PONER ALMA EN LA RED, EL RETO DE LA IGLESIA EN LA NUEVA REALIDAD VIRTUAL

Juan Rubio Fernández

Director de “Vida Nueva”

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO:

El autor muestra por qué  como la red nos ha traído un mundo nuevo, y “luchar contra ella es absurdo, aceptarla y comprenderla es lo inteligente”. A partir de ahí, nos ofrece unas recomendaciones sobre el uso inteligente ético de Internet, así como un decálogo de claves pastorales.

 

La Iglesia, cuyo mensaje siempre estuvo presto a encarnarse en nuevos espacios y culturas, tiene hoy un reto importante ante el nuevo continente digital. Ignorarlo es de necios, comprenderlo, de inteligentes, y situarse en él con sus fortalezas y debilidades es tarea urgente. La Buena Nueva ha de irrumpir en el nuevo planeta, convertido en laberinto muchas veces, para devolverle el alma y el sentido que ayude al hombre de hoy a encontrase con el Misterio en el nuevo espacio, tan distinto, tan distante, tan íntimo, tan paradójico, tan revolucionario. El hombre hoy está conformado según esta nueva cultura, la llamada cultura cibernética, y la Iglesia, a la que nada humano le es ajeno, ha de estar cerca para seguir llevando su mensaje y seguir presentándole a Jesús. Y el magisterio pontificio, así como otras instancias vaticanas, han venido recogiendo este pulso que arrancó en el decreto Inter Mirifica del Vaticano II.

Espigando en los grandes documentos del magisterio, propongo estas claves para que nuestra presencia en Internet sea significativa. La novedad de la pastoral on line no abarca solo a los medios técnicos, sino también a la sociología de la Iglesia. Nunca tanto en la historia tantos cristianos de a pie se habían lanzado a trabajar para el Evangelio como ahora, sintiéndose directamente llamados por el Señor con el deseo de hacer algo para dar a conocer su fe y ayudarse mutuamente como padres, profesionales, devotos de alguna tradición especial, compañeros de camino. Esto supone un reto enorme para la comunidad por la creatividad efervescente que implica, no exenta de dificultades.

Muchas veces no sabemos qué hacer y cómo hacer para que nuestra presencia tenga su significado y se realice sin complejos, con osadía y profesionalidad en el universo mediático. Una de las tentaciones es quedarse sorprendidos y con los brazos cruzados, dejando pasar el tiempo y desconfiando de las nuevas tecnologías, como si fueran modas pasajeras. Las olas nos llevarán a la playa. No podemos dejar que nos lleve la corriente. Es muy importante saber estar en la Red con las ideas claras de qué deseamos comunicar y a quienes deseamos transmitirlo. Y hacerlo con su lenguaje y no desde la cátedra, sino desde el coloquio y el diálogo. Es esta una actitud fundamental en un medio que tiene como clave importante la interactividad. Internet no es un púlpito, sino un foro, y en ese foro la enseñanza ha de venir desde la propuesta sugerente, seria y llena de sentido.

Saber quiénes somos en el entramado cibernético, qué queremos transmitir y a quiénes es fundamental a la hora de trazar una serie de propuestas. Hacerlo con un lenguaje nuevo, distinto, abierto, con propuestas y sin imposiciones, con mucha creatividad e imaginación, será la clave para poder ser escuchados. Muchos de los cibernautas se encuentran como en un laberinto mediático lleno de ventanas por las que se asoman, mundo sin retorno al que entran con una gran ilusión y del que no pueden salir sin poco esfuerzo. Se encuentran atrapados y perdidos, enredados, en definitiva. Pierden la lozanía, la realidad y la perspectiva. No tienen más horizonte que la pantalla de su dispositivo y no tienen más emociones que las virtuales. Perdieron los colores y los olores y dejaron de sentir la ternura de un abrazo. Al cristiano le corresponde poner en su alma y en sus manos un hilo que, como el de Ariadna, los saque del laberinto y los devuelva a una vida llena de sentido y feliz.

