Taller de «microrrelatos»

José J. Gómez Palacios

 

 

Narran los Jóvenes

 

En este artículo se exponen los pasos a dar para desarrollar un «Taller de microrrelatos» encaminado a la toma de conciencia sobre la situación del menor en los inicios del siglo XXI. Se incluyen algunos ejemplos prácticos de los realizados por los alumnos y alumnas del Colegio Salesiano «San Antonio Abad» (Valencia).

 

Bajo el título de «Taller de microrrelatos» se ha desarrollado en el Colegio Salesiano «San Antonio Abad» de Valencia, una experiencia educativa destinada a adolescentes. El objetivo central de dicha experiencia consistió en tomar conciencia y expresar la lacerante situación en la que se hallan los Derechos del Niño. Según el informe de Unicef «Estado de la Infancia», publicado anualmente, la situación de los menores atraviesa momentos tan difíciles que podrían verse hipotecados los logros realizados por la humanidad en los últimos veinticinco años. La experiencia en cuestión se desarrolló en tres etapas: recogida de información; análisis de la situación; confección de «microrrelatos».

 

 

  1. Situación de la Infancia

 

La experiencia debe iniciarse con una información previa a la que seguirá una toma de conciencia. Los pasos a dar serán: investigación, recogida de datos, verificación de los mismos, puesta en común y debate. Según afirma el informe anual de Unicef, gran parte de los menores que pueblan el planeta en los inicios del siglo XXI, se halla en una situación extraordinariamente grave. Frente a esta problemática, quienes habitamos en los llamados «países desarrollados», solemos mostrar una cierta indiferencia por falta de información. La experiencia educativa nos dice que cuando se proporciona dicha información, la actitud de los adolescentes se transforma en interés y los sentimientos en compromiso. Basten algunos datos de las organizaciones Unicef y «Save The Children» –que consignamos a continuación– para corroborar esta situación de la infancia.

 

1.1 Una voz de alerta

 

«En los inicios del siglo XXI, hay en el mundo una abrumadora mayoría de niños y mujeres entre las personas que viven en la pobreza. Los niños y las mujeres también constituyen la inmensa mayoría de los civiles que resultan heridos y lesionados en los conflictos. Son los más vulnerables al contagio con el Vih/Sida. Sus derechos, estipulados en la Convención sobre los «Derechos del Niño», son conculcados cada día. Las cantidades de tales transgresiones son tan grandes que ni siquiera es posible computarlas. Los órganos gubernamentales, los grupos civiles, las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, las Ongs, y los empresarios responsables –así como los propios niños y adolescentes–, han entablado alianzas con el propósito de rectificar esos males. Dispuestos a avanzar para promocionar el bienestar de los niños del mundo, los representantes de estos grupos diferentes se congregarán en una reunión extraordinaria en el otoño del año 2001 en el ámbito de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El objetivo de esta reunión consiste en que todos los niños vivan una existencia plena y saludable, y que se aseguren y protejan sus derechos. Su compromiso es lograr que todos los recién nacidos comiencen su vida en condiciones saludables; que todos los niños de corta edad sean cuidados y atendidos; que todos los menores, incluidos los más pobres y los que están en situación menos ventajosa, reciban educación básica completa y de buena calidad, y que todos los adolescentes tengan oportunidad de desarrollarse plenamente y participar en la sociedad.

 

1.2 Sombríos relatos

 

En la última década del siglo XX, se consiguieron muchos logros en materia de sanidad y bienestar social. Pero en los inicios del siglo XXI hay sombríos relatos. No todas las personas han disfrutado de los frutos del progreso. Esos frutos han sido denegados especialmente a niños y mujeres. La situación es alarmante. En los últimos 20 años, la economía mundial ha crecido a un ritmo exponencial y, al mismo tiempo, el número de personas que viven en la pobreza ha aumentado hasta 1.200 millones, es decir, una de cada cinco personas, incluidos 600 millones de niños.

Cada día que los países desarrollados dejan de cumplir sus obligaciones morales y políticas, y de dar vigencia a los «Derechos del Niño», hay 30.500 niños y niñas menores de 5 años que pierden la vida por causas susceptibles de prevención. Y existen cantidades aún mayores de niños y de jóvenes que sucumben a enfermedades, descuidos, accidentes y ataques que no tendrían que ocurrir. Por cada mes en que se aplaza una enérgica campaña para frenar la pavorosa pandemia de Vih/Sida, se contagian 250.000 niños y jóvenes. Cada año, pierden la vida 585.000 mujeres debido a complicaciones del embarazo y el parto que podrían haberse prevenido. Solamente el último año, 31 millones de refugiados y personas desplazadas quedaron atrapados en los conflictos que azotaron el mundo.

Cada año en que los gobiernos omiten destinar los recursos necesarios para apoyar los servicios sociales básicos, se priva a millones de niños de los países en desarrollo de acceso al agua potable e instalaciones de saneamiento, así como de servicios escolares y de salud que son vitalmente necesarios para que puedan sobrevivir y desarrollarse.

Las señaladas son graves violaciones de los derechos de los niños y las mujeres y, en la medida en que persistan –y que permanezcan invariables las circunstancias que las causaron–, el desarrollo humano estará en peligro. Nunca había soportado nuestra humanidad tan elevado número de niños malviviendo en la pobreza y sufriendo las más variadas y crueles vejaciones».

