SERIES DE TELEVISIÓN, EL ÉXITO DE LA NARRACIÓN Y SU INFLUENCIA EN EL PÚBLICO JUVENIL

Francisco Javier Valiente

Delegado de Comunicación Social, Salesianos de España

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

Nos gusta que nos cuenten historias. La narración encierra en sí un gran potencial pedagógico. De aquí el interés de los educadores por estos productos. Tres son las funciones que desarrollan las series: fabuladora, familiarización con el mundo social y mantenimiento de la comunidad. Nuestra función es ayudar a formas personas críticas con el mensaje recibido.

 

Dentro del panorama televisivo, las series de televisión se están configurando como uno de los macrogéneros que más telespectadores sienta delante de la pequeña pantalla. En los últimos años, además, asistimos al aumento de este tipo de productos de producción nacional. La parrilla de nuestras televisiones no sólo está poblada por familias mafiosas, detectives, pandillas de amigos eternos adolescentes, médicos malhumorados, vampiros, políticos, jóvenes y adolescentes o mujeres desesperadas de procedencia norteamericana.

La ficción nacional ha copado el prime time televisivo con pandillas de adolescentes en internados o en institutos, familias que recuerdan la Transición española, médicos de familia, familias numerosas, policías, comunidades de vecinos, hospitales, bufetes de abogados… Pero, ¿por qué se ocupa una revista de pastoral juvenil de las series de televisión?

Nos pasa que nos gusta que nos cuenten historias. A través de las narraciones, algunos dirían de los grandes relatos, se nos han ido transmitiendo visiones del mundo. En nuestro imaginario colectivo contamos con narraciones que explican cómo somos, que sirven para decirnos cómo es nuestro mundo, cómo debemos comportarnos y actuar en determinadas situaciones, en qué creemos y qué da sentido a nuestra vida.

En una época en la que parece que los grandes relatos están a la baja, sorprende comprobar cómo nos “enganchamos” a estas narraciones en pequeñas dosis, pero que, a la larga, van formando parte de nuestro universo de imágenes, situaciones y contenidos, pues “las ficciones son mecanismos a través de los cuales la sociedad se representa”[1]. Temporada tras temporada, año tras año, estos relatos van siendo parte de nuestra vida. Establecemos una relación con lo que vemos, la ficción afecta a nuestra vida y tiene un importante papel educativo. Hay que pensar que la relación que se establece entre el espectador y los personajes de estos programas, se prolonga a lo largo de temporadas y temporadas. No es la relación (léase también la influencia) con una película de cine, o un libro, sino que esta se dilata en el tiempo.

Los niños, adolescentes y jóvenes pasan muchas horas delante de la televisión. Es cierto que, especialmente los jóvenes en estos últimos años, han disminuido el consumo televisivo, a favor de otras pantallas, como videojuegos, consolas e Internet. También es verdad que ahora, y cada vez más, la tele también se ve en Internet. A los padres y educadores les preocupa el consumo televisivo por parte de los chavales, tanto el tiempo como los contenidos. Pero si hay un género televisivo que engancha especialmente con el público juvenil, son las series, la ficción televisiva que, capítulo a capítulo, va entrando cada semana en la vida de los jóvenes.

 

Para los educadores y agentes de pastoral es interesante conocer estos productos que forman parte, especialmente, del universo juvenil. Una buena parte de su entretenimiento pasa por el consumo de la ficción seriada, un mundo paralelo del que también forman parte. Consumo que, si bien se va diversificando en cuanto a los dispositivos, sigue teniendo a la televisión como el “sistema central de narración”[2], pues la televisión homogeniza contenidos, modas y representaciones, sigue seduciéndonos y es un elemento fundamental en la construcción de la realidad. Reconociendo, al mismo tiempo, que está descendiendo el consumo en la televisión a favor de otros dispositivos, como el ordenador. Pero teniendo en cuenta que lo que se ve a través de internet, son los capítulos, las series que se emiten por televisión.

