio es una necesidad y un derecho. Constituye una experiencia vital, un ámbito de desarrollo humano. Existe ocio cuando una persona elige voluntariamente hacer alguna actividad –que puede ser visible o mental–, simplemente por el hecho que le apetece hacerla, y cuya realización le produce una sensación de bienestar, de contento, de satisfacción, de alegría o de relajación, es decir, algún tipo de sentimiento gratificante.

 

Así, el ocio reúne las características que nos permiten definirlo como un fenómeno complejo, porque simultáneamente:

 

  • Es una actividad, es lo que se hace y estas acciones pueden ser externas o internas-mentales.
  • Es además una actitud porque la satisfacción, contento, relajación o sensación de bienestar que provoca es una cuestión de percepción de las personas y también lo es el hecho de desear realizar la actividad.
  • Es también un tiempo, –el que se utiliza para realizar la actividad–, y un tiempo no sometido a obligación sino de libre disposición.
  • Es igualmente una forma de ejercicio de la libertad, una utilización de la capacidad de elección voluntaria sobre el modo en que vamos a gestionar ese tiempo y sobre la actividad que deseamos realizar[1].

 

En una sociedad del ocio, el valor del ocio adquiere un papel importante en la vida de las personas. En la última Encuesta Europea de Valores de 1999 se constata que en España, el ocio es importante o muy importante para el 80% de las personas consultadas. Esta adhesión tan importante está muy por encima de la que se otorga a la religión y a la política, valores considerados importantes para el 42 y el 19% respectivamente[2]. Los valores principales giran en torno a la familia, el trabajo y las relaciones de amistad y, a continuación, el ocio tiene un puesto destacado entre lo que es deseable.

 

En cuanto a la cantidad de tiempo medio social disponible para el ocio, los datos existentes ponen en evidencia que se trata de una cantidad de tiempo libre importante. En el País Vasco se ha medido este aspecto y la media de tiempo libre estaba en 1998 en cinco horas y nueve minutos por día genérico[3]. Evidentemente si separamos los días laborables de los sábados y domingos, los primeros agrupan medias en torno a cuatro horas y los segundos, en cambio, acumulan entre seis-siete horas de tiempo libre.

 

 

1.5. Tendencias de ocio actuales

 

El hecho de que el ocio sea un valor cada vez más importante se nota en la diversificación de las actividades de ocio y en el tiempo que se les dedica y esto entre los grupos de todas las edades. Jóvenes y mayores, niños y adultos gustan de realizar actividades de ocio y, a veces, llegan a definirse y expresarse a través de ellas.

 

De distintos estudios que se han ido realizando en España y en algunas Comunidades Autónomas conocemos los comportamientos de ocio más habituales[4]. Si dividimos las actividades en dos grupos, en función de su realización en el hogar o fuera del hogar, lo más habitual dentro del espacio doméstico es ver la televisión y escuchar la radio o la música. Entre las actividades caseras puede mencionarse también la lectura de periódicos, revistas y libros. También es común el conversar y visitar a familiares y amigos. Las actividades de ocio más comunes fuera del hogar son pasear, hacer deporte, salir de bares, ir de compras, ir al cine, comer o cenar fuera de vez en cuando y, en verano, viajar, ir a la costa o a los pueblos del interior.

 

 

  1. El ocio juvenil

 

Los jóvenes son uno de los colectivos que dispone de más tiempo libre para el ocio. A ello contribuye sus escasas responsabilidades familiares, domésticas y laborales. En el último estudio de la Juventud Española de 1999[5] en la muestra encuestada trabajaba el 21% de los jóvenes de 15 a 24 años. La mayoría de los chicos y chicas eran estudiantes. Otro factor que tiene relación con el tiempo que los jóvenes dedican al ocio se deriva de la gran importancia que tienen para ellos las relaciones con los amigos, relaciones que se cultivan fundamentalmente durante los tiempos de ocio.

