Orar con María HIJOS CON VIDA Y BUEN HUMOR

Ofrecemos dos largas oraciones en las que anda por medio María, el agradecimiento por la vida y el buen humor.Se puede orar con ellas de múltiples formas, Sugerimos en cada caso alguna.Y además se puede trabajar a partir de ellas.Ofrecemos también alguna sugerencia para ello.

 

Herminio Otero

 

J.L. Martín Descalzo escribió la ora­ción que sigue «de golpe», a raíz de unas intervenciones en televisión. Él mismo cuenta el origen que la provocó: «Esta tarde, en la televisión, alguien lanzó una serie de ironías sobre la maternidad y puso a María, la Virgen, como un mode­lo antifemenino. Yo no pude evitarlo: co­rrí a la máquina y escribí estas líneas».

Para entenderla adecuadamente, es necesario situarla en ese contexto y tener en cuenta ese origen. Por otra parte, el autor resume en ella las líneas de una mariología sencilla y cercana a nuestra vida. Puede servir para acercar a los jó­venes la figura de María. Puede, a la vez,

ayudarnos a descubrir lo esencial de la vida, aprender a ser agradecidos y to­mar postura ante la realidad de la vida.

Oración a María de un hijo agrade­cido

 

TE doy gracias, María, por ser una mujer.

Gracias por haber sido mujer como mi madre

y por haberlo sido en un tiempo

en el que ser mujer era como no ser nada.

Gracias porque, cuando todos te consideraban

una mujer de nada, tú fuiste todo,

todo lo que un ser humano

puede ser y mucho más,

la plenitud del hombre, una vida completa.

Gracias por haber sido

una mujer libre y liberada,

la mujer más libre y liberada de la Historia,

la única mujer liberada y libre de la Historia,

porque tú fuiste la única no atada al pecado,

la única no uncida a la vulgaridad,

la única que nunca fue mediocre, la única verdaderamente

llena de gracia y de vida.

Te doy gracias porque estuviste

llena de gracia,

porque estabas precisamente llena de vida; porque estuviste llena de vida,

porque te habían verdaderamente

llenado de gracia.

Te doy gracias porque supiste

encontrar la libertad siendo esclava,

aceptando la única esclavitud que libera,

la esclavitud de Dios,

y nunca te enzarzaste

en todas las otras esclavitudes

que a nosotros nos atan.

Te doy gracias porque te atreviste a tomar

la vida con las dos manos.

Porque al llegar el ángel te atreviste

a preferir tu misión a tu comodidad,

porque aceptaste tu misión

sabiendo que era cuesta arriba,

en una cuesta arriba

que acababa en un Calvario.

Gracias porque fuiste valiente,

gracias por no tener miedo,

gracias por fiarte del Dios

que te estaba llenando,

del Dios que venía, no a quitarte nada,

sino a hacerte más mujer.

Gracias por tu libertad de palabra

cuando hablaste a Isabel.

Gracias por atreverte a decir

que Dios derribaría a los poderosos,

sin preocuparte por lo que pensaría Herodes.

Gracias por haber sabido que eras pobre

y que Dios te había elegido

precisamente por ser pobre.

Gracias porque supiste hablar de los ricos

sin rencor, pero poniéndolos en su sitio:

el vacío.

Gracias porque supiste ser

la más maternal de las vírgenes,

la más virginal de las madres.

Gracias porque entendiste la maternidad

como un servicio a la vida, !y qué Vida!

Gracias porque entendiste la virginidad

como una entrega, ¡y qué entrega!

Gracias por ser alegre en un tiempo de tristes,

por ser valiente en un tiempo de cobardes.

Gracias por atreverte

a ir embarazada hasta Belén,

gracias por dar a luz

donde cualquier otra mujer

se hubiera avergonzado.

Gracias por haber sabido ser luego

una mujer de pueblo,

por no haber necesitado ni ángeles, ni criadas

que te amasaran el pan y te hicieran la comida,

gracias por haber sabido que estar llena

no era estarlo de títulos y honores,

sino de amor.

Gracias por haber aceptado el exilio,

por asumir serena

la muerte del esposo querido.

Gracias por haber respetado

la vocación de tu Hijo

cuando se fue hacia su locura,

por no haberle dado consejitos prudentes,

gracias por haberle dejado crecer

y por sentirte orgullosa de que Él te superase.

Gracias por haber sabido quedarte en silencio

y en la sombra durante su misión,

pero sosteniendo de lejos

el grupo de mujeres que seguían a tu Hijo.

Gracias por haber subido al Calvario

cuando pudiste quedarte alejada del llanto,

por aguantar al lado del sufriente.

Gracias por aceptar

la soledad de los años vacíos.

Gracias por haber sido la mujer más entera

que ha existido nunca

y gracias, sobre todo, por haber sido

la única mujer de toda la Historia

que volvió entera a los brazos de Dios.

