PASTORAL DE JUVENTUD EN UNA SOCIEDAD LAICA

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José Luis Pérez Álvarez

Comunidades Adsis (Madrid)

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

El punto de partida del artículo es la situación social en que hoy hemos de realizar la actividad pastoral. Señala cómo modernidad y postmodernidad configuran la actual sociedad laica y su influjo en los jóvenes, especialmente en la religiosidad. Desde aquí subraya la necesidad de verdaderas comunidades cristianas en las que se viva, celebre y comprometa la fe. Sólo en y desde la comunidad es posible llegar a redescubrir nuevos proyectos y formas de transmisión de la fe, proyectando el testimonio de la fraternidad solidaria y buscando nuevos métodos y nuevos lenguajes.

 

La pastoral de juventud propiamente dicha asume tres proyectos sucesivos: evangelización, iniciación cristiana, inserción eclesial y opciones vocacionales específicas.

En el presente artículo detendremos nuestra reflexión en los aspectos previos que hacen posible la pastoral propiamente dicha. El alejamiento y la indiferencia de tantos adolescentes y jóvenes respecto a la fe y a la Iglesia, es una sociedad secularizada y laica, nos obligan a plantearnos los interrogantes previos: ¿Cómo es posible el acercamiento de los jóvenes a la propuesta cristiana? ¿Quién puede provocar este acercamiento? ¡Qué opciones pastorales están a la base de todo ello?[1]. Tratamos los siguientes apartados:

– Fenómenos que configuran la sociedad laica.

– Incidencia en los jóvenes.

– La Comunidad sujeto y ámbito de encuentro y de transmisión.

– Opciones pastorales prioritarias.

– La propuesta de Jesús, liberación en el amor.

– Mediaciones, método y lenguaje.

 

1. Modernidad y postmodernidad configuran la sociedad laica

 

Indiquemos, en primer lugar, algunos fenómenos propios de la cultura en que vivimos y las instancias pastorales que suscitan en la transmisión de la fe.

1.1. Fenómenos sociales propios de la modernidad

  • Personalización

Supremacía de la persona sobre la institución, de la conciencia sobre la norma, de la libertad personal sobre los sistemas. Necesidad de tolerancia y diálogo ante la pluralidad de ideologías, creencias y proyectos, buscando el bien común democráticamente en el respeto a las personas y a las opciones.

  • Socialización

Una sociedad democrática implica la participación de los ciudadanos en el desarrollo de la misma. La necesidad de la socialización está alentada por la experiencia de las injusticias en la sociedad y entre los pueblos, por el influjo de los medios de comunicación, por el predominio de las nuevas tecnologías, por la masificación y el anonimato de las grandes urbes, por la necesidad de control sobre el ejercicio del poder, y por la necesidad de ámbitos nuevos de relaciones y de comunicación entre personas y grupos. Las exigencias de la socialización afectan a todas las instituciones y relaciones modernas tanto en los ámbitos afectivos, como en los profesionales cívicos y eclesiales.

  • Secularización

Entendemos por secularización un proceso social creciente de independencia, de consistencia y de relevancia de las realidades temporales en sí mismas, independientemente de las creencias y de las instituciones específicamente religiosas. La sociedad civil organizada, en el conjunto de sus valores, relaciones y estructuras, ya no tiene como fundamento una específica referencia y pertenencia religiosa. Las religiones, como creencias y como instituciones, son un factor más en la sociedad pluralista, teniendo su sentido y su fuerza como factor personal y social, pero sin fundamentar la identidad, la pertenencia social y la legalidad civil de las personas en cuanto ciudadanos en una sociedad plural y laica. Será preciso distinguir entre laicidad y laicismo entre secularización y secularismo. La laicidad y la secularización son fenómenos sociológicos. El laicismo y el secularismo son fenómenos ideológicos.

  • Liberación

La modernidad proyectó el futuro con optimismo. La evolución científica y económica daban la impresión de situarnos ante un proceso social abierto e ilimitado. Tres datos apuntaban hacia ese optimismo: el fin del colonialismo, la aceleración de los cambios científico-técnicos, y los diferentes esfuerzos de una estructuración socialista de la convivencia humana. La prospectiva liberadora creciente contribuía en gran manera a dar importancia a la militancia política. La praxis liberadora adquiría valor supremo tanto político como epistemológico y teológico. La cultura de la militancia era un claro desafío en la vivencia de la religiosidad de muchos jóvenes creyentes.

