PASADO Y PRESENTE EN LA PASTORAL DE FP

José Luis Villota Cosío, SDB

Director del Colegio Salesiano Padre Aramburu de Burgos

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO.-

Tras narrar brevemente los orígenes de las Escuelas Profesionales salesianas, que se remontan al más genuino núcleo del carisma fundacional de San Juan Bosco, el autor propone una renovación de los pilares esenciales y de las estrategias para llevarlos a la práctica pastoral en la Formación profesional. Sus propuestas, pensadas y contrastadas en un equipo pastoral, no salen de la mera elucubración teórica, sino que están siendo llevadas a la práctica en el Colegio de Burgos que el autor del texto dirige.

Se me invita a hacer una reflexión práctica sobre pastoral en FP. Sin duda es un reto, puesto que la Formación Profesional es un ámbito muy singular de la misión salesiana; me atrevería a decir que, tal vez, el más querido. En este momento también, un terreno fronterizo, en donde no es sencillo actuar con lucidez, no digamos ya con originalidad.

Este artículo no lo planteo yo solo; lo realizo junto el equipo de pastoral de mi escuela -Salesianos Burgos, Padre Aramburu- , en el que venimos reflexionando juntos desde hace unos años y generando algunas experiencias con buen sabor educativo y pastoral. Sin duda, como nosotros habrá otros tantos equipos entantísimos lugares sospechando caminos, probando  y ensayando fórmulas con cierto encanto. Esta, al menos, es nuestra experiencia particular.

  1. Un paradigma del pasado: los talleres salesianos de oficios.

Empiezo haciendo un poco de historia acerca del origen de las escuelas de oficios salesianas, puesto que en la época de la primera industrialización italiana supusieron un referente fundamental, como paradigma educativo y también pastoral.

Corría el otoño de 1853. Don Bosco estaba logrando cierta estabilidad en su obra deValdocco,  había iniciado el internado y estaba abriendo caminos formativos para los chicos. Ese año, pensó en iniciar algo nuevo y que trajera cierto provecho a los aprendices que hasta ese momento se movían en talleres de la ciudad de Turín: se trataba de unos talleres de oficios.

Ese mismo otoño abrió los talleres de zapatería y sastrería. El primero lo situó en la antigua sacristía de la capilla Pinardi con dos mesitas y cuatro taburetes, siendo él el primer maestro de oficios. Su madre, Margarita, sería la maestra en el de sastrería, enseñando a coser y cortar los paños de tela y a hacer remiendos caseros. En los primeros meses de 1854 abrió el tercer taller: el de encuadernación de libros. En 1856 echará a andar el taller de carpintería. El quinto taller, el más deseado, fue la imprenta, que le debía permitir imprimir libros de apoyo didáctico, y otros de carácter moral y religioso. Se notaba en ello el magisterio de San Francisco de Sales, pionero de la  denominada “buena prensa” católica.  No sin dificultades, debió de afanarse durante un año para alcanzar el permiso del gobierno, que al final consiguió el 31 de diciembre de 1861. Al principio fue un taller sencillo, al cabo de años competía con las mejores tipografías de la ciudad: cuatro prensas y doce máquinas movidas por energía. Para rematar el asunto, en 1862 abrió el sexto y último taller: el de cerrajería.

Una década a ritmo incansable –la que va del 53 al 62- para iniciar y dar forma a un proyecto pionero por lo que tenía de originalidad y por lo que supuso de referencia para el futuro. En la época del boom industrial turinés, un sacerdote con mentalidad práctica supo leer la situación humana y pastoral de la juventud. Su opción tuvo dos polos claros. Por una parte, inició la pastoral del trabajo, que hacía posible lacualificación profesional de los jóvenes, asegurándoles así los medios de vida necesarios. Y por otra parte, favoreció su instrucción moral –por emplear terminología de la época- y religiosa. Justamente desde esta doble intención se fundamenta la praxis pastoral de don Bosco.