 

Por ello, para los jóvenes, el ocio es un ámbito de socialización importante, porque durante ese tiempo transcurren gran parte de sus relaciones de amistad o de expansividad social en el sentido más amplio. A través del ocio expresan sus estilos de vida, y las actividades de tiempo libre constituyen el contexto en el que desarrollan sus identidades. Es también en relación con el ocio donde se producen las principales negociaciones entre padres e hijos, negociaciones en las que se barajan las cotas de independencia que los adultos conceden a los jóvenes[6].

 

 

2.1. Actividades

 

El tipo de actividades que realizan los jóvenes durante su tiempo libre no difiere sustancialmente de las acciones realizadas por los adultos. Es decir, que los jóvenes no hacen actividades no conocidas o no practicadas por los adultos, salvo en casos rarísimos. Lo que distingue a los jóvenes del resto de los colectivos es la distribución de los tiempos dedicados a distintas actividades. Veamos un resumen de las actividades de ocio juveniles:

 

  • El ocio juvenil es un ocio exterior. Los jóvenes hacen más actividades de ocio fuera del hogar que dentro del hogar y, por tanto, consumen más tiempo de ocio extradoméstico que doméstico. El ocio adulto es un ocio que utiliza más el espacio interior que el exterior, sus actividades de ocio en el hogar casi doblan en tiempo a las que tienen lugar fuera del hogar.

 

  • Cuando están en casa los jóvenes escuchan música y siete de cada diez practica la afición a la lectura. Se distinguen por ello de los adultos y mayores. Por lo demás todos ven la tele y oyen la radio, aunque dedicando mucho menos tiempo que el resto de los grupos de edades. Además, a medida que los jóvenes van alejándose de la adolescencia y entrando en la juventud más adulta van dedicando menos tiempo a los medios de comunicación audiovisuales.

 

  • Son aún minorías los que en el hogar pasan el rato con el ordenador, jugando, viendo cosas o escuchando música en internet… pero los que practican estas actividades de ocio son jóvenes.

 

  • Las relaciones sociales con amigos y la música constituyen el núcleo duro de las aficiones juveniles. Se ven, oyen música y bailan mientras beben en cafeterías, bares, pubs y en discotecas o van a conciertos para escuchar en directo a sus cantantes y grupos favoritos.
  • Entre los jóvenes está muy extendido practicar algún deporte. Los adultos, aunque dedican casi el mismo tiempo que la juventud a actividades de ocio activo, se dedican más a pasear y a ir de excursión, pero hacen menos deporte. La práctica deportiva se va abandonando a medida que se cumplen años, y este hecho ocurre también dentro del colectivo juvenil. Los más jóvenes hacen más deporte.

 

  • El cine es una distracción muy popular entre la población, pero comparativamente lo es más entre los jóvenes, porque es raro encontrar a jóvenes que no vayan a ver, de vez en cuando, una película.

 

  • Ocho de cada diez jóvenes viaja de vez en cuando, cifra que no tiene correspondencia en el mundo de los adultos, aunque últimamente los porcentajes de personas que viajan están aumentando.

 

  • En las actividades culturales, siempre más propias de minorías que de mayorías, destacan los jóvenes sobre los adultos. Las cifras de los que visitan museos y exposiciones y de los que asisten a charlas y conferencias entre los jóvenes, van muy por encima de las que reflejan otros grupos de edad. El aumento en España del nivel educativo del grupo juvenil respecto de las generaciones anteriores podría ser la causa de esta tendencia.

 

  • La participación cívica de los jóvenes no llega a uno de cada diez. Son más los que dicen que les gustaría colaborar con una ONG o en una asociación religiosa que los que realmente lo hacen. Tampoco los adultos superan estas cifras de colaboración.

