UN CIELO NUEVO Y UNA TIERRA NUEVA. EL LIBRO DEL APOCALIPSIS

Marta García Fernández

Religiosa de Ntra Sra de la Consolación y profesora de Biblia en la Universidad de Comillas (Madrid).

 

SÍNTESIS

La autora, tras hacerse eco de las resonancias actuales de algunos temas apocalípticos, nos presenta las líneas principales del contexto social y religioso del Libro del Apocalipsis, así como sus contenidos y recursos estilísticos principales. Nos presenta también un ejercicio práctico delectio divina a partir de un texto de dicho  libro.

 

  1. Introducción

En el aniversario de una fecha fatídica que muchos calificaron de apocalíptica, el 11 S, comienzo a escribir este artículo. Y aunque mi tema seguirá otros derroteros, los del mundo bíblico, no quisiera obviar las sensaciones todavía hoy muy vivas de esos trágicos momentos. La retransmisión de aquellas impresionantes imágenes, repetidas una y otra vez hasta la saciedad, daba viva fe de que los ojos y el corazón necesitaban, no sólo una sino mil veces, verlo para creerlo.

Los símbolos occidentales del dominio económico y militar, las Torres Gemelas y el Pentágono, eran vulnerables. En cuestión de segundos los dos grandes rascacielos se desplomaron como si fueran de juguete. Con ellos se desplomó también nuestra sensación de seguridad: en cualquier momento estamos expuestos a la muerte. Más aún, en cualquier momento estamos expuestos a un cataclismo de dimensiones cósmicas. Así pues, en esta aldea global tan paradójica saltaron las alarmas y se desplegaron innumerables medidas de control.

Sin embargo, según expertos, el género apocalíptico cinematográfico toma raigambre en una catástrofe un poco más lejana en el tiempo: la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki. A partir de este acontecimiento emblemático y de enormes dimensiones el ser humano tomó, por así decirlo, conciencia de la ilimitación de su capacidad destructora. La escena dantesca quedó para siempre grabada en el inconsciente colectivo y legó como herencia a las generaciones sucesivas esa sensación de vulnerabilidad. Así se pone de manifiesto en los años venideros a través de una larga lista de películas con una trama muy similar: la humanidad amenazada por un peligro de dimensiones universales.

Podríamos decir que hoy en día, aun cuando seguimos en el mismo periodo histórico, estamos en una etapa distinta. El fenómeno post-moderno es el hito filosófico y cultural con el que se presenta en sociedad el hombre del final del segundo milenio y principios del tercero. Se ha hablado mucho del tema, ya que como cualquier movimiento social el post-modernismo no es una realidad homogénea. Algunos, haciendo una lectura novedosa de esta corriente, se han atrevido a asociar filosofía actual con apocalíptica.

Según estos autores, la fragmentación del pensamiento y la falta de un horizonte de sentido – típico del post-modernismo – vendría causada por un cataclismo filosófico similar al de las Torres Gemelas; el desplome del optimismo metafísico que consideraba a la razón capaz de alcanzar la verdad y la esencia de las cosas, así como de ofrecer una interpretación correcta de la realidad. Este declive de la razón ha producido una exacerbación del sentimiento, la pérdida de una visión unitaria y, en consecuencia, la fragmentación del pensamiento, además de un “pesimismo” metafísico cuya expresión más evidente es la falta de un sentido último que aúne los horizontes parciales del vivir.

Frente a esta hecatombe cultural y antropológica – puesto que han cambiado los paradigmas del sentir, del pensar, del vivirse y comprenderse – sorprendentemente ha resurgido una especial sensibilidad por lo trascendente. En esta línea, yo me atrevería a hablar del hombre de hoy como un hombre apocalíptico y, de este modo también, quedarían cubiertas las dos acepciones del término. Pues, si buscamos en el diccionario de la Real Academia el adjetivo “apocalíptico”, se indican dos posibilidades: la primera, aquello que es relativo al fin del mundo y que como tal se presenta como algo devastador y terrorífico; la segunda, aquello que es misterioso, oculto y enigmático, tal y como viene contenido en la misma etimología del término.