 

1.3 Para ampliar la información

 

Para ampliar esta información se puede recurrir a las siguientes páginas web:

  • www.unicef.es
  • www.savethechildren.es
  • www.eacnur.org

Así mismo cabe consultar el libro de Manuel Leguineche «Los ángeles perdidos» (Espasa, Madrid 1998). Entre múltiples noticias acerca de la situación de los niños y niñas del mundo se encuentran informes monográficos tales como:

  • Informe anual completo de Unicef (2000 y 2001).
  • Noticias de los niños del mundo.
  • Los niños refugiados.
  • Trabajo y explotación infantil en el mundo.
  • Abuso sexual infantil.
  • Secretos que destruyen.
  • Artículos elegidos de la revista de Save The Children.
  • Conclusiones del Seminario Europeo: «El derecho a ser niño».
  • Stop al castigo físico (Informe monográfico 1997).
  • Conflictos armados y menores.
  • Infancia y guerra (Informe monográfico 1997).
  • Acabar con el empleo de niños soldados (Informe urgente 2000).
  • La escuela en el mundo (Informe monográfico 1997).
  • Niños de la Guerra (Todos los números de 1997-2000).
  • Prostitución infantil en el mundo.

 

 

  1. La técnica del «microrrelato»

 

Una vez recogida la información, organizada, contrastada y debatida, se pasa a explicar la técnica del «microrrelato». Un microrrelato es una narración breve. Desarrolla una historia con principio y final. Estas narraciones no suelen exceder de medio folio. Su lenguaje debe ser conciso.

 

2.1. Microrrelatos con un lenguaje de «modulación»

 

Nuestra cultura actual tiende a revestir las ideas abstractas. Suele encarnarlas en personajes y situaciones concretas. Los lenguajes filosóficos, donde priman conceptos claros y distintos, efectos y causas… han caído en desuso. La nueva cultura popular, amamantada en las «iconoesferas» que produce la televisión, prefiere imágenes que provocan sensaciones, que afectan a la emoción, que adquieren brillo propio mediante los subrayados sensacionalistas.

Hoy en día priman los «lenguajes de modulación» sobre los «lenguajes alfabéticos». Es decir: aquellos lenguajes que acentúan lo emotivo, lo concreto y lo dinámico tienen más predicamento que el desarrollo conceptual y abstracto de las ideas. Se habla más a la emoción que a la razón.

La influencia del universo audiovisual ha terminado por incidir también en la Galaxia de Gutemberg. Asistimos a un estilo de información escrita que potencia lo sensorial, lo dinámico, lo narrativo, lo emotivo, lo sensacional… La literatura periodística ha terminado por imponer un estilo de redacción de frases breves y narraciones menos retóricas. A todo ello hay que sumar nuevos efectos de maquetación, textura de papeles, tamaño de títulos y titulares, espacios en blanco…

Nuestra «Taller de microrrelatos» tendrá en cuenta todos estos elementos derivados de una nueva cultura más vertiginosa y sensacionalista que nos sumerge en «los lenguajes de modulación».

 

2.2. La gramática de la fantasía

 

Un Taller de «microrrelatos» no pretende relatar, de forma fría, las experiencias que han impactado en el proceso de información y toma de conciencia. Hay que sumergirse en la situación, vivirla y describirla desde dentro. Para ello se han sugerido a los participantes dos técnicas:

 

q La autobiografía fantástica

Mediante esta técnica el autor o autora del «microrrelato» se sitúa en el interior del personaje a describir, y de forma autobiográfica, expresa sus sentimientos y situaciones. Para realizar adecuadamente los microrrelatos con este soporte narrativo, se precisa una información previa de lugares geográficos, nombres autóctonos, elementos socioculturales… a fin de hacer creíble el personaje y la situación en la que se desenvuelve. Por ejemplo: si voy a contar, en primera persona, la historia de una muchacha de un país africano, deberé informarme sobre alguna ciudad de dicho país, los nombres propios que reciben las chicas de ese lugar, las costumbres… de tal forma que mi relato resulte creíble.

 

q El realismo fantástico

Esta segunda posibilidad narrativa consiste en lo siguiente: un objeto narra, como si cobrara vida, una experiencia de la que él es el protagonista. Por ejemplo: para describir la terrible situación de las «minas antipersona» y los efectos que causan en los menores, el autor o autora prestará su voz a una «mina antipersona» para que sea ella quien relate sentimientos y vicisitudes vividas. Mediante este artificio literario se consigue una gran vivacidad y originalidad en la narración. Es como si mostráramos la realidad desde un ángulo de vista distinto al habitual. Si se utiliza esta técnica, conviene facilitar al lector, desde el principio, de qué objeto se trata. De lo contrario pueden resultar microrrelatos de difícil comprensión.

 

 

  1. Los «microrrelatos»

 

En el «Taller de microrrelatos» participó algo más de un centenar de adolescentes en edades comprendidas entre los 15 y 16 años. La investigación, la recogida de datos y los debates previos, aportaron elementos suficientes para elaborar interesantes y creativas narraciones que abarcaron la amplia problemática en la que se hallan sumergidos millones de niños y niñas.

La cuidada expresión literaria de muchos de ellos estuvo compaginada con una toma de conciencia y sensibilización sobre los problemas que trataban. A modo de ejemplificaciones presentamos una selección del «Taller de microrrelatos» con la esperanza que sirvan de soporte para iniciativas educativas similares. Al final del texto de cada «microrrelato» aparece el nombre del autor o autora y la temática y técnica utilizadas.