Las principales instancias pastorales de fondo, que surgen ante estos fenómenos de la modernidad, son entre otras:

La necesidad de personalización de la fe como proceso de conversión y de compromiso.

La participación corresponsable y la pertenencia afectiva y efectiva en ámbitos comunitarios donde se viva, se celebre y se comprometa la fe desde el seguimiento a Jesús

El reconocimiento de la racionalidad propia de los valores y compromisos seculares y laicos, y la relación de fermento profético y de diálogo positivo y crítico que la fe ejerce respecto a ellos.

La prospectiva de liberación integral que la fe ofrece en las dimensiones personales, comunitarias, sociales y políticas del hombre.

  1. 2. Cultura de la postmodernidad
  • Fenómenos

Las nuevas tecnologías han producido desempleo e inseguridad en las generaciones jóvenes. La búsqueda de seguridad y de bienestar fue predominando sobre el compromiso. Las ideologías utópicas han ido perdiendo fuerza e interés, viviendo la vida de forma más fragmentaria.. Los objetivos a perseguir son más individuales, inmediatos y concretos. Las relaciones interpersonales y afectivas se satisfacen y explicitan en objetivos y contenido más inmediatos y efímeros. La satisfacción y el “sentirse bien” son criterios básicos de discernimiento y de búsqueda. Se debilitan la identidad y la pertenencia entre los jóvenes respecto a la sociedad y al mundo adulto en general. La tolerancia ha cedido lugar al relativismo, a la privatización de las convicciones, a la confusión y a la indiferencia en el discernimiento de los valores. Dos factores han marcado profundamente esta etapa de la postmodernidad: el avance tecnológico y el neoliberalismo.

  • Valores

Se va instaurando una cultura dominante promovida por modelos sociales en los que predominan los valoresbiopsíquicos (la satisfacción placentera) y lucrativos (el éxito económico). En ellos, la posesión y el placer fundamentan el éxito, la seguridad y la aceptación social.

Se evidencian así unas instancias pastorales que respondan:

a una educación en valores abiertos a un proyecto de vida con sentido[2],

a la recuperación de la utopía desde el ejercicio de la solidaridad,

a la configuración del corazón con capacidad de un amor nuevo,

a la profunda y fuerte pertenencia en una comunión abierta a la tolerancia y al diálogo[3].

 

2. Incidencia en los jóvenes

  1. 1. Fenómenos que caracterizan a muchos jóvenes[4]:

– La marginación social: los jóvenes están afectados por múltiples y crecientes necesidades objetivas y subjetivas. A muchos de ellos la sociedad les ofrece escasas oportunidades, especialmente en el ámbito profesional y laboral. Esta desproporción entre necesidades y oportunidades produce desesperanza en unos, pasotismo en otros, angustia e inseguridad ante el futuro…

– Crisis de utopía y de innovación: los jóvenes han dejado de ser una fuerza de innovación social, de originalidad con capacidad crítica y operativa en la sociedad. La falta de proyectos globales, abiertos a la adultez de la vida, les sume en una prolongada adolescencia con la consiguiente huida hacia compensaciones paralizantes y cerradas en su propio mundo.

– Contexto social diferenciado: la sociedad pluralista y laica ha generado un contexto cultural tan diferenciado y complejo que produce en los jóvenes fenómenos de fragmentación y desconexión en las formas de pensar y de actuar, sin una concepción unificadora que dé sentido radical y convergente a los diversos aspectos de la vida.

– Centralidad de lo privado: la mayoría de los jóvenes actuales viven más centrados en lo privado que en lo social. La autorrealización es su principal preocupación. Unos viven esta tendencia con marcado carácter individualista; otros con sentido más personalista. En ambos casos, los jóvenes viven centrados en la cultura de sus necesidades inmediatas, hostigados por la cultura dominante ya descrita. La sociedad en que viven los estimula al consumo y, al mismo tiempo, reduce sus posibilidades de promoción y autonomía. Por ello su alergia a los modelos institucionales dominantes y la tendencia a vivir su propia experiencia en relaciones cerradas en su propio mundo.