Aunque el fin de siglo haya hecho renacer los viejos fantasmas del milenarismo – así el reciente anuncio del fin del mundo en diciembre de 2012 calculado en base al calendario Maya – y en nuestra época todavía esté vivamente presente la sensación de que en cualquier momento nuestro mundo puede volar en pedazos – basta pensar en la amenaza nuclear y bacteriológica, los recientes atentados y desastres naturales, etc. – se podría decir que en la actualidad la tendencia apocalíptica se expresa mayormente en un redimensionamiento de lo oculto y de lo misterioso.

El eco que está teniendo el tema de los Anunakis, quienes hace cincuenta años y para cualquier investigador eran únicamente semi-divinidades sumerias, y que ahora se han convertido en los protagonistas de las historias más inverosímiles y sofisticadas es una prueba más de ello. No hace mucho en youtube contemplé perpleja la retransmisión de un programa en el que textos de las antiguas tablillas que yo había leído en la universidad, a veces con aburrimiento, se leían entre un halo de misterio y pseudo-cientificidad. Realmente el efecto que se conseguía era espectacular, la evocación simbólica fantástica y la interpretación muy original y sugerente. Viendo el documental comprendí por qué en el mundo académico los Anunakisapenas habían triunfado.

Sin embargo, más sorprendente era la conclusión a la que este programa llegaba. Hace muchos años hubo una especie de invasión por parte de unos seres superiores con forma de semi-lagartos que consiguieron dominar la tierra y que son los que la dominan en la actualidad, aunque nosotros permanezcamos desconocedores de este hecho. Como todos los de mi quinta, enseguida pensé en la serie de televisión “V”. Pero más allá de esto, el hecho me hizo reflexionar sobre una cuestión en boga. Resulta sintomático la proliferación de este tipo de cosas así como de una literatura del estilo Código da Vinci, donde de repente sale a la luz algo que durante siglos ha permanecido oculto porque a una minoría social más potente le ha convenido mantenerlo en secreto para dominar al resto y aletargar las conciencias, mientras otra minoría poco reconocida socialmente lo ha custodiado vivamente y trasmitido en la clandestinidad.

Si la posibilidad de que un loco pulse al botón y estalle nuestro planeta nos hace sentir inseguros y vulnerables, expuestos a un fatal destino y en manos de mentes arbitrarias y enfermizas de poder, esta nueva orientación abre una grieta todavía más profunda en la conciencia humana: ¿estaremos siendo engañados?, ¿nos habrán comido el coco durante siglos? Ante el aparente desconcierto que ha provocado la abdicación de la filosofía sobre la posibilidad de alcanzar la verdad, el ser humano de a pie no renuncia a poder encontrar un sentido. La desconfianza reinante hacia aquellas instituciones que durante siglos han tenido la prerrogativa metafísica, social, cultural, religiosa o política de conservar la “verdad”, lleva ahora a una proliferación de movimientos que se hacen garantes de su custodia, transmisión e interpretación. La verdad “revelada” se ha mantenido oculta durante milenios.

La larga historia de la humanidad ha contemplado momentos más predispuestos hacia una tendencia apocalíptica. Tomado el adjetivo en sus dos acepciones, hemos constatado que claramente nuestra época refleja esta tensión. Sin embargo, dichas acepciones vienen referidas en último término a aquel sustantivo que da origen al adjetivo y que, en nuestro caso es un libro: el Apocalipsis de Juan. Cabe, por tanto, preguntarnos si la actual orientación apocalíptica guarda alguna relación con este libro. Y en caso afirmativo: ¿cómo el libro del Apocalipsis puede decir algo a nuestro hoy?

Responder a estas preguntas es el horizonte del presente artículo. Ahora bien, dado la extensión que esto requeriría y la complejidad implícita a este libro de la Biblia, opto por no responder directamente a las preguntas – ya que podría resultar demasiado forzado – y me limito únicamente a presentar algunos datos que pueden ayudar a acercarse al mensaje del Apocalipsis, de manera que, brinde luz al lector para elaborar su propia respuesta.

 

  1. ¿Qué es lo que tú dirías del libro del Apocalipsis?