Siguiendo a Fernández y Ramos, podríamos señalar tres funciones de las series de televisión. La función fabuladora; es elevada la oferta de productos de este tipo, que nos hablan a nosotros, nos cuentan historias, conectan con nuestras emociones y, al mismo tiempo, hablan de nosotros, reflejan nuestra realidad, nuestro mundo social. La función de familiarización con el mundo social, pues las series abordan temas que preocupan a la colectividad a la que van dirigidas. En este sentido, estos autores ponen de manifiesto cómo en los últimos años las series de producción nacional se nutren de noticias de prensa, especialmente sucesos, para elaborar sus tramas. Y la función de mantenimiento de la comunidad, mediante la cual, capítulo a capítulo, las series se presentan como un “contenedor de conocimiento sobre la vida cotidiana del grupo social de referencia y como mecanismo óptimo tanto para el mantenimiento de la realidad como para el surgimiento de procesos de alternación”[3]. Pues algunas se nutren de ideas, valores, visiones del mundo y de la persona que están presentes, de forma mayoritaria, en la realidad social y que siguen repitiendo o, en otras series, se presentan propuestas alternativas y críticas con el pensamiento dominante.

En este sentido, es interesante pensar actividades con los adolescentes y jóvenes donde se pueda desmenuzar este tipo de contenidos desde estas perspectivas. En el fondo, preparar a los receptores para que sean críticos ante este tipo de contenidos.

 

El boom de la ficción seriada

 

El éxito de estos productos audiovisuales lo certifica el tiempo que la audiencia les dedica. Según estudios recientes[4], en nuestro país se ve una media de 19 horas semanales de televisión. A la realidad (documentales, informativos) se dedican casi dos horas; ocho a deportes y concursos y nueve horas y media a ficción. Así pues, una hora y algo más de veinte minutos al día los dedicamos al consumo de las diversas series.

Y es que hay series para todos los gustos y sobre los más variados colectivos. Hay series familiares, sobre profesionales (abogados y médicos los preferidos), policíacas (entre ellas las exitosas variantes de C.S.I), de terror o las que cultivan el valor de la nostalgia, que parece estar en auge en estos momentos en nuestra sociedad. Así se explica el éxito de Cuéntame, Amar en tiempos revueltos, la República o mini series sobre acontecimientos recientes, como el 23-F, personajes de la familia real, sucesos que aún están en la reciente memoria colectiva, y que sirven para ofrecer una lectura de estos momentos históricos.

Muchas de las series que pueblan la pequeña pantalla vienen de fuera, especialmente del mercado estadounidense, que tiene una oferta amplísima y consolidada de estos productos. Algunas de estas series llegan a considerarse productos “de culto”, una auténtica “new wave” de las series de televisión americanas: nueva e interesantísima forma de pop art televisivo que tiene la fuerza de la gran narración”[5]. Aunque parezca un tanto exagerado, podríamos decir que algunas de estas series son ejemplos del buen cine que nos llega. Buenos argumentos y excelentes guiones, cuidadas puestas en escenas y realización impecable, hacen que se conviertan en un espectáculo audiovisual de primer orden.

Desde el punto de vista educativo este es un dato a tener en cuenta. Estamos ante productos atractivos que establecen una relación con el espectador. Las historias que nos cuentan nos enganchan, los personajes y lo que les ocurre llega a formar parte de la vida de los espectadores. Se produce esa transferencia entre el mundo de la ficción y el mundo real del espectador.

El éxito de una serie se basa en crear un modelo de realidad, un mundo posible en la pequeña pantalla donde se suceden las historias y las tramas en las que el espectador puede reconocerse. Los personajes se nos muestran como “personas comunes”[6] con las que se establece esa interacción. La tarea de los guionistas a la hora de crear personajes” se basa fundamentalmente en imaginar y crear vidas para los otros”[7], ejemplificar situaciones y conflictos “entendidos como simulacros que es una forma más de construcción de esquemas cognitivos”[8].

El esfuerzo de los creadores de Física o Química, por ejemplo, va en la línea de representar la vida de los adolescentes en su mundo, en este caso un instituto, componiendo situaciones lo más parecidas a la realidad, con los problemas y dificultades que se pueden encontrar los chavales en ese entorno (relaciones de pareja, la droga, conflictos con los adultos, la competitividad, la amistad, etc.). Los jóvenes espectadores pueden llegar a identificarse con algunas de esas situaciones, aunque son conscientes de que “todo” es ficción, y van asimilando formas de comportamiento, juicios de valores, maneras de afrontar determinados problemas.

