RAZÓN Y EDUCACIÓN

Miguel Ángel Blanco Blanco

Pedagogo y maestro. Profesor del CES Don Bosco y del Colegio María Inmaculada (Madrid). Responsable del Área Pedagógica del Equipo de Titularidad de la Provincia de Madrid-Santa Luisa de Hijas de la Caridad.

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO:

El autor muestra la importancia de la razón en la educación con una reflexión que reúne argumentos filosóficos, psicológicos, sociológicos y pedagógicos. También propone tres ámbitos de reflexión y acción para potenciar la razón desde la intervención educativa: leer la realidad, dialogar y enseñar a pensar.

 

“Me he encontrado a una niña, que es una criatura muy original. Se le ha metido en la cabeza que hay que salvar el mundo con todo su sabor. Ni más ni menos. Juega con las ideas como otros niños juegan con los dados, pero con teorías bien precisas sobre el azar que, según ella, se escribe con D mayúscula…”

  1. Garagnon[1]

 

Introducción

La necesidad humana de dar respuesta a las grandes preguntas, como mecanismo de adaptación, supervivencia, proyección, interacción y mejora, ha dado lugar a la organización del conocimiento en el afán de búsqueda de la verdad orientada a la felicidad propia y colectiva. Así, los distintos sistemas filosóficos han generado herramientas y desarrollado procesos para potenciar la reflexión y realizar conquistas progresivas del saber,  contextualizadas en los diferentes momentossociohistóricos  que han condicionado el acceso a la cultura.

El elemento nuclear de la reflexión filosófica, que nos acerca a la verdad y al conocimiento en el ejercicio de la razón, es la persona, definida por unas características que la vinculan al resto de individuos y que la diferencian de los demás.  Cada persona es heredera y portadora de una serie de rasgos biogenéticos, ambientales y socioculturales que generan la promoción de formas de vida comunes y particulares, impulsadas por los valores imperantes que configuran la identidad.

El desarrollo de la razón impulsa el devenir humano, y éste será lo que sea de aquella. La educación ofrece un trascendental estímulo a tan importante reto. Razón y educación se complementan en necesaria corresponsabilidad. La razón alcanza altas cotas con la intervención educativa, y ésta mejora con el desarrollo de la razón. La meta bien merece el empeño.

 

  1. Razón, identidad y análisis de la realidad

En la construcción de la propia identidad y en el análisis de la realidad y de las circunstancias que rodean al ser humano desempeña un papel decisivo la razón. Definimos ésta como la facultad humana cuya finalidad es la búsqueda de la verdad, que lleva a construir conocimiento  mediante actos como la interrogación, la reflexión y la argumentación.

Tener conciencia de sí mismo mejora el conocimiento de la realidad y constituye el pilar básico del crecimiento personal y social. Juan Pablo II lo expresa en los siguientes términos: “Tanto en Oriente como en Occidente es posible distinguir un camino que, a lo largo de los siglos, ha llevado a la humanidad a encontrarse progresivamente con la verdad y a confrontarse con ella. Es un camino que se ha desarrollado –no podía ser de otro modo- dentro del horizonte de la autoconciencia personal: el hombre, cuanto más conoce la realidad y el mundo, más se conoce a sí mismo en su unicidad, le resulta más urgente el interrogante sobre el sentido de las cosas y sobre su propia existencia. Todo lo que se presenta como objeto de nuestro conocimiento se convierte por ello en parte de nuestra vida”[2].

En este camino de búsqueda surgen innumerables preguntas, cuyo impulso es el deseo de conocer, movido por la curiosidad que contribuye poderosamente al desarrollo de la razón, pues el rastreo de respuestas es el motor del avance. Corkilledestaca la relevancia indagadora de la curiosidad en el aprendizaje infantil: “Todo niño nace curioso. Así, interactúa con todo lo que descubre a su alrededor sin que lo molesten ideas establecidas; manipula, experimenta y explora. El niño cuya curiosidad se acepta como cosa valiosa tiene vía libre para aprender”[3].

La educación se enfrenta a la enorme responsabilidad de estimular la curiosidad  para conseguir que permanezca a lo largo de la vida y así mantenga al adulto en el interés por el interrogante y las respuestas como elemento generador de inquietudes nuevas.

 

  1. Amor a la sabiduría

En este proceso reflexivo e investigador ocupa un destacado lugar la filosofía,que permite identificar el sentido de la vida y el equipaje necesario para transitarla.