Para darnos cuenta de que la obra de los talleres fue algo singular y cuidada, en 1854 don Bosco publicará el primer reglamento en donde delinea la fisonomía de la Obra para jóvenes artesanos, como él la llamaba. En este reglamento se indican las condiciones de admisión -ser huérfano o abandonado (sin familia)-, se establece un organigrama de funcionamiento y se dan las normas de comportamiento, así como el horario y las prácticas de piedad que establecía, entre otras la eucaristía frecuente y el retiro mensual.

Educar “buenos cristianos y honrados ciudadanos” se explicitaba en el aprendizaje de un oficio y en ponerse a trabajar. La pastoral práctica consistía en cualificar profesionalmente a los chicos, a la vez que se aportaba un “sentido” humanista y cristiano al mismo trabajo. Trabajar suponía poder vivir honestamente, ganándose el pan y los recursos necesarios para vivir.

Además de esto, la escuela profesional salesiana siempre propuso un estilo de espiritualidad propio y posibilista, que tomaba pie en:

  • El valor del esfuerzo cotidiano, la honradez, la laboriosidad como valores.
  • La incipiente “cualificación profesional” de los trabajadores.
  • La eucaristía y la devoción mariana.
  • En menor medida, el compromiso social.

 

Ciertamente, en adecuación con el contexto religioso de aquellos tiempos: homogeneidad social y religiosa, nula participación ni conciencia socio-política; cierta apertura en los años 60 del siglo XX.

 

Entre el siglo XIX y nuestra época median más de 100 años en donde la escuela salesiana ha desarrollado una experiencia muy valiosa. José Manuel Prellezo[1], historiador salesiano, ha publicado recientemente un estudio en donde ofrece las intuiciones pedagógicas y datos pormenorizados de cada época. A su lectura remitimos para más detalles. La cuestión es por tanto: ¿es posible una pastoral en la FP? ¿Cómo debería formularse?

 

A continuación me centraré en el escenario en que se encuentra hoy la FP, sus desafíos pastorales, y ciertos caminos practicables para que las escuelas profesionales sigan siendo reflejo de aquella lejana intuición; en lo fundamental, aún hoy valiosa.

 

  1. El contexto actual de la Formación profesional

La formación profesional en España tiene un escenario definido y preciso. Estas son algunas características del sistema formativo.

 

Un entorno profesionalizado y exigente.

La formación profesional ha asumido el reto de la excelencia profesional. Los centros de FP viven, cada vez más, referenciados a entornos profesionales exigentes con los que interactúan. Las empresas y otras organizaciones nos ven como no sólo como centros de formación reglada, sino también como a agentes capaces de ofrecer valor añadido a sus clientes (formación compartida entre centros de trabajo y escuelas, formación dual, formación continua a trabajadores, servicios y proyectos de innovación etc.). En este marco no todo vale: los centros de FP han de demostrar competencia y competitividad respecto del resto. Al lado de la enseñanza reglada, se hace necesaria una organización cada vez mejor dotada a través de los departamentos escuela-empresa, para responder al trabajo compartido que en este momento  requieren tanto los centros de FP como las empresas.

 

Los sujetos y sus intereses

Los jóvenes de FP tienen un perfil de lo más heterogéneo. En ningún otro nivel educativo existe tal  disparidad en cuanto a los destinatarios. Por edad, en una misma aula podemos encontrarnos con personas con 17 años y también con 37, o más. El modo de vida y las expectativas distan mucho entre ellos. Hay profesionales que al encontrarse en el paro vuelven de nuevo a formarse en espera de una mejores posibilidades laborales; y chicos que arrastran aún el malestar de la desmotivación y el fracaso escolar de la ESO. Del modo que sea, todos ellos comparten  una expectativa muy clara, y es el interés por una formación de utilidad, de carácter técnico, que les permita trabajar en el plazo de tiempo más breve. Inmediatez y practicidad.

