Sociedad laica, pastoral juvenil y dinamismo misionero

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Los tiempos difíciles pueden resultar los más evangélicos

(Madre Teresa)

 

Desde hace ya varios años, venimos reflexionando en Misión Joven en torno a la necesidad de una pastoral misionera, capaz de llegar a los jóvenes en esta nueva sociedad que está emergiendo. En este número, continuamos de manera explícita esta reflexión, que consideramos esencial en el momento actual. Si la acción pastoral parte de la realidad, antes de proponer el mensaje hay que conocer el mundo, la historia, los hombres a quienes queremos evangelizar. Al conocerlo, nos haremos más conscientes de la necesidad de enfrentarnos evangélicamente a una situación nueva, crítica, a una sociedad laica. Porque, detrás de la pérdida de una cierta memoria cristiana, del descenso de la práctica religiosa, de las dificultades provenientes de un contexto social fuertemente secularizado, realmente, en nuestra sociedad está en juego el lugar y el porvenir de la fe.

 

Es posible que un gran número de agentes de pastoral puedan sentirse perplejos, bloqueados y paralizados ante este verdadero cambio epocal, zarandeados violentamente por los vientos laicistas. Y, sin embargo, antes de nada estamos llamados al discernimiento. Especialmente la acción pastoral entre los jóvenes comienza no por el rechazo, sino por la lectura crítica y evangélica de la realidad. La capacidad para discernir, guiados por el Espíritu, las luces y las sombras, las posibilidades y carencias, la grandeza y la miseria de nuestro mundo constituye, sin duda, en estos momentos, la primera tarea pastoral.

 

A lo largo de los siglos, misioneros y misioneras, cual centinelas del futuro, han oteado los signos de los tiempos, buscando caminos, proyectos, métodos, para responder audazmente a las situaciones y a las necesidades. Como nos ha recordado el Vaticano II, la Iglesia está en el mundo, no frente ni contra él, sino sumergida en él; vive en la laicidad del mundo, asumiéndola como dimensión de su misión, entrando en el dinamismo del diálogo y poniéndose a su servicio. Discernir y asumir el mundo como lugar de evangelio, hacen posible leer la historia en el evangelio y reconocer el evangelio en la historia (Roberto Calvo).

 

Terminaron los tiempos y la mentalidad de cristiandad. Como hizo San Pablo, es preciso reactivar una Iglesia extra-muros y misionera, porque la Iglesia del presente y del futuro no será ya un gran edificio que domina la ciudad, sino un simple pabellón en el gran campo de la Feria Internacional del Comercio Mundial. Resituada en la diáspora, no será más que un canal de influencia más, junto a otros. Por ello es preciso salir a la calle, formar parte de la caravana humana, hacerse misionera, sin tener miedo a verter el vino nuevo en odres nuevos (Raúl Berzosa).

 

Proponer la fe a los jóvenes, en esta nueva perspectiva, nos obliga a renovar en profundidad el modo de concebir y realizar la educación en la fe, nos impulsa a la conversión pastoral, y estimula a nuestras comunidades cristianas a emprender con mayor radicalidad y coherencia un camino de conversión y de testimonio evangélico que las convierta en casas de acogida y fraternidad. Es necesario, pues, optar por verdaderas comunidades en las que desde unas relaciones interpersonales de pertenencia y comunicación, se viva, se celebre y se comprometa la fe como proyecto globalizante, desde el seguimiento de Jesús (José Luis Pérez).

 

Es la opción por comunidades cristianas samaritanas, portadas de sentido, empeñadas en la solidaridad activa con los pobres, dispuestas a convocar y acoger a los jóvenes; y dispuestas también a salir y a buscarlos en los lugares donde viven, trabajan o se divierten.

 

Este es el horizonte de una pastoral dispuesta a ofrecer propuestas de encuentro y atención educativa, iniciativas de animación y proceso personalizados para llevar a los jóvenes a Cristo y a Cristo a los jóvenes. Porque, en definitiva, Jesucristo es la respuesta al hombre que se pregunta por el sentido de la vida; y es también la respuesta definitiva para los jóvenes que se abren a la vida entre el quebranto, la incertidumbre y la esperanza. Y al encuentro con Cristo conduce la educación en la fe y nuestra concreta acción pastoral. Quizás la exigencia primera de este arduo proceso radica precisamente en que toda la Iglesia se sitúe dentro del dinamismo y la lógica misionera. Es el reto acuciante que nos llega en estos tiempos difíciles de nuestra sociedad laica, pero quizás por ello, más evangélicos.

 

EUGENIO ALBURQUERQUE

directormj@misionjoven.org

 

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