 

  1. Selección de «Microrrelatos»

q Cristales de algodón

 

Me fabricaron para ser cristal de ventana. Y de cristal ejercí durante treinta años en la negra habitación de un orfanato de Mosuckro, en África. Siendo consciente de la clandestinidad del habitáculo, conocí durante este tiempo la oscuridad. Pero no esa oscuridad plagada de estrellas en la que reposan los países desarrollados.

Durante esos largos años observé compadecido a tantos niños que, en su sufrimiento, buscaban a través de mí un trocito de paisaje con el que evadirse, desgastándome con la mirada. Ellos nunca pensaron que yo era testigo de lo que allí dentro se hacía, ni de que aquella misma tarde sería yo quien participara en la mutilación.

Cuando me vi convertido en un trozo de cristal roto y sucio quise ablandarme, volverme de algodón. Deseé no rozar los genitales de aquella niña, evitar que la pequeña perdiera el don más íntimo de la vida: su sexualidad. Me arrojaron al suelo. Furioso, hecho pedazos, pretendí rajarle el rostro a la vieja, deseando arrojar por tierra la absurda tradición de la ablación. Lloré de impotencia. Nací para ser cristal ventana, como tantos otros cristales… Gritos, tajos, dolor, sangre. La muerte. También a ella la había visto antes.

 

Clara Lucía Tronch Lizarbe (15 años)

Temática: «Ablación». Técnica: Realismo fantástico.

 

 

q Recuerdos de una mujer sin rostro

Mi nombre es Namita Akter y nací en un pueblecito del sudoeste de Bangla Desh, llamado Khulna. Nacer en aquel lugar, formado por una extensa llanura aluvial, fue una terrible maldición. Durante toda mi infancia sufrí la tiranía de mis propios padres, que me maltrataban y explotaban por el simple hecho de ser niña. Más tarde tuve que soportar los abusos de mis propios hermanos que se creían superiores a mí. Yo era una niña de familia pobre, delgada, pero muy guapa. Los recuerdos que constituyen mi infancia no son agradables, pero no puedo borrarlos y olvidarme de ellos. A medida que crecía, aumentaban más mis obligaciones y disminuían mis derechos. No había día en que no me acostara llena de golpes, arañazos e incluso heridas. Yo no podía negarme a ser la esclava de mi familia; tenía asumido que era un ser inferior; nacida para servir.

La última etapa de mi pesadilla tuvo como dueño absoluto a Shafiqui Alam, un joven rico de Khulna que pretendió casarse conmigo. Yo me negué. Y una noche de invierno fría y solitaria, cuando estaba con mi familia en el comedor, apareció él. Sin pronunciar palabra se dirigió a mí y roció mi cara con ácido sulfúrico. Fue castigado por la ley a siete años de cárcel, pero Shafiqui sobornó al juez con 10.000 takas y consiguió la libertad. La botella que utilizó aquel hombre sin rostro, costó 300 takas y destruyó completamente mi vida.

Debido al ácido sulfúrico, a mi rostro le falta un ojo y no puedo casi hablar. Hay miles de personas que se han quedado en el camino, víctimas de los crímenes de hombres sádicos y alocados. Yo he luchado por la libertad y por los derechos de la mujer, y voy a continuar haciéndolo durante el resto de mi vida.

 

Milagros Martínez Lorente (15 años)

Temática: Situación de la mujer en Asia. Técnica: Autobiografía fantástica

 

q «Silencio»

 

Sus manos están teñidas con el color de la muerte. Con ellas ha llevado a cabo un trabajo casi diario que comenzó cuando tenía sólo once años. Sus amigos le llaman «Silencio» porque hace callar, de manera rápida y eficaz, las voces de aquellos que hablan demasiado. Su verdadero nombre es Ketton. A los pocos días de que su madre diera a luz a su cuarto hermano, los guerrilleros de una zona de Nigeria incendiaron su poblado, violaron a las mujeres y a las niñas y pasaron a cuchillo a todos los hombres que se negaron a unirse a la guerrilla. Entre ellos estaban los hermanos y el padre de Ketton. Él los vio caer al suelo como simples sacos de harina. Ante sus propios ojos uno de los soldados les cortó brutalmente el cuello con un machete. «Han hablado demasiado. Tú deberás aprender a callar».

Ketton fue obligado a acompañar a aquel hombre hasta el camión que les conduciría al campamento. Allí fue entrenado para matar y eliminar a aquellos que no debían haber existido nunca, y cuyas palabras no deberían haberse escuchado. Pasó años enteros enrolado en la guerrilla. Poco a poco fue olvidándose del valor de la vida, de sus padres, de sus recuerdos, y pensando sólo en que debía sobrevivir siendo el mejor en su trabajo.

Por sus manos de niño guerrillero han rodado las cabezas de otros niños, de hombres, e incluso de niñas. Siempre deja un rastro inconfundible: el silencio.

