Tiempo para recrear la vida

De dónde sacarán, en estos días                        éstos que ahora se pudren

sin luz que nos asfixian,                                     mientras esperan a que acaben

la fuerza para erguirse,                                    de hacer ceniza su cerebro.

 

SALUSTIANO MARTÍN

 

 

 

 

 

       Vivir en el tiempo

 

Salustiano Martín —un excelente poeta contemporáneo y profesor de Secundaria— ha escrito esos versos dedicados a los jóvenes que, en un mundo no demasiado justo con ellos, se ven obligados a vivir como «expropiados». Quizá sea esa misma condición de requisados permanentes, la que les empuja a convertir el tiempo libre y el ocio en «posesiones» con las que desquitarse y apostar por una identidad «a su aire»… para diferenciarse de quienes, en definitiva, son los confiscadores de sus vidas. Por algo parecido, se ha generado cuanto los sociólogos entienden como ley del «doble vínculo»: la semana está para obedecer, para someterse; a cambio, con cada fin de semana, renace el tiempo de la transgresión y la rebeldía.

Sin embargo, las nuevas generaciones no son demasiado conscientes del peligro que esconde un tiempo así, malvivido, soportado y malgastado. En cualquier caso, tiempo libre y ocio están cada vez más presentes en la sociedad actual y, por desgracia, asociados —cuando no identificados— a puro consumismo y simple diversión.

 

 

       Vivir el tiempo

 

Los jóvenes, así, «viven en el tiempo»: sin más pretensiones, sustituyen los habituales procesos de construcción de la personalidad por la sucesión de experiencias, seleccionando precisamente aquéllas que, por un lado, les sirven para diferenciarse y, por otro, se desarrollan en el espacio-tiempo del ocio que ellos han convertido en ámbito de autonomía y decisión exclusivamente suyo.

Pero una cosa es vivir en el tiempo y otra muy distinta «vivir el tiempo», dar sentido y orientación a la temporalidad. Sólo de este último modo, se puede en cierto sentido dominar o, mejor, transcender y ser dueño del tiempo y de la situación, vivir sin sobresaltos y sin prisas, serenamente. De lo contrario, el tiempo libre se iguala a «tiempo ocupado»… con desgana, las más de las veces, y —por lo mismo— vivido a destiempo. Por eso, en el caso de los jóvenes, el «tiempo libre» termina convertido en horas y horas de consumo que consume; una evasión, sin más, que fácilmente deriva en aburrimiento.

 

       Liberar el tiempo

 

No somos lo que hacemos y, sobre todo, nada de cuanto podamos hacer tiene sentido por sí mismo, ¡tenemos que dárselo! Agobiados por la necesidad de saltar de una actividad a otra, corremos el peligro, incluso, de que las pretendidamente escogidas para el ocio y el tiempo libre no sean más que imposiciones de la imperante cultura del consumo.

Antes de nada, entonces, necesitamos liberar o liberarnos de ese ocio y tiempo libre que terminan por esclavizarnos. Obsesionados por la prisa y el consumo, supeditamos el ocio y el reposo a la actividad cuando, en buena medida, debiera ser al revés: “el ocio es una «recreación», o sea, un medio para restablecer la voluntad y el valor de vivir” (Kriekemans).

Junto a las implicaciones personales del tema, «liberar el tiempo libre» constituye uno de los desafíos más importantes en la educación de los adolescentes y jóvenes. Pasar de un ocio consumista a otro humanista sólo es posible gracias a procesos de formación que integren descanso y desarrollo personal, diversión y ocupación gustosa y voluntaria, en fin, libertad y sentido.

 

 

       Tiempo con sentido

 

Hay mucho consentido en las tardes y noches de los fines de semana —«ocio de porro y botellón», una triste banalización del consumo de alcohol, particularmente— que está vaciando de sentido la diversión de los jóvenes. Esa patética y resbaladiza pendiente semanal amenaza con destruir el tiempo vacacional. Será cuestión de plantear y confirmar alternativas no sólo para el verano, sino también con miras a reconstruir el ritmo cotidiano roto.

Sirva la imagen de portada como meditación primera para enseñar a mirar y aprender a ver, para liberar tantas «miradas cautivas» por el brillo fácil de la farsa montada con un tiempo supuestamente lleno de tantas realidades y expectativas, cuando sólo esconde un vacío que, enfrentado cara a cara, no resulta nada cautivador.

Para las siguientes, este número de Misión Joven ofrece numerosas reflexiones y propuestas concretas para recuperar sentido, para recrear la vidarecuperando energías, incentivando el espíritu de iniciativa y la tensión ante proyectos nuevos, recuperando el sentido de la fiesta y del juego, fortaleciendo la capacidad de relación y participación, ocupando el tiempo gustosa y solidariamente.

¡Feliz re-creo! ¡Feliz verano!

 

 

José Luis Moral

director@misionjoven.org