 

  • Lo que refleja también la tabla 1 en relación a las actividades de ocio juveniles es que las chicas y chicos de hoy tienen muy diversificado su tiempo, tienen muchas posibilidades para utilizar su tiempo libre. La sociedad ofrece a los jóvenes muchas oportunidades de ocio y la juventud aprovecha y disfruta de estas ventajas.

 

 

Tabla 1. Actividades de ocio juveniles

 

EN EL HOGAR

FUERA DEL HOGAR
 

 

 

Actividades

masivas

 

 

§ Escuchar cintas, compact discs (95%)

§ Ver la televisión (92%).

§ Oir la radio (90%).

§ Leer libros (67%).

 

§ Salir o reunirse con amigos (97%).

§ Ir a bares, cafeterías (89%).

§ Ir al cine (86%).

§ Viajar (80%).

§ Ir a escuchar música en directo (77%).

§ Ir a discotecas (77%).

§ Hacer deporte (70%).

 

Actividades

minoritarias

 

§ Hacer cosas con el ordenador (48%)

§ Visitar museos, exposiciones (43%).

§ Asistir a conferencias, coloquios (25%).

§ Colaborar con una ONG (9%).

§ Colaborar en asociación religiosa (8%).

Fuente: «Encuesta de Juventud 1999».

 

 

 

  1. Hábitos de ocio

 

El estilo de ocio predominante entre la juventud podemos denominarlo lúdico-social, y refleja una utilización del tiempo libre muy centrada en las relaciones sociales y orientada hacia el disfrute pleno. Su fundamento es estar con los amigos e ir a bares o a la discoteca. A veces, entre los más jóvenes, simplemente consiste en estar en la calle, sentados en una esquina, en unas escaleras o en un banco del parque con sus botellones, charlando y, a menudo, fumando.

 

El grupo de amigos que siempre ha sido importante para los jóvenes, lo está siendo cada vez más. Los jóvenes disfrutan de más libertad y también de más capacidad para gestionar su tiempo; en muchos casos sus padres, debido al trabajo, están poco en casa y ellos están más tiempo solos. Este grupo de amigos es una fuente importante de socialización. Son los iguales con los que se comparten las cosas que se consideran más importantes en la vida, son los que sirven de identificación, son la tribu. Y es durante el tiempo libre y a través de las actividades de ocio compartidas donde se hace realidad la socialización juvenil.

 

Esta importancia cada vez mayor del grupo de amigos es destacada también en otros estudios recientes sobre la juventud. Elzo lo hace patente cuando dice: «Señalemos […] el avance de la importancia que los jóvenes conceden al grupo de amigos (doce puntos más que el año 94), indicador evidente del espacio privilegiado que ocupan en la socialización juvenil. Los amigos conforman el espacio en el que las relaciones están menos formalizadas, son más horizontales, más próximas […], con todo lo que ello conlleva de participación de experiencias comunes, muchas veces en un marco no normativizado, con la percepción de vivir en libertad, de estar con los suyos, sin tutelas, aspectos éstos que, en plena edad de experimentación y descubrimiento, tienen una capacidad de penetración, quizás epidérmica o puntual, pero no por ello menos trascendente en el periodo de su vida que ahora están viviendo. En este ámbito la noche y la música conforman una dimensión esencial»[7].

 

El principal ocio juvenil se ha convertido en ocio nocturno. En la noche, los jóvenes se apoderan del espacio cuando los adultos descansan. La segregación juvenil es voluntaria, buscada y no se produce en función de los lugares –centrales o periféricos– que ocupan en el espacio, sino por los momentos, por los tiempos –nocturnos y no diurnos– en los cuales se apoderan del espacio. Desean mantenerse lejos de las miradas de los adultos, quieren desarrollar sus actividades de diversión sin testigos, sólo acompañados de sus iguales, es decir, de otros jóvenes como ellos. Con el objetivo de disfrutar del aquí y del ahora.