 

  1. Un mundo nuevo

Con Internet, los tiempos quedan difuminados y las horas han perdido su reloj. Ahora se habla de realidad virtual, de presencia virtual, de modo virtual, de visita virtual. Con un simple touch screen se puede estar presente en cualquier evento o conferencia en cualquier parte del mundo. El wireless y las redes 3G nos permiten estar siempre presentes. Usando un Ipad o Iphone con el sistema OS se puede pasar de una app –o aplicación– a otra en un instante, de una sala a otra casi sin demora, tan solo deslizando un dedo por la pantalla. Se puede intervenir en cualquier debate que tiene lugar bien temprano, aunque estés ya entregado al descanso nocturno. La interactividad en los foros es cada vez más frecuente, el periodismo ciudadano, hoy adalid de la libertad de expresión, secuestrada por los amos del dinero y del poder, es un canal de información muy frecuentado. Las innumerables salas de chat y foros abiertos te facilitan, incluso en el más puro anonimato, una conversación de café. Skype pone rostro a tu interlocutor, y te lo muestra con nitidez y alta calidad. Se derribaron las fronteras.

La prensa te llega al momento, cualquier revista la puedes descargar y aumentan las ediciones al instante, hasta el punto de estar poniendo en un brete a la prensa de papel, como ya hace la prestigiosa revista Newsweek, que abandonó el papel. Pasa igual con la radio y la televisión convencionales, porque en una simple tableta se logra acceso, con simples claves no costosas, a toda la información necesaria, no solo en letra, también en sonido y en video. Los bosques están de fiesta. Se frenará la tala. La música que en cada momento apetece escuchar se puede encontrar en el Spotify por una modesta cantidad mensual, el ITunes deApple se ha convertido en un seguro comercio y las transacciones en Paypal son cada vez más frecuentes.Youtube te acerca la reunión familiar o la escena que no debías haber conocido nunca, y te recrea momentos deliciosos; Google ordena las fuentes de información donde encontrar un dato preciso, la información adecuada. En Wikipedia tienes el saber, y las localizaciones de mapas en Google Map hacen que ni tan siquiera te detengas a preguntar por una dirección a la que quieres ir. Te va indicando el camino en el navegador el GPS del coche. En una reunión, los asistentes pueden urdir estrategias y pasarse datos con un Whatsapp o mensaje de móvil en tiempo real. Este sistema y su doble clic permiten saber si tus mensajes llegan, si tu interlocutor está ocupado o si ya se fue a descansar.

Cualquier libro lo tienes a mano en un E-reader o E-book, por precios módicos y dándole a una tecla la información te llega al instante. Las operaciones bancarias son fáciles y seguras; la consulta de la cuenta corriente, la compra de billetes, la reserva de hotel, la cita del médico y mucho más puedes hacerlo desde cualquier sitio sin tener que moverte. Como dijera la zarzuela, «hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad». Y ya se programan vacaciones sin Internet, ofertas a lugares alejados de la wifi y en lugares en que solo se escucha el canto del pájaro o el crepitar del leño en la chimenea. Huida de la tela de araña digital. En el fondo, este mundo lo que permite es el deseo de estar permanentemente en contacto. Lo que importa en es estar a la vista. Me ven, luego existo. Es el mundo del Facebook y sus muchas formas de relación. Y el mundo de Twitter, un gorjeo, como el de los pájaros que están en los arboles. Lo que cuenta es el sonido, el «me gusta», comparto, comento y pongo un icono, el icono. Estar presentes en un mundo de soledad.

Más allá de un simple mundo de herramientas y de utillaje, una nueva antropología se diseña en el horizonte. La Red no es un medio que podamos usar, un conjunto de instrumentos técnicos que pueden servirnos. Es algo más. Afecta a la construcción misma de la persona. Se trata de una cosmología nueva, un universo distinto. Este mundo nuevo llegó con su fuerza, arrasando formas de comunicación y estableciendo nuevos espacios y nuevos foros, nuevas estructuras y nuevas formas de relación. La Red no es algo que se presente con humildad de medio o instrumento; reclama una nueva manera de ser y de pensar. La Red ha avanzado hasta el lugar que quería, ser un espacio nuevo, ajustando formas de pensar, de ser y de estar, revolucionando mucho más aún que la escritura, el ferrocarril, la luz o la televisión y la radio. La Red es hoy un nuevo planeta metido bajo la piel de cada ciudadano. Todo lo ha puesto patas arriba, todo lo ha alterado y transformado. Luchar contra ella es absurdo, aceptarla y comprenderla es lo inteligente.

En la actualidad, la palabra, con la globalización, tiene un mayor poder, una fuerza más dinámica, más compleja y con riesgos aún mayores. Ha comenzado una nueva era. Hoy, se pasa de offline al online en un momento, con tan solo tocar una tecla. Nadie está lejos y todos están conectados, disponibles. Es la nueva era que se ha inaugurado.