Si ahora alguien me hiciera esta pregunta y yo tuviera que responder espontáneamente le diría: el libro del Apocalipsis es un libro desconcertante, altamente polémico, reaccionario y provocador; un libro vibrante hecho de contrastes en el que conviven imágenes de gran belleza y de gran violencia; lleno de sutilezas y símbolos extravagantes hasta el punto de traspasar los límites de la estética y, a la vez, tan sugerentes y evocadores como para hacernos cruzar las fronteras de la razón y adentrarnos en el bosque de los sentimientos: amor, venganza, frustración, victoria…, todo se da en un breve intervalo de tiempo.

Es un libro escrito no tanto para pensar como para “sentir”; un libro en el que se despliega tal potencial simbólico que resulta imposible de abarcar, es totalmente incontrolable; cuando se acerca a él el lector experimenta fascinación, al mismo tiempo, que un bombardeo de escenas, sucediéndose sin tregua ni pausa, de tal tensión evocativa que a quien asiste le deja la sensación de estar ante un misterio que excede su comprensión. Un misterio continuamente revelándose, sin darle ni tan siquiera un respiro. Sin embargo, esta sensación de no comprender lejos de ser frustrante mueve más a su lectura. Y sin darse cuenta uno se ve embarcado una y otra vez buscando penetrar en el sentido profundo de lo que allí se narra. Es como un pozo sin fondo que no se agota. Quizás por eso, sigue ejerciendo tal atracción.

La respuesta que en los dos extensos parágrafos ha quedado plasmada, puede ofrecer ya una pista a la hora de aproximarse a este maravilloso libro. A diferencia de otros escritos bíblicos de los que se puede exponer brevemente en unas líneas la trama de la historia que relatan, resulta muy complejo hacer un resumen del libro del Apocalipsis: primero, porque las imágenes no se suceden según nuestra lógica; y segundo, porque el potencial del mensaje del libro reside en los símbolos y no tanto en el argumento. Aun con todo, una de las definiciones más acertadas que he encontrado, ha sido la de Pedro C.Nuñez y, por eso, ahora la trascribo ya que puede dar luz sobre la naturaleza literaria, histórica y religiosa de este legado bíblico:

 

El Apocalipsis es la Revelación de Jesucristo sobre Jesucristo, en forma de carta pastoral profética y contestataria de un pastor perseguido y deportado, llena de mensaje esperanzador, escrita en términos apocalípticos a una Iglesia brutalmente perseguida y que, además, padece crisis interna, para animarla a una lucha tenaz, perseverante y sin cuartel hasta el final y, para comunicarle que, en contra de las apariencias, quien saldrá vencedor, sin género de dudas, es Cristo (P.C. Nuñez, ¿Fuertes o débiles, pag. 21).

 

El autor desarrolla a lo largo del primer capítulo cuanto aquí enuncia; sin embargo, considero que la definición es de por sí suficientemente esclarecedora. Recientemente en un congreso uno de los ponentes, hablando de la técnica literaria del libro del Apocalipsis, decía muy gráficamente: “En el Apocalipsis el lector accede a la visión no a través de la vista – como lo está haciendo el profeta – sino a través del relato de la visión que este le está describiendo. Por tanto, a través de la palabra. Luego, es como si un ciego va al cine y su acompañante le va narrando lo que va pasando en cada una de las escenas”.

La metáfora que el congresista utilizó sería también válida y aplicable a lo que ahora yo estoy haciendo aquí: intentar condensar en pocas palabras la riqueza de este libro sin leerlo. No tomar contacto directo con el texto tiene el riesgo de que el mensaje pierda fuerza. Por eso, prefiero hacer una presentación menos exhaustiva del Apocalipsis y dedicar, al menos, un pequeño espacio para leer juntos un texto. De manera que nos entre el gusanillo de leer el libro en su integridad y de profundizar en su mensaje, puesto que para ello contamos con buenas herramientas como los estudios de: U. Vanni,Apocalipsis. Una asamblea litúrgica interpreta la historia (1982) y Apocalipsis. Culmen de la revelación (2011); X. Pikaza,Apocalipsis (1999); P.C. Nuñez, ¿Fuertes o débiles? Las siete iglesias del apocalipsis ayer y hoy (2007).

