REFLEXIONES EN TORNO AL CONGRESO DE PJ DE VALENCIA

Mons. José Ignacio Munilla

Obispo de San Sebastián y Delegado de Juventud de la CEAS

 

Lo celebramos en el puente de Todos los Santos, de los días 1 al 4 de noviembre del 2012 en Valencia… No vamos a negar que las fechas habían sido elegidas por motivos de practicidad, buscando un puente en el que los responsables de la Pastoral Juvenil pudiesen responder positivamente a la convocatoria. Pero a ninguno de nosotros se nos pasó por alto el marco litúrgico en el que se encuadraba este Primer Congreso de Pastoral Juvenil en España: ¿Qué tiene que ver la Pastoral Juvenil con los santos del Cielo y con las almas de nuestros fieles difuntos que están en el Purgatorio? Alguno podría recurrir a la conocida expresión: ¿Qué tiene que ver el tocino con la velocidad?…

Y…, ¡quién lo hubiese pensado!… aconteció que en la fiesta de Halloween del Madrid-Arena tuvieron lugar los conocidos acontecimientos, a consecuencia de los cuales fallecieron cinco jóvenes. Fue un drama que impregnó en todo momento la celebración del Congreso de Valencia. En las celebraciones litúrgicas se oró por su eterno descanso, por el consuelo de sus familias, por todos los jóvenes que habían asistido a aquel encuentro… Nuestra intercesión desde Valencia por lo acontecido en Madrid, fue un signo de una pastoral juvenil que no está desconectada de la realidad en la que viven nuestros jóvenes, incluso nuestros jóvenes católicos. (De hecho, en los días posteriores conocimos que alguna de las víctimas de los trágicos sucesos del Madrid Arena tenía una estrecha vinculación con la Pastoral Juvenil Católica). Con frecuencia, el deseo de una diversión limpia y sana comparte los mismos espacios en los que los peligros de todo género y las tentaciones de toda clase se ciernen sobre los jóvenes. Jesús desea llegar a todos los ámbitos donde vive el joven, para que estos puedan ser vivificados.

Si la fiesta de Halloween (también conocida como ‘Noche de Brujas’ o ‘Noche de Difuntos’) es una fiesta pagana que pretende tomarse a broma el misterio de la muerte, ante la incapacidad de nuestra cultura actual de darle un sentido; nosotros nos atrevemos a recordar el término con el que Santo Tomás de Aquino designaba al Cielo: “Terra viventium’  (la tierra de los vivos). Es decir, que en realidad, las calaveras, las calabazas huecas, las figuras monstruosas, etc… son más adecuadas para representar lo que cabe esperar de la vida presente sin Cristo, que de la plenitud de la Vida Eterna que Él nos promete.

En resumen, que el Congreso de Pastoral Juvenil estuvo en permanente contacto con la Iglesia ‘triunfante’ y con la Iglesia ‘purgante’; que, en realidad, son los verdaderamente jóvenes. En efecto, los santos son muchísimo más jóvenes que nosotros, puesto que como dice la célebre expresión: “uno tiene la edad de su corazón”; o este otra: “cada uno tiene la edad de la persona que ama”… Y, claro…, ¡Dios es el eternamente joven!

 

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La celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid en agosto de 2011, fue el detonante que determinó la celebración de este Congreso. En efecto, la Iglesia en España vivió un inolvidable momento de gracia en el encuentro que el sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI, mantuvo con los jóvenes de todo el mundo reunidos en Madrid. El soplo del Espíritu se hizo especialmente patente en la Vigilia de Cuatro Vientos, en la que todos los presentes sentimos una llamada al despojamiento de nosotros mismos para ser impulsados a la Nueva Evangelización.

La Conferencia Episcopal Española había barajado anteriormente en diversas ocasiones la celebración de un congreso de pastoral juvenil; pero finalmente el discernimiento se inclinó por posponerlo hasta el año 2012, con el deseo de que en él se recogiesen las principales intuiciones de la JMJ.

 

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En el discernimiento llevado a cabo de cara a la preparación de este evento, prácticamente desde el primer momento se tomó la decisión de realizar un tipo de congreso más celebrativo y experiencial, que teórico y académico. Obviamente, la dimensión experiencial no debía subrayarse como algo desconectado de nuestra adhesión doctrinal a la fe de la Iglesia. En el fondo, se trataba de poner en práctica la llamada a la Nueva Evangelización realizada por Juan Pablo II y recogida por Benedicto XVI: “Nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en su lenguaje”.