 

  1. Algunas claves para el uso de internet

 

2.1. Necesidad de silencio

 

Hay mucho ruido en la Red. Palabras que se deslizan, ofensivas unas veces, laudatorias en exceso otras, beligerantes en los comentarios sin control. La Red está llena de palabras que ahogan y hacen que no se escuche bien la Palabra. A las palabras se unen las imágenes y los sonidos. La Red abre un mundo en el que el silencio está ausente. Una noticia falsa, intencionadamente falsa, emitida a primera hora de la mañana, deja de ser noticia cuando una hora más tarde se desmiente. Queda la mentira, el bulo, la calumnia. Crece la impotencia, que en no pocos casos, sobre todo en adolescentes, ha devenido en suicidio o en hundimiento psicológico de quienes han visto su honra pisoteada sin piedad. En un continente con demasiadas palabras, como es Internet, la calumnia, el bulo, la mentira y la maledicencia toman carta de naturaleza y la verdad tirita desguarnecida. Rauda, espasmódica y veloz, la Red convulsiona con palabras y más palabras o con imágenes trucadas, y no deja tiempo al silencio reflexivo.

Hoy la comunicación ha dado un paso desde los motores de búsqueda de Internet a las redes sociales, por donde van y vienen preguntas y respuestas, ecos, ruidos, murmullos. Se necesita espacio para la reflexión y el silencio. Y aquí tenemos un reto para que la pastoral en estos medios sea significativa, para que nuestra palabra pueda decir algo: convertirnos en profetas mediáticos del silencio y ayudar a esta cultura del silencio creativo y reflexivo en nuestros ambientes. La palabra es más fuerte en el silencio; más profunda, más significativa. La reflexión desde el silencio es una forma importante de comunicar. En un mundo plagado de correos electrónicos, de twitts y mensajes cortos, con avalancha de archivos compartidos que en un instante dan la vuelta al mundo, también es necesario pensar antes de hablar, dedicar tiempo a la serena reflexión, al discernimiento, al fin y al cabo.

Nos corresponde ayudar a captar la importancia de este silencio en nuestros ambientes. Hay que enseñar a desconectar a favor de la reflexión y mantener un equilibrio fecundo entre la palabra, la imagen y el sonido ante tanta descarga informativa, ante el panel de contenidos que, como en un bazar, se nos ofrece. Benedicto XVI, en su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales del año 2012, decía: “Al permanecer en silencio permitimos que el interlocutor hable, que se exprese, y evitamos estar prisioneros de nuestras propias palabras e ideas sin someterlas a una prueba adecuada». Y es que, a veces, la auténtica comunicación se hace en el silencio, como hacen los enamorados; con gestos, expresiones de la cara, lenguaje corporal”.

Se trata de ayudar al discernimiento en el silencio ante los innúmeros estímulos que llegan desde la Red. Los encargados de atender pastoralmente a nuestros grupos y comunidades tienen en sus manos la misión de hacer que crezca el gusto por el silencio. Solo así nuestra palabra, en un momento adecuado, en un comentario, a la hora de compartir un contenido, será tenida en cuenta y arrojará luz sobre el caos. Es importante en nuestras reuniones hacer ver la importancia de la mesura, del silencio en las redes, acostumbrando a poner en cuarentena muchas de las palabras que llegan, a no dejarse llevar de forma epidérmica por cualquier tipo de información.

 

2.2. La importancia del discernimiento

 

Los requerimientos son frecuentes. Los mensajes se multiplican en la bandeja de entrada y las descargas no cesan. Continuamente las conexiones en Bluetooth están acechando para compartir un vídeo musical, una foto o una simple información. Somos solicitados continuamente. Internet aparece como un gran bazar en el que podemos encontrar de todo. Se parece a esas tiendas de chinos a las que te acercas para comprar un detalle de última hora. La cantidad de informaciones que llegan necesitan de filtros, y ya hay operativos, como Google Instant, que permite alojar algunos de ellos para leerlos más tarde. Asistimos a una saturación de la información que nos puede llevar simplemente a deslizarnos sobre ella, un simple patinaje de superficie sin llegar a conocer lo que realmente sucede. Esto se ve particularmente en la publicidad, que usa el recurso del bombardeo con solo pulsar la tecla de envío masivo, llenando muchos buzones y entrando la mayoría de las veces en las carpetas de spam. Es más, al poner una simple palabra en Google, los resultados son realmente asombrosos. Es muy importante que el uso de este criterio selectivo vaya siendo costumbre en nuestra actividad digital.