La filosofía es amor a la sabiduría y la sabiduría, para Descartes, consiste en juzgar correctamente con el fin de obrar correctamente. En palabras de Ayllón[4],  la filosofía es “reflexión sobre la conducta humana orientada a resolver algunos problemas fundamentales”, entre ellos, el logro de una vida feliz. Tomarse la vida con filosofía es afanarse en la conquista de la felicidad. “Filosofamos porque queremos una vida más equilibrada, más lúcida, más libre, más…humana”[5].  Kant afirma que la filosofía es para el hombre un continuo esfuerzo por alcanzar la sabiduría, que es “conocimiento que apunta al arte de vivir”[6].

En este sabio empeño, la reflexión filosófica se sirve del pensamiento lógico orientado al desarrollo de la razón. “La lógica es el estudio de los procesos mentales que nos permiten entender la realidad (conceptos, juicios, razonamientos), y de las estrategias empleadas para conocer de manera ordenada y eficaz la complejidad de lo real (análisis y síntesis, inducción y deducción, definición, división y clasificación). Es el arte de razonar correctamente y la ciencia que estudia las reglas y los principios del razonamiento”[7].

La filosofía, y con ella la lógica y la razón, encuentran un marco especialmente favorable en el ámbito educativo, pudiendo contribuir poderosamente al logro de sus objetivos. Lipman, Sharp y  Oscanyan, en la propuesta de su programa Filosofía en el aula, lo expresan del siguiente modo: “Durante mucho tiempo se ha sospechado que la filosofía, a pesar de su apariencia inabordable y su aspereza, contenía dentro de sí tesoros pedagógicos de gran importancia, y que algún día tales tesoros podrían llevar a la práctica el “método socrático”, haciendo su propia y rica contribución a la educación”[8].

Los mismos autores consideran que la educación que se estructura para desarrollar la reflexión promete ser una educación académicamente superior, en términos de conductas medibles, e incluso más valiosa aún como instrumento para la experiencia más allá de la escuela[9].

Así pues, la filosofía ofrece el marco de reflexión y la lógica la forma de proceder en el ejercicio de la razón, siendo el conocimiento el resultado de este proceso que desemboca en identidades y conductas susceptibles de ser orientadas desde la educación.

 

  1. Avanzar en el desarrollo de la razón

Avanzar en el desarrollo de la razón es ascender a estadios de mayor autonomía personal, convirtiéndose ésta en principal objetivo de la educación, por lo que supone de madurez para la vida. Educar es orientar para la vida[10].

A lo largo de la Historia de la Filosofía, la razón se ha acompañado de distintos calificativos que han dado lugar a diferentes teorías, corrientes y escuelas de pensamiento con el afán de explicar los variados ámbitos de su interés: razón teórica, razón práctica, razón dialéctica, razón histórica, razón crítica, razón didáctica…

Savater[11] apunta que  la razón se basa, en buena medida, en laconfrontamiento con los demás, siendo el razonamiento una disposición natural basada en el uso del lenguaje, que nos obliga a interiorizar nuestro papel social -el lenguaje es sociedad interiorizada-.

En este acto de comunicación, la condición de seres racionales implica “poder ser persuadidos por argumentos, no sólo persuadir”[12]. No obstante, en el intercambio comunicativo, como el mismo autor plantea, es necesario distinguir la mera opinión de la opinión razonada, tanto más cuanto más abundan creadores de opinión desde el púlpito de las tertulias, del papel impreso y de las redes sociales: “La idea de que las opiniones forman cuerpo con nosotros, y que el decir «es mi opinión» da un grado de razón superior al de la opinión del vecino, parece preocupante, sobre todo porque se considera un signo de liberalidad intelectual el reconocer las opiniones de cada cual, cuando la única liberalidad que existe es reconocer que las opiniones deben estar fundadas en la razón (…). La postura auténticamente libre, abierta y revolucionaria es sostener que es la razón la que vale y que las opiniones deben someterse a ella, y no que son las opiniones las que por sí mismas, por tener una persona detrás, se convierten en inviolables porque la persona lo es”[13].

De forma poética, Antonio Machado nos invita a caminar juntos hacia la meta de la verdad, que no es otra cosa que avanzar hacia este valor universal con argumentos apoyados en la razón y el conocimiento: ¿Tu verdad? No, la Verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela[14].

 

  1. Razón y conocimiento

Razón y conocimiento forman un binomio inseparable, siendo el segundo consecuencia de la primera. Así lo recoge con sentimiento literario Gibran:

 

“Razón y conocimiento son como cuerpo y alma. Sin el cuerpo, el alma no es más que viento vacío. Sin el alma, el cuerpo no es más que una estructura carente de sentimiento.

La razón sin conocimiento es como la tierra sin labrar, como cuerpo yermo, o como el cuerpo humano privado de alimento.