 

Los currículos y la organización

Los currículos oficiales están vertebrados en torno al concepto de Competencia(unidades de competencia, cuadro de competencias, competencias profesionales…). La competencia, por definición, es la suma de saberes, actitudes y destrezas que alguien manifiesta en el desempeño de una tarea profesional. Por su misma definición, la competencia debe ser comprobable y evaluable a través de evidencias en entornos productivos reales.

 

El real decreto 1538/2006 del 15 de diciembre, sobre las competencias en la FP, define tres grandes áreas en la cualificación de las personas:

–          Competencias para el desarrollo profesional: capacidades profesionales, emprendimiento, salud laboral, trabajo en equipo etc.

 

–          Competencias para el desarrollo personal: identidad profesional motivadora, capacidad para desarrollarse profesional y personalmente a lo largo de la vida.

 

–          Competencias para el conocimiento y adaptación al entorno socio-laboral: resolver conflictos en la vida social y personal, y en las relaciones laborales.

 

Los currículos de la FP, como se aprecia, son netamente instrumentales. La formación que demandan los curriculums oficiales es finalista, y no caben más argumentos de tipo humanístico o religioso. Los tiempos, además, son muy exiguos: tan solo dos cursos escolares, en donde la formación va al cronómetro por el ritmo acelerado de contenidos y destrezas que hay que desarrollar. El discurso de la fe y la temática religiosa es “sospechosa” de entrada, no tanto por rechazo explícito, sino por su incongruencia en dicho escenario.

 

  1. El asunto de la pastoral en la FP

 

La pastoral en nuestro contexto particular vive momentos de incertidumbre, y se pregunta sobre los enfoques más oportunos. Es verdad que ciertos agentes de pastoral suelen vivir con algún malestar su “oficio”, debido a que los esquemas de otras veces ya no sirven. No llegamos como antes a unos chavales a años luz de nuestros intereses. A veces pensamos que se debe a nuestra incapacidad; otras se lo achacamos a los jóvenes, a la sociedad, cuando no al gobierno y sus reformas educativas.

Lo cierto es que si lanzamos una mirada serena a la realidad, notamos que el escenario, la cultura, la empresa y los chicos han cambiado de manera sustancial; y lo más relevante, lo sigue haciendo de manera acelerada, de modo que no hay curso en donde no tengamos novedades sustanciales respecto del anterior. Ante esta situación, lo inevitable es activar propuestas de cambio, lo más lúcidas posibles, y dando valor a los ensayos parciales. En una situación cambiante, debemos encontrar una nueva forma de estar, planificar y hacer. ¿Nos acordamos de los ratoncitos que buscaban el queso en el laberinto?[2] Todo es cuestión de actitud ante el cambio.

En esta situación, en nuestro Centro Salesianos Burgos, pensamos que nuestra propuesta pastoral merecía una dosis de reflexión. Ante un cierto malestar porque las cosas no salían como queríamos, y ante la tentación de sacar el flagelo para darnos el castigo merecido, tuvimos la osadía de no “inculparnos”. Decidimos hacer un esfuerzo por volver a leer el contexto con cierta lucidez, y a partir de ahí, ver qué pasaba.

En el trabajo que íbamos a hacer estaban ya dos premisas de éxito, irrenunciables en cualquier proyecto pastoral: una era el Equipo de pastoral, la otra el interés por los chavales y el evangelio. Más allá de las prisas por llegar a resultados, queríamos dar valor a pensar, dialogar y buscar juntos. Hay que decir que nuestro Equipo de pastoral está formado por tres salesianos, con mucho bagaje pastoral, y seis seglares más, hombres y mujeres, con una mentalidad técnica y mucha sensibilidad educativa. La otra premisa a la que hemos aludido, era el deseo de llegar bien a nuestros jóvenes, con una propuesta lúcida y con valor evangelizador.

