ORACIÓN DESDE LA RED: WWW.REZANDOVOY.ORG

José Mª Rodríguez Olaizola SJ

 

Hace alrededor de seis años los jesuitas ingleses pusieron en marcha Pray-as-you-go. Su idea era al tiempo ambiciosa y sencilla. Crear una oración diaria para poder ser escuchada, que tuviera como centro el evangelio diario, y acompañar dicho evangelio con músicas y puntos para la reflexión. Internet sería el medio para difundirla. Su iniciativa tuvo muy buena acogida en el mundo anglosajón.

Prácticamente desde entonces, en distintos foros y contextos vinculados a la Compañía de Jesús en España, surgía  la idea de hacer algo semejante en castellano. Pero nunca terminaba de arrancar. Hasta que hace tres años (mayo de 2010), en Valladolid, un grupo de jesuitas de la ciudad pensamos que teníamos la oportunidad de intentarlo. Confiábamos en que podríamos crear un equipo para ello, conseguir algo de financiación al menos para echarlo a andar; teníamos ya la experiencia de la pastoral a través de Internet, gracias apastoralsj, que llevábamos gestionando desde 2002, y sobre todo, teníamos muchísimas ganas. Estábamos convencidos de que el proyecto podía cuajar en el mundo de habla hispana. Era un reto, una aventura, y una urgencia, pues, como tantos otros, buscamos formas de compartir el evangelio en una sociedad que no siempre parece muy abierta a esa buena noticia.

Nuestra primera intención fue traducir “pray-as-you-go”.  En octubre de ese año, 2010, fuimos a Londres. Hablamos con los responsables. Ellos nos explicaron cómo trabajaban; pero en el diálogo nos dimos cuenta de que no tenía sentido esa traducción. Las oraciones tenían que ver con contextos, sensibilidades, y probablemente fuera mejor partir de cero. Empezó la andadura. Nos pusimos una fecha para poder arrancar. El miércoles de ceniza de aquel curso (9 de marzo de 2011) sería el día. Empezaron unos meses de ir trenzando una red de colaboradores que quisieran implicarse en el proyecto. Constituimos la oficina digital de la Compañía de Jesús, en la que trabajaríamos en cuestiones que combinasen pastoral y nuevas tecnologías. La oficina se haría cargo de pastoralsj, del nuevo proyecto de oración (que aún no tenía nombre), y de otras páginas que podían resultar útiles para aprovechar la red como medio pastoral. Pero, desde el principio, el proyecto de oración online resultaba el principal propósito.

Trabajábamos entonces tres personas en la oficina, José Mari sj, coordinando el proyecto, Sinclair, el diseñador, y Modes, el informático. Y así, entre los tres, y con la ayuda de muchos, empezó la tarea. Diseñar la web, el formato que tendrían las oraciones, la sintonía, el nombre (tras muchas vueltas y lluvias de ideas, una mañana, fue Modes el que sugirió “Rezandovoy”. Al principio lo descartamos como una broma, y sin embargo nos dimos cuenta de que era descriptivo, fácil de recordar, pegadizo, y ahí se quedó). Empezamos a hacer pruebas de sonido, para ver cómo grabar las oraciones. Todo tuvo un elemento autodidacta muy interesante. Ninguno habíamos hecho algo parecido antes. El volumen de trabajo era grande, pero no faltaba ilusión ni la generosidad del grupo de colaboradores, que nos dijeron desde el principio que contáramos con ellos, para poner sus voces o para crear las oraciones. Al mismo tiempo íbamos pidiendo permisos para las músicas que utilizaríamos..

Al fin llegó el 9 de marzo. Tuvimos mucha suerte. Los medios de comunicación social se hicieron eco del estreno. Les pareció llamativo un portal dedicado a la oración online. O es que  no habría más noticias ese día. O de todo un poco. El caso es que hasta el telediario se hizo eco en las principales cadenas nacionales del lanzamiento de Rezandovoy, que se presentaba como una novedosa iniciativa de oración online. Eso nos dio, de entrada, una gran difusión. Pero lo difícil no era arrancar, sino mantenerse. Y ahí es donde nos podemos dar por muy satisfechos, pues desde que comenzó su andadura, rezandovoy no ha hecho más que crecer, y permitir a muchas personas descubrir la oración –o una forma distinta de oración- .