La razón no es como las mercancías que se venden en los mercados, que mientras más abundan, menos valen. El valor de la razón merma al abundar. Pero, cuando se vende en el mercado, sólo el sabio es capaz de apreciar su verdadero valor.

Si conoces tu verdadero valor no perecerás. La razón es tu luz y tu antorcha de la Verdad. La razón es la fuente de la Vida. Dios te ha dado el Conocimiento para que a su luz no sólo lo adores a él, sino para que te veas y sepas de tus flaquezas y también de tu fortaleza.

Examina cada día a tu conciencia y corrige tus faltas; si no cumples con este deber no serás fiel al Conocimiento y a la Razón que hay dentro de ti”[15].

 

El conocimiento es fruto de la razón, derivado de la lectura comprensiva de la realidad. Porque razonamos, conocemos. Pero, ¡cuánto nos queda por conocer!Einstein declara que en la armonía de las leyes que rigen la naturaleza “se manifiesta una racionalidad tan grande que, en comparación con ella, toda la capacidad del pensamiento humano se convierte en insignificante destello”[16].

Ayllón señala que “el desarrollo del conocimiento posibilita la técnica que pone a nuestro servicio la naturaleza, facilita el entendimiento y la mutua comunicación inteligente, nos libera de la ignorancia, nos brinda posibilidades múltiples y enriquece de diversa forma nuestras vidas”[17].

Kant, en su Crítica de la razón pura, apunta el interés de la razón hacia tres preguntas esenciales que interesan a disciplinas  como la antropología, la filosofía y la moral: qué puedo conocer, qué debo hacer y qué puedo esperar.

 

  1. Llegar a ser lo que se es por la educación

A través de la educación el hombre llega a ser hombre, según afirma Kant.  La condición humana es una conquista diaria, es la suma de todas las humanidades individuales que construyen la Humanidad con mayúscula, dotada de razón y con una posibilidad infinita de desarrollo de la voluntad en detrimento del instinto.

El núcleo central de la intervención educativa es el desarrollo de la identidad del ser humano: llegar a ser lo que se es, lo que implica interacción con los otros y con la realidad espacio-temporal en que se vive.

La respuesta a la pregunta ¿quién soy?, o mejor ¿quiénes somos?, es el reto que hay que enfrentar, pues condiciona la conciencia del propio sentido. Martínez Lozano indica que “el reconocimiento de nuestra verdadera identidad está en función del nivel de conciencia en que nos encontremos y de su proceso de evolución”[18]; lo que viene a ser tanto más importante cuanto más necesario se hace tener una conciencia ajustada y plena que centre nuestra atención y nos aleje de las distracciones que nos deprimen. No estás deprimido, estás distraído[19] es un interesante relato de Facundo Cabral que profundiza sobre esta cuestión.

Para favorecer el desarrollo de la conciencia como mecanismo de transformación, los agentes educativos deberán conocer el nivel de desarrollo en el que se encuentra la persona a la que se quiere ayudar en este proceso de construcción continua. Identificar lo que la persona es nos permite valorar lo que puede llegar a ser. Constituye una tarea imprescindible de todo educador gestionar la correspondencia entre el deber ser –metas educativas- y el poder ser –posibilidades de la persona-, generando unas expectativas acordes a las facultades del ser humano al que se educa; de lo contrario, estaremos proponiendo procesos de difícil desarrollo que pueden desembocar en fracaso, con la consiguiente desmotivación del sujeto que aprende.

La educación debe contribuir a que cada persona sea la mejor persona que pueda llegar a ser. Así, es prioritario el desarrollo de capacidades, inteligencias múltiples y  competencias[20] favorecedoras del proceso vital de aprendizaje. En este sentido, un enfoque educativo individualizado implica atender a cada persona en función de sus posibilidades. Favorecer el óptimo desarrollo de la persona permite salir al encuentro del otro, generando un ambiente armónico de relación interpersonal que posibilite el enriquecimiento mutuo, desde un enfoque socializador de la educación.

 

  1. Responsabilidad de unas generaciones sobre otras

La educación es, por tanto, el derecho de cada sujeto y de cada sociedad  a desarrollar la mejor realización de sí mismos. Y es, a la vez, un deber de las generaciones y de las instituciones implicarse en ello. Durkheim lo expresa como sigue: “La educación es la acción que ejercen las generaciones adultas sobre las que no están maduras para la vida social. Tiene por objeto suscitar y desarrollar en el niño un cierto número de estados físicos, intelectuales y morales, que exigen de él la sociedad política en su conjunto y el medio especial, al que está particularmente destinado”[21].

Giménez-Salinas incide en esta idea: “Entendemos por educación el conjunto de actividades mediante las cuales un grupo asegura que sus miembros adquieran la experiencia social históricamente acumulada y culturalmente organizada”[22].