Añadiendo a este aspecto, la selección de los temas. Las tramas abordan determinados temas que están en la agenda de la sociedad. Es curioso seguir las distintas temporadas de esta serie para darse cuenta de la evolución de los problemas que se tratan y las soluciones que se plantean. Soluciones que, y este es otro aspecto a reflexionar en clave educativa con los jóvenes televidentes, sirven para “el mantenimiento de la realidad”[9] o para ofrecer respuestas alternativas a las mayoritarias en una sociedad. Este aspecto es de capital importancia pues se va construyendo así una nueva realidad social que se va proponiendo y va siendo asimilada por los espectadores[10].

 

La tele, siempre educa

Está asumido, por los estudiosos de la comunicación, que los medios de comunicación, y sobre todo la televisión, son poderosos agentes de socialización. Es importante comprender este proceso, pues nos ayuda a entender la influencia que ejerce la ficción televisiva en la población en general, y en los chicos y jóvenes en particular.

 

La socialización es, en pocas palabras, el proceso por el que los individuos nos insertamos en un grupo humano. Y lo hacemos aprendiendo su lenguaje, costumbres, asimilando una jerarquía de valores, formas de comportarnos y de enfrentarnos a la vida, asumiendo una visión del mundo. ¿Y dónde sucede esto? Tradicionalmente se señalaban como fuentes de socialización la familia, la escuela, las iglesias, los grupos sociales donde la persona está inserta.

También la televisión es un lugar de socialización, como la calle, la noche, el tiempo libre y, sobre todo ahora, el ciberespacio que son otros lugares especialmente habitados por los jóvenes. A través de la pequeña pantalla se transmiten jerarquía de valores. En los contenidos que nos llegan, las personas adquirimos conocimientos, información, habilidades sociales, actitudes, maneras de situarnos ante el mundo. En este sentido podemos decir que la tele es siempre educativa, que influye en lo que aprenden nuestros jóvenes, pues “reciben considerable alimento para la reflexión y el pensamiento”[11]. Y además lo hacen en “su tiempo”, el tiempo libre, el tiempo del entretenimiento, que luego comparten con sus amigos, fuera del ambiente más reglado de la escuela, o más estructurado como la familia o los grupos.

Si nos preocupa el uso-consumo que hacen chicos y jóvenes de la televisión es porque, además, la consumen más cuando están creando sus esquemas cognitivos. Cuando están organizando la percha donde irán colocando conocimientos y experiencias; cuando están formando su visión de la realidad, de sí mismos y del mundo que les rodea, están recibiendo una catarata de mensajes de cómo tienen que ser, qué pensar, que consumir, cómo comportarse a través de la ficción televisiva. Y, si ante otros agentes socializadores, como la escuela o la propia familia, se suele ser crítico y se pone en cuestión sus enseñanzas, esto no siempre ocurre con lo que aparece en la pequeña pantalla.

 

El mundo juvenil, en capítulos

Especialmente destinadas al público adolescente y juvenil, abundan en la parrilla series de ficción donde los jóvenes, y su mundo, son protagonistas. También en series destinadas a un público más adulto, los personajes que representan a los jóvenes suelen tener un lugar destacado. Ya se sabe, lo joven vende. Una de las estrategias de los creadores, para sentar a la audiencia delante del televisor, es proponer modelos con los que se puedan identificar el público, cuanto más amplio el espectro, mejor.

Entre las nacionales encontramos ejemplos como El Internado o Física o Química, que sigue los pasos de otras anteriores como Compañeros o Al salir de Clase. Del otro lado del Atlántico nos han llegado series como Diario secreto de una adolescente, Gosip Gril, Greek, o las dedicadas a los jóvenes adultos como Friends, que se vuelve a reponer en los canales de TDT.

En las series juveniles se presenta una imagen simple y estereotipada de los jóvenes. Los personajes que aparecen, en general, son bastante planos. Los protagonistas suelen estar dibujados a grandes trazos. Mirando, por ejemplo, las series sobre institutos, es el lugar donde más tiempo pasan los jóvenes, es fácil hacer un listado de los tipos que aparecen como el buen estudiante, el ligón, el deportista, el rebelde ecologista, etc.

Para construir los personajes y las historias que les suceden, se sobreexplotan las excepciones para crear tipos ideales. La ficción se nutre de arquetipos, prototipos ideales de joven, en este caso, para representar el universo juvenil. El espectador debería darse cuenta de esto, pues la realidad es tan simple como aparece en la televisión. Además, y con los jóvenes habría que insistir en este aspecto, los problemas que se plantean, el conflicto en términos de narración, están siempre controlados. Los personajes no actúan en función de su libertad, sino siguiendo el guión. Todo está controlado, claro está. Pero esto no ocurre en la vida real. Ante los mismos problemas, las personas actúan de formas diversas, pues entra la libertad de cada uno, y no podemos controlar las reacciones de los otros.