Ha crecido el equipo, pues en la oficina digital ahora trabajamos cinco personas, se han incorporado Rodrigo, otro informático, y Magdalena, responsable de contenidos. Como digo, son varios los proyectos que tenemos entre manos, lo que explica el grupo amplio que necesitamos. También han ido creciendo el número de voluntarios, tanto para grabar como para preparar las oraciones –a partir del segundo año ampliamos los contenidos para abarcar también el fin de semana.  Un voluntario se ofreció, casi al principio, para diseñar una aplicación para Android, y en la oficina desarrollamos la aplicación para Apple. Ambas cuentan con una gran cantidad de usuarios, y permiten la descarga directa allá donde la gente se encuentre.

 

1.1 ¿Cómo se elaboran las oraciones?

El proceso de producción de cada uno de los mp3 que diariamente se ofrecen implica a bastantes personas. Todo comienza en la oficina. Aquí elegimos qué texto se va a utilizar cada día –normalmente el evangelio de la liturgia de ese día, pero a veces optamos por la primera lectura-. Entonces se envía a los escritores la propuesta de la oración (normalmente hacemos el envío cuatro veces al año, pidiéndoles a cada uno alrededor de doce oraciones al año). Los que preparan las oraciones forman un equipo plural, compuesto por hombres y mujeres, religiosos y laicos, de diversas edades y procedencias. Ellos, en sus contextos y situaciones, trabajan y proponen las oraciones.

Después nos las envían de nuevo a Valladolid. En la oficina hacemos una labor de edición, pues hay giros que no encajan en una oración narrada –y sí lo hacen por escrito-, además tenemos que tener en cuenta los modismos propios de otros países de habla hispana, para evitar que se incluyan expresiones molestas en esos contextos…

También en la oficina, y dependiendo del contenido de la oración de cada día, se elige la música que va a acompañar la oración, al menos la parte de la música que incluye algún canto. El abanico de músicas y estilos es también muy amplio. Las posibilidades van desde el gregoriano hasta músicas contemporáneas, desde los mantras de Taizé hasta el pop cristiano actual. Con ello tratamos de compartir también la riqueza de expresiones de fe desde la música. Todas las músicas cuentan con permiso de sus autores, y muchos nos envían sus propuestas, dándonos toda la libertad para usarlas o no, según convenga.

Con los textos ya preparados, llega la grabación. También se hace en la oficina de Valladolid. Hemos creado un pequeño estudio, muy sencillo, y a lo largo de estos dos años hemos ido formando un equipo de grabadores cuyas voces resultan cálidas, cercanas y buenas para la oración. Todos ellos son voluntarios y cuando vienen a la oficina normalmente graban una o dos semanas de contenidos (teniendo en cuenta que en cada oración hay, habitualmente, una voz masculina y una femenina).

Una vez hecho esto, se limpian las pistas grabadas y un miembro más del equipo, Miguel, que trabaja desde Burgos, hace el montaje final de la oración, combinando músicas, añadiendo por su parte la música instrumental, juntando voces, silencios y la sintonía que identifica Rezandovoy.

Cada semana, de nuevo en la oficina, subimos a la página web los materiales de la semana siguiente, de modo que siempre hay online dos semanas, la actual y la próxima.

 

1.2 ¿Qué hay en cada oración?

La variedad de autores ya favorece que haya diversidad en los enfoques, si bien la estructura de cada oración es muy similar. Lo más habitual es que tenga una introducción, un canto, la lectura del evangelio, varias cuestiones para la reflexión que permiten profundizar y personalizar en esa escena, una segunda escucha de la misma lectura, una conclusión y un cierre. Se intenta no predicar, no dar doctrina, no hacer teorías, sino sobre todo dar pistas para que las personas puedan sentir que las palabras del evangelio se dirigen a cada uno, hablan de nuestras vidas, y que se puedan zambullir en reflexión y preguntas que ayuden a integrar fe y vida.  A veces, para evitar caer en la monotonía, rompemos un poco el esquema. Hay ocasiones en que en lugar de la segunda repetición del evangelio hay una escena paralela, o un relato imaginado, o una reflexión puesta en boca de sus protagonistas. Otras veces el canto está al final, o como continuación del evangelio. En alguna ocasión se incorpora un poema, un salmo, una plegaria que tenga especial sintonía con el contenido de la oración de ese día.

 

Contenidos extra

Junto a las oraciones diarias, desde muy pronto empezamos a preparar algunas oraciones especiales, para acompañar diversas circunstancias (examinar la vida, acompañar el duelo, lidiar con la enfermedad…) El proceso de elaboración es similar, si bien los textos de estas oraciones se preparan en su totalidad en la oficina. Así, durante estos años han ido viendo la luz algunas oraciones para hacer el examen del día, para rezar en tiempos de dificultad, para acompañar el duelo, una oración especial para el año de la fe… Ahora mismo estamos inmersos en la preparación de materiales para el camino de Santiago u otras peregrinaciones. Y aspiramos, en el futuro cercano, a añadir algunas oraciones para niños.