– Nueva racionalidad: la cultura de lo inmediato se manifiesta en una forma de vida centrada en la satisfacción, en el saber productivo, en la sexualidad gratificante, en las relaciones de acogida y de comunicación espontánea, en la huida hacia lo festivo y hacia las experiencias fuertes y novedosas. Unos jóvenes buscarán llenar su vacío existencial en múltiples estímulos y sensaciones. Otros encontrarán en la amistad positiva y en la solidaridad activa un sentido más profundo y satisfactorio.

– Cultura de la experiencia: vivir es experimentar y experimentar es descubrir la realidad desde acciones, relaciones y sensaciones novedosas. Según la calidad y el sentido de todas ellas, los jóvenes se abren a valores, actitudes y sentimientos peculiares[5].

  1. 2. Influencia en la religiosidad

En la sociedad pluralista y laica en que vivimos, es notable la indiferencia y la lejanía de la fe de muchos jóvenes, y el abandono progresivo de no pocos que han recibido instrucción religiosa, dada la fuerte resistencia a profundizar y crecer en su experiencia creyente[6].

Ciertamente hay que admitir el hecho de un creciente alejamiento de los jóvenes respecto a la Iglesia. Basta comprobarlo en tantas parroquias Por otra parte es evidente que tanto la familia como la escuela dejan mucho que desear como correas de transmisión de la fe.

Se añaden a todo ello las dificultades derivadas del sustrato humano de los jóvenes como son la falta de integración personal, la conciencia adormecida por el consumo, la influencia de los medios de comunicación social, la falta de referentes y la dificultad para conectar con sus focos de interés y expectativas.

En ciertos sectores, sin embargo, se manifiestan un hambre de sentido y de valores, el ejercicio de la solidaridad personal y grupal, y un atisbo por acceder a nuevas formas de explicitar y vivir las creencias en orden a una fe más auténtica y purificada.

  1. 3. Opciones básicas:

– La tarea pastoral más urgente y definitiva consiste en el testimonio y en la acción pastoral de unacomunidad itinerante en la búsqueda de los jóvenes, instaurando entre ellos presencias nuevas y significativas[7], favoreciendo el encuentro abierto a la actividad solidaria, al diálogo y a propuestas diversas y progresivas[8].

– El primer objetivo de la comunidad cristiana respecto a los jóvenes es conseguir que éstos sean capaces de abrirse al evangelio. Sin capacidad y sin necesidad de abrirse a las instancias últimas de la vida, sin un corazón configurado por experiencias de alteridad y donación, sin la búsqueda de sentido profundo ante el dolor y la injusticia…, los jóvenes no sienten la necesidad de abrirse a la Buena Noticia porque carecen de expectativa respecto a una propuesta salvadora y comprometida[9].

 

3. La Comunidad sujeto y ámbito de encuentro y de transmisión

 

La fe no es simplemente un mensaje que se propaga. Es ante todo una experiencia de vida que surge del encuentro amoroso y salvador con el Padre, en Jesús por el Espíritu. Este encuentro se inicia y se acrecienta en el seno de la comunidad de los discípulos como hijos, hermanos y siervos cara al proyecto del Reino.

La Iglesia es ante todo un cuerpo, una trama de comunidades, encarnadas en la vida, en la cultura y en la historia de los hombres desde una intensa dialéctica entre la comunión y la misión.

Las instituciones y las estructuras pastorales necesitan ser revitalizadas por comunidades que, en la pluralidad de los carismas y desde la comunión eclesial, sean fermento vivificador en el testimonio y en la transmisión de la fe. Necesitamos optar por formar verdaderas comunidades en las que, desde unas relaciones interpersonales de comunicación y de pertenencia, se viva, se celebre y se comprometa la fe como proyectoglobalizante de la vida, desde el seguimiento a Jesús, con creciente apertura y participación de los “vecinos”.

– Comunidades portadoras de sentido desde la radicalidad del evangelio, samaritanas empeñadas en la solidaridad activa con los pobres, abiertas al diálogo y a la oferta desde la vecindad y la secularidad.

– Comunidades en las que la fraternidad, la comunicación de bienes, la acogida en sus relaciones y el gozo en su convivencia, susciten interrogantes e interés por su “calidad de vida”[10].

– Comunidades que ofrezcan experiencias profundas de solidaridad compartida, y procesos y acompañamientos de interiorización y de apertura a la propuesta de Jesús, que sean ámbito de formación permanente con propuestas adecuadas y plurales.

– Comunidades que tengan predilección por la convocatoria a los jóvenes y el servicio a los más pobres.