Pablo VI orienta sobre el sentido de la verdadera educación desde un enfoquepersonalizador con proyección social: “La verdadera educación se propone la formación de la persona humana en orden a su fin último y al bien de las varias sociedades, de las que el hombre es miembro y de cuyas responsabilidades deberá tomar parte una vez llegado a la madurez”[23].

 

  1. Todo educa

Estos planteamientos refuerzan una concepción global de la educación, pues no es la escuela la que tiene la exclusiva educativa. En cualquier caso, ante la enorme responsabilidad de educar, se hace imprescindible conocer bien a los destinatarios de las intervenciones educativas para identificar sus necesidades de aprendizaje, de manera que se puedan diseñar procesos educativos adaptados.Rousseau, en su Emilio, avanza una pista en este sentido: “No se conoce la infancia; sobre las falsas ideas que se poseen, cuanto más se abunda más se yerra. Los más sabios se interesan por lo que importa saber a los hombres, sin considerar lo que los niños están en estado de aprender. Ellos buscan siempre al hombre en el niño, sin pensar en lo que es éste antes de ser hombre…. Comenzad, pues, por estudiar mejor a vuestros alumnos; pues hoy seguramente no los conocéis”[24].

El conocimiento de los educandos fomenta el crecimiento personal, que se realiza a través de distintas etapas evolutivas. Cada paso supone afrontar y enfrentar las vicisitudes que presenta. No hacemos solos el camino. La familia, los amigos, los medios de comunicación, las redes sociales… nos acompañan y nos influyen. Es tarea de la educación dotar a la persona de los filtros necesarios –autoestima, habilidades sociales, autocontrol, empatía, resolución de conflictos, razonamiento…- para tamizar, con criterio, las influencias que recibe y emite, aceptando las que le ayudan a crecer y rechazando las que no le convienen.

La educación, en definitiva, deberá favorecer que el individuo identifique y defina su proyecto que, de forma implícita o explícita, aportará calidad a su vida y redundará en el bien común.

Al ser la educación un proceso interactivo que puede darse bajo diferentes modalidades en los ámbitos formal, no formal, informal, cada uno de ellos contribuirá al proyecto personal desde sus posibilidades específicas. Las aportaciones deCoombs, Prosser y Ahmed nos permiten acotar dichos términos:

 

–          “Al hablar de educación informal nos referimos exactamente al proceso a lo largo de toda la vida a través del cual cada individuo adquiere actitudes, valores, destrezas y conocimientos de la experiencia diaria y de las influencias y recursos educativos de su entorno, de la familia y los vecinos, del trabajo y el juego, en el mercado, la biblioteca y en los medios de comunicación.

–          La educación formal significa, desde luego, el «sistema educativo» jerarquizado, estructurado, cronológicamente graduado, que va desde la escuela primaria hasta la universidad e incluye, además de los estudios académicos generales, una variedad de programas especializados e instituciones para la formación profesional y técnica a tiempo completo.

–          Definimos la educación no formal como cualquier actividad educativa organizada fuera del sistema formal establecido, tanto si opera independientemente o como una importante parte de una actividad más amplia, que está orientada a servir a usuarios y objetivos de aprendizaje identificables”[25].

 

Montesquieu ya citaba tres ámbitos que contribuyen a un enfoque global de la educación: “Recibimos tres educaciones diferentes, si no contrarias: la de nuestros padres, la de nuestros maestros y la del mundo. Lo que nos dicen en la última da al traste con todas las ideas adquiridas anteriormente”[26].

 

  1. La capacidad transformadora de la educación

La capacidad transformadora de la educación se orienta a la mejora continua de la persona y de la sociedad. Sin cambio en la persona no hay aprendizaje. El cambio evidencia la calidad del aprendizaje y, por extensión, de la enseñanza. Organizar las propuestas educativas, especialmente en los ámbitos formal y no formal, contribuye a sistematizar la intervención orientada al aprendizaje pleno.

Oliva Gil[27], en su obra Crítica de la razón didáctica, reflexiona sobre el desarrollo de la razón en contextos educativos vinculada al curriculum como forma de pensamiento, tradición acumulativa de conocimiento organizado y experiencia cultural y social.

En lo que a la racionalidad curricular se refiere, el autor propone tres tareas a realizar en la educación:

 

  1. “La restitución de la razón como el componente más significativo de la práctica humana.
  2. La incorporación de los valores, y por lo tanto, de los intereses humanos en el ejercicio instrumental y práctico de la razón.
  3. El establecimiento de una verdad como resultado de la acción social práctico-racional, orientada por los intereses humanos”[28].