 

Haciendo un chequeo al estado de la cuestión, estos eran los pilares de nuestra pastoral, desde hacía más de 15 años:

 

–          Un Plan de tutoría, temático y bien organizado, en todos los niveles.

–          Los Buenos días diarios al comienzo de la jornada.

–          Las celebraciones mensuales, con carácter voluntario.

–          Un módulo formativo específico en grado medio y grado superior llamado “Formación”, en línea de formación en valores.

 

El equipo de pastoral estaba acostumbrado a planificar y evaluar cada año, pero faltaba un referente más amplio en donde situar las acciones (un nuevo PEPS, proyecto educativo pastoral).

De aquello que hacíamos valían ciertas cosas, en su origen bien planteadas; pero había que lograr darles nuevamente sentido. Por otro lado, deberíamos ver también los aspectos débiles. Entre otros, detectamos los siguientes:

–          La falta de  Protagonismo juvenil y cauces para la participación.

–          El desinterés por los momentos religiosos explícitos.

–          La búsqueda y la frustración por los resultados inmediatos: el número, la asistencia.

–          La rutina: buenos días, tutorías, extraescolares…

–          El anonimato de los chicos en la vivencia personal de la fe: vergüenza, miedo a significarse.

–          La falta de ofertas particulares o personales para algunos.

–          Desconocimiento de lo que desean los alumnos, y de cómo son en profundidad.

 

Por si sirviera el apunte, en la encuesta sobre intereses que solemos pasar a los alumnos a principio de curso, descubrimos un grupo de desafectos enorme respecto del hecho religioso; aunque aún cabe vislumbrar un porcentaje estimable para los que la fe sigue siendo moderadamente valiosa. Dentro de este panorama, aún tenemos en nuestro Centro un 18% de chicos iniciados en la fe y a los que su cultivo les sigue pareciendo muy importante. Y llega hasta un 22% con los que piensan que la fe es bastante importante. En nuestro Centro, vienen a ser entre 80 y 100 los jóvenes que participan aún en las celebraciones y otras ofertas explícitamente religiosas que se proponen (sobre un total de 600 chicos). Pero, como se puede ver, nuestros intereses como equipo iban más allá de las propuestas religiosas. La pastoral es mucho más que esto.

 

Revisando lo que había, e intuyendo acentos y carencias, comenzamos una reflexión, en primer lugar para poner un marco adecuado a la nueva propuesta, esa que estábamos necesitando. Nuestra escuela profesional tenía la obligación de no perder su significatividad evangélica, sabiendo que ello no era tarea sencilla. ¿Nos sería posible  conjugar la profesionalidad y la razón técnica, con una propuesta lúcida que oliese a buen humanismo cristiano y a evangelio? Teníamos por delante un ejercicio de reflexión pastoral.

 

  1. Los cimientos del nuevo Proyecto Pastoral

 

Desde todo lo anterior, y algún argumento más que provenían del pensamiento pastoral y la cultura juvenil, decidimos situar nuestro proyecto pastoral en estas cuatro pilastras fundamentales.

4.1. El encuentro Personal, la orientación profesional y el acompañamiento.

Convencidos de que los grandes valores se trasmiten “cordialmente”, enseguida reconocimos la importancia que debíamos dar al encuentro con los chicos y al acompañamiento, que en nuestro contexto tiene mucho que ver con la orientación académica, profesional y vital.

Esta pedagogía del “estar” es algo propio del Proyecto educativo Salesiano (el sistema preventivo). Nos sigue pareciendo valioso “perder el tiempo”, acompañar con mimo y disponer de medios (tiempos, actividades, espacios) que lo permitan. En esto toda la Comunidad educativa es necesaria, puesto que es imposible que uno solo pueda llegar  a todos; aunque sí es posible entre todos llegar a cada uno. Al menos, esa es una de nuestras creencias.