El discernimiento aparece en este horizonte como uno de los mejores servicios que podemos prestar hoy a la gente en nuestras actividades pastorales. Distinguir y diferenciar por medio de los sentidos o de la inteligencia una cosa de otra u otras, especialmente el bien del mal. El discernimiento es la necesidad de distinguir el bien del mal en este mundo, la necesidad de descubrir, incluso más el bien que el mal, de distinguir entre lo bueno y lo menos bueno, entre lo más bueno y lo óptimo, a partir de indicios que nos vienen dados por la misma realidad virtual, desde fuera, y que no son simplemente elegidos desde cada uno de nosotros. Todo esto es algo esencial, constitutivo, del ser humano como ser orientado a actuar con libertad y responsabilidad en relación con Dios, si es creyente, y en relación con el entorno y con los demás, aunque no se sea creyente.

Hemos pasado de una sociedad de brújula a una sociedad de radar. Mientras la búsqueda del mensaje que diera sentido a la vida era algo común en generaciones pasadas, hoy se ha impuesto el radar, las sensaciones, los estímulos. Son muchos los mensajes que llegan, los buzones están repletos y casi no da tiempo a poder leerlos ni atenderlos todos. Ya no es el problema recibir mensajes, sino descodificarlos. La tarea de descodificar, de discernir, de elegir bien, de unirse a algo con voluntad expresa, que eso es elegir, se hace necesaria. Nunca como hasta ahora se hacía más necesario el viejo método del discernimiento o lo que hoy se llama la descodificación.

Tenemos la sensación de estar como en un bazar, pero cuando hablamos de la fe y de la opción religiosa, nuestra postura no ha de ser la de estar simplemente como oferta de bazar. El Evangelio no es un artículo más, sino que ha de ser una palabra que provoca en sí misma, que llega incluso a ser incómoda, y en esa propuesta incómoda ha de centrarse nuestra especificidad en la Red. Incómoda porque nos levanta de la silla, no porque ofenda o hiera. Necesitamos más que nunca reconocer el deseo de Dios entre los muchos mensajes que llegan, ayudar para individualizar las respuestas que dan sentido a la vida, a la existencia total, encontrar en nosotros un centro espiritual fuerte capaz de dar unidad a la fragmentación de mensajes. Esta tarea de discernimiento y descodificación ha de ser prioritaria en nuestra labor pastoral en Internet.

 

2.3. Fomentar cultura del diálogo

 

En el caso de la probable violencia que en Internet puede producirse, no debemos ser alarmistas. Como en todo, hay veces en que se necesita un mínimo control. Últimamente han corrido varios vídeos en los que se mostraban suicidios anunciados, incitaciones a cualquier tipo de violencia, física, psicológica o verbal, y en no pocos lugares se ha tenido que intervenir por la violencia que generaban sus contenidos. Por eso, más que nunca, Internet ha de ser un espacio para la cultura del diálogo y de la paz. Y en eso nosotros podemos tener un gran camino por recorrer.

Cierta cultura está teniendo efectos negativos en las personas hoy, aunque esta novedad puede llevar a destruir culturas tradicionales. Se necesita un diálogo permanente para evitar esta destrucción que ha encontrado en la Red un camino expedito. Y, en muchas ocasiones, esta invasión cultural lleva consigo una comunicación de valores en falso. Esto, lejos de amedrentar, ha de servir de acicate para fomentar en nuestros grupos una cultura del respeto, del diálogo, de la propuesta sana de nuestros valores, huyendo de una actividad bélica, integrista, demasiado empeñada en la imposición de nuestras verdades. Con ello contribuiremos también a la búsqueda del bien común. Nuestro posicionamiento en la Red ha de contribuir a una cultura de la paz, del desarrollo y de todos aquellos valores que ayuden a la humanidad a dar un paso adelante para que la dignidad de la persona sea una realidad cada vez mayor.