 

Relaciones interpersonales y el sexo

Si hay un argumento que esté siempre presente en las series de ficción, es el de las relaciones interpersonales. En realidad casi podríamos decir que se trata del tema principal. Ya sean abogados, investigadores de la policía (C.S.I., Bones, Navy investigación criminal), médicos de hospitales o de urgencias (Anatomía de Grey, House, Hospital Central), periodistas, enterradores (A dos metros bajo tierra), héroes anónimos (Smallville, Héroes), todo gira alrededor de tramas paralelas. Por un lado la investigación, el delito cometido, la enfermedad o el paciente a tratar, etc., y por otro las relaciones afectivas entre los protagonistas.

Es cierto que las relaciones, el mundo afectivo, son aspectos que más preocupa a los adolescentes y jóvenes, pero no lo único. Otras tramas que aparecen sirven de fondo para los conflictos entre los personajes que ocupan el centro de la narración. Cómo se conocen, cómo se relacionan, cómo superan los conflictos, relaciones de amor, envidia, odio, etc., son los ingredientes fundamentales de estas series, en las que existe una constante representación del sexo. Claro, esto atrae al público, objetivo último de quien está en el negocio televisivo y quiere cambiar audiencia por ingresos publicitarios. En un blog[12], se habla de “series de televisión para salidos”, y se cita un texto del filósofo José Antonio Marina cuando explica: “Si yo fuera un extraterrestre y viera algunos programas de televisión, pensaría que los humanos son unos salidos que no piensan nada más que en el sexo. Es la presión de los adultos, entre otras cosas por razones comerciales, la que está reduciendo el periodo infantil y lanzando, sobre todo a las chicas, a un mundo obsesivamente sexualizado”.

En este sentido, las series sirven a los jóvenes para tener experiencias que, en la vida de cada día les pueden ser lejanas. Algunos estudios señalan cómo los jóvenes utilizan las soluciones que ofrece la ficción televisiva para sus propios problemas o para aconsejar a otros compañeros. De alguna manera, estos productos actúan como un escaparate donde aparecen situaciones de las que, en la vida real, no se tiene experiencia directa.

Pero las series también son un elemento de integración en el grupo de edad. Las historias de los actores famosos de turno, se siguen, se comentan, entran a formar parte del universo de imágenes de los jóvenes, pues así se está al día y no se siente uno excluido. Desde temprana edad, estamos en contacto con los valores de la sociedad del consumo que los medios reflejan.

No hay que olvidar, aunque parezca obvio, que las series de televisión no las hacen los jóvenes. Aunque en el grupo de guionistas haya profesionales jóvenes, no deja de ser la visión que los adultos tienen del mundo de los jóvenes la que se destila capítulo a capítulo. Es esa imagen la que se promociona, la que vende, la que más espacio ocupa y en la ficción seriada no aparece lo normal, pues la normalidad no vende. En muchas ocasiones se exhibe lo excepcional, que se hace pasar por habitual, y la normalidad, se convierte en algo excepcional. A veces se crean papeles ficticios poco adecuados a la edad teórica de los personajes, que en numerosas ocasiones están representados por actores de más edad que la de sus personajes, y se les hace vivir experiencias y situaciones por las que no siempre pasan los jóvenes. El tipo de joven dibujado, tanto a nivel de ideas y valores, como a nivel físico y de experiencias, no siempre coincide con lo que son y viven los jóvenes en su vida de cada día. Esto puede crear frustración, pues los espectadores se comparan con lo que, parece, es la idea mayoritaria de cómo tienen que ser los jóvenes en este momento.

Las relaciones de pareja, relaciones con el mundo adulto y con el grupo de amigos, los temas referidos al sexo, la propia imagen, la amistad… son los temas más presentes en estos productos audiovisuales. Es cierto que también aparecen otros temas, dependiendo del momento social en el que se realizan. Así la tolerancia, la inmigración, la ecología, las relaciones entre personas del mismo sexo, algunas conductas que afectan a la salud suelen ser tratadas, en general, desde la perspectiva de lo políticamente correcto, desde lo que se supone que mayoritariamente la sociedad acepta. Se sigue, así, la agenda de temas que los medios de comunicación consideran presente en la sociedad. Claro, hay otros temas que no aparecen, o su presencia es mínima. Así sucede, por ejemplo, con lo religioso que prácticamente no aparece y, cuando es tratado, normalmente es ridiculizado.