El acompañamiento tiene en el ámbito de la FP un contorno especial. Acompañar significa ayudar a personalizar el Proyecto profesional que cada chaval intuye, pero que aún no ha llegado a formular. Este acompañamiento tiene que ver también con esos ámbitos competenciales que arriba recordábamos: la competencia personal, que incluye el conocimiento de uno mismo, la identidad profesional, la motivación; y la competencia para la adaptación al entorno (resolver conflictos, relaciones laborales y personales, entre otras).

4.2. – La innovación y la “mens técnica”.

Nuestros centros  están cada vez más vinculados al mundo de la empresa; algunas de ellas muy competitivas. Es más, incluso aprendemos de ellas y con ellas. La FP-Dual, tan traída y llevada, es un botón de muestra de otros tantos ensayos como estamos llevando a cabo con el mundo productivo: formación con trabajadores, gestión del conocimiento, proyectos en  I+D+i, jornadas con grupos y marcas, etc. Nuestro proyecto pastoral no puede ignorar este escenario, ni la “mens técnica” que está detrás de todo esto. Por lo tanto, cualquier  proyecto pastoral tiene que tener en cuenta elementos como la red externa, la utilidad que genera y la experimentación. Por supuesto, hay que saber ensayar y asumir el riesgo, el error de la apuesta, y la reformulación de la estrategia.

4.3. Perspectiva Misionera y anuncio “significativo” de la fe.

Desde hace mucho nuestra sociedad ha dejado de ser homogénea en sus valores. Los valores cristianos cada vez importan menos; y, sin embargo, son estos valores los que dan el “sabor” genuino a nuestra escuela y su propuesta. Sí que debemosconsensuar qué hay detrás de las palabras que pronunciamos.

Hablar de misión es referirse a la persona de Jesús: “Así como el Padre me ha enviado, así yo os envío”; y a la presencia permanente del Resucitado: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”. Esto apela a nuestra “fe” y “coraje” como agentes de pastoral.

Salir hacia afuera –hacia nuestros destinatarios- nos anima a dejar los métodos seguros y asumir riesgos para llevar a buen puerto la propuesta. También implica captar las necesidades de los jóvenes, a través de la escucha paciente de lo que quieran decir y proponernos.

¿Cómo hablar hoy de Jesucristo y el evangelio a unos destinatarios jóvenes, tan preocupados por otros intereses más inmediatos? Desplegar el evangelio desde los “intereses” de los chavales no es fácil. Aunque tal vez sea el único camino posible. Los jóvenes más que nunca se muestran reacios a una fe ritualista y moralista. El camino para la propuesta del evangelio cada vez tiene más posibilidades en clave del “primer anuncio”; esto es, a partir de la vida concreta de los destinatarios y sus necesidades. Esto, y el deseo velado de felicidad –esa palabra fetiche que tiene mucho que ver con dar sentido a la vida-, son las rutas de acceso para el evangelio con nuestros jóvenes de FP.

Se puede apreciar que el diálogo cultura-fe es más necesario que nunca. Son muchas las ideas preconcebidas, prejuicios sobre la fe, la Iglesia; no digamos sobre los negocios de los “curas”, etc. Dialogar significa escuchar lo que las personas quieren expresar, y después ayudarnos mutuamente a comprender toda la realidad, tal y como es. Dios es “logos”, es “razón”, y como tal debemos hacer argumentable la fe y, sobre todo, las actitudes prácticas de los que nos decimos creyentes.

4.4. Procesos educativos

La cuarta clave es ineludible para quienes nos dedicamos a educar; y es la de articular procesos educativos. Hablar de procesos educativos es quitar la razón a la improvisación. Planear procesos es ya hacer un ejercicio comunitario de diálogo y discernimiento. Es entender también que la fe es algo educable, como todo lo que tiene que ver con el ser humano, y no algo acrítico o pernicioso. Los procesos educativos hacen posible que el joven integre en sí todos los aspectos que le hacen humano: su inteligencia, sus emociones y espiritualidad, sus valores morales, su bienestar físico, sus relaciones con los demás. Todo esto nos gustaría poder ofrecer a nuestros chicos/as.