– Comunidades educativas que acrecienten la dimensión evangelizadora de la escuela y de otras instituciones educativas y sociales de la Iglesia y de la sociedad, siendo, al mismo tiempo, fermento de comunión y de servicio en las Iglesias locales, en las parroquias y en las relaciones interreligiosas.

La fe se trasmite por contagio y a través de la participación en la vida de la comunidad. Hemos de volver alven y verás del Evangelio, y al testimonio del amor nuevo que son criterios y signos por los que nos conocerán como discípulos de Jesús.

El empeño por recrear, en los tiempos presentes, nuevas formas de vida comunitaria más secular y encarnada, y por renovar las existentes desde la pluralidad de formas y carismas, es fundamental y decisivo para la vivencia y la transmisión de la fe. En el seno de la comunidad, cada uno de sus miembros encontrará los medios para crecer en la vivencia de su fe, en la formación como transmisor de la misma y en los compromisos personales y comunitarios. La vivencia de la oración y de las celebraciones sacramentales, la comunicación de vida y la formación permanente serán elementos fundamentales en el proyecto personal y comunitario.

 

4. Opciones pastorales prioritarias

 

La fe cristiana es una adhesión a la persona de Jesús y a su proyecto como respuesta al sentido último de la vida. Para ello es fundamental suscitar las preguntas e instancias últimas porque es imposible que sin preguntas se valore y asuma una respuesta.

En una sociedad laica es preciso redescubrir nuevos proyectos y formas de transmisión de la fe. Pero, al mismo tiempo, hemos de advertir que los jóvenes actuales no pueden sentirse atraídos por la propuesta del evangelio si nos son capaces de Evangelio, es decir si no hacen un recorrido educativo que les lleve a ser capaces de instancias y de expectativas adecuadas a la respuestas y a la propuesta del Evangelio de Jesús.

Todo ello supone un proceso educativo que lleve al joven a la búsqueda del sentido último y radical sobre la vida y la existencia personal y social. La palabra “sentido” tiene tres acepciones: significado de la realidad, justificación de la misma y orientación de la vida. La búsqueda de sentido trata de descubrir la realidad en sí misma, sus causas y consecuencias, la utopía y la esperanza que nos mueven al interpretarla y asumirla[11]. Este proceso educativo-pastoral implica apertura a la trascendencia y a la alteridad, cultura de la solidaridad, apertura a la expectativa, experiencia de comunión y de pertenencia, configuración del corazón y de sus vivencias interiores.

  • Apertura a la trascendencia y a la alteridad

Muchos jóvenes están inmersos en valores y formas de vida cerrados en sí mismos, condicionando y limitando su mente y su corazón a realidades inmediatas y vanales. Sin apertura a la trascendencia es imposible ser sensibles a la instancia y a la oferta religiosa[12]. Por esto la educación a la trascendencia es objetivo fundamental de la acción pastoral. Se trata de descubrir los reclamos recibidos desde fuera e interiorizarlos mediante la apertura a un proceso de interrogantes y de respuestas que van más allá de lo inmediato y efímero.

La apertura a la naturaleza en su belleza y misterio que nos sobrepasan y que nos descubren como parte de un cosmos cuya naturaleza y evolución provocan admiración, afán de conocimiento y responsabilidad activa. La apertura a los otros como compañeros de camino, dotados de formas culturales y sociales de vida, sujetos de derechos y deberes, necesitados de relaciones integradoras de afectos y de compromisos nos sitúan ante la responsabilidad de una respuesta responsable y fiel, nos abren al descubrimiento de la alteridad como vivencia constituyente de la propia personalidad, nos hacen superar la cerrazón y el egoísmo de la propia conducta, nos hacen responsables en el seno de la familia, de los amigos, de la sociedad en sus diversos ámbitos de relaciones e intereses.

Esta apertura a la trascendencia nos lleva a la búsqueda y al encuentro con el Otro como creador y fuente de nuestra existencia y de nuestro destino, descubre nuestra condición de criaturas llamadas al verdadero amor y a la vida responsable y comprometida. Descubrimos en Dios creador el ser que nos sustenta y en él nuestra identidad y pertenencia definitivas[13]. La apertura a la trascendencia conlleva la educación al análisis de la realidad y el ejercicio de la contemplación profunda de los acontecimientos y de las personas.