Son muchas las propuestas que en este sentido podemos ofrecer, invitando a no dejarse llevar por contenidos cargados de xenofobia, de violencia de cualquier tipo, de agresiones verbales en los foros, de juicios cargados de tendenciosidad. Se trata de ayudar a compartir en imágenes y palabras todo aquello que sirva para construir y serenar, y que abra espacios de diálogo en el que las palabras de todos tengan cabida en los oídos de todos. Una palabra ofensiva, una imagen hiriente, una información tendenciosa, exalta los ánimos y crea perfiles de personas que son auténticos «bárbaros digitales», capaces de declarar una guerra absurda desde su pequeño despacho con tan solo emitir una imagen que engendra violencia en el corazón de quienes la reciben. La Red convertida más en campo de batalla que en mesa abierta.

 

2.4. Servir a la construcción de puentes

 

«Internet ofrece características impresionantes. Es instantáneo, rápido, fugaz, inmediato, mundial, descentralizado, interactivo, capaz de extender ilimitadamente sus contenidos y su alcance, flexible y adaptable en grado notable. Es igualitario, en el sentido de que cualquiera, con el equipo necesario y modestos conocimientos técnicos, puede ser una presencia activa en el ciberespacio, anunciar su mensaje al mundo y pedir ser oído. Permite a las personas permanecer en el anonimato, desempeñar un papel, fantasear y también entrar en contacto con otros y compartir. Según los gustos del usuario, se presta igualmente a una participación activa o a una absorción pasiva en un mundo narcisista y aislado, con efectos casi narcóticos”[1]. Los aspectos éticos son muy importantes en la Red. No se puede olvidar que esta herramienta nació en los años duros de la Guerra Fría y en una sociedad de bloques. Formaba parte de las herramientas de espionaje de la CIA que crearon una red de ordenadores que almacenaban datos vitales. Fue más tarde la industria de la pornografía la encargada de ponerla en el mercado. Fue ya en la última década de los años ochenta cuando Internet dio un giro y se socializó, pero no debemos olvidar sus inicios. Esta descentralización alentó un individualismo exagerado. Cualquier tipo de expresión estaba autorizado. La única ley era la de la libertad de expresión. El concepto de libertad sin límites se hizo patente. La pornografía y la violencia, el ataque a la dignidad de las personas encontraban aquí un campo abierto. Un individualismo radical nace en opción a las ideas socializadoras de los dos últimos siglos. Prima el individuo. Las ganancias están por encima de los derechos de los pueblos y de las naciones. Es verdad que se han abierto muchos horizontes en la información y en la cultura que han ayudado al desarrollo de todos. La red puede fomentar la intercomunicación basada en el dialogo. Internet puede unir a la gente, pero también separarla, dividirla.

 

2.5. Romper la «brecha digital»

 

Una de las preocupaciones que aparece con Internet es la llamada «brecha digital», una nueva forma de discriminación que separa a pobres y ricos sobre la base del acceso a las nuevas tecnologías. Lo decía un obispo africano en el Sínodo último. Mientras los Padres sinodales hablaban de la importancia de las redes sociales, este obispo dijo que en su país no había de esas cosas, sino hambre y miseria. Es necesario que la brecha entre los beneficiarios de los nuevos medios de información y expresión, y los que hasta ahora no han tenido acceso a ellos, no se convierta en otra persistente fuente de desigualdad y discriminación. Hay que encontrar modos de lograr que Internet sea accesible a los grupos menos favorecidos, sea directamente, sea al menos conectándose con medios tradicionales de bajo coste. El ciberespacio debe ser un recurso de información completa y servicios accesibles a todos, y en una amplia gama de lenguas. Las instituciones públicas tienen la responsabilidad especial de establecer y mantener sitios de este tipo” Debemos preocuparnos en nuestros ambientes pastorales para que este proceso sea para todos, no solo para un élitecada vez más rica que la usa contra los pobres por deseos eminentemente económicos.

En este sentido, usar la red para informar y dar a conocer otras realidades, acercar las situaciones de pobreza y crear lazos que ayuden a paliarla es una buena alternativa. Cada vez son más los misioneros, religiosos o laicos, que a través de las redes nos ofrecen la cruda realidad de los países del Tercer Mundo. Las redes sociales pueden servir para ofrecer información, para proponer alternativas de colaboración, para crear lazos con otros lugares y para ir haciendo crecer un sentimiento de fraternidad. Internet no puede sustituir a la mano tendida, pero sí puede suscitar vocaciones que se lancen a un compromiso eficaz entre los más pobres.