Y aquí surge la condición ineludible de respeto a la libertad. Deberemos conjugar el binomio libertad-capacidad de propuesta, entendiendo que los grandes valores, entre ellos la fe en Dios, no puede imponerse. La sabiduría pastoral radica en saber formular propuestas sugerentes para el chico/a, que libremente decida asumir como válidas para sí.

  1. Un proyecto con líneas estratégicas.

 

Los proyectos beben de las ideas y los conceptos, pero no se articulan sobre ellos, sino sobre estrategias. En pastoral se nos suele olvidar; nos parece algo menor o secundario. Sin embargo la estrategia ayuda a concretar los principios; a organizarlos adecuadamente y dotarles de recursos. ¡Cuántas buenas ideas lastradas por falta de estrategias!

 

Nuestro proyecto pastoral se articuló en torno a cinco líneas estratégicas. De cada una de ellas arrancarán después las iniciativas más concretas, en forma de planes. Este es el cuerpo de nuestro proyecto pastoral.

 

Línea estratégica 1: Una Comunidad educativa con capacidad de testimonio creyente.

 

La pastoral no son las actividades que hacemos con los chicos. Es la propuesta de una comunidad educativa que se siente dispuesta a acoger y acompañar la vida de los jóvenes, como discípulos de Jesús. Este es el principal reto a día de hoy. Entre otras iniciativas, éstas son las más sustanciales.

 

  1. A) Foro de Educadores salesianos.

La identidad es la herramienta fundamental donde sostener la pastoral. ElForo de educadores consiste en un tiempo regular (una vez al mes) en donde los educadores comparten su experiencia educativa, desde una perspectiva creyente. Se realiza de forma voluntaria en tiempo extraescolar por las tardes. En algún momento del año, el Foro da ocasión para el retiro-convivencia en sábado, en donde se invita también a familias de alumnos. Además, en la programación formativa del claustro hay tres sesiones de formación en pedagogía salesiana para todos los educadores de la casa.

 

  1. B) Espacio celebrativo.

Celebrar significa dimensionar el día a día y situarla como historia de salvación, aquí y ahora. De modo regular, nuestra comunidad educativa celebra la vida y la fe. En tres momentos del año, ofrecemos la posibilidad de celebrar las cosas que nos van sucediendo. Este espacio celebrativo tiene su momento religioso y su momento de cena compartida.

 

Línea estratégica 2: Acompañamiento de cada uno de los jóvenes y educadores en sus procesos educativos y vitales.

 

  1. A) Plan de tutoría y acompañamiento

Con un planteamiento renovado, decidimos no perder una “pequeña joya” arrancada al horario y al currículo: se trata de la hora semanal de tutoría. Esta hora de manera habitual no forma parte del currículo oficial en la FP.

 

Nuestro plan de tutoría tiene dos líneas maestras: la propuesta grupal y el acompañamiento individual, estilo Coaching. Para la propuesta grupal, una comisión de alumnos, a modo de comisión de pastoral, diseña las temáticas y los ponentes que luego desarrollamos. Con un ritmo bimensual, la tutoría se convierte en línea temática que después se trabaja en el aula y a nivel personal. Por otro lado, la tutoría es el lugar donde ayudar a dar sentido a las tareas y poder acompañar de manera continua algo parecido a un “Plan de desarrollo personal”.

 

  1. B) Evaluación del desempeño profesional

Los educadores de nuestra escuela reclaman, sobre todo en las encuestas de satisfacción, atención a sus personas: que se les cuide, valore y atienda. Esta demanda es congruente con nuestro invocado “espíritu de familia salesiano”, y en nuestro centro, además de tantos momentos informales de relación y encuentro, hemos querido institucionalizar un momento en donde se escucha a las personas en aquellos asuntos propios de cada uno. Esta acción está encomendada al director titular de la Escuela, y es ocasión para agradecer el trabajo educativo, confrontar dificultades, ver expectativas profesionales y también proponer caminos de mejora.