 

Raquel Jordá Bresó (15 años)

Temática: Los niños de la guerra. Técnica: Autobiografía fantástica

 

q Una cuna para las niñas de China

 

Llevo toda mi vida aquí en China. Me han movido dos o tres veces del lugar que ocupo. Soy fuerte. Me construyeron con madera de buena calidad. Mi única utilidad es sostener sobre mi lomo a cuatro, cinco y hasta seis niñas recién nacidas. Me gustaría sostener tan sólo a una niña, y tratarla como a una reina. Disponer de un colchón, un pañal, un pijama digno y una manta limpia y muy bonita. Pero creo que jamás podré conseguir mi sueño, porque soy una cuna fría, oscura, incómoda… La cuna de un orfanato clandestino.

No puedo hacerme a la idea de tener que terminar aquí mis días. Todas y cada una de mis astillas tienen clavados momentos duros y escalofriantes que me gustaría no haber vivido nunca. Cada día traen nuevas niñas recién nacidas que ni tan siquiera son lavadas. Directamente son envueltas en dos mantas y arrojadas sobre el cuerpo de madera de otras tantas cunas hermanas mías.

Me siento impotente al no poder hacer nada. Cada día veo los ojos almendrados de las niñas abandonadas; condenadas a no ser nadie. Me gustaría poder evitar todo el mal que sufren estas pequeñas por el hecho de haber nacido en China. Niñas olvidadas para siempre por el hecho de haber nacido en un país donde sólo se puede tener un hijo… y donde ser niña es una maldición.

 

Paula Maltés Romero (15 años)

Temática: Situación de las niñas en China. Técnica: Realismo fantástico.

q Sueños rotos

 

Anhelo ser libre algún día. No quiero seguir así; no puedo seguir así… Cuando los primeros rayos de sol iluminan mi poblado, me pongo en pie. Doy un beso a mi hermana pequeña que duerme tranquila. Me gusta su respiración: regular, inocente, que no conoce el todavía el dolor del esfuerzo… Tras recorrer un largo camino llego a la mina. Es allí donde trabajo y donde cada día muere un poquito de mi alma.

Bueno, aún no me he presentado. Me llamo Miguelito. Trabajo en la mina del pueblo vecino. O lo que es lo mismo, en una intrincada red de túneles asfixiantes, llenos de polvo, suciedad, agobio, oscuridad… Bajar a la mina me da miedo… Arrastro vagonetas que chirrían sobre raíles tendidos en túneles oscuros. Tengo nueve años. Aunque creáis que es mentira, a mis nueve años no sé lo que es jugar. Desde que era bien pequeño, comencé a trabajar del alba hasta el anochecer. Trabajo porque quiero mucho a mi madre y a mi hermana. Necesitamos el dinero para sobrevivir.

No sé lo que es jugar, pero en mis años de trabajo no ha habido una sola noche en la que no haya soñado con un balón, una sonrisa, un amigo, un colegio… Cuando salgo de la mina no veo el sol: fuera ya está oscuro. Entonces me refugio en mi mundo de sueños. Seguiré trabajando para mi familia, para mejorar, para jugar, para superar mis miedos. Dentro de unos años no soñaré mi vida; viviré mi sueño…

(Miguelito murió a los 12 años. La vagoneta que arrastraba descarriló y le aplastó. El año que viene, su hermana seguirá sus mismos pasos).

María Serrano Martínez (15 años)

Temática: Explotación laboral infantil. Técnica: Autobiografía fantástica.

q Los ojos del baobab*

 

Todavía no ha amanecido. Mis hojas pronto se orientarán hacia el sol que asciende lentamente. Mientras tanto, entre mis raíces, comienza a retumbar el sonido monótono de cada día. Son las jóvenes azadas que danzan al tictac del capataz. Mis hojas se estremecen escuchando los lamentos callados y las lágrimas de los ojos claros de aquellos pequeños ángeles de la tierra que trabajan a mis pies.

Se detiene el monótono ruido del trabajo. Tan sólo un puñado de maíz para comer. Los muchachos no tienen suficiente para reponer las fuerzas. Comen con ansiedad. Con la escasa comida, terminó el sueño de los niños. Se reanuda el trabajo. Vuelta al sufrimiento, al ruido de los golpes, a los chasquidos secos que padecen como rutina.

Anochece. Mis ojos de árbol gigante, de puntillas sobre la sabana africana, no se podrán cerrar hasta que los camiones, llenos de esfuerzo y pocos años, marchen al pueblo. Mi tristeza es mayor que el número de anillos que tiene mi tronco. Llegarán nuevos días, nuevas generaciones… y yo seguiré aquí sin poder descansar. [* Baobab: árbol de África. Mide más de 12 metros de altura. Tiene un grueso tronco que puede alcanzar los 10 metros de circunferencia. Flores grandes y blancas. Frutos capsulares y carnosos].

 

Lucía López de Ocariz y Esther Terrén Gil (15 años)

Temática: Explotación laboral infantil. Técnica: Realismo fantástico.

q La historia del balón «Nike Geo»

 

Mi nombre es Nike Geo. Soy un balón. Llevo casi un año con Luis. Todos los días nos divertimos mucho jugando. Pero intuyo que me queda poco tiempo de vida. Se me está cayendo la piel a trozos y tengo varias magulladuras. Antes de llegar a las manos de Luis anduve un largo camino que quiero relatarte.