  • Cultura de la solidaridad

La comunidad cristiana que sepa ser cauce de actividades solidarias a favor de los desfavorecidos, será la que mejor pueda transmitir el testimonio de la fraternidad y de la vivencia del amor cristiano. En la actividad solidaria los jóvenes no solamente realizan servicios a favor de los necesitados, sino que también adquieren una nueva conciencia y desde ésta una conversión a nuevos valores y comportamientos[14].

La identificación con los problemas, necesidades y luchas de los pobres, la toma de posturas críticas ante una sociedad injusta, la orientación de su vida personal y grupal hacia las exigencias derivadas de compartir tiempo, bienes, sentimientos y actividades son la mejor plataforma para la apertura del corazón al mensaje liberador del Reino de Dios.

  • Apertura a la expectativa

La expectativa en la vivencia interior de toda persona o grupo que lucha por el cambio en las realidades personales o sociales sometidas a la injusticia y a la impotencia. La expectativa es el fundamento y el motor de todo intento de superación. La expectativa por el cambio es la base de la estructura humana y es trampolín para descubrir y valorar la fe cristiana como respuesta. Nada más contrario a la expectativa que el pasotismo, la indiferencia, el fatalismo, el individualismo y el conformismo, producidos por la falta de sentido profundo de la vida.

  • Experiencia de comunión y de pertenencia

La actividad solidaria de los jóvenes con y desde la comunidad pastoral va creando, desde el ejercicio de la solidaridad, una experiencia de comunión en el grupo y en la comunidad y un sentimiento de pertenencia que fortalece una nueva identidad interior y unas nuevas relaciones abiertas a instancias más profundas y al testimonio de la fe vivida, celebrada y comprometida. La comunicación de las vivencias en el grupo y la aportación de la comunidad en ella, es cauce de profundización en los sentimientos, motivaciones y opciones de cada uno de sus componentes.

  • Configuración del corazón y de sus vivencias

De este modo apostamos por una cultura de la persona interior, creciendo en la capacidad para reflexionar, discernir, amar y optar en libertad. Se trata de formar unas personas entrañables, sensibles a los reclamos radicales de la existencia. Sin interiorización es imposible un proceso de fe.

La comunidad debe ser plataforma que transmite los valores del hombre y de la mujer interiores. Se trata de que los jóvenes puedan descubrir y asumir los valores trascendentes propios de quienes viven abiertos a la expectativa por una sociedad más justa y solidaria. La acertada jerarquía de valores es fundamental para tener acceso a la adhesión creyente. La fraternidad y la solidaridad son valores y opciones que reconducen el resto a su función mediacional.

Junto a los valores predominantes se trata de que los jóvenes crezcan en fuerza interior, sensibilidad educada y abierta, gozo y sabor de la vida anclada en la amistad, la belleza, el amor y el conocimiento, experiencia de una libertad liberada desde la opción fundamental que da pleno sentido a toda la vida[15]. Así su corazón y sus vivencias están preparadas para valorar la persona y el Evangelio de Jesús como oferta y razón última que responde a las expectativas más profundas del ser humano y a las instancias últimas de la existencia.

 

5. La propuesta de Jesús, liberación en el amor

 

Dentro del recorrido educativo descrito, la comunidad va proyectando el testimonio de la fraternidad solidaria, con la explicitación de la Palabra que desvela la fuente de su calidad de vida. La comunidad pone máximo empeño en interiorizar y proyectar la novedad y la radicalidad del acontecimiento emergente en la Buena Noticia. La fidelidad a la Palabra y a la historia de los pobres entrañan las vivencias del amor nuevo que es, bajo la acción del Espíritu, la aportación pastoral fundamental de la comunidad a los jóvenes.

En la transmisión de la fe y en su progresiva interiorización entre los jóvenes, la comunidad pastoral ha de priorizar las dimensiones siguientes:

– Asumir la historia de los hombres como principal mediación en la que acontece el proyecto liberador de Dios en Cristo.

– Interiorizar, con expectativa confiada y alegre, el Reino de Dios como una oferta de salvación integral del hombre en todas sus dimensiones, conduciéndole a una vida nueva y definitiva por caminos de verdad trascendente, de amor solidario, de fraternidad universal y de bienaventuranza.