Además, esas características que se subrayan de los jóvenes, como rebeldía, inconformismo o espíritu crítico, quedan adormecidas y son encauzadas para que todo quede canalizado. Es paradójico, por citar un ejemplo, que aparezca el discurso sobre la importancia de la belleza interior, que lo exterior no es tan importante, mientras que los actores elegidos lo son por su atractivo físico y hacen publicidad de productos de belleza. Una actividad interesante con los jóvenes, sería analizar esas incoherencias o contradicciones del discurso televisivo que sostienen las series a ellos destinadas.

A través de las series, a los jóvenes les llegan ideas, jerarquía de valores, formas de ver la familia, la persona, el mundo. Obviamente no podría ser de otra forma. Quién escribe un guión, crea unos personajes y una trama, está volcando sus propias ideas y concepciones. Su influencia es mayor puesto que los mensajes se reciben, se consumen, en el tiempo libre, en el propio tiempo de diversión, en ambientes no formales y cómodos. Es mi tiempo. Y a través de lenguajes muy elaborados, con mediadores atrayentes con los que se crea un vínculo afectivo y que tienen prestigio entre los jóvenes. Con las historias que se cuentan en cada capítulo se va poniendo cara a valores e ideas abstractas. Son, podríamos decir, las parábolas del tiempo presente.

 

Vampiros y zombis de película

Entre los tipos de series, las de terror (o menos) tienen un éxito asegurado. Y más en las que los protagonistas son los jóvenes. Es curiosa esta combinación, que en novela y cine ha supuesto la saga Crepúsculo. Series como Buffy caza vampiros, Crónicas vampíricas (de vampiros adolescentes), True Blood, o la recientemente estrenada The walking dead (sobre los zombies), expresan este gusto adolescente y juvenil por lo gótico, lo transgresor, el misterio… una curiosa y exitosa representación del más allá, de la vida después de la muerte, en época de increencia y cuando se cuestiona la escatología cristiana.

Sobre todo en las series de vampiros, llama la atención el deseo de integrar a esta última minoría en nuestra sociedad (es el argumento de True Blood), en relatos cargados de erotismo, donde la afectividad y los sentimientos lo llenan todo, subrayando esa “estrecha relación que se da entre la afectividad descontrolada de los adolescentes y el apetito primario de los vampiros”[13], pues, como explica el crítico de televisión de El Mundo, “¿hay algo más compatible que el romanticismo adolescente y los clichés vampíricos? Malditismo, incomprensión, aislamiento, cierto masoquismo sentimental… lo teenager y lo vampírico tienen tantos puntos en común que al final su simbiosis resulta completamente lógica”[14].

Esta representación del más allá es la única, normalmente, que aparece en las series de televisión. La trascendencia, la presencia de lo divino, Dios, está normalmente ausente de los argumentos y de los diálogos de los personajes. En algunas sí aparece una cierta espiritualidad new age, vinculada a ritos especiales, la mención a las fuerzas de la naturaleza, presencia de espíritus en general… Ciertamente no en todas. En las series de médicos, por ejemplo, sí encontramos algunas referencias a los conflictos morales, a la dimensión ética del actuar, a la referencia a lo espiritual. Al cáustico doctor House, por ejemplo, lo vemos, en algunos capítulos, rebelarse contra la creencia de sus pacientes en Dios, presentar el conflicto entre fe y ciencia, pero sin que sea un tema de cierto peso en la serie.

Unido a este aspecto, habría que analizar cómo se configura la respuesta moral ante determinados conflictos. Más allá de lo prescrito por la ley, parece que es el sentimiento la fuente de la moralidad, de lo que hay que hacer, el criterio para juzgar la actuación del individuo. Este tendría que ser otro aspecto a reflexionar con los telespectadores. ¿Por qué actúan así los personajes? ¿Qué es el bien, quién decide lo que hay que hacer? Parece que el subjetivismo, también en el campo moral, se erige como norma de actuación.