 

1.3 Evolución

Aunque nuestro punto de partida fue ofrecer una oración para cada día, de lunes a viernes, desde muy pronto empezaron a llegar a la oficina mensajes de gente que nos animaba a ofrecer también alguna propuesta para el fin de semana. Por ello, a partir del segundo año, cuando ya teníamos cierto rodaje y podíamos conseguirlo, empezamos a incluir una oración de fin de semana, un poquito más larga que las de diario, centrada en el evangelio dominical.

Como íbamos incluyendo, a veces, como parte del texto, poemas, plegarias, etc. añadimos también una sección de textos de apoyo que ha tenido muy buena acogida.

Como señalábamos antes, en este momento estamos preparando toda una serie para acompañar el camino de Santiago u otras peregrinaciones. También tenemos en mente incorporar algunas oraciones pensadas especialmente para niños.

Las redes sociales, especialmente nuestra página en Facebook (y en menor medida la cuenta de Twitter) se han convertido en un espacio de encuentro donde tanto el equipo deRezandovoy como la gente que lo utiliza intercambiamos información, reflexiones, propuestas, experiencias… y así va surgiendo una sensación de familiaridad, de comunidad dispersa y global, que es fascinante.

El respaldo que supuso, en enero de 2012, recibir el premio bravo de nuevas tecnologías otorgado por la conferencia episcopal, nos permitió además seguir dando a conocer la iniciativa, que es siempre algo necesario para nosotros.

 

1.4 ¿A quién llega Rezandovoy?

Llega a gentes muy diversas. A diario recibimos en la oficina, vía mail, y en las redes sociales (especialmente a través de la página de Rezandovoy en Facebook), mensajes de personas distintas contándonos su experiencia. Gente que ha lidiado con la enfermedad y se ha acompañado con la oración. Gente joven y mayor. De todas las clases sociales. Y de todo el mundo de habla hispana. En este momento aproximadamente la mitad de las descargas se producen en España y la otra mitad en América. El segundo país en usuarios ya es Estados Unidos, donde el despegue ha sido más lento, pero ahora va cobrando peso. Tras él, Méjico, Argentina, Colombia, Chile… Y así hasta hacer un total de 29.000 descargas diarias por el momento. Eso quiere decir que llega a muchas más personas, pues muchas de esas descargas son de radios que emiten la oración como parte de sus emisiones. Y esto ocurre con emisoras que van desde Radio Vaticana, que ha incluido RV como parte de su programación en español, a radios locales de Chile, Perú, República Dominicana… Otros usos colectivos son en parroquias. Nos ha llegado la información de bastantes parroquias y templos donde, a diario, se pone la oración antes de la misa, de manera que los feligreses que asisten pueden llegar un rato antes y meditar con la ayuda de RV. También es una propuesta que ayuda en contextos escolares, sobre todo con alumnos mayores.

 

1.5 ¿Cómo utilizar Rezandovoy con jóvenes?

Quizás ahí tenemos un reto y una oportunidad. Rezandovoy tiene algunas bazas buenas a la hora de trabajar con jóvenes. En primer lugar, está  el medio: las nuevas tecnologías no resultan extrañas a los jóvenes. En segundo lugar, la facilidad: es un tipo de oración que, de entrada, resulta fácil, permite comenzar a orar dejándose llevar. Esto, allá donde no hay experiencia de oración y el silencio puede resultar más árido, es una ayuda. Por último, está la brevedad. No es un tipo de oración tan larga que les llegue a resultar abrumadora, en un mundo donde no están demasiado acostumbrados a concentrarse demasiado. De ahí el que sea una herramienta llena de posibilidades. Para los agentes de pastoral que trabajan con jóvenes, el reto y la posibilidad es presentar Rezandovoy sin imponerlo. Introducirlo en algunos momentos, sin que resulte tan invasivo que provoque rechazo en lugar de interés. Por ello, el utilizarlo en alguna convivencia, en algún encuentro, en una clase, o antes de empezar una reunión de grupos parroquial o de confirmación, puede ser una forma sencilla de darlo a conocer y despertar apetito. Ir dejando que se haga familiar, de manera que cuando algunos chicos o chicas pregunten dónde pueden encontrarlo, sean ellos los que den el siguiente paso.

