REPENSAR LA PASTORAL

“Todo escriba que se ha hecho discípulo

 del Reino de los Cielos

es semejante al dueño de una casa

que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo”

(Mt 13,52)

 

Creemos que puede orientar al lector tener en cuenta la génesis del tema abordado este mes por Misión Joven. El Capítulo General XXVI de los Salesianos, celebrado en la primavera de 2008, puso en marcha un proceso para Repensar la praxis de la pastoral Juvenil Salesiana. Ese proceso se centra, sobre todo, en profundizar en la relación entre evangelización y educación ante las nuevas condiciones culturales, y en una renovación de la praxis catequética. Es precisamente el coordinador principal de este proceso de repensamiento, el Consejero para la Pastoral Juvenil de la Congregación Salesiana, D. Fabio Attard, quien nos resume en uno de nuestros estudios la marcha de dicho proceso y las convicciones y grandes pistas de futuro que lentamente se van abriendo paso.

 

En realidad, es toda la Iglesia la implicada en esta tarea de repensamiento de la acción pastoral. El recienteSínodo sobre la Nueva Evangelización (octubre de 2012), la institución del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización  (septiembre de 2010), el Fórum de Pastoral con Jóvenes (noviembre 2008) o elCongreso Nacional de Pastoral Juvenil de Valencia (noviembre de 2012) han sido hitos de diverso calado  en esta reflexión.

 

¿Cambiar sólo por cambiar?

 

La cantautora argentina Mercedes Sosa nos decía, ya hace años, que “cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo. Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”. Algo semejante escribió el Cardenal inglés John Henry Newman, beato desde 2010: “En un mundo superior puede ser de otra manera, pero aquí abajo, vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces”.

 

Ahora bien, ¿por qué replantearnos el modo de hacer pastoral? Hoy vivimos en un mundo obsesionado por la novedad, que confunde nuevo con valioso. Hay que tener en seguida el iPhone 2, 3, 4, 4S, 5, 5S… o el GalaxyII, III, IV… o el mejor coche. Lo importante es estar siempre a la última moda. De hecho, moda comparte raíz con moderno, y moderno se identifica con nuevo. Dice el filósofo estadounidense Arthur C. Danto que “ser moderno consiste en percibir el pasado tan sólo como el lugar de mensajes negativos, de cosas que no hay que hacer, de formas en las que no hay que ser”. Es decir, nos hemos acostumbrado a necesitar continuamentenovedades, en lo que compramos y consumimos, en lo que vestimos o comemos, incluso en lo que hacemos y somos y hasta en las personas con las que vivimos. Por supuesto, este afán de continua novedad se puede deslizar fácilmente hacia lo efímero, como ya vio el poeta francés Baudelaire en 1859: “La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable”. Por eso, añadía este escritor, nada hay más caduco que lo que está de moda: unos días o semanas en la cresta de la ola, y luego queda arrinconado y olvidado (“pasado de moda”).

No obstante, creemos que el repensamiento pastoral planteado no responde a esa obsesión enfermiza por las novedades. Como explica Fabio Attard en su artículo, el repensamiento parte de la constatación de que la vocación de pastores la vivimos dentro del tiempo y de la historia. Por ello, el cambio de la sociedad y de la cultura, del modo de pensar, de interpretar, de comunicar y de transmitir, influye en el modo de ser pastores para los jóvenes hoy. Lo ha dicho hace poco el Papa Benedicto XVI: “El momento histórico particular en que vivimos, marcado entre otras cosas por una dramática crisis de fe, requiere una toma de conciencia para responder a las grandes expectativas que surgen en los corazones de los creyentes ante las nuevas preguntas que interpelan al mundo y a la Iglesia. La inteligencia de la fe, por lo tanto, requiere siempre que sus contenidos se expresen en un lenguaje nuevo, capaz de presentar la esperanza viva en los creyentes a cuantos pidan razón de ella” (Carta Apostólica Fides per doctrinam, 16 enero 2013). También lo expresó en la carta de convocatoria del actual Año de la Fe: “Los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones históricas distintas a las del pasado” (Portafidei, 4). El propio Jesús nos ha mandado estar abiertos a la novedad: “Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos” (Mc2,21-22).

 

Sn embargo, como sabemos que en Pastoral Juvenil tratamos con “material delicado” (el presente y futuro del Evangelio y las personas de los jóvenes), a la hora de armar el puzzle de la futura praxis pastoral, como sugiere nuestra portada, tendremos que adoptar la postura del escriba citado por Jesús, que sabe armonizar y aprovechar lo mejor de lo viejo y lo nuevo.

 

Estudios de este número

 

Los estudios que presentamos quieren dar pistas para guiar ese proceso de repensamiento. Además del artículo citado de Fabio AttardMons. Raúl Berzosa reflexiona  sobre la acción pastoral como acción eclesial, y por su parte, Álvaro Ginel y Koldo Gutiérrez nos ofrecen las grandes líneas para pensar la práctica pastoral. También agradecemos y presentamos las reflexiones de Mons. José Ignacio Munilla sobre el Congreso de Pastoral Juvenil de Valencia.

 

JESÚS ROJANO MARTÍNEZ

misionjoven@pjs.es