 

  1. Hacia el desarrollo integral

Toda intervención educativa debe atender, desde un enfoque integral, al desarrollo simultáneo de las dimensiones que configuran al ser humano: cognitiva, emocional, práctica, ética, estética y espiritual.

El proceso cognitivo mejora por tres vías fundamentales: “La adquisición de un conocimiento organizado; el desarrollo de destrezas intelectuales y el ensanchamiento del entendimiento, la comprensión y la apreciación estética”[29].

Las emociones condicionan las interacciones en las que participamos y, con ello, las oportunidades de desarrollo de la razón. Goleman[30] fundamenta su teoría de la inteligencia emocional teniendo en cuenta “que tenemos dos mentes, una mente que piensa y otra mente que siente, y estas dos formas fundamentales de conocimiento interactúan para construir nuestra vida mental […]. En muchísimas ocasiones, estas dos mentes están exquisitamente coordinadas porque los sentimientos son esenciales para el pensamiento y lo mismo ocurre a la inversa. Pero, cuando aparecen las pasiones, el equilibrio se rompe y la mente emocional desborda y secuestra la mente racional”[31]. Lo que viene a dar sentido a la idea deBlaise Pascal de que el corazón tiene razones que la razón no entiende.

Incidir sobre la práctica implica generar personas competentes en diferentes niveles –personal, social, académico, profesional…-. Es la dimensión técnica de la educación que apunta al saber hacer.

La dimensión ética genera comportamientos responsables. Permite el discernimiento, en uso de la libertad, entre múltiples posibilidades que se ofrecen al ser humano. Favorece una vida feliz y tiene en cuenta el bien común desde actitudes como la solidaridad y la justicia.

            La dimensión estética lleva a valorar la belleza que ofrecen la naturaleza y la producción humana -el Divino arte y el arte humano-. Supone contemplación y disfrute; estimula los sentidos; genera sensaciones y desarrolla la creatividad.

La dimensión espiritual eleva al ser humano al sentido de su existencia, a través de actos como la interioridad, la meditación, la contemplación y la proyección fuera de sí. Favorece comprender lo sagrado y lo valioso.

Un desarrollo personal equilibrado implica la atención educativa a todas las dimensiones mencionadas, de lo contrario pueden surgir inestabilidades perturbadoras del equilibrio personal y del bienestar. Desde un enfoque sistémico, cada dimensión aporta al desarrollo de la razón lo que le es propio.

Todo lo dicho nos lleva a  entender la acción educativa como la posibilidad de desarrollo de la razón, que permite humildemente al ser humano  hacerse íntegramente a sí mismo con la ayuda de otros, en progresivo proceso a lo largo de toda la vida.

Con Barraca, en ese continuo hacerse, traemos el valor de la humildad a la educación: “Quien no es humilde, ni comprende la necesidad de mejorar, juzgándose ya óptimo, ni reconoce en el otro el bien del que precisa alimentarse. Sin humildad, pues, no hay crecimiento en el bien ni amistad ni vida nueva”[32].

 

  1. Poner en juego la razón

Expuestas las ideas que nos han traído a este punto, ofrecemos una serie de planteamientos que pretenden contribuir a la revisión continua del desarrollo de la razón a través de la educación, independientemente del ámbito en que ésta se dé.

La razón aporta la capacidad reflexiva y dialógica que convierte el pensamiento en conocimiento que se traslada a la acción.

La reflexión favorece la toma de conciencia para ser protagonista de la propia vida –actor y no mero espectador-, convenientemente integrado en el escenario sociocultural local y global.

Se proponen tres ámbitos de reflexión/acción sobre los que incidir para potenciar la razón desde la intervención educativa: leer la realidad, dialogar y enseñar a pensar.

 

Leer la realidad

La lectura de la realidad requiere sentirse partícipe de un proceso de alfabetización sociocultural para comprender e interpretar el mundo en el que se vive. Ser capaz de decodificar los signos que configuran los mensajes que construyen la sociocultura y la codifican.

Savater nos ayuda en esta reflexión: “La vida humana consiste en habitar un mundo en el que las cosas no sólo son lo que son sino que también significan; pero lo más humano de todo es comprender que, si bien lo que sea la realidad no depende de nosotros, lo que la realidad significa sí resulta competencia, problema y en cierta medida opción nuestra. Y por “significado” no hay que entender una cualidad misteriosa de las cosas en sí mismas sino la forma mental que les damos los humanos para relacionarnos unos con otros por medio de ellas”[33].

La educación debe tener presentes los contextos en los que se desarrolla, pues son referentes que condicionan los significados y las posibilidades de intervención, generando modelos concretos de educación. En este sentido, la lectura de la realidad debe ser un punto esencial de reflexión.