– Descubrir y asumir la opción prioritaria por los pobres, los pequeños y los perdidos, invitados a la mesa del Señor, y preferidos por el amor misericordioso, en cuya recuperación encuentra el Padre su máxima alegría.

– Interiorizar las exigencias liberadoras del amor nuevo que Jesús nos propone como única ley. Amor a todas las personas, en todas sus dimensiones personales y sociales, amor trascendente como corresponde a su origen, dignidad y destino, amor gratuito y fiel.

– Interiorizar, mediante el discernimiento espiritual, las exigencias de la Palabra, la celebración de la vida en los sacramentos, la diaconía del servicio como reveladores de sentido y fuente de energía en todos los aspectos de la vida personal y social.

– Abrir la mente y el corazón a la acción del Espíritu en la oración, asumiendo nuestra condición de hijos, hermanos y siervos tanto en nuestras relaciones con Dios como con los hombres y mujeres de nuestro entorno.

El Evangelio de Jesús irá dando respuesta en plenitud a un corazón abierto a la trascendencia, a la solidaridad, a las instancias interiores del amor y de la felicidad, a los reclamos que surgen del dolor, de la injusticia y de la desesperanza, a las incógnitas de la muerte. La palabra sembrada en tierra buena y abonada dará fruto enabundancia.

La actividad pastoral necesita entre los jóvenes más profecía que doctrina, más celebración que ritos, más opciones de amor nuevo que prohibiciones, más comunidad participativa que iglesias de clientela. La alegría es la mejor profecía. Los jóvenes admiran a los héroes pero no quieren imitarlos. Envidian a los que se muestran más felices por su calidad de vida y desean seguirlos y experimentar con ellos.

 

6. Mediaciones, método y lenguaje

6.1. Mediaciones pastorales

Para lograr estos objetivos previos será necesario asumir las siguientes mediaciones pastorales:

– La comunidad fraterna y solidaria portadora de sentido, abierta a la itinerancia y a la solidaridad, sujeto y oferta de relaciones nuevas, inductora de trascendencia y de expectativa, portadora de Buena Noticia, educadora en el compromiso.

El primer empeño de la comunidad no ha de ser el reclutamiento de los jóvenes hacia sí misma, sino la emigración de sí misma con los jóvenes a ambientes y contextos vitales donde la experiencia de la injusticia y de la pobreza provocan desasosiego y reclaman urgencias de solidaridad[16]. Desde ahí, la comunidad ofrece experiencias vivas y ámbitos de comunicación, ofrece la palabra de Jesús abierta a la narración del pasado, a la vida del presente y a la utopía del futuro, celebra la fe de forma participativa, encarnada y festiva, invita a unirse a ella en compromisos de amor solidario. Así la comunidad vive de la memoria y de la expectativa de Jesús.

– Experiencias mayores que estimulen en los jóvenes vivencias fuertes de solidaridad, de interioridad, de relaciones abiertas, de convivencias comunitarias plurales, de comunicación profunda con testigos cualificados, de proyectos y actividades compartidas interculturales e interreligiosas, etc. Vivencias que han de ser comunicadas y reflexionadas en grupo, confrontadas con la Palabra, profundizadas con una adecuada formación e interiorización y abiertas a posteriores compromisos[17].

– El grupo vinculado a la comunidad como ámbito de comunicación, de formación y de compromiso en el que las relaciones se consolidan como fuente de identidad y de pertenencia personales. De alguna manera el crecimiento en la fe como vocación que globaliza la vida va unido a la vivencia y a la pertenencia comunitarias[18]. Es también sumamente importante la relación y la participación de los grupos en encuentros, iniciativas y celebraciones más amplias y plurales con otros grupos, Movimientos y Comunidades para acrecentar la riqueza en las vivencias de la fe y vivir con mayor sentido la comunión eclesial en el mundo.

– Acompañamiento personal que ayude al joven a discernir planteamientos, actitudes y opciones nuevos, referidos a los diversos aspectos personales y sociales de su proyecto de vida. Cuando lleguen los momentos adecuados, el acompañamiento personal se intensifica en Convivencias, en Retiros y en Ejercicios Espirituales.

– Compromisos de acción que sitúan al grupo y a las personas como fermento de servicio a favor de la justicia y de la solidaridad en medio de los desfavorecidos, asumiendo progresivamente en la vida personal los reclamos que surgen de estos compromisos[19].