Gracias por seguir siendo madre

y mujer en el cielo,

por no cansarte

de amamantar a tus hijos de ahora.

Gracias por no haber reclamado nunca

con palabras vacías

tu derecho de mujer en la Iglesia,

pero al mismo tiempo haber sido de hecho

el miembro más eminente de la Iglesia,

la primera redimida,

por ser entre los hombres y mujeres

todos de la tierra

la que más se ha parecido a tu Hijo,

la que más cerca ha estado y está aún de Dios.

Te doy gracias, María, por ser una mujer.

 

 

J.L. MARTÍN DESCALZO

 

 

 Para orar

Esta oración puede dar pie a un encuentro de oración. Ofrecemos algunas posi­bilidades sabiendo que cada una de ellas puede ser independiente.

  • Leer el texto en silencio, meditativamente. Se puede hacer con música de fondo(Ave Maríade Schubert u otras piezas clásicas).
  • Después de leer el texto en silencio, ir proclamando personalmente y en voz al­ta algún párrafo elegido por cada uno.
  • Leer el texto muy despacio, imaginándose a María en cada situación que se re­cuerda: postura, actitud, forma de ir vestida, expresión del cuerpo (ojos, manos, rostro, pies, etc. Para motivar, se puede decir: «Si después de haber imaginado cada escena, tuviéramos que hacer un cuadro de María, ¿cómo lo pintaríamos?). Se puede hacer personalmente o, mejor, que un animador proclame un párrafo cada cierto tiempo. Será importante tener preparada la música para el tiempo de silencio.
  • Leer el texto todos juntos pero haciendo pausas después de cada párrafo. Un animador controla el tiempo: él inicia la intervención diciendo «Gracias, Ma­ría», y todos continúan con el párrafo que corresponda. Después de cada pau­sa, durante el tiempo de silencio:

*Pensar cómo actúa cada uno en lo que se ha leído: qué hace, qué podría ha­cer mejor, etc.

*Recordar a personas cercanas a nosotros que han actuado así y que nos han ayudado a descubrir y vivir esos valores. Y dar gracias por ellas.

*Concretar algo para actuar.

  • Leer el texto a dos coros, despacio y con ritmo. Después de leerlo, tener inter­venciones personales que comiencen por «Te doy gracias, María, por ser una mujer…»

 

Para hacer

  • Buscar en el evangelio textos que se refieran a lo que expresa alguno de los pá­rrafos. Leerlos detenidamente e imaginarse a María según lo que dicen.
  • Comentar, con el evangelio en la mano, a qué se refiere cada párrafo.
  • Decir qué actitudes de María son más necesarias hoy para cada uno, cuáles nos pueden ayudar a ser más personas, cuáles son más difíciles de llevar a la prác­tica hoy.

 

2.TENER Y MANTENER EL BUEN AMOR

 

ESTA oración, a pesar de su título, se refiere poco a María (sólo al principio, como punto de partida, y al final como invocación específica), aunque podemos pensar que, como madre, María también tuvo mucho que ver en la educación de jesús.

El lenguaje, planteamiento y vivencias que presenta son de tipo más eclesiástico. Con todo mantenemos el original como lo escribió su autor, también eclesiástico. Tal como está, puede servir especial­mente para los educadores de jóvenes,

tantas veces tentados de malhumor y desesperanza, y por ello necesitados de tener buen humor y saber mantenerlo. Con breves adaptaciones, la oración ser­virá también para los jóvenes.

La imagen (El mensajero del Sagrado. Corazón, Octubre 1995) que acompaña, puede dar pie a diversas intervenciones. Ampliada e incluso coloreada, puede convertirse en un sencillo icono que pre­sida un encuentro de oración «para des­cubrir y mantener nuestro buen humor», que es lo mismo que vivir esperanzados y mantener la esperanza.

 

 Santa María del Buen Humor, ruega por nosotros

OH Jesús, Sabiduría eterna.

Cuando el Creador «afirmaba los cielos

y ponía límite al mar

y asentaba los cimientos de la tierra,

Tú estabas junto a Él como arquitecto,

eras su encanto todos los días

y en todo tiempo jugabas en su presencia,

jugabas con la bola de la tierra

y eran tus delicias los hijos de los hombres».

Ahora te contemplo Niño juguetón

en el regazo de la Virgen Madre

y vengo a pedirte sabiduría y buen humor.

Contigo quiero también jugar con la bola de la tierra y ser el encanto de Dios, mi Padre, y las delicias de las gentes, mis hermanos. Quiero estar alegre siempre, siempre de buen hu­mor y además contagiarlo a los que es­tán a mi vera. Dame humor, buen hu­mor, sentido del humor.

