SACRIFICIO… ¿SACRI…, QUÉ?

Después de haberle soltado un buen rollo a un alumno perezoso sobre el cumplimiento del deber y sus responsabilidades como estudiante, le dije que, lo que él necesitaba, era más SACRIFICIO. Entonces él puso una cara de sorpresa y extrañeza y dijo “¿sacri…, qué?”, o sea que ni siquiera le sonaba la palabra.

Y es que hay palabras que en nuestra educación nos salían un día sí y otro también y que hoy apenas se oyen y que a los chicos les suenan como rarezas, o sea algo así como de tiempos pasado, muy pasados. Quizá porque en nuestra  sociedad del bienestar hay muchos piensan que el “estar bien siempre” no sufrir, no agobiarse, no esforzarse sea objetivo, y donde esperamos que las cosas nos caigan del cielo. Una apreciación que está reñida con una sociedad competitiva donde tiene éxito el mejor, el que está más preparado, en el que más se ha sacrificado, en definitiva.

Hay padres que han caído en la trampa del “que no pase lo que yo pasé, que no sufra lo que yo sufrí” para no exigir a sus hijo que cumpla con su obligaciones de hijos y estudiantes. La vida no regala nada y hay que estar preparado para afrontarla.

Cuando vemos a algunos de nuestros deportistas famosos, que triunfan en Europa y en el mundo, Rafa Nadal, Carolina Marín, Javier Fernández…, a los que muchos de nuestros niños y jóvenes, les gustaría imitar, yo creo, se les pasa por alto todo lo que hay de atrás de esfuerzo, de tenacidad, de cientos de horas de entrenamiento, de soledad y de lágrimas.

Se entiende que el sacrificio es un camino para llegar a una meta. No significa ser “masoca”, es decir sufrir por sufrir. Privarse o rechazar voluntariamente ciertas actividades para conseguir  un objetivo, no es una decisión fácil; decir que no al ocio, a las salidas con amigos, a las horas de internet y redes sociales e el móvil para, en cambio, estudiar y perfeccionarse en una determinada disciplina, es difícil  y no son muchos los que parecen estar dispuestos a hacerlo.

Si queremos conseguir los objetivos que nos vayamos marcando en la vida, no queda más remedio que esforzarse y sacrificarse o sea, imponernos, como dice la Rea Academia  de la Lengua “las acciones por conseguir merecer algo o para beneficiar a alguien”.

Pues eso, a sacrificarse por algo que merezca la pena.

 

Mateo del Blanco