– Incorporar las instancias adultas de la vida a los valores y vivencias que surgen de una vida comprometida especialmente cara a los estudios, al ejercicio de la profesión y al enfoque de la afectividad cara al estado de vida[20].

6.2. Metodología activo-inductiva

Optamos por una metodología activo-inductiva, una metodología de la interiorización y de la formación, una metodología de la comunicación, una metodología de la oración y de la celebración, una metodología del compromiso solidario[21].

Cada uno de estos aspectos configurará los ejes fundamentales de un proyecto progresivo en la apertura a la fe, y en la transmisión y educación de la misma. En este esquema del camino de la fe se incluirá la permanente preocupación por centrar desde el evangelio el discernimiento y las opciones de los estados de vida, del ejercicio de la profesión, y de las eventuales opciones vocacionales específicas….

6.3. Lenguaje narrativo

Acentuamos la necesidad de un lenguaje narrativo, experiencial y simbólico, en referencia a las experiencias humanas, y en apertura a la búsqueda de sentido y de compromiso[22]. El lenguaje de la Palabra ha de estar vinculado al lenguaje de los signos, teniendo en cuenta la cultura y la sensibilidad de los jóvenes. Los signos de nuestra vivencia comunitaria de la fe han de ser liberados de soportes distorsionantes, heredados de otros tiempos y culturas. Hemos de asumir un lenguaje más histórico, más secular, menos filosófico y abstracto, más existencial y parabólico.

El lenguaje necesita ser pronunciado en el seno de las iniciativas solidarias compartidas y de las relaciones de comunicación vivencial. El lenguaje ha de responder a un acontecer provocativo de interrogantes. Los jóvenes entenderán nuestro lenguaje en la medida en que vayan teniendo con nosotros experiencia de lo que en él se narra y se afirma.

El lenguaje viene configurado y condicionado por la comunidad y por las mediaciones en que encarna su experiencia creyente. Las mediaciones institucionales y estructurales son lenguaje. Comunican relaciones de uno u otro signo: servicio interesado o gratuito, encuentro o dispersión, vecindad o lejanía, fraternidad o empresa,itinerancia o repliegue, periferia o seguridad, altar de presbiterio o mesa de fraternidad, distanciamiento o búsqueda, sinagoga recluida o barca hacia la otra orilla…

El lenguaje ha de preocuparse más de la misericordia amorosa que de la ortodoxia comprobada. Está más vinculado al estímulo que a la condena, más a la búsqueda de lo perdido que a la defensa de la institución. Se trata, en fin, de contar cómo y dónde Dios Padre sale a nuestro encuentro cada día en la historia humana y cómo nos invita en Jesucristo a una vida bienaventurada y fecunda.

JOSÉ LUIS PEREZ ÁLVAREZ

 

[1] Deseamos continuar en esta colaboración las reflexiones anteriores realizadas en la Revista: ALBURQUERQUE FRUTOS, E., Proponer la Fe a los jóvenes hoy en Misión Joven, nn. 318-319, julio-agosto 2003, pp. 27-54; GINEL A., Interrogantes desde la praxis pastoral. Perspectivas para pensar y actuar, en Misión Joven nn. 318-319, julio-agosto 2003, pp. 55- 66; GINEL, A., Reflexiones para una pastoral en situación de no cristiandad, en Misión Joven, nn. 354-355, julio-agosto 2006, pp.5-17; MORAL J. L., Una pastoral juvenil para el cambio (de época), en Misión Joven, nn. 354-355, julio-agosto 2006, pp. 17-32; CHORDI A., Los jóvenes nos hacen mover ficha. ¿Cómo impulsar la pastoral con los jóvenes hoy? En Misión Joven, nn. 354-355, julio-agosto 2006, pp.49-61

[2] AA.VV. Jóvenes y valores, Fundación “la Caixa”, Barcelona 2006, pp. 11-37; MARTÍN VELASCO, J., La situación religiosa de los jóvenes en Europa, en Misión Joven n. 363, abril 2007, p. 25-33.

[3] ARMENDÁRIZ, L. M., Modernidad, postmodernidad y teología en Pluralismo socio-cultural y fe cristiana, Mensajero, Bilbao 1990, pp. 425-429.

[4] Aconsejamos, como estudio previo, el comentario sobre el estudio sociológico Jóvenes españoles 2005 de la Fundación Santa María publicado en esta Revista: Centro Nacional Salesiano de Pastoral Juvenil, Jóvenes españoles 2005: Comentario y pistas de reflexión, en Misión Joven nn. 354-355, julio-agosto 2006, pp. 63-75.