Como bien sabrás, soy hijo de la multinacional Nike. Nací en Thailandia. Salí de las manos de un pequeño niño del que no sé su nombre. Sólo sé que era más pequeño que Luis. Cuando vi por primera vez su cara descubrí tristeza y cansancio en sus pequeños ojos. En aquella fábrica había cientos de niños pequeños. Todos sufrían la misma rutina, como pequeñas máquinas automatizadas. Ellos eran los encargados de darnos vida. Se levantaban a las cinco de la mañana. Entonces unos hombres mayores les repartían el material. Nunca vi a ningún capataz decir una palabra amable a cualquiera de los niños. Los pequeños comenzaban sus labores al amanecer. Sacaban sus agujas. Cosían parches de cuero como pequeños autómatas.

Hacia el mediodía tomaban el primer bocado. Solía ser una pasta que les servían en cuencos de madera. Muchos de los niños tenían que comer con las manos. No tenían derecho a protestar. Las quejas se castigaban con golpes y falta de comida. Un buen día nos metieron en cajas y nos llevaron a un camión. Me llevé una gran sorpresa cuando nos vendieron por trescientas pesetas. Después de un largo trayecto, llegamos a un aeropuerto. Salimos rumbo a España. Nos apilaron en un gran almacén. A los cinco días me trasladaron a una tienda.

A mí me expusieron en un gran escaparate pulcro y muy bien decorado. Todos los días observaba cómo niños bien vestidos me miraban con ojos brillantes. Una tarde se acercó un chaval con su madre. –«Quiero éste», dijo el niño. Y me señaló. Una chica joven me sacó y me metió en una bolsa de plástico. Yo veía al chaval ilusionado. Escuché como la chica dijo: –«Son nueve mil pesetas». Me quedé atónito. Yo nací por trescientas pesetas, y ahora valía mucho más de lo que nunca imaginé…

 

Alberto Blas y David Latorre (15 años)

Temática: Explotación laboral infantil. Técnica: Realismo fantástico.

q Sólo un perro

 

¡Es él! ¡Viene hacia aquí!… No, no… ya se marcha… Por hoy, mi dueña se libra de otra paliza. Cada noche veo a mi dueña nerviosa y atemorizada. Cuando David (mi dueño) llega de trabajar, la aborda con preguntas estúpidas. Mi dueña, no sale nunca de casa. Sólo para sacarme al parque a que haga mis necesidades. Pero, David insiste en que ella se ve con otros hombres. Ella lo niega. Y es ahí cuando comienza todo. Yo me escondo debajo de la cama. No me atrevo ni siquiera a ladrarle. En esos momentos, sólo ellos se encuentran en la casa. Yo estoy ausente.

Siempre ocurre lo mismo: la empuja, la insulta, la da puñetazos donde sea… Da igual, el caso es pegar. El resultado son los moratones por todo el cuerpo que mi dueña intenta ocultar con vergüenza. Temo por la vida de mi dueña. Hasta que un día, una tarde de sábado, en la que mi dueña estaba dándome de comer, David se acercó a ver que hacíamos. Sin motivo alguno, la cogió bruscamente del brazo y se la llevó a la habitación.

Oí golpes, gritos… y muchas más cosas que me dejaron asombrado. Llegó un momento, en el que la estridente lucha terminó. Se hizo un silencio absoluto. Yo estaba asustado. Me acerqué sigilosamente hasta la puerta, cuando de repente mi dueño, fuera de sí, me gritó: ¡«Que haces aquí maldito chucho»!

Fue tal la patada que me dio, que rodé por el suelo de la habitación. Mi aullido de dolor fue escuchado por todos los vecinos de la finca. Ahora estoy en el veterinario. Me parece que ya es de noche. Todo ha acabado. Ayer escuché decir al hombre que me cuida: «Pobrecito. Ahora te quedarás conmigo. Lo has pasado muy mal, ¿eh?». No sé que habrá sido de David. En realidad no me importa… Pero, mi dueña, mi querida dueña… descansa en paz.

 

Pablo Pardo Suárez (15 años)

Temática: Violencia doméstica. Técnica: Realismo fantástico.

 

q Sobraba en mi familia

 

Nací en China. Crecí en una pequeña aldea de campesinos. Yo «sobraba en mi familia». Cada familia sólo podía tener un hijo y yo sobrepasaba ese número. Mi madre no contaba conmigo hasta que cumplió los cuatro meses de embarazo. No quería abortar porque eran métodos clandestinos y tenía miedo a morir, además ya sentía que yo formaba parte de ella.

Todos los niños de mi edad iban a la escuela diariamente, pero yo acompañaba a mi madre a recoger arroz. Cuando me ponía enferma jamás iba al médico porque no estaba registrada. Yo no era nadie. Cuando cumplí los diez años, mis padres me vendieron a un hombre extranjero que les prometía una vida mejor para mí. Para mi padre fue un alivio deshacerse de mí porque ya no corría ningún peligro ante las autoridades, y era una boca menos que alimentar.

Este hombre me llevó con él a otro país; un país mucho más desarrollado que el mío. Me puso en un burdel de niñas prostitutas donde me obligaban a pasearme desnuda con un número en la espalda. Hombres extranjeros me elegían cada noche y pagaban por mí altas cantidades de dinero que nunca llegaba mis manos. Aquella situación me daba asco, pero si no obedecía me pegaban y me drogaban para que me calmara. Muchas chicas se resistieron y acabaron muertas por sobredosis o por un disparo en el callejón del burdel. Yo sigo aquí en la misma situación, prefiero no arriesgar mi vida.

 

Amparo Cortina Máñez (15 años)

Temática: Prostitución infantil. Técnica: Autobiografía fantástica.