En una sociedad que quiere ser inclusiva, el modelo educativo a desarrollar también debe ser inclusivo. La educación actuará como mecanismo compensador de desigualdades, ofreciendo a todos las mismas posibilidades de promoción.

A través de la educación se genera conciencia social capaz de transformar la realidad. La capacidad de análisis permite la toma de conciencia orientada al cambio, a la denuncia de las injusticias y a la ruptura. La educación pone en camino de la utopía, de la vanguardia proféticamente transformadora. Carlos Díaz identifica al educador como un faro de utopía activa capaz de liderar vanguardias educativas proféticas: “Ánimo, educadores, no estamos solos, tres vanguardias compañeras nos preceden en el voceo de los siglos cuando hablamos de una educación que anuncia el bien denunciando el mal, y a ellas hay que mirar para cantar alto la maravilla de la palabra […]:

o        La inconmensurable vanguardia de los victimados, el mundo del dolor que grita con desgarradora voz su palabra descomunal […] desde el interior mismo de su grande y complejo sufrimiento.

o        La invisible vanguardia de los místicos y de los orantes cuya vida, desde el alba hasta el ocaso […], se alza como ofertorio educativo por el bien de la entera humanidad.

o        La interminable vanguardia de los soñadores que a través del pensamiento, del arte, de la creatividad sin reconocimiento ni medallas […] se esfuerza por ofrecer a la humanidad modelos realmente alternativos frente al dolor rabioso en que se debate la civilización coetánea”[34].

Ante esta situación se dibuja un nuevo escenario en el que actúan tres corazones: “Un corazón amoroso para dar la mano a los que han menester de nosotros, habitualmente considerados meras “grietas del sistema”; un corazón inteligente para analizar por qué se producen esas pretendidas “grietas del sistema” y cómo podría mejorarse la realidad y un corazón sociopolítico para trabajar desde la vida pública en las estructuras correctoras”[35].

La solución a las problemáticas humanas se encuentra, una vez más, en el amor que, conjugado con la razón, puede liderar procesos transformadores.

 

Dialogar

La educación es básicamente comunicación. Sin diálogo no hay acción educativa.

En el marco de un enfoque dialógico, Carlos Díaz nos muestra ocho reglas para manejar los conflictos que, sin duda, mejorarán las posibilidades de comunicación:

  1. “Reconoce la igualdad de la otra persona como interlocutora
  2. Conócete a ti mismo
  3. Actúa con inteligencia emocional
  4. Se auténtico, no manipulador
  5. El lugar de “mensajes-tú”, utiliza “mensajes-yo”
  6. Escucha empáticamente
  7. Actúa con asertividad
  8. Nosotros somos más grandes que nuestras dificultades y fracasos.”[36]

 

El diálogo igualitario es un proceso dinámico vertebrador de las Comunidades de aprendizaje. Flecha y Puigvert presentan el aprendizaje dialógico, junto con los grupos interactivos y la participación activa de los miembros que las integran, como la base de las Comunidades de aprendizaje orientadas a la trasformación, la mejora de la convivencia y la superación del fracaso, combatiendo “las situaciones de desigualdad en las que se encuentran muchas personas”[37].

El modelo genera altas expectativas sobre los componentes de la Comunidad que, además, deben compartir los siguientes principios pedagógicos propuestos por Flecha y Puigvert:

 

-“La creación de una organización y un ambiente de aprendizaje

– Los procesos de enseñanza-aprendizaje como el centro de la institución escolar

– La enseñanza con propósitos

– El desarrollo de la autoestima

– La evaluación continua y sistemática

– La participación del alumnado, de la familia y de la comunidad

– El liderazgo escolar compartido

– La educación entre iguales”[38].

 

Enseñar a pensar

La renovación de la educación pasa por generar procesos de aprendizaje y enseñanza en los que el discente ha de aprender a aprender y el educador tiene queenseñar a pensar. Lo que supone el desarrollo de la capacidad reflexiva a través de metodologías activas y participativas. La reflexión sobre la propia práctica potencia la mejora continua y la metacognición lleva a identificar las estrategias de aprendizaje puestas en juego, a la vez que permite regular el propio aprendizaje y transferirlo a situaciones nuevas.

El desarrollo de la capacidad de pensar se asocia a contextos en los que la razón, el sentido crítico y la libertad son valores en alza. La sociedad es reflejo de lo que son sus ciudadanos y éstos son lo que quieren, pueden o les dejan. Lipman,Sharp y Oscanyan dicen que “no es posible conseguir sociedades  verdaderamente libres y solidarias (y en este sentido hablamos de sociedades democráticas), si no conseguimos personas capaces de pensar por sí mismas en el marco de un proceso solidario y cooperativo de discusión”[39].