 

2.6. Fomentar la justa libertad de expresión con un lenguaje positivo

 

La  libertad de expresión en Internet es compleja. Conocer y buscar la verdad es algo que está en la naturaleza humana. El periodismo está sufriendo muchos cambios. Se transmiten noticias rápidas, pero con inmensas cargas subjetivas. En ocasiones la libertad tanto de opinión como de información tiritan. Hace falta un lenguaje nuevo. No podemos situarnos en la Red con un lenguaje discursivo, obsoleto, lleno de conceptos. Parafraseando a san Francisco, podemos sugerir que en Internet «donde haya prisa, pongamos sosiego; donde haya ruido, serenidad y escucha; donde haya estridencia, belleza; donde haya frialdad o indiferencia, apasionada caridad», y así sucesivamente. Hay que aportar un lenguaje reflexivo, pero no extenso; un lenguaje que sugiera, pero no agobie; un lenguaje que use la belleza como camino de la verdad a través de la imagen y el sonido; un lenguaje cálido que evite la frialdad. Un lenguaje nuevo.

Nuestra tarea es acomodar el lenguaje para ser más efectivos y crear un lenguaje que sea amable, cargado de sugerencias, que use la belleza como camino, que extraiga lo mejor de cada uno, que ponga en circulación buenos sentimientos. El lenguaje escrito, visual o musical es un camino excelso para ofrecer nuestros contenidos de fe. No es la primera vez que la Iglesia hace esto. Ya en la Edad Media usó el arte como recurso pedagógico y hoy es uno de los caminos más eficaces. La escucha de una sinfonía clásica o moderna, la visión de un cuadro o una película puede sugerir una gran cantidad de ideas que acerquen a las personas y las pongan en comunicación. Es un nuevo lenguaje que destierra el que aún hoy mantenemos en las celebraciones litúrgicas, en las actividades docentes y en los ámbitos de evangelización, apegados al viejo banco de la escolástica.

 

  1. Diez ideas generales para situarnos en la pastoral

 

3.1.- Hoy el nuevo espacio digital no puede ser considerado simplemente como un instrumento para la evangelización. Los cambios que se han producido no son solamente técnicos, sino que llevan consigo un importante cambio en la cosmovisión, en la antropología, en la manera de concebir el mundo. Ni el miedo ni la pereza por tratar de comprenderlos son las respuestas más inteligentes. Hace falta un mayor esfuerzo porcaptar este nuevo espacio que ha alterado de forma significativa el perfil del sujeto de la evangelización. Un nuevo escenario se abre en el que no podemos seguir usando argumentos del viejo escenario y del viejo modelo antropológico. La Iglesia, que se ha encarnado siempre en las nuevas culturas para hacer presente el mensaje de Jesús, ha de seguir echando las redes en la Red para seguir siendo fiel al encargo.

 

3.2.- Este nuevo espacio se presenta de forma distinta. Es un mundo nuevo que ha revolucionado no solo la persona, sino también las relaciones sociales. Las nuevas técnicas de relaciones sociales sirven para fomentar una mayor relación. Aprovechar los grandes avances es una tarea que la Iglesia tiene que tener muy en cuenta en un mundo globalizado. Hoy más que nunca, el mensaje de Jesús tiene muchas vías por las que seguir ofreciéndose y dando sentido a muchas vidas, que lo buscan aun en medio de las dificultades y de la dispersión. Buscar las fortalezas de la Red y ponerlas al servicio del Evangelio, así como usarlas para una mayor presencia, es algo positivo para el que hace falta empatía, profesionalidad y fidelidad. No hay que tener miedo a los nuevos retos.

 

3.3.- Pero hay que tener en cuenta las debilidades y dificultades que emanan de este mundo en el que aumenta el individualismo, la soledad, y en el que es fácil atentar contra la dignidad de la persona. La Iglesia ha de está presente para ofrecer alma a esta realidad virtual y seguir predicando un Evangelio de vida al que la realidad virtual ayuda, pero que no sustituye por el encuentro personal. Es misión del cristiano discernir, descodificar, poner alma y entregar al hombre, perdido en el laberinto cibernético, el hilo que, como sucedió con Ariadna en el mito clásico, saque al hombre del laberinto de soledad en el que ha entrado.