 

  1. C) La “Charla-Café”.

En relación con lo anterior, instauramos también una iniciativa que llamamos: “Charla-café”. Esta propuesta se define como un espacio para el encuentro personal entre un educador y un joven. Se realiza durante el tiempo lectivo, con una taza de café, como excusa e icono de la propuesta. La experiencia arranca de la necesidad que pueden tener algunos chicos de charlar con un educador cuando lo deseen. La “charla café” es una propuesta voluntaria, basada en la escucha activa, en donde el protagonista es el joven y en donde no se ofrecen “soluciones” ni se aconseja nada. Se escucha lo que cada persona quiera o necesite comentar. La actividad está reglamentada por un sistema de cita previa y notificación.

 

Línea estratégica 3: Participación de los jóvenes en la vida del Centro.

 

  1. A) Comisión Joven de Pastoral

En esta línea estratégica, no fue ésta la primera intuición que desarrollamos. Fue al cabo de dos cursos, y al renovar el Plan tutorial, cuando se nos ocurrió que nadie mejor que una comisión de jóvenes “seleccionados” para orientarnos en nuestras propuestas. De este modo, surge la “Comisión Joven de Pastoral”, que hace de espejo al Equipo de pastoral del Centro. La comisión de pastoral, junto con el Equipo de pastoral, elabora la estrategia global del curso, y seleccionan los acentos formativos en cada caso.

 

  1. B) Comisión de actividades

A pesar de que no vivimos los mejores tiempos para la participación y el compromiso, éste es un campo en donde un buen grupo de alumnos colabora generosamente. Nuestra “Comisión de actividades” es un colectivo heterogéneo. Por una parte están los que preparan las fiestas y la semana cultural de enero. Por otra parte, están los que coordinan las campañas solidarias generales para todo el Centro: Operación Kilo en Navidad, OperaciónBokata en febrero, Donación de sangre. En cada caso, hay un educador supervisando la actividad que realizan.

 

Línea estratégica 4: Cultivo de la interioridad como camino a la fe personal en Jesús.

 

El número de jóvenes que se consideran creyentes aún es considerable en nuestro entorno. Sin embargo, los que sienten interés real por cultivar su fe es más bien exiguo. Aún funcionan los procesos de iniciación en las parroquias, pero la desafección real de los chavales es muy cercana a la de otras zonas más secularizadas de España.

 

Tras pruebas que no tuvieron el éxito esperado – oferta de grupos de fe para jóvenes- quisimos probar una línea, que se estaba ensayando en otros centros con jóvenes; se trataba de un “Plan de interioridad”. En nuestro caso está en fase experimental.

 

En un primer año, iniciamos una serie de experiencias puntuales de forma voluntaria. Se realizaron en tiempo de tutoría, y acudieron los que querían. Previamente, se pasó información y dieron su nombre para participar. De manera experimental, ensayamos una serie de esquemas que tienen que ver con el trabajo corporal, lo sensorial, y ciertos ejercicios de visualización y concentración.

 

En este momento, estamos acondicionando un espacio –en nuestro Centro no existe capilla o algo similar- que sirva de referencia para este programa. Falta por dar continuidad a esta experiencia, y ver el alcance que puede tener, en clave de experiencia cristiana.

 

Línea estratégica 5: Conciencia ética y opción por el voluntariado social.

 

Por último, la quinta línea estratégica tiene que ver con el cultivo de una mentalidad crítica y con la propuesta de modelos de vida alternativos.