 

  1. 3. Temas de fondo

 

En nuestra jerga común Apocalipsis hace referencia al fin del mundo. Como ya hemos visto este significado no se halla tan descarriado. De hecho, la escatología – o lo que es lo mismo, el final de los tiempos – es uno de los temas principales de este escrito. El mismo desarrollo del libro sigue un esquema lineal de tiempo: lo que se había iniciado encuentra cumplimiento al final.

En este sentido, algunos estudiosos prefieren hablar más que de una escatología de una “teología de la historia”, ya que en el libro confluyen pasado, presente y futuro. Es decir, el Apocalipsis ofrece una visión de las grandes constantes de la historia universal humana y las interpreta desde la clave de Dios y de la salvación de su Hijo Jesucristo. Todo concurre y es guiado hacia un final que no es otro que la victoria del bien y, por tanto, de Cristo. Sin embargo, hasta que este futuro se realice definitivamente, ella sufre los dolores producidos por las contracciones de un parto lento y costoso. Pues la historia de la salvación preñada de ese “ya” vive la tensión producida por el “pero todavía no”. Es más, inmersa en esta especie de dialéctica, ella experimenta en muchos momentos la desazón provocada al contemplar cómo el mal prevalece sobre el bien.

Por este motivo, si el Apocalipsis apunta hacia futuro, arranca de su presente concreto y no puede desvincularse del mismo. Como es sabido, el libro surge en un contexto social y eclesial de enorme dificultad y busca dar un tipo de respuesta a sendos problemas. Hacia afuera la Iglesia está siendo perseguida. Es cierto que, cuando se escribió el Apocalipsis, todavía no había dado comienzo el tiempo de las grandes persecuciones. Sin embargo, especialmente en las ciudades de Asia, se habían producido intentos de expulsar a los cristianos del tejido social y religioso. En su inicio, tanto el judaísmo como el imperio romano se muestran bastante hostiles a esta nueva religión. El libro supone una respuesta contestataria a la prerrogativa del emperador de igualarse a Dios así como a la imposición y pretensión absolutista del imperio romano.

Sin embargo, también este escrito bíblico responde a ciertas escisiones internas en el ámbito de las comunidades eclesiales. Por lo que se refleja en sus páginas (cf. Ap 2,6-24) las tensiones intestinas provienen de posturas y de interpretaciones encontradas. Algunos consideran que es posible integrar el Evangelio en la estructura del imperio romano. Para ello leen la vida de Jesús únicamente desde una clave interior y espiritual, restando valor a un comportamiento externo afín y conforme al imperio.

En general el género apocalíptico – dentro del cual habría que comprender el libro del Apocalipsis – suele ser reaccionario y responde a una situación de crisis. En concreto, este género se empieza a desarrollar en la tradición judía a partir del s. V-IV a.C. La pregunta fundamental que subyace en estas obras literarias es la de la justicia de Dios en la historia humana y la del origen del mal. La experiencia cotidiana que tantas veces el ser humano hace es que el mal parece vencer al bien y esto, inevitablemente, pone en cuestión a la justicia divina. Por esta razón y en cierto sentido, el género apocalíptico pretende revelar y anticipar hacia dónde va la historia, de manera que desde esta perspectiva final se viva el presente con una esperanza activa y sin claudicar.

 

  1. La mayor genialidad

 

            El contexto de persecución justifica el carácter críptico y enigmático del Apocalipsis. Es decir, la necesidad de comunicarse entre ellos sin levantar sospechas lleva a adoptar un lenguaje codificado que puede ser entendido por los cristianos pero no por sus perseguidores. Sin embargo, esta explicación no es suficiente para dar razón a lo que es quizás el mayor tesoro de este libro: sus símbolos.

La genialidad del autor reside precisamente en la superposición de planos simbólicos y en el gran conocimiento del simbolismo bíblico que combina con gran destreza y habilidad, hasta conseguir un efecto extraordinario y un sugerente redimensionamiento de los mismos de alta densidad teológica. Es decir, probablemente el motivo de utilizar símbolos no se debe únicamente a la necesidad de no levantar sospechas sino a la necesidad de expresar la novedad de un mensaje revelado que excede al entendimiento.