Desde estos presupuestos, se optó por un estilo de congreso inspirado en los realizados en torno a la Nueva Evangelización en los últimos años en diversas catedrales de Europa. El método elegido podríamos calificarlo de ‘encarnación’ o ‘descendente’. Me explico: la jornada comenzaba con la oración, para continuar con la ponencia episcopal. Después venían los ecos de la ponencia, a cargo de diversos especialistas en la Pastoral Juvenil, para concluir sellando la mañana con la Eucaristía. Por la tarde se descendía a la concreción práctica, presentado diversas experiencias evangelizadoras.

La última noche se pudo incluso llevar a la práctica alguna de esas experiencias evangelizadoras por las calles de Valencia. Ciertamente, uno de los momentos más emblemáticos del Congreso tuvo lugar cuando a los congresistas más jóvenes se les invitó a protagonizar una experiencia de primer anuncio a los jóvenes que alternaban la noche valenciana. Mientras tanto, el resto de los congresistas orábamos por el fruto de aquella ‘misión nocturna’, como Moisés con los brazos extendidos.

Es muy de destacar el material precongresual en formato video que fue distribuido durante las semanas previas a la celebración del Congreso (http://www.youtube.com/watch?v=aHHWItZb_fU), y que permitió a los congresistas realizar una reflexión preparatoria que centró claramente los objetivos a trabajar en dicho Congreso: ¿Cómo anunciar el “kerigma” cristiano a nuestros jóvenes? ¿Qué caminos recorrer para acercar a los jóvenes a Cristo?, etc.

Para la buena recepción de este Congreso Nacional de Pastoral Juvenil realizado en Valencia, es importante tener en cuenta estas dos dimensiones: Por un lado de la enriquecerse de las experiencias prácticas de Nueva Evangelización que allí se presentaron. Pero también, y dado que hemos dicho que el método era deductivo (descendente o de encarnación), recibir las reflexiones doctrinales, espirituales y pastorales que se nos trasmitieron por las mañanas en la Catedral.

Un detalle a tener en cuenta es que el Ejecutivo de la Conferencia Episcopal designó como ponentes a tres obispos con responsabilidad en la Pastoral Juvenil: El Cardenal Rylko (Presidente del Consejo Pontificio de Laicos —órgano de la Santa Sede al que el Papa le ha encomendado la PJ—). En segundo lugar Mons. Osoro, arzobispo de Valencia y responsable de la CEAS (Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, a la que está encomendada en España la PJ). Y finalmente quien escribe este artículo, José Ignacio Munilla, responsable del Departamento de Juventud, dentro de la CEAS.

Esta elección realizada por parte del Ejecutivo de la CEE, subrayaba la identidad de un Congreso oficial en el que nuestra Iglesia apostólica deseaba dirigirse a sus jóvenes. La Iglesia nos ha hablado, expresándonos lo que pensaba que tenía que decir a los responsables de la pastoral juvenil en España. En Valencia hemos compaginado dos facetas complementarias: una más experiencial-carismática (se nos han presentado algunos de los caminos de Nueva Evangelización que el Espíritu del Señor inspira en su Iglesia), y al mismo tiempo otra faceta más magisterial-apostólica (a través de las ponencias, comunicaciones y homilías). En el presente artículo vamos a centrarnos especialmente en el hilo conductor del mensaje que los obispos han trasmitido en este Congreso.

 

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Mons. Carlos Osoro desarrolló su ponencia en torno al siguiente tema: “Para ti la vida es Cristo. El primer anuncio”. Era claramente la ponencia central del Congreso de PJ. Entre las experiencias de PJ que habían sido seleccionadas para los talleres desarrollados por las tardes, una buena parte se centraron en el primer anuncio de la fe. Era lógico, por lo tanto, que la primera ponencia desarrollase y enmarcase la importancia y la naturaleza de ese ‘primer anuncio’ de la fe.

Lógicamente, la PJ no pretende hacer una opción entre la metodología del crecimiento de la fe y la metodología de un primer anuncio. Las dos son necesarias para la evangelización. Pero cabe matizar que en el contexto cultural en el que hemos vivido hasta hace poco, el ‘primer anuncio’ tenía lugar en la familia y en la escuela; mientras que la PJ se centró en las metodologías necesarias para el crecimiento de la fe. Pero obviamente, las cosas han cambiado sustancialmente, y en este momento necesitamos buscar desde la propia PJ los caminos más adecuados para realizar ese primer anuncio.

Este primer anuncio al que se ha referido el Congreso de Valencia, se identifica básicamente con la predicación del kerigma de la Iglesia, pero referido específicamente a los jóvenes. ¿Cómo presentar la figura de Cristo de forma que el joven encuentre en Él el sentido de su vida, descubriendo en la Iglesia la referencia necesaria en la que vivir y compartir esa experiencia? El Congreso respondió a su voluntad de descender a lo práctico y concreto y, para ello, D. Carlos Osoro recurrió al propio Evangelio, como la mejor escuela de PJ, en la que podemos y debemos aprender de Jesucristo a realizar el primer anuncio. Los dos pasajes paradigmáticos elegidos fueron el del encuentro del Señor con Zaqueo y con la Samaritana. A través de estas páginas evangélicas descubrimos que el ‘primer anuncio’ es al mismo tiempo una necesidad, un compromiso, una responsabilidad… sin olvidar que también es una pedagogía, con la que necesitamos familiarizarnos.

