REHABILITACIÓN INTERIOR

Del monte en la ladera, por mi mano plantado tengo un huerto… (….) Vivir quiero conmigo; gozar quiero del bien que debo al cielo, a solas, sin testigo, libre de amor, de celo, de odio, de esperanzas, de recelo. FRAY LUIS DE LEON

Oficio de comadronas

 

ESTO de la educación de los jóvenes tiene no poco que, ver con el oficio de partera o partero. Máxime cuando todo ser humano es fruto, en cierto sentido, de un parto prematuro; por lo que hace falta un segundo nacimiento, el de la humanidad y humanización por encima de las  tendencias egoístas del primero, la acuñación efectiva de lo humano allí donde sólo existe como posibilidad. Educar es enseñar a vivir humanamente, a encarar el problema de la vida. Tarea, por lo demás, teñida con la particular complejidad que hoy presenta nuestra sociedad .De ahí que parezca más erizada de dificultades que nunca.

El camino de la vida de los jóvenes esta actualmente invadido por multiformes demandas de felicidad y sentido. Los procesos educativos han de avivar (animar o vitalizar) inquietudes, anhelos e insatisfacciones…, desenmascarando huidas o propuestas de sendas fáciles.

Recuperar la interioridad

 

NA de las enfermedades más extendida y contagiosa, en nuestros días, consiste en la identificación de las personas y de las cosas por sus rasgos más in­mediatos, visibles o superficiales. Sin una rápida y tempestiva intervención, se corre el peligro de metástasis generalizada del mal, capaz de hacer perder la conciencia de lo que en verdad es cada uno o dejar sin defensas frente a virus tan extendidos como la apoteosis de las pulsiones, la manipulación de los deseos, etc.

La rehabilitación de la interioridad puede ser uno de los mejores antídotos. La praxis cristiana con jóvenes, sin duda, ha de centrarse en ese espacio que, aunque nadie puede abarcar, permite a cada persona confrontarse con una imagen coherente y madura de hombre y mujer. Volcados hacia el exterior, como vivimos, habrá que educar para que cada cual viaje al interior de sí mismo, habrá que liberar la mirada cautiva y volver los ojos hacia dentro para enseñar a mirar, para aprender a ver.

 

 

 

 

Del monte en la ladera…

 

DENTRO de cada uno de nosotros -sírvanos el bello elogio de Fray Luis a la «vida retirada»- hay un huerto maravilloso, repleto de semillas y futuro. La pastoral está ahí: primero, en ayudar a que cada cual descubra su terreno y las peculiares capacidades de hortelano que lleva dentro; después, será cuestión de acompañar, de asistir al nacimien­to de las primeras cosechas, para que todos puedan dar a luz esa intimidad que escon­de el futuro.

Este número de Misión joven tiene un destinó nuevo, además de los ya existentes. Entre los numerosos amigos con los que cuenta nuestra revista existe un nutrido grupo en América Latina. En esta ocasión nos’ acercaremos más directamente a EE.UU., donde también contábamos con personas cercanas que recibían la publicación. Ahora quere­mos llegar a muchos más, por eso «esta misión» entrará por la puerta californiana para llevar un cordial abrazo a las personas de habla española que viven en esa otra orilla. Vaya, pues, con todo el afecto:

 

NUEVA DIRECCIÓN Y TELEFONO DE LA REDACCIÓN

Otra novedad más. Tanto el Centro Nacional Salesiano de Pastoral juvenil como Misión joven se trasladan. Éstas son las nuevas señas (el correo electrónico sigue siendo el mismo: cnspj-mj@futurnet.es):

 

  • Alcalá,164 – 28028 Madrid.
  • Teléfono:91 725 83 12 – Fax: 91 726 74 83.

La novedad más importante, con todo, sigue siendo la Navidad de cada día. Y la de este año. ¡Feliz Navidad con el… «Dios del venir»!

 

José Luis Moral

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