 

Los colegas del público

Para lograr el éxito, una serie tiene que conseguir establecer una relación estrecha con el público al que está dirigida. En el caso de las series juveniles (pensemos en Física o Química, el Internado), los jóvenes espectadores tienen que percibir que, los personajes, son como ellos, que les pasan las mismas cosas, que en casa, con los adultos o con los amigos, tienen las mismas movidas. Semana a semana, los personajes van entrando en el mundo de los jóvenes y establecen una especial sintonía con los receptores. Se llega, incluso, a establecer vínculos afectivos con los personajes.

Y es que, la serie de televisión es algo más que los minutos que dura un capítulo por semana. Hay series que tienen su propia revista, en la que se presentan a los personajes, se cuenta la vida de los actores, se fomenta la interacción con los televidentes-lectores a través de cartas, envío de mensajes, etc. Las series destinadas al público más joven, por otra parte, vienen rodeadas de toda una galaxia de objetos de merchandising que hacen las delicias de la generación tween, esa nueva denominación que se utiliza para referirse a chicos y chicas de 2 a 17 años consumidores de estos productos audiovisuales. Así, vemos cuadernos, carpetas, camisetas, pegatinas, colonias… con los rostros de los personajes favoritos. Ojo, y estos personajes no son los típicos dibujos animados, sino chicos y chicas de carne y hueso, nuevos ídolos-modelos de las jóvenes generaciones que hacen que los valores que encarnan se transfieran a los espectadores.

 

La series en la Red

Y en esto llegó Internet. Las televisiones ya se han dado cuenta de que el futuro pasa por la red. El público de estas series no es sólo televidente sino, y cada vez más, internauta. Así se crean foros, blogs, portales en la red dedicados a las series que los jóvenes más consumen. Algunas de ellas, por otra parte, pueden seguirse al mismo tiempo por la red, incluso existen series exclusivamente disponibles en Internet.

Pero es que, además, Internet está permitiendo nuevas formas de interacción con los contenidos de la ficción seriada. Dándose una vuelta por los foros abiertos sobre las series que ahora están en la parrilla de la programación, se da uno cuenta de cómo el público joven reacciona ante los contenidos que reciben. Discuten entre ellos, interactúan, sobre las soluciones que dan los guionistas a los conflictos que se presentan en cada uno de los capítulos. Comparan, con sus propias experiencias, los comportamientos de los personajes. Y algo que llama la atención es que, aunque son conscientes de que se trata de una ficción, se refieren a lo que sucede en la pantalla como si fuera algo real.

Podríamos preguntarnos si la series se toman en serio la vida y el mundo de los jóvenes. Sin duda que reflejan una parte del universo juvenil, su lenguaje, sus aspiraciones e ideas. Pero no todas. Allí no está todo lo que son los jóvenes. Tocando, además, el mundo de los sentimientos e implicando emotivamente a los espectadores, van formando a los jóvenes creando un marco de referencia sobre valores, comportamientos, normas morales, son fuente de información y de formación. Los adultos tendríamos que prestarles más atención. Enseñar a los jóvenes a analizar estos productos, convertirlos –en la familia, la escuela, los grupos-, en tema de conversación y reflexión.

 

Francisco Javier Valiente

 

[1] FERNÁNDEZ-RAMOS, La presencia de las minorías religiosas…, 7.

[2] FERNÁNDEZ-RAMOS, La presencia de las minorías religiosas…, 8.

[3] GÓMEZ, El potencial educativo del serial televisivo…, 1.

[4] BERMEJO, Los mecanismos…, 2.

[5] REGAZZONI, Perdidos…, 15.

[6] GOMEZ, El potencial educativo del serial televisivo.., 5.

[7] TOLEDANO – VERDE, Cómo crear…, 69.

[8] GÓMEZ, El potencial educativo del serial televisivo…, 5.

[9] GÓMEZ, El potencial educativo del serial televisivo…, 6.

[10] “Esta es una de las razones que justifica que problemáticas sociales vinculadas a la inmigración, la homosexualidad u otros colectivos minoritarios suelan ser objeto de estudio en su representación a través de la ficción televisiva”. GÓMEZ, El potencial educativo del serial televisivo…, 6.

[11] MEDINA, Series de televisión…, 33.

[12] María Ferraz http://blogs.lavozlibre.com/religion/2010/11/29/series-de-tv-para-salidos/

[13] LÓPEZ, De vampiros y sangre adolescente…

[14] REY, Querido diario vampírico…