La ponencia de D. Carlos concluyó con una cita de la inolvidable Encíclica del Beato Juan Pablo II, Redemptor hominis: “El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a sí mismo… debe, por decirlo así, entrar en Él (Cristo Jesús) con todo su ser, debe apropiarse y asimilar toda la realidad de la Encarnación y de la Redención para encontrarse a sí mismo. Si se realiza en él este hondo proceso, entonces él da frutos no solo de adoración a Dios, sino también de profunda maravilla de sí mismo” (RH nº 10)

 

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Comentaba que la ponencia sobre el ‘primer anuncio’ puede ser considerada como la columna vertebral de este Congreso. A esto hay que añadir en aquella primera ponencia se comenzaron a abordar ya las dificultades principales con las que se encuentra este reto de la Nueva Evangelización de los jóvenes. En efecto, los jóvenes están en una situación que el Papa Benedicto XVI ha llamado de “gran emergencia educativa”. D. Carlos Osoro describió y desarrolló el siguiente diagnóstico descriptivo sobre la llamada ‘emergencia educativa’: Relativismo, encapsulamiento de la persona sobre sí misma, ocultamiento de lo que es la Naturaleza y la Revelación, desesperanza nihilista…

Pues bien, la ponencia conclusiva del Congreso abordaría el tema de la ‘emergencia educativa’ de una forma específica. En efecto, el Cardenal Rylko, Presidente del Consejo Pontificio de Laicos, nos habló sobre “La pastoral de los jóvenes ante la emergencia educativa hodierna: el magisterio de Benedicto XVI”. Se hacía así evidente la confluencia de perspectivas entre las ponencias del Congreso.

En efecto, el magisterio de Benedicto XVI se ha caracterizado por realizar una denuncia profética del ‘relativismo’, al que ha llamado a designar como ‘dictadura del relativismo’. El relativismo se ha llegado a presentar como una especie de dogma, como un credo alternativo. (Recordemos que uno de los jóvenes entrevistados en el video precongresual afirmaba: “La única verdad es que no hay verdad”). Se trata de una sociedad líquida que rechaza la existencia de una ‘verdad normativa’; que se avergüenza de sus propias raíces; que padece una enfermedad de ‘odio hacia sí misma’. Pues bien, una de las grandes aportaciones de la Iglesia en el momento presente debe de consistir en ofrecer una pedagogía sanadora del relativismo. En otras palabras, poner en práctica las sentencias de la oración de San Francisco de Asís: “Donde haya error, ponga yo verdad. Donde haya duda, ponga yo fe…

Destaquemos a continuación los grandes temas del pontificado de Benedicto XVI que fueron señalados por el Cardenal Rylko: A) La centralidad de la cuestión sobre Dios: “Las cuentas sobre el hombre, sin Dios, no cuadran; y las cuentas sobre el mundo, sobre el universo, sin Él no cuadran”. B) El cuidado del principio de racionalidad de la fe. (Como decía Chesterton: “Para entrar en la Iglesia hay que quitarse el sombrero, pero no la cabeza”). C) El uso equilibrado de la libertad al servicio de la verdad. D) La belleza como camino descubrir a Dios. (En este punto se rememoró la inolvidable respuesta que Benedicto XVI dio a un periodista que le preguntó en la JMJ de Colonia qué deseaba transmitir a los jóvenes: “¡Quisiera convencer a estos jóvenes de que es hermoso ser cristianos!”)

Hemos de reconocer que uno de los grandes servicios que prestó la ponencia del Cardenal Rylko a este Congreso, fue la de ayudarnos a rememorar y revivir la inolvidable JMJ de Madrid. Para ello se sirvió de las palabras con las que el propio Benedicto XVI describió aquel encuentro eclesial: “Una nueva evangelización en acto”, “una medicina contra el cansancio de creer que experimentamos en Europa”, “un modo nuevo, rejuvenecido, de ser cristianos”. La experiencia de la JMJ ha suscitado el nacimiento de una nueva generación de educadores y de pastores que están en situación de afrontar esta emergencia educativa…

 

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          Entre medio de estas dos ponencias, con el deseo de hilar y de completar el hilo expositivo, a quien escribe estas líneas —José Ignacio Munilla— me tocó hablar sobre “La evangelización de los jóvenes ante la ‘emergencia afectiva’”. En efecto, el ‘primer anuncio’ y los posteriores procesos de educación en la fe, no solo se enfrentan al obstáculo de la ‘emergencia educativa’, sino también a otro no menos influyente: la ‘emergencia afectiva’.