 

Necesito humor para seguirte, Señor, para creer en las Bienaventuranzas, pa­ra amar y perdonar a todos. Necesito fuertes dosis de buen humor para ser sal, luz y fermento de este puñetero mundo, en­tre gente incordiante e inaguantable, de esta sociedad de gentes crispadas y conflicti­vas, en unas comunidades inexplicablemente ásperas, tensas y ácidas. Dan ganas de no poner ya más sal a la «cosa», de esconder la luz en un rincón y no seguir animando y empujando. «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no hacéis due­lo», dijiste Tú mismo, no sin humor.

Pero Tú no quieres seguidores gruñones ni entristecidos. No te agradan las proce­siones de «sauces llorones», no te gusta oír letanías de resentidos. Lo comprendo, Señor. No es posible ser buen cristiano sin buen humor. No es posible vivir el amor fraterno de verdad sin grandes dosis de buen humor. El mal humor no es buen conductor de la Bue­na Noticia. Dame humor, mucho sentido del humor, fuertes dosis de buen humor.

 

Qué risa dan muchas cosas, querido Jesús, Niño juguetón en el regazo de la Virgen Ma­dre: las afirmaciones rotundas de los enfatuados, las poses de los engreídos, las majaderí­as de los poderosos, la vaciedad de los orgullosos, la ridiculez de los que se dan impor­tancia. Quiero reírme de todo eso. Y de eso que llaman «prestigio», «valer», «honor», «dignidad», «autoridad», cuando realmente a veces no es sino vanidad y amor propio. Quiero reírme de «cosas» que la gente busca afanosamente, por las que se pelean y en­frentan los que no saben vivir sin ellas. Qué risa, Señor, qué pena. Pero, sobre todo, quie­ro reírme de mí mismo. Que me vea espantosamente ridículo cada vez que me dé im­portancia o me busque a mí mismo, olvidándome que soy «el último de todos y el servi­dor de todos». Los importantes sois vosotros: Tú, Señor, y los hombres y mis hermanos.

Ayúdame a mantener inquebrantable mi buen humor ante la terquedad «irritan­te» de los que no me quieren o me interpretan mal o se meten conmigo o se burlan y rí­en de mí. Que no pierda el buen humor ante las maquinaciones, manejos y enredos de gente intrigante. Que no caiga en la trampa de tratar como enemigos a los que no me quieren o hablan mal de mí. Que no me atrapen los tentáculos de la envidia ni de los celos. Que no me roben la alegría los desengaños, frustraciones o desencantos ni el fas­tidio de la vida. Que los golpes que recibo no me dejen amargado ni resentido. Quiero reírme, quiero estar de buen humor.

Gracias, Señor, porque he caído en la cuenta de que el humor es la mejor manera de tomarte en serio. Dame sentido del humor, compañero inseparable del amor cristiano, señal de madurez espiritual. Dame sentido de la proporción, lucidez para jerarquizar los valores, inquebrantable fe en la eficacia de los medios pobres. No me importa hacer el ridículo ante la gente; me importa no hacer el ridículo ante Ti, que has puesto al re­vés los valores del mundo.

 

Santa María del Buen Humor: muéstranos a Jesús, Sabiduría eterna. Niño juguetón, razón y causa de nuestro Buen Humor cristiano; ayúdanos a mantenernos alegres y bienhumorados; ruega por nosotros, tantas veces pecadores por tristes y malhumora­dos, para que seamos dignos de alcanzar y gozar de inalterable buen humor aquí en la tierra y de las alegrías eternas en el cielo. Amén.

 

MONS. DAMIÁN IGUACEN BORAU

 

 

Para hacer

 

  • Responder: ¿Necesita el cristiano el buen humor? ¿En qué y para qué? Leer des­pués la oración.
  • Comentar cada párrafo o al menos alguno: qué dice, qué quiere decir, qué de lo que dice se da en nuestra vida, en nuestro grupo, en nuestras comunidades, etc. • Trabajar a partir de la imagen:

-Jesús-payaso: recordar la canción del payaso o el vídeo Parábola.

-María-joven: manos que muestran a Jesús-payaso, alegría del rostro…

-Jesús y el molinillo: viento del espíritu, juego…

-«Ora pro nobis»: frase hoy lejana y de lengua extraña, repetida como canti­nela por quienes mantenían una confianza más allá de las palabras. Traducir: «Ruega por nosotros…» Completarla en cada caso.

  • Reescribir la oración adaptándola a los jóvenes: acortar, poner situaciones y vi­vencias humanas y religiosas suyas… Y orar a partir de ella.

 

 Para orar

  • Leer el texto en silencio, despacio, viendo en qué sentido cada uno está necesi­tado de lo que en cada párrafo se dice.
  • Después de leer el texto en silencio, ir proclamando personalmente y en voz al­ta alguna frase elegida por cada uno.

 

  • Centrarse sólo en algún párrafo: meditarlo y concretar qué nos exige llevar a la práctica lo que en él se dice.