Enseñar a pensar debe ser un objetivo sustancial en cualquier  propuesta de desarrollo humano y social. Nickerson, Perkins  y Smith aportan la siguiente reflexión:   “Podemos afirmar que enseñar a pensar no es sólo un objetivo educativo legítimo sino también un objetivo esencial. Las evidencias de irracionalidad en el mundo abundan en la conducta de los individuos, los grupos y las naciones. Constantemente somos testigos de las numerosas amenazas con las que se enfrenta la humanidad… Si bien dudamos en afirmar que la conducta irracional humana sea la causa fundamental de todos estos hechos, no cabe la menor duda que constituye un importante factor que contribuye a ello. Resulta difícil imaginar un objetivo educativo más esencial que la enseñanza y el aprendizaje de cómo pensar con mayor eficacia de lo que normalmente hacemos. De hecho, si no podemos aprender a pensar con más racionalidad y eficacia, tendremos, como especie, grandes problemas”[40].

Los mismos autores proponen las actitudes que se pueden promover en la mejora de la acción de pensar:

–          “Un sentido vivo de la curiosidad y la indagación.

–          Una disposición para modificar el criterio propio cuando las pruebas indican que éste debe ser modificado.

–          Un compromiso para explicar las cosas, para meditar sobre las cosas, para evaluar las afirmaciones a la luz de la información relevante, en oposición a aceptarlas sin críticas.

–          Un respeto para las opiniones de los demás cuando éstas difieren de las propias.

–          La aceptación de la idea de que ganar debates es menos importante que llegar a conclusiones que se vean apoyadas por los hechos”[41].

 

  1. Conclusión

La facultad humana de la razón se desarrolla a través de la educación, entendida ésta en su sentido más amplio, y la educación mejora con el ejercicio de la razón. La reflexión filosófica aporta los procedimientos necesarios para impulsar la relación complementaria a la que ambas están llamadas.

Además de la lectura de la realidad, la reflexión y el diálogo, constituyen el mapa de navegación para esta travesía: la acogida incondicional  y el afecto; la gestión emocional y el desarrollo de la empatía; la conciencia del otro y la reciprocidad; el desarrollo de estrategias de pensamiento y la construcción de conocimiento; la promoción de valores,  la búsqueda de sentido y el encuentro con la verdad.

En definitiva, desde la óptica de la razón, se educa para la vida integrando conocimiento, pensamiento, sentimiento y acción, lo que será posible si se generan ambientes favorables.

Un texto de Spinoza en torno a la necesidad de educar para la razón nos permite concluir:

 

“Nada puede concordar mejor con la naturaleza de una cosa que los demás individuos de su especie; por tanto, nada hay que sea más útil al hombre, en orden a la conservación de su ser y el disfrute de una vida racional, que un hombre que se guíe por la razón. Además, dado que entre las cosas singulares no conocemos nada más excelente que un hombre guiado por la razón, nadie puede probar cuánto vale su habilidad y talento mejor que educando a los hombres de tal modo que acaben por vivir bajo el propio imperio de la razón”[42].

 

MIGUEL ÁNGEL BLANCO BLANCO

 

 

[1] GARAGNON, F. (2000). Jade y los misterios de la vida. Madrid: Ediciones Paulinas, p. 7.

[2] JUAN PABLO II. Fides et ratio. (14.9.1998).1

[3] CORKILLE BRIGGS,D. (1991). El niño feliz. Su clave psicológica. Barcelona: Editorial Gedisa. P. 195

[4] AYLLÓN VEGA, J.R. (2003). Filosofía mínima. Barcelona: Ariel, p. 22.

[5] Ib. p.21

[6] Ib. p.21

[7] Ib. p.39

[8] LIPMAN, M., SHARP, A.M.; OSCANYAN, F.S. (1992). La filosofía en el aula. Madrid: Ediciones de la Torre, p. 21-22.

[9] Cf. Ib. p.61

[10] Esta idea se destacaba de forma relevante en los materiales elaborados por el Ministerio de Educación para orientar la reforma del sistema educativo del año 1990 (LOGSE)

[11] SAVATER, F.  Potenciar la razón. Conferencia pronunciada el 1 de diciembre de 1998. Documento enhttp://www.javeriana.edu.co/decisiones/savater. Consultado 25 julio 2013.

[12] Ib. p.8

[13] Ib. p.8

[14] MACHADO,A. (1988). Proverbios y cantares. LXXXV.  En Poesías completas. Edición de Manuel Alvar. Madrid: EspasaCalpe, p.304.

