Símbolos para vivir

  1. Origen y sentido

Esta imagen, difundida en los medios de comunicación escritos durante el primer trimestre del año 2000, procede de la publicidad: presenta el nuevo símbolo de la marca de tabaco Winston.

Quizás algunos la conozcan. No importa. Se puede trabajar con ella teniendo en cuenta las pautas que siguen sin perder de vista el objetivo que el animador ha de concretar y llevar a cabo: descubrir los símbolos que nos habitan, aplicarlos a distintas realidades y ver cómo nos ayudan a vivir. A vivir, según hemos titulado, no a morir, según se acusa ahora a las compañías tabacaleras. Téngase en cuenta.

Hemos suprimido una frase-pregunta del anuncio original, situada debajo de la primer línea de símbolos, que decía: «¿Qué símbolo habrías elegido tú?» La pregunta es equívoca, pues no se refiere sólo a uno de los 33 ideogramas que reproduce sino a la marca de tabaco que anuncia. Téngase también eso en cuenta.

 

  1. Primer acercamiento

– Esa misma pregunta, no reproducida aquí, puede convertirse en punto de partida para trabajar con la imagen. Podemos formularla de entrada y hacer que la contesten: «¿Qué símbolo habrías elegido tú» de entre todos los que hay ahí? ¿Por qué? ¿Para qué?

– Así se pueden «leer» todos los ideogramas que aparecen (qué son, qué representan…) y centrase en alguno de ellos para aclarar de qué van. Por supuesto que las lecturas pueden ser múltiples en cada caso.

– Después se orientarán las preguntas hacia los objetivos propuestos. Algunos de estos objetivos pueden ser el conocimiento personal, la clarificación colectiva, la intercomunicación en el grupo, el análisis de la realidad política o religiosa, la implicación social, proyectos de grupo…

 

  1. Propuestas diversas

¡ Contar la propia historia

– Cada uno elige tres símbolos de los que ahí aparecen con los que se identifique y que reflejen de alguna forma tres aspectos de su vida: uno para expresar lo que se ha vivido (pasado), otro para ver dónde y cómo se está ahora (presente) y el último para manifestar lo que se quiere en la vida (futuro).

– Los referentes pueden ser diversos: la vida en general, la vida de fe, la vida de solidaridad, la vida como estudiante, la forma de oración.

– Después se centra en ellos y se explica la elección realizada para cada uno de los referentes.

– Esta explicación se puede convertir en un relato que habla de sí mismo en tercera persona: «Había una vez un niño/chico que… Cuando creció… Y esperaba que más adelante…»

¡ Centrarse en un tema

– Se puede pedir que todos elijan un ideograma con unas características determinadas: el que mejor refleje la vida de los jóvenes, el que represente un estilo de vida feliz, el que mejor traduzca lo cristiano, el que puede ayudar a descubrir a Dios purificando su imagen…

– Cada uno explica el por qué de su elección

– Entre todos se sacan las características de lo que el grupo piensa, quiere y puede hacer…

¡ Centrarse en personajes

– Aplicar cada ideograma a una serie de personajes cuya lista va elaborando cada uno a partir de una característica común: diversos tipos de profesores, políticos, miembros del grupo, gente de Iglesia, jóvenes, pacificadores…

– Lo importante en este caso es centrarse en las personas para descubrir diversas características personales para que cada uno puede integrar en sí mismo o rechazar…

¡ El símbolo del grupo

– Los ideogramas pueden convertirse en el símbolo del grupo.

– Cada miembro elige un ideograma que pueda convertirse en la mascota inanimada del grupo… Aporta después las razones de su elección.

– Entre todos se elige el ideograma que mejor represente lo que el grupo quiere o necesita.

– Después se centran en él y concretan objetivos, eslogan, propuestas de acción…

¡ Símbolos para vivir

– No es necesario seguir todas las propuestas anteriores. A partir del primer acercamiento se puede centrar todo el grupo en un ideograma concreto.

Lo importante en este caso es formular preguntas creativas y que cuestionen, de modo que se vaya profundizando a partir de cada ideograma.

HERMINIO OTERO