La perspectiva de esta intervención se centró en los principales daños generados por la cultura moderna y postmoderna en la afectividad de los jóvenes, pero procurando no limitarse al diagnóstico del problema, sino sugiriendo pistas y propuestas sobre cómo presentar el Evangelio liberador, en el marco de una Nueva Evangelización, para llegar a sanar esas heridas y volver a nacer en Cristo.

Las tres heridas ‘afectivas’ señaladas en esta ponencia fueron el narcisismo, el pansexualismo, y la desconfianza. Las propuestas principales para su sanación y para poder vivir la vocación al amor para la que todos hemos sido creados, fueron: una autoestima fundada en el anuncio del amor de Dios, una espiritualidad equilibrada (ascética-mística), cultivo del acompañamiento espiritual, experiencias de inserción entre los pobres, reivindicar la virtud de la castidad, difusión de los cursos de formación afectivo sexual, educación en la belleza, experiencia de comunión en el seno de la Iglesia, profundización en el evangelio de la confianza y el abandono…

Esta ponencia concluyó con una expresión emblemática que bien hubiese podido ser el título de la ponencia, pero que en cualquier caso se convirtió en el resumen de la propuesta realizada: “¡El corazón no es de quien lo rompe, sino de quien lo repara! Es decir, el corazón del joven, es del Corazón de Cristo”.

 

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          Soy consciente de que en esta breve artículo me he centrado en las tres ponencias del Congreso de Valencia, y que dejo sin reseñar las siete resonancias que siguieron a las ponencias. Entre ellas, me parece de justicia destacar en esta revista de Misión Joven la de Rosendo Soler, SDB. En su resonancia subrayó que el Papa habla de la relación educativa con una expresión luminosa, como de un “verdadero encuentro de dos libertades”. Si en los últimos años en pastoral juvenil ha prevalecido la opción por el grupo, en estos momentos se percibe la necesidad de potenciar la dimensión íntima de la persona, la personalización, el acompañamiento, la dirección espiritual, etc.

Ni qué decir tiene que en un Congreso de este estilo, el peso de su dimensión lúdica y convivencial es también muy importante, y así lo fue. Aunque ante todo, pienso que merecen ser destacadas las celebraciones eucarísticas y los inolvidables momentos de oración (una mención especial en mi recuerdo tiene la Vigilia de oración que Mons. Novell presidió en la catedral).

 

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En el transcurso del propio Congreso se anunció a todos los asistentes el envío de una amplia encuesta sobre la experiencia vivida. Analizadas las respuestas, los resultados han sido muy positivos. Ahora bien, sin caer en ningún género de autocomplacencia, en la propia evaluación se ha señalado la necesidad de avanzar en un proyecto de Pastoral Juvenil bien discernido y contrastado con la experiencia. Partimos del “Proyecto Marco de Pastoral Juvenil” aprobado en la Conferencia Episcopal Española en el 2007. En la evaluación a la que he aludido, se escucharon voces que solicitaban la puesta al día de dicho “Proyecto Marco”, a la luz de la experiencia vivida en España en la reciente JMJ, así como a la luz de la experiencia vivida en el Primer Congreso de Pastoral Juvenil de la Iglesia en España, celebrado en Valencia…  Ciertamente, se trata de dos experiencias que han marcado fuertemente la vivencia de la comunión entre nosotros, y es importante que realicemos un discernimiento sobre los próximos pasos en nuestra Pastoral Juvenil. También se planteó en la citada evaluación la conveniencia de definir la cadencia en la celebración de los próximos congresos nacionales, así como de algunas convocatorias intermedias. Para ello han sido convocados en Córdoba los próximo días 19 y 20 de abril los Delegados y responsables de la Pastoral Juvenil de España.

Hacemos nuestros en este momento, los consejos que el Santo Padre, Benedicto XVI, dirigió a los jóvenes de Génova el 18 de mayo de 2008: “Permaneced unidos, pero no encerrados. Sed humildes, pero no medrosos. Sed sencillos, pero no ingenuos. Sed reflexivos, pero no complicados. Entablad diálogo con todos, pero sed vosotros mismos”. Como el propio Papa afirmó en otra ocasión: “Los jóvenes no buscan una Iglesia juvenil, sino joven de espíritu; una Iglesia en la que se transparenta Cristo, Hombre nuevo”. O dicho de otro modo, nuestra meta no es la Pastoral Juvenil en sí misma considerada, sino una Iglesia capaz de enamorar a los jóvenes de Cristo, como Él lo está de ellos.