 

q Mischa

 

Mischa, tumbada sobre un montón de paja sucia, despertó al sentir un tímido rayo de sol sobre su carita. Durante unos momentos se negó a levantarse. Deseaba seguir soñando. Su sueño había sido tan real… Había visto a papá, sentado en el suelo fumando en su pipa. Mamá estaba cosiendo y su hermanito corría por fuera de la modesta casita. A Arún, su hermano de dos años, le gustaba mucho correr con sus piernecitas cortas y regordetas. Casi no hacía otra cosa, excepto sonreír. Eso también le encantaba. Mischa se preguntó cuánto tiempo habría pasado desde que se fue. No sabía contar, y aunque hubiese sabido, ya habría perdido la cuenta de los días.

Oyó al encargado gritar: ¡Despertaos! y de mala gana, se incorporó. Todavía le dolían las mejillas y los hombros por culpa de aquel turista de ayer. El encargado, al pasar por su lado, le preguntó que qué era eso. Tímidamente, Mischa le contó cómo le había pegado el turista, diciéndole que si gritaba, la mataría. El encargado se puso furioso. Le dijo que no tenía que hacer caso de eso, y que hoy no podría trabajar. Se enfadó tanto que empezó a pegarle. Mischa, pequeña para su edad, no se resistió. El encargado no paraba, y de pronto… Mischa se sintió maravillosamente. Ya no veía nada, sólo a su hermano corriendo y riendo alrededor de la casa.

En el burdel de Bangkok, el resto de chicas miraba el cuerpecito inerte de Mischa, que no volvería a levantarse. Ella, con la cara desencajada por los golpes, sonreía a su hermano pequeño.

 

Krysia Cogollos Latham-Koenig (15 años)

Temática: Prostitución infantil. Técnica: Autobiografía fantástica

 

q La tienda de campaña de unos refugiados

 

Cerca de la ciudad de Chuadanga, al oeste de Bangla Desh, viven refugiadas tres familias procedentes de Sri Lanka. Por lo que comentaron durante el viaje, en una miserable embarcación, en su tierra había mucha miseria. Por más que se mataban a trabajar, no conseguían suficientes monedas para dar de comer a todos sus hijos.

Cuando llegaron al puerto, todos corrieron hasta alejarse de los núcleos de población. Durante muchos días, me desplegaron y montaron en diferentes lugares… Hasta que me montaron por última vez aquí, en Chuadanga. Por las mañanas, los tres hombres se iban y las mujeres se quedaban a cuidar de los siete pequeños. Al principio todo iba bien, ya que los hombres traían dinero y comida. Pero éstos últimos días todo ha cambiado: las familias viven asustadas porque los hombres han sido amenazados por ser extranjeros. Les roban el dinero que ganan.

Ahora se vive un ambiente de tensión y rabia contenida dentro de mí. Los niños tienen hambre porque desde que comenzaron las amenazas no han comido nada. Esta noche los hombres no han vuelto todavía, y ya es muy tarde… ¿Pero qué ocurre? ¡Alguien me está cortando con un machete! Me caigo al suelo, los palos que me sujetan se han roto… ¿Qué pasa? Oigo voces extrañas… Sí, están gritando a las madres; parece que les pegan. Los niños lloran desconsoladamente… Se oyen disparos. El llanto de los niños se ha callado súbitamente. Ahora sólo escucho los gritos de súplica de las tres mujeres para que no les arranquen sus vestidos…

Yo me caigo lentamente. Poco a poco voy cubriendo los cuerpos sin vida de los siete niños, mientras los gritos y el llanto de las madres se clavan en mí.

 

Alicia Martínez Varea (15 años)

Temática: Inmigración. Técnica: Realismo fantástico.

q Jardín de lágrimas

 

Soy un frasco de perfume de jazmín. Gusto a muchas personas por mi olor, por mi color, por mi fragancia… Estoy en los ambientadores y en los finos frascos de cristal que se apilan sobre la estantería del cuarto de baño… Para que me conozcan mejor, les contaré mi historia.

Cuando era una planta de jazmín, nací y viví cerca de El Cairo. Al norte de esta ciudad existen unos inmensos cultivos de jazmineros: ése fue mi primer hogar. Mis compañeras y yo vivimos bien y somos felices, pero no vean cómo nos entristecemos y nos avergonzamos, cuando en las primeras semanas de primavera, durante las frías noches, decenas de niños y niñas de seis a ocho años recogen nuestras flores para echarlas en grandes capazos que apenas si pueden arrastrar.

No se imaginan lo duro que es ver a estas pobres criaturas hambrientas, sedientas, agotadas, vestidas con harapos, descalzas, heladas… deseando que amanezca para ir a dormir; unos pocos a su casa y los demás en la calle. Sufrimos mucho viendo esos ojos oscuros, tristes y llenos de dolor; ojos que piden ayuda a gritos y a los que nadie escucha. En la plantación trabajan cientos de niños y niñas porque sus menudos cuerpos y sus finos dedos recogen con facilidad nuestras flores para después llevarlas a las fábricas y elaborar perfumes y esencias. Mano de obra barata la de los niños esclavos.