[5] HURTADO SÁNCHEZ, J., Una nueva cultura para los jóvenes del siglo XXI, Área de cultura. Ayuntamiento de Sevilla, 2000, pp. 90-91;MARDONES, J. M., El reto religioso de la posmodernidad, XVII Semana de Pensamiento y Diálogo, “Iglesia Viva” 1990, n.197-198; JIMÉNEZ ORTIZ, A., Increencia y jóvenes: datos y posibles raíces, en Misión Joven n. 363, abril 2007, p. 5-15.

[6] GÓMEZ CAFFARENA, J., El pluralismo socio-cultural como posibilidad y desafío de la fe en “Pluralismo sociocultural y fe cristiana”, Congreso de Teología. Mensajero, Bilbao 1990, pp. 22-24.

[7] PÉREZ ÁLVAREZ, J. L., Presencia y audacia pastorales en Misión Joven 120, 1987, pp. 21-32.

[8] MARTÍN VELASCO, J., La transmisión de la fe en la sociedad contemporánea, Sal Terrae, Santander 2002, p. 57; PÉREZ ÁLVAREZ, JL, Retos fundamentales que la pastoral de juventud propone a la comunidad en “Dios me dio hermanos”, CCS, Madrid 1993, pp. 78-90. MALDONADO, L., La Comunidad cristiana, Paulinas, Madrid 1992, p. 5.

[9] QUINZA, X., Cómo evangelizar el nihilismo positivo de nuestra sociedad en “Sal Terrae”, 11, noviembre 1990; FOUREZ, G., Evangelizar en una sociedad individualista en “Sal Terrae” 9, septiembre 1990.

[10] PÉREZ ÁLVAREZ, J. L., Para que una comunidad sea significativa en Frontera Hegian n. 8, Instituto Teológico de Vida Religiosa, Vitoria, 1995.

[11] HOLZAPFEL, C., A la búsqueda del sentido, Edit. Sudamericana, Santiago de Chile, 2005, p. 15

[12] GEVAERT, J., Las huellas de la trascendencia en “La dimensión experiencial de la catequesis”, CCS, Madrid 1995, pp. 134-145.

[13] DE PISÓN LIÉBANAS, R. M., Vocación esencial del ser humano en Religión y Cultura 48, 1997, p. 91.

[14] MARDONES, J. Mª., Por una cultura de la solidaridad, Cuadernos Fe y Secularidad, Sal Terrae, Santander, 1994, pp. 41-47

[15] Chavani, E., Perfiles de la nueva humanidad, San Esteban, Salamanca, 1993, pp. 31 ss.

[16] PÉREZ ÁLVAREZ, J. L., Entre lo propio y lo ajeno. La experiencia comunitaria en la Pastoral de juventud en Revista de Pastoral juvenil, ICCE, Madrid, n. 423, diciembre 2005, pp. 3-14.

[17] PÉREZ ÁLVAREZ, J. L., Experiencia mayor… en Misión Joven 120, 1987, p. 30 ss; GEVAERT, J., Experiencia humana y anuncio cristiano,CCS, Madrid, 1976.

[18] PÉREZ ÁLVAREZ, J. L., La Comunidad, objetivo de la pastoral de juventud en “Dios me dio hermanos”, o.c. pp. 297–308.

[19] MALEN ÁLVAREZ, Juventud cristiana y compromiso: interrogantes, procesos y esperanzas en “La Iglesia y los jóvenes a las puertas del siglo XXI” Edit. Verbo Divino, Estella (Navarra) 2002, pp. 205-235.

[20] METTE, N., Tareas de la comunidad cristiana en la formación religiosa en Concilium 194, 1984, pp. 119 y 120.

[21] PÉREZ ÁLVAREZ, J. L., Metodología para un proceso de personalización en “Dios me dio hermanos”, CCS, Madrid 1993, pp. 101-106;GONZÁLEZ RAMÍREZ, J., La pastoral juvenil:… orientaciones metodológicas, Revista Medellín (Colombia), Celam-Itepal, Vol. XXIV, n. 94, junio 1998, pp. 261-266.

[22] MOLARI, C., La fede e il suo linguaggio, Asís, Cittadella 1972.

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