 

3.4.- Lo más importante que hay que transmitir en la Red es «lo que somos» en medio de un foro inmenso en el que no debemos entrar para colonizar, sino para simplemente ofrecer nuestra palabra en medio de los ecos y de las palabras. Nuestra presencia en la Red exponiendo lo que somos y en los que creemos ha de ser respetuosa, fiel, evangélica, cálida, amorosa, tierna y siempre atenta a la defensa de la dignidad de las personas y de los más pobres.

 

3.5.- Una vez que hemos expuesto lo que somos, se nos abre la posibilidad de contar y expresar lo que hacemos. La Red es el inmenso panel en el que la Iglesia se muestra en toda su riqueza, con toda su energía y variedad. Contar lo que hacemos y comunicarlo es una manera de compartir la misión. La distancia queda rota, y con la comunicación de lo que hacemos estamos ayudando y enriqueciendo a muchos. La catequesis, la pastoral, la lectura de la Palabra de Dios, las celebraciones litúrgicas, el asesoramiento espiritual, las actividades caritativas, las informaciones de todo cuanto se vive en otros lugares tiene en la Red un expositor importante que no hay que desaprovechar.

 

3.6.- Los cristianos, presentes en las redes sociales y en los espacios virtuales, además de decir lo que son y lo que hacen, tienen también la misión de ofrecer propuestas de futuro que ayuden a muchos a encontrar el sentido a sus vidas. Los foros que se abren y en los que abundan las preguntas sobre el sentido de la vida, de la muerte, del dolor… pueden encontrar la respuesta en nuestra palabra oportuna, que les llega a través de Internet como pudiera llegarle a través de otros medios. Poner en valor la palabra virtual es importante, como se hizo con la palabra en la radio, en la televisión o en los modernos medios que la técnica nos ha traído.

 

3.7.- La Iglesia, en el ejercicio responsable del quehacer teológico y de pensamiento, no debiera dejar escapar la ocasión para seguir reflexionando, ayudada por las disciplinas de pensamiento científico y contando con profesionales bien formados en estas lides, para seguir abriendo caminos nuevos en la liturgia y la pastoral para entender la nueva antropología que emerge y el perfil del hombre nuevo que va levantándose en el horizonte.

 

3.8.- Una de las preocupaciones que no se debe dejar al margen es tratar, en la caridad pastoral, de romper la llamada «brecha digital», que hace más pobres a los pobres, y ayudar con sus medios a que desaparezca esa brecha estableciendo puentes para una integración de los países pobres y usando la redes para que la justicia y la paz sean una realidad en un mundo en el que los derechos humanos son olvidados. En este sentido, la Iglesia, presente en todos los rincones, tiene un reto solidario y fraterno que dará brillo a su presencia en el ciberespacio.

 

3.9.- Uno de los retos importantes que no debieran olvidarse y que es consustancial a esta revolución del mundo cibernético es el del lenguaje. Un lenguaje nuevo para un hombre nuevo en una realidad nueva. El lenguaje discursivo ha de dar paso al lenguaje de la imagen y del sonido. La Palabra de Dios se hace carne virtual y no puede eludir los nuevos lenguajes en los que ha de volcarse el mensaje de la Buena Nueva. Muchas de nuestras actuaciones, basadas en el lenguaje, pierden fuerza por su formato. Hace falta osadía y frescura para encarar este reto, fundamentalmente en la nueva generación de nativos digitales, a los que hay que seguir evangelizando con pasión

 

3.10.- Y, por último, algo que es fundamental y que está en la base de todo. Es en el corazón del hombre donde Dios actúa. De ahí surge la pregunta; ahí Dios responde y vive, y desde ahí transforma lo que le rodea. El punto de partida es la persona que, ante una pantalla, con las más modernas técnicas a su alcance y bien adentrada en el ciberespacio, siente el deseo de Dios y se lanza a buscarlo, no ya en Google, sino en lo más escondido, en donde él habita con toda su fuerza y riqueza. Como otras tantas realidades, Internet, pese a su realidad influyente, no deja de ser una atmósfera, un mundo, un ambiente en el que Dios ha de ser predicado y amado con un amor que transforma, porque parte de su amor primero. Por eso hoy es posible y necesario seguir predicando a Dios en un planeta al que se ha dado en llamar «digital» y en el que Dios se enseñorea con la fuerza de su amor y su misericordia entrañable.

 

Juan Rubio

Madrid, abril de 2013

[1] Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales: Ética en Internet, 2002, 7.

Misión Joven. Número 437. Junio 2013