[15] GIBRAN, K. (1975). Antología esencial. Argentina: Ediciones Tiempo, pp. 31-32

[16] Citado en AYLLÓN VEGA, J.R. (2003). Filosofía mínima. Barcelona: Ariel, p. 25.

[17] Ib. p. 51.

[18] MARTÍNEZ LOZANO, E. (2011). Sabiduría para despertar. Una lectura transpersonal del evangelio de Marcos. Bilbao: Desclée de Brouwer, p. 185.

[19] Es un texto muy recomendable para reflexionar la vida y la necesidad de tomar conciencia aprovechando las múltiples oportunidades de disfrute que ésta nos ofrece. Resulta interesante consultar la página web dedicada al autorhttp://facundocabralpaginaoficial.com/ultimos-textos-escritos-por-facundo-para-su-pagina-web/. El texto indicado se puede encontrar en múltiples lugares de la red, incluso en youtube hay versiones sonoras.

[20] Capacidades -cognitivas, afectivas, motrices, comunicativas, de interés e inserción social y trascendente-; inteligencias múltiples -lingüístico-verbal, lógico-matemática, visual-espacial, cinética-corporal, musical, interpersonal, intrapersonal, naturalista y espiritual-;  competencias -comunicación lingüística, matemática, conocimiento e interacción con el mundo físico, digital y tratamiento de la información, social y ciudadana, cultural y artística, aprender a aprender, autonomía e iniciativa personal y espiritual-.

[21] DURKHEIM, E. (1991). Educación y Sociología. México: Colofón.   p.70

[22]GIMÉNEZ-SALINAS, E. Nuevos jóvenes, nuevo saber. En ELZO, J.; FEIXA, C.; GIMÉMEZ-SALINAS, E. (2006). Jóvenes y valores, la clave para la sociedad del futuro. Programa de la Obra Social “la Caixa”. Barcelona: Fundación La Caixa. pp. 75-76.

[23] PABLO VI.  Gravissimum educationis (18.10.1965), 1.

[24] ROUSSEAU, J.J. Emilio o de la educación. Madrid: Editorial Edaf. Traducción Luis Aguirre Prado. 2000. 18ª edic., p.32.

[25] COOMBS, Ph. H., PROSSER, R. C. y AHMED, M. (1973). New Paths To Learning for Rural Children and Youth (International Council for Educational Development for UNICEF). Citados en PASTOR HOMS, Mª. I. Orígenes y evolución del concepto de educación no formal. Revista Española de Pedagogía. Año LIX, nº 220, septiembre-diciembre 2001, p.527.

[26] MONTESQUIEU. El espíritu de las leyes. Libro IV, Capítulo IV, p.56. Biblioteca de Derecho y Ciencias Sociales. Tomo X Facultad de Filosofía y Letras. Sevilla – Madrid: Librería General de Victoriano Suárez, 1906.

[27] OLIVA GIL, J. (1996). Crítica de la razón didáctica. Materiales para el diseño y desarrollo delcurriculum. Madrid: Editorial Playor.

[28] Ib. p.90.

[29] ADLER, M.J. (1986).  Manifiesto educativo. Propuesta del grupo Paideia. Madrid: Narcea, p. 34.

[30] GOLEMAN, D. (2003). Inteligencia emocional. Barcelona: Editorial Kairós, p. 29.

[31] Ib. p.30.

[32] BARRACA MAIRAL, J. (2011). Vivir la humildad. Ensayos contra la soberbia. Madrid: San Pablo, p.42

[33] SAVATER, F. (1997). El valor de educar. Barcelona: Ariel,  pp. 31-32.

[34] DÍAZ, C. (2000). El educador: agente de transformación social. MADRID: CCS-ICCE, p. 34.

[35] Ib. p.35.

[36] Ib. pp. 48-51.

[37] FLECHA, J.R. y PUIGVERT, L. (2002). Las comunidades de aprendizaje: Una apuesta por la igualdad educativa.  En: REXE: Revista de estudios y experiencias en educación. Vol. 1, nº. 1, pp. 11-20.

[38] Cfr. Ib. pp. 11-20.

[39] LIPMAN, M., SHARP, A.M.; OSCANYAN, F.S. (1992). La filosofía en el aula. Madrid: Ediciones de la Torre, p. 14.

[40] NICKERSON, R., PERKINS, D. y SMITH, E. (1990). Enseñar a pensar. Aspectos de la aptitud intelectual. Barcelona:Paidós/MEC, p. 365.

[41] Ib. p.382.

[42] SPINOZA, Ética,IV,apénd.IX. Recogido en SAVATER, F. (1997). El valor de educar. Barcelona: Ariel, p. 197.

Misión Joven. Número 441. Octubre 2013