Caben usos mixtos. Es decir, utilizar alguna oración especialmente significativa, no únicamente invitando al recogimiento y reflexión personal, sino aprovechando para compartir las respuestas a las preguntas que a veces se plantean. Por supuesto, para ello habría que escoger bien qué oración utilizar, y aprovechar alguna en la que la música resulte más juvenil que clásica, y en la que las propuestas sobre el texto permitan este tipo de puestas en común.

Otra posibilidad pastoral tiene que ver con las oraciones especiales: los exámenes del día o las oraciones para momentos como la pérdida de un ser querido, la dificultad… Precisamente por tratarse de momentos densos en la vida, el joven puede estar más esponjado, más sediento, más dispuesto a abrirse a lo que se proponga.

 

1.6 Nuestra valoración.

Si hay que expresar de alguna manera lo que significa Rezandovoy para quienes estamos metidos en el proyecto, la primera palabra que sin duda viene a los labios es de agradecimiento. Es un privilegio trabajar en algo así. Es una experiencia evangelizadora. Y una experiencia humana de encuentro.  La gente que nos escribe a menudo habla desde muy dentro, y comparte muchas de sus luchas, heridas, esperanzas, haciéndonos parte de ellos. En segundo lugar, es un reto. Queremos seguir manteniéndolo, y hacerlo bien, no por perfeccionismo innecesario, sino para que de verdad ayude a la gente a rezar, y así encontrar la palabra de Dios. Es lo mejor que podemos ofrecer. No es nuestro. Pero merece la pena. Y en tercer lugar, exigencia. Queremos seguir creciendo, no por una cuestión de números, sino por seguir haciendo viva, también en esta frontera digital, la propuesta de Jesús: “Id a todo el mundo y proclamad el evangelio”. De eso se trata.

 

José María Rodríguez Olaizola sj

Coordinador del proyecto

 

  1. TESTIMONIOS DE ORACIÓN: ¿CÓMO REZAS?

Hemos preguntado: “¿Y tú, ¿cómo REZAS…?” a personas creyentes que basan su oración en la música, un texto evangélico y un la danza. Aquí tienes el resultado. ¿Cuál te dice más? ¿Cuál sería el tuyo? ¿Cómo los adaptarías a tu grupo o para ti…?

 

2.1 cuando ayudar a rezar se convierte en oración: nuestra experiencia en los encuentros oracionales (ain karem)

Mucho espacio.

Todo lleno.

Todo libre.

Tú en medio,

llenándolo todo

y dando paso a todo

(Patxi Loidi)[1]

 

Todo empieza con una invitación que recibimos de parroquias o grupos para animar un espacio de oración. Todo sigue con la acogida que nos brindan y la preparación de ese espacio…

Convocados en SU nombre, el encuentro comienza con la proclamación de la PALABRA que se nos da a saborear, para que ella sea la protagonista y posibilitadora de esa oración comunitaria. Poco a poco, nos vamos adentrando en su profundidad y ella nos va hablando al corazón, «…porque la Palabra de Dios es viva, es eficaz y más cortante que una espada de dos filos» (Heb 4,12).

La asamblea allí reunida, de jóvenes o adultos, en su acogida del silencio, de la música, nos devuelve deseo de Dios, hambre y sed de su Presencia. Los silencios llenos que precede y siguen a cada canto nos traen la promesa de Jesús: «Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo con ellos.»(Mt 18,20). Nos ayuda a rezar esta disposición de la comunidad allí reunida, paciente y activa, que desea escuchar y compartir.

En cada encuentro confirmamos la experiencia de que la música posee el don de trasladarnos a otro nivel de profundidad, de colarse hasta lo más profundo, de emocionarnos… y cuando la música está al servicio de la Palabra, facilita de un modo único la experiencia de ENCUENTRO con Dios. Vivimos, además, que la belleza del canto, por sencilla que sea, nos conecta con la Belleza de Dios… y nos trae noticia de su Misterio, que nos trasciende y edifica.

Así mismo, el encuentro oracional nos posibilita reavivar la experiencia de fe. A través del canto somos llamadas a «dar razón de vuestra esperanza»(1P 3,15).

Siempre hay espacio para traer la realidad de nuestro mundo, personas que conocemos y queremos presentar al Señor. Estos momentos se convierten en lugar sagrado, que nos hacen «descalzarnos». Los nombres de personas concretas, con rostro e historia, van poblando el silencio y un rosario de vidas se desgrana como un clamor… Es la intercesión del pueblo que ora desde la vida, desde las alegrías y angustias de los hombres y mujeres de hoy.

