Ser persona

  1. El origen

 

Esta imagen de Ajubel ilustraba en El Mundo (13.11.98) el artículo de Eugenio Trías tituladoPer­sona y comunidad. De él entresacamos las siguientes ideas:

– Es necesario rescatar el concepto de persona. So­mos personas y no individuos

– Nuestro carácter personal lo caracteriza una sin­gularidad capaz de expresarse en un estilo propio imposible de intercambiar con otros o de delegar en ellos.

– Persona significa «máscara»: máscara que nos constituye en sujetos abiertos a relaciones con los demás y que nos instituye en sujetos de derechos y obligaciones. «Somos aquella máscara a través de la cual resuena una voz» (per-sonare: sonar a través de … ).

– Una voz suena: «Conoce tu propia condición hu­mana y asume la medida, el límite de esa condi­ción». De otra forma: «Llega a ser lo que eres» (Píndaro) – «Conócete a ti mismo y descubre tu propia medida» (Oráculo de Delfos).

– Nuestras vidas son relatos y narraciones: expre­siones lingüísticas ligadas a formas de vida.

– «Las comunidades en las que estamos y somos son campos de fuerzas en las que los relatos se van cruzando y entrecruzando».

No es necesario centrarse en el origen y signifi­cado de estas frases, al menos al principio. Lo im­portante es que los chicos y chicas vayan descu­briendo en qué consiste y qué implica el largo pro­yecto y proceso de convertirse en personas.

 

2 La imagen

 

Centrase en la imagen durante algunos segundos y leerla de forma libre: qué nos dice, qué refleja, qué nos hace pensar, qué sentimientos nos pro­voca, qué nos lleva a actuar, etc.

¿Qué pasa al señor de la imagen? ¿Qué le ha lle­vado a estar así?

¿A quién o a qué se parece esa imagen? ¿En qué sentido refleja algo de los políticos, por ejemplo, o de la gente de Iglesia, o de los profesores, o de los jóvenes, o de…?

¿En qué sentido se parece esta imagen también a mí? ¿Cuándo he estado así? ¿Cuándo obro así? Ténganse en cuenta otros elementos si no han sa­lido antes: El fondo es negro, oscuro… Los pies no se ven: ¿dónde está esa persona…? Mira y va ha­cia el pasado…

 

  1. La máscara

 

-La persona que lleva la máscara, ¿la lleva con agrado? ¿O le puede la máscara?

– La máscara abulta más del doble de la persona que la lleva… ¿Qué pasa aquí? Habría que recor­dar que «persona» viene de per-sonare: somos aquella máscara a través de la cual resuena una voz (per-sonare).

– Dibujar nuestra propia máscara de tal forma que refleje varios elementos: lo que nos convierte en más personas, lo que no nos deja ser personas… – Si se prefiere, se pueden representar las tres más­caras propias de los adolescentes, esas que refle­jan cómo viven en casa, qué les influye en la calle, qué actitud tienen en el colegio… (Cf. el texto de J.M. Burgui en la sección «Textos» de este mismo número de Cuaderno joven).

–          Convertir alguna de esas máscaras en caretas: po­nérsela y hablar desde ellas. Hacer después un desfile de caretas… Los personajes pueden encon­trarse unos con otros y hablar desde las caretas que llevan.

 

  1. La persona

 

Lo importante es ser personas: hacer que resuene lo que llevamos dentro… ¿Nos sentimos libres? ¿Nos manifestamos con libertad? ¿Obramos con libertad de espíritu?

Para ser personas tenemos que intentar que re­suene dentro lo que nos llega de fuera. ¿Cómo ac­tuamos ante las presiones de los demás? ¿Cómo incorporamos en nosotros la imagen que los de­más nos dan?

¿Qué caretas deberíamos dejar de llevar cada uno para que aparezca nuestro auténtico rostro? Con­cretarlo dibujando el autorretrato. Si se desea se pueden poner al lado otras máscaras.

Retocar alguna de las caretas o máscaras antes re­alizada o preparar otro nueva: sería la careta que me ayuda a ser más persona, más cristiano… Pe­ro no es una careta que nos da una falsa imagen de lo que pensamos y somos, sino que va tradu­ciendo y reflejando aquello que somos y quere­mos ser… Colocarse después esa careta y actuar desde el personaje que la lleva convirtiéndolo en persona.

Escribir un breve relato que resuma todo. Puede titularse: «Las caretas que me conforman». O «las caretas que yo llevo» o «Cómo me libré de las ca­retas para llegar a ser persona».

 

HERMINIO OTERO

 

 

 

Compartir
Artículo anteriorIdolatrado Raúl
Artículo siguienteEse Dios chiflado