Es doloroso escuchar a los capataces dando órdenes, chillando, pegándoles sin concederles un solo minuto de descanso… Todo esto ocurre sin que yo pueda decir a esos niños que descansen, que ya seguirán mañana, que no lloren más. Cuánto me gustaría poder gritar a los capataces que se callen, que se estén quietos, que si quieren jazmín que lo cojan ellos…

Ahora que ya conocen mi historia «¿De verdad creen que vale la pena perfumarse con mi perfume y ambientar sus casas con mis esencias?».

 

Isabel Climent y Andrea Codoñer (15 años)

Temática: Explotación laboral infantil. Técnica: Realismo fantástico.

 

q Sombrero de copa

 

Cuando la única visión que tienes de la vida es a través de un cristal, colocado sobre la fría cabeza de un maniquí, pocas elecciones puedes hacer en tu existencia. Comencé mi andadura por este mundo sirviendo a uno de los más poderosos señores de esta ciudad. Acompañado por elegantes ropas, fui durante años el centro de atención de multitudes histéricas y políticos con trajes impecables y corbatas de seda .

Mi vida se convirtió en un monótono desfile ante payasos disfrazados de dioses. Y un buen día el destino me dio una sorpresa: Una simple ráfaga de viento cambió mi existencia. Fui a parar a manos de un tal Perico. Perico era un pobre vagabundo que sobrevivía de limosnas y a quien la bebida le ganaba frecuentemente la batalla. Dormía con otro grupo de vagabundos debajo de un puente. Aguantaba junto a un bidón que resoplaba infernales llamas para hacer más tibia la soledad de las duras noches de invierno.

Durante esa época ejercí como cesta para pedir limosna, como almohada y como único amigo de las alucinaciones de un pobre anciano. He de reconocer que por primera vez mi vida tuvo sentido. Pero el viento frío le cambió a él la vida, aunque de manera rotunda: una pulmonía se lo llevó.

Parece mentira los contrastes que he observado: Apenas le dolía la cabeza a mi primer dueño, ya tenía tres médicos encima, pero Perico murió solo y sin ayuda. Soy testigo de la pasividad de la gente que lo vio allí, tirado en la calle junto a un contenedor de basura, como si de un armario viejo se tratara. Ahora me pregunto qué es lo que diferencia a los hombres.

 

David Fernández García (15 años)

Temática: Transeúntes y mendigos. Técnica: Realismo fantástico.

 

q Una silla eléctrica

 

Soy una silla especial. Lo que me diferencia del resto de sillas de este centro penitenciario de Pelsting Ville, es que mi cuerpo está lleno de cables conectados a un generador de electricidad de una potencia diez veces superior a la de un hogar.

Todos los días me encuentro en esta horrible sala deseando que nadie se siente en mí para morir electrocutado inevitablemente. Pero cada dos o tres semanas mi pesadilla se torna realidad: y llega algún condenado a muerte a visitarme; esa visita desagradable que nunca repite nadie.

Estremecida, veo como, tras sentarle a la fuerza, le colocan los cables alrededor del cuerpo y, tras unas oraciones dichas por el capellán de la prisión, el celador acciona el interruptor desde la sala contigua. En ese momento siento a la muerte galopar por el interior de todos mis cables. Es un galope que se torna cada vez más fuerte y potente. Una fuerza invisible que hace temblar al condenado, a quien no volveré a ver.

Y así se engrosa la lista de las personas que mueren sin piedad cada año. Nunca me he enorgullecido de ser lo que soy.

 

Diego Moreno Prósper (15 años)

Temática: Pena de muerte. Técnica: Realismo fantástico.

 

q La vergüenza me está matando

 

Sufro pisotones, lluvia, viento y muchas cosas desagradables que sería incapaz de nombrar en estos momentos. Me da vergüenza ser lo que fui y lo que soy, y eso que a la luz del día casi no se me ve. Parezco una insignificante piedrecilla, pero si la gente viera lo que en realidad soy, recordarían el terrible momento en que aquel pobre niño campesino puso su pie sobre mí… Sí, soy el trozo de una mina antipersona, y me avergüenzo de ello.

Aún recuerdo el día en que me fabricaron. Yo intenté evitarlo tirándome al suelo cada vez que se giraba el obrero que me fabricaba. Pero no dio resultado. Intenté gritar para que frenaran mi proceso de fabricación, pero nadie me oía. Gritaba con todas mis fuerzas y sólo se escuchaba un silencio de muerte. Cuando me terminaron, me introdujeron en una caja de cartón. Me rodearon con papeles dentro de ella. Creo que en ese momento me desactivaron y me dormí.

Cuando desperté, escuché voces acaloradas. Estaban negociando mi precio, y el de multitud de hermanas mías que me acompañaban en aquel viaje final. Nos tasaron en 450 pesetas cada una. Sólo pensar en el día en que dejé sin piernas a aquel pobre niño campesino, siento ganas de morir… Me gustaría seguir fragmentándome infinitamente, hasta desaparecer por completo.

Quisiera decirle a la gente que no pase por este lugar, ya que sé donde están las otras compañeras preparadas para explotar… pero no sé cómo hacer para que me escuchen. Sé que lo que hice está muy mal. Pero yo fui fabricada para matar, y eso es lo que he hecho. Créanme, que si yo hubiera podido hablar o andar, me hubiera apartado del camino de ese niño y de todas las personas que han pasado, que pasan y que pasarán en un futuro no muy lejano. Ojalá no hubiera existido nunca.

 

Verónica de Luca Fabra (15 años)

Temática: Minas antipersona. Técnica: Realismo fantástico.