Estos encuentros de oración son al mismo tiempo ocasión de descanso. Percibimos la necesidad que los creyentes tenemos de «oasis» y aliento; y experimentamos cómo el Señor «nos conduce junto a aguas tranquilas, y repone nuestras fuerzas» (Sal 23,2b).

También son ocasión de celebrar la fe; estos encuentros nos lanzan a la vida, de nuevo, con más esperanza, con el deseo de poner más los ojos en Jesús y anunciarlo como Buena Noticia en nuestros ambientes.

Decimos que somos invitadas a animar espacios de oración y es cierto… ¡Pero recibimos tanto anuncio de cada grupo con el que nos encontramos…! Somos testigos privilegiadas de cómo el Señor acompaña a cada comunidad, a cada persona. Cada vez más, vamos tomando conciencia de ser instrumentos en las manos de Dios, cauce para que se dé el ENCUENTRO, porque es él quien provoca el canto, quien nos dirige su Palabra, quien desea ardientemente encontrarse con cada persona. Muchas veces nos sorprendemos sobrecogidas por la experiencia honda de agradecimiento que se nos devuelve en estos encuentros por parte de las personas allí reunidas. Ciertamente, la gratitud es un buen síntoma de que hemos vivido un rato de oración. Sólo falta que hagamos vida aquello que hemos cantado.

Ain Karem

Carmelitas de la Caridad

 

2.2 Mi estilo personal de oración (Hernán Vázquez González – CITeS)

Durante algún tiempo, la oración para mí era una tarea que se focalizaba en determinadas horas, y en prácticas más o menos concertadas que marcaban el ritmo del día. Gracias a eso, aprendí a apoyarme en ciertos pasajes de la Biblia. Primero los leía y los repetía casi de memoria. Después me los representaba en la imaginación. Y finalmente trataba de involucrarme en ellos identificándome con algunos de los personajes o de las situaciones planteadas. Mis pasajes preferidos eran el de la Samaritana, la parábola del sembrador, el buen samaritano o la del fariseo y el publicano, entre otros. Aprendí a hablar a Dios personalmente de «mis cosas»: preocupaciones, planes, dificultades, logros… Eran diálogos que por la misma libertad y espontaneidad no daban lugar a distracciones, porque todo lo que me venía a la mente, memoria o imaginación se lo presentaba al Señor.

Fruto de esa forma de orar, fue creciendo poco a poco en mí la grata sensación de una presencia general e indeterminada que me daba la sensación de envolverme suavemente, casi de manera imperceptible, pero muy amorosa y pacificadora. Esta sensación que empezó a manifestarse en las celebraciones o en los ratos de oración se ha ido extendiendo cada vez más en el tiempo hasta abarcar todo el día. De tal manera que, esté donde esté y haga lo que haga, sin distraerme ni detenerme y sin necesidad de hacer nada especial, siento esa presencia envolvente que me da serenidad, seguridad, ánimos. Algo así como si cada respiración me introdujera un aire nuevo y revitalizador que no me saca de mis tareas, pero que me hace sentir, sin ninguna duda, esa presencia en todo cuanto estoy haciendo.

En un principio, esa presencia sentida me parecía que estaba en el exterior, que venía de un lugar o de un espacio que no podía precisar, sin poder ignorarla ni dudar de ella. Pero últimamente la siento más interior. Como si su fuente u origen fuera yo mismo. Pero no la localizo en ninguna parte de mi ser: ni en el corazón, ni la mente, ni en mi sangre… Es general. En todo mi ser. Y cada vez es más cierta y segura.

En esta sensación de esa presencia  general así percibida, toda oración o invocación, por simple o tradicional que parezca, me viene muy bien. Lo mismo que alguna frase de un salmo o del evangelio que recuerde. Son invocaciones o frases que me vienen casi siempre espontáneamente sin pensarlas ni rebuscarlas. Simplemente vienen a mi mente y yo las repito. Pero me producen un efecto muy especial: me aseguran y me afianzan en la certeza de no estar solo. Como si lo que hago lo hiciéramos siempre entre dos.

En este contexto, los rezos, las celebraciones, los ratos de oración son espacios privilegiados del día que me sirven para una sucesiva toma de conciencia de la compañía en la que vivo: no tiene forma ni figura determinada. Es sólo una sensación o percepción muy  segura sin que se deje aprisionar en un concepto, en una definición y mucho menos en una descripción. Simplemente está, la percibo, me da ánimos y seguridad. Pero no me puedo adueñar de ella. Es como la luz: percibes su presencia o su ausencia y nada más. Pero aún en la ausencia no deja de estar presente. Al menos así lo percibo yo.