 

  1. A) Proyectos solidarios de grupo

Dentro del Plan Tutorial, a los primeros cursos de Grado medio y Grado Superior les invitamos a organizar un proyecto solidario. Debe ser una acción grupal, en donde ellos contactan con una necesidad real a través de los servicios sociales y otras asociaciones del entorno, y se establece un marco de colaboración. Los proyectos caminan trasversalmente durante todo el año, y cada grupo establece el cauce y los momentos para ejercer su acción. Al final de cada curso escolar, los cursos presentan ante todos los compañeros no solo el resultado obtenido, sino todo el proceso, desde el inicio.

 

  1. B) “Aprendizaje Servicio” (APS)

Este programa lo ofrecemos a chicos de Grado Superior, y se inserta dentro del módulo de Recursos Humanos, un módulo calificable, obligatorio para nosotros, pero extra-curricular. El APS es una metodología contrastada que ofrecemos como alternativa a la modalidad presencial de Recursos Humanos. Los participantes asumen el compromiso de prestar un servicio a un colectivo ciudadano, de manera regular (al menos dos horas semanales en su tiempo libre), que posteriormente se evalúa junto con el chico/a y el tutor externo de cada proyecto. En ello, el Centro actúa como canalizador de la iniciativa.

 

  1. C) Voluntariado para profesores

Dentro de esta línea, llevamos dos cursos colaborando con “Atalaya intercultural”, asociación que trabaja con jóvenes inmigrantes en Burgos, y que desarrolla un programa integral de atención con ellos. Nuestra aportación es laimpartición de un curso anual como “Auxiliar básico de mantenimiento”, como medio de cualificación de personas en situaciones no regulares en España. No es un programa oficial, aunque expedimos un certificado interno para los alumnos que lo realizan. Este curso se imparte por la colaboración voluntaria de algunos profesores del Centro y otros Antiguos Alumnos jóvenes del Centro.

 

  1. En busca de resultados pastorales

 

Acabaré hablando brevemente de los resultados en pastoral. ¿Son posibles? Comienzo con una cita de Don Bosco, hablando a jóvenes aprendices, extraído de sus memorias biográficas:

Queridos míos: No basta aprender un oficio. No basta con que lleguéis a ser buenos obreros. No basta que logréis la capacidad suficiente para ganaros la vida. Estos no son más que medios para vivir. Magníficos y nobilísimos medios. Pero el fin es muy otro, mucho más bello, mucho más noble: salvar vuestra alma. Debéis trabajar, debéis vivir para salvar vuestra alma.

La cita viene a cuento de los resultados en pastoral. ¿Es posible pensar en resultados? Ciertamente sí, en el sentido de dar valor al hecho de evaluar; no tanto en cuantificar el éxito. Estamos convencidos de que nuestros proyectos pastorales tienen que asumir la lógica de los procesos de calidad que aplicamos de manera general en la mayoría de nuestros centros. En este sentido, hay un ensayo interesante del departamento de pastoral de Kristau Eskola (Escuela Católica del País Vasco) para articular una serie de indicadores o medidores de la tarea pastoral. Estos tienen que ver con la estructura pastoral de los centros, con los equipos, la metodología y los procesos.

En el despliegue de la estrategia, en nuestro Centro tenemos adscritos a cada plan una serie de indicadores que nos deben ayudar a medir el alcance de nuestra propuesta. Estos indicadores tienen que ver con la satisfacción de las personas, con el ambiente general del Centro, con la implicación creciente de las personas de la comunidad educativa y la proyección exterior de nuestra escuela.

En buena lógica, puede haber otra serie de resultados más intangibles o difíciles de medir, por lo menos en el marco de lo inmediato. Como todo proceso humano, lo que se despliega en un momento determinado puede tener cumplimiento en otro lugar y momento. Es la lógica de la semilla y de la pedagogía de Dios.

 

JOSÉ LUIS VILLOTA COSÍO

 

[1] Prellezo, José Manuel, “Las Escuelas Profesionales salesianas”, CCS, 2012.

[2] Johnson, Spencer, “Quién se ha llevado mi queso”.

Misión Joven. Número 440. Septiembre 2013