 

A menudo, con ese punto de mira, las chicas y chicos beben más de lo que el mantenimiento de una buena salud aconseja. En ocasiones, estos jóvenes toman sustancias que actúan como drogas sobre su organismo buscando experiencias y sensaciones distintas. Pero también las formas de ocio de los jóvenes son festivas y sociables. Lo practican cuando los fines de semana están en el bar, pero tomando sus consumiciones en la calle y charlando con sus amigos, o cuando van de excursión, o a cenar «al chino» o a «la hamburguesería». Es un tipo de ocio bullicioso[8] que puede calificarse de sociable porque propicia la compañía y la conversación; también es festivo y lúdico, porque tiene que ver con gente que se reúne para divertirse y pasar agradablemente el tiempo con otros, fomentando el juego y lo informal.

 

Este es un estilo de ocio que es bastante pobre si pensamos en un ocio educativo que desarrolla las capacidades. Tiene una faceta indudable de integración en los grupos primarios y, por tanto, de identificación social que se desarrolla con su ejercicio, pero no es un ocio solidario, porque no implica orientación hacia los demás en un compromiso común. Es un ocio que se agota en la diversión, aunque fomenta el contacto y, por tanto, podría contribuir a la construcción de la realidad. Un ocio sociable podría ser el germen para la creación de opinión, para la liberación de los mecanismos del pensamiento, para la cooperación y el desarrollo de la acción organizada y solidaria.

 

Un ocio sociable como el de los jóvenes puede, en ocasiones, hacer florecer en su seno los movimientos asociativos, las agrupaciones de intereses, el fomento de formas de ocio que propician la creatividad y la acción solidaria, y que constituyen la faceta educativa del ocio porque contribuyen al desarrollo personal y social. De hecho, las iniciativas[9] que se han llevado a cabo para ofrecer alternativas a las prácticas nocivas que desarrollan algunos jóvenes durante el ocio nocturno han tratado siempre de actuar en el ámbito de los iguales, en los tiempos nocturnos y en los espacios cercanos a los lugares de reunión juvenil. n

 

María Luisa Setién

estudios@misionjoven.org

 

 

 

 

[1] M.L. SETIÉN (COORD.), Ocio, calidad de vida y discapacidad, Universidad de Deusto, Bilbao 2000, 39.

[2] F. ANDRÉS ORIZO-J. ELZO (DIRS.), España 2000, entre el localismo y la globalidad, SM, Madrid 2000, 27.

[3] M.L. SETIÉN-A. LÓPEZ, El ocio de la sociedad apresurada: el caso vasco, Universidad de Deusto, Bilbao 2000, 36.

[4] Entre estos trabajos realizados en la década de los 90, y sin ánimo de exhaustividad, pueden mencionarse las Encuestas CIRES sobre el Uso del Tiempo 1991, la Vida Cotidiana 1993, Familia y Uso del Tiempo 1993, la Cultura como consumo 1994; la Encuesta FOESSA de 1993,  los datos del Ministerio de Cultura sobre prácticas culturales de los españoles, las Encuestas EUSTAT de Presupuestos de Tiempo de 1993 y 1998, los informes de la Dirección de Política Turística sobre «Las vacaciones de los españoles».

[5] J. ELZO ET ALII, Jóvenes españoles 99, SM, Madrid 1999.

[6] M.T. LAESPADA-L. SALAZAR, Las actividades no formalizadas de los jóvenes, en Jóvenes españoles 99, o.c., pp. 355-400.

[7] J. ELZO, El silencio de los adolescentes, Temas de Hoy, Madrid 2000,  172-173.

[8] M.L. Setién, Actividades de ocio, ¿desarrollo personal o evasión?, «Revista de Ciencias de la Educación» 165 (1996), 43-61.

 

[9] A modo de ejemplo, se puede citar el «Programa Gaua» que se ha realizado en Bilbao por el colectivo «Aldaika» y que ha sido financiado por el Ayuntamiento de Bilbao.