Con todo, no es una presencia que te aísle o te impida tratar con los demás. Al contrario. Poco a poco vas percibiendo esa misma presencia en las personas que tratas. Sin saber por qué, sientes como un cariño o un respeto muy especial para con los demás. Eso no te impide ser sincero, expresar abiertamente tus convicciones, tus disgustos, o defender puntos de vista diferentes. Pero lo haces con respeto y con una consideración especial.

Así, me parece que he pasado de una oración de horario y  prácticas puntuales a una oración de todo el día que se intensifica en esos momentos puntuales, muy apreciados y deseados, pero siempre en la misma dirección: tomar conciencia y cultivar esa  presencia que te envuelve y hace tan grata tu vida.

Hernán Vázquez González

CITeS – «Universidad de la Mística» – Ávila

 

2.3 Mi experiencia de oración desde la danza conremplativa (Victoria Hernández)

Todo comenzó cuando a los dieciocho años tuve una crisis existencial, dejé de creer en Dios, y el mundo se me desmoronó. Hasta entonces rezaba las oraciones habituales, mantenía un cierto diálogo con Dios, leía y reflexionaba la Palabra, cantaba aunque no se me diera bien… A pesar de esta crisis decidí continuar en el grupo de oración con la esperanza de que, si Dios existía, me lo revelara.

Muchos días bailaba en casa para expresar  lo que sentía, fuera lo que fuera. En esa época dancé mi desesperación y mi grito al Dios en que no creía pero que anhelaba. La danza salía de las entrañas. Si el cuerpo de Jesús reaccionó cayendo rostro en tierra en Getsemaní ante la dureza del momento, el mío se alzaba sobre la media punta del pie y extendía la mano al cielo como para arañar un trozo de transcendencia que me devolviera la esperanza en un mundo que percibía oscuro y sin salida.

A los seis meses, en el seno del grupo de oración, tuve una transformadora experiencia de Dios. En los días siguientes reservaba un espacio y un tiempo para recogerme en silencio y sin más que encender una vela y abrirme a la Presencia, la paz inundaba todo mi ser, que un minuto antes estaba inquieto. Se me regalaba la oración de contemplación, de silencio, de pura receptividad. Nacía entonces una danza suave, en contraste con la danza dramática de tan solo unos días antes. Afloraba el gesto suave como receptáculo del Espíritu y expresión de alabanza y agradecimiento. Era, y ha seguido siendo, un momento de intimidad: entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto.

Al año y medio descubrí la danza hebrea como expresión religiosa, vivida en comunidad y a plena luz. Fue todo un impacto para mí: descubrí que la oración danzada podía compartirse. Adquiría dimensiones inusitadas para mí.

Pretendí con el tiempo coreografiar algunas danzas, pero era un trabajo “un tanto intelectual” y  no tan vivencial. Hasta que un día descubrí que había momentos en que surgía una danza ciertamente inspirada. Desde entonces no me obligo a coreografiar, pero cuando vivo ciertas experiencias espirituales o profundamente humanas en las que veo la huella de Dios, necesito danzar, poner cuerpo a dichas experiencias, explicitarlas, que hable todo el ser. Otros escriben, cantan… a mí se me va el cuerpo y es entonces cuando surge la coreografía que nace de la oración y lleva a otras personas a la oración al contemplarla o al realizarla. Éste fue otro gran descubrimiento: que lo que a mí me ayudaba a orar también ayudaba a otras personas.

Desde aquella experiencia de Dios, hace 26 años, mi oración ha pasado por muchos momentos: de sequedad, de ansiedad, de cotidianidad… y buceé por distintas formas de oración. Pero siempre la danza ha estado presente, para mi sorpresa, no solo como medio de expresión, de sacar hacia fuera unas vivencias, sino como vehículo al silencio de la mente, al consuelo, a la paz y a sentir la presencia de Dios, convirtiéndose el movimiento, curiosamente, en un medio, un recurso para la oración quieta.

Te deseo lo mismo: permanece y espera en la oración, porque el que pide recibe; el que busca, encuentra.

Victoria Hernández

www.danzacontemplativa.com

info@danzacontemplativa.com

 

[1]  P. Loidi, Mar Rojo, Estella, Verbo Divino, 2012, p. 181.