 

q Arriesgando la vida

 

Yo era una «patera» que dormía acurrucada en la playa bajo una lona grande. Me despertaron en medio de la noche. Me lanzaron al mar sin previo aviso. Me obligaron a transportar treinta personas, cuando sólo puedo cargar sobre mi espalda a doce. Hice lo posible por aguantar a todas aquellas personas y niños que habían colocado sobre mí.

Cuando llevábamos recorrido medio camino, comencé a sentir una fatiga inmensa. No podía aguantar más. Noté cómo se resquebrajaba mi cuerpo de madera por la mitad y comenzaba a inundarme lentamente. No podía hacer nada. La gente se ahogaba, y yo me hundía. Mientras sentía el agua del mar penetrar por mis entrañas, escuché los gritos de terror de los niños. Hice un supremo esfuerzo por ellos, pero todo fue en vano.

Zozobraba cada vez más deprisa. No podía mas. Llegó un momento en el que me hundí. Fui desapareciendo bajo aquellas aguas manchadas de miedo y oscuridad. Lo último que pude escuchar, fueron los gritos desesperados de aquellos inmigrantes que luchaban por sobrevivir. Las aguas oscuras del Estrecho sepultaron los cuerpos de niños inmigrantes; ahogaron los sueños de una vida mejor.

 

Carlos García (15 años)

Temática: Inmigración. Técnica: Realismo fantástico.

 

q Okhan y el Kalashnikov

 

Abrí los ojos a la vida. Todavía no sabía cuál era mi propia identidad… Miré alrededor. Vi cientos de armas ordenadas. Recién fabricadas. Las que me acompañaban eran Kalashnikov. Así fue como supe quién era. Yo era como todas ellas. Un arma automática; un fusil ametrallador. Pasaron los días. Nos recogieron y apilaron en una caja de madera. Noté cómo nos trasladaban. Oía voces en el exterior. Eran los repartidores. Así fue como comprendí que nuestro destino era un grupo guerrillero.

Nos metieron en el camión. Seríamos al menos quinientos o seiscientos los fusiles ametralladores viajando juntos. Después de muchas horas de trayecto paramos. Nos bajaron. Creo que nos llevaron a un gran almacén. Pasados unos días nos repartieron. Había una larguísima cola formada por niños. Iban vestidos a manchas negras y verdes. A mí me tocó ir con un niño de doce años. Se llamaba Okhan. Me subió en su hombro y marchamos juntos. Íbamos a paso firme. Nos guiaban unos señores altos y fuertes. Okhan y yo nos hicimos muy buenos amigos. Nunca nos separábamos. Cuando Okhan tenía miedo, hablaba conmigo. Me usó mucho. Muchísimo. Disparé a cientos de personas. Muchas de ellas también eran niños.

Un día, hacía mucho calor. Okhan estaba asustado. Cuando Okhan estaba apuntando al frente, le dispararon por detrás. Entonces noté un pequeño empujón. Okhan cayó. Se formó un gran charco rojo. Me quedé junto a él. Recuerdo que dijo: «Mamá». Se desvaneció. Así es la guerra. No puedes confiar en que alguien esté siempre a tu lado. El asesino de Okhan me cogió. Me arrojó a un hoyo. Aún sigo aquí, esperando que otro niño me recoja.

 

Alberto Blas y David Latorre (15 años)

Temática: Los niños de la guerra. Técnica: Realismo fantástico

 

 

 

Oración «Desde» las Narraciones de este Dossier

 

Cerramos el dossier con esta sencilla oración que puede unirse a cualquiera de los textos que aparecen anteriormente; de todos los modos, bien servirá para que los educadores «oren juntos»…

 

Señor, Dios,

como jóvenes o como educadores de jóvenes

acudimos juntos a ti.

Juntos exponemos ante ti nuestras vidas,

juntos queremos orientar de nuevo nuestro corazón

siguiendo tus indicaciones.

 

En nuestro trabajo con los jóvenes

no sabemos muy bien hacia dónde dirigirnos.

Buscamos una luz que ilumine y clarifique nuestras vidas.

Sé Tú nuestra luz para no andar en las tinieblas.

 

Ponemos ante ti los afanes y tareas.

Muchas veces nos olvidaremos de ti

metidos como estamos en el tráfago de la vida.

No dejes que nos extraviemos y te olvidemos.

No dejes que nuestros intereses oculten los tuyos

y los de los demás, que son nuestros hermanos.

 

Haznos sensatos, justos, pacíficos y equilibrados

en medio de la madurez de nuestras vidas.

Que nuestras decisiones sean acertadas

siguiendo la luz del Evangelio de tu Hijo Jesús.

 

No todo lo haremos bien, pero no por ello permitas

que nos ofusque nuestra verdad frente a la tuya.

Aleja de nosotros la cerrazón, la intransigencia,

el egoísmo, la comodidad, la seguridad,

el miedo a la conversión y al cambio.

 

Ponemos nuestra confianza en ti.

Confía tú también, como vienes haciéndolo, en nosotros.

pero no nos abandones y danos la fe de cada día,

solo la de cada día,

Para no terminar lejos de ti, ni de los demás,

que sabemos son Tú en medio de este mundo.

 

Por Jesús te lo pedimos. Él es nuestro aval e intercesor

que contigo vive y está en todo instante.

Que sea así. De verdad. Amén, amén.