Por tanto, nos encontramos ante un lenguaje cifrado cuyo acceso está vetado. Para decodificar el mensaje se requiere un tipo de “inteligencia” que se equipara a la sabiduría bíblica y que está en estrecha conexión con la vida en el Espíritu:quien tenga oídos para oír oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.

Aunque a lo mejor lo que voy a decir puede desanimar, el mensaje del Apocalipsis no se comprende del todo sin un buen conocimiento del AT. Muchos símbolos, acciones simbólicas e imágenes son tomados de este y reciben una re-significación. Por ejemplo, el árbol de la vida, el río de agua viva, los dos olivos, el candelabro de oro de los siete brazos, el gesto de engullir el libro, la cosecha y la vendimia, etc.

Además del legado veterotestamentario, existe un simbolismo cósmico. Así, por ejemplo, muestran las catástrofes que se describen: la luna se convierte en sangre, el sol deja de iluminar, las estrellas caen del cielo, etc. También se podría hablar de un simbolismo antropológico, especialmente a través de las partes del cuerpo: los ojos indican el conocimiento; la mano el poder; las piernas la estabilidad… La simbología teriomórfica es de igual modo relevante. Los animales son representante del bien (como el cordero, los vivientes, etc.) o del mal (dragón, la bestia, etc.). También sus partes del cuerpo pueden evocar distintas facultades. Así las alas representan la movilidad; los cuernos, la fuerza. También el libro está atravesado por un simbolismo cromático y aritmético. De especial relevancia resulta este último: el 4 significa el mundo creado; el 6 está relacionado con el mal y con la imperfección, mientras el 7 indica plenitud como también el 1000, el 12 evoca las tribus de Israel, etc.

 

  1. Dos símbolos que han hecho historia

 

Aunque podríamos tomar otros muchos, vamos a tratar dos imágenes que, a mi modo de ver, han hecho historia: los cuatro jinetes y el anticristo.

En Apocalipsis 6,1-8 asistimos a la apertura de los cuatro primeros sellos, y ahí se repite un mismo esquema literario: tras la apertura de cada uno, se escucha una voz que dice “sal”, a lo que aparece un caballo caracterizado por un color así como por lo que hace. Se trata de una contemplación desconcertante de la historia marcada por los signos negativos. Como un caballo (símbolo teriomorfo), los males “se presentan como fuerzas que se han desencadenado salvajemente en nuestra historia”. Los colores (simbolismo cromático) significan las calamidades que experimenta la humanidad (rojo, la guerra; negro, el hambre; verde o amarillento, la muerte). Aun con todo, la historia está bajo el control de Dios. Y aunque no todos están de acuerdo con esta interpretación, para muchos el caballo blanco representa a Cristo. En consecuencia, junto a esas fuerzas negativas y devastadoras en la historia, se halla una fuerza positiva. Todavía más, es precisamente ella quien vencerá al final de los tiempos (se le dio una corona y salió como vencedor para seguir venciendo: Ap 6,1).

El anticristo es otra de las imágenes, ausente en la teología católica, pero muy presente en el imaginario colectivo de este final de milenio. El texto del Apocalipsis a partir del cual se desarrolla esta creencia no habla directamente de este personaje sino de Satán. En el pasaje de Ap 20,1-10 se dice que Satán será encadenado por 1000 años después de los cuales será soltado y producirá mal por la tierra. En el cristianismo de los primeros siglos y, más tarde, en la corriente milenarista se encuentra la idea ampliamente difundida de que entre la segunda venida de Cristo y el juicio universal se implantará el Reino de Dios, periodo durante el cual Cristo tendrá que vencer a su gran rival. A partir de la idea judía del “antimesías” el cristianismo forjará en paralelo la idea del anticristo como encarnación del principio del mal y aquel que será el gran antagonista del Cristo y de la implantación del Reino de Dios. En la actualidad se observa como la lucha entre el bien y el mal llevada a cabo por un elegido – que en algunos casos se tiene que auto-inmolar – es una constante en un cierto género de películas del tipo El señor de los anillos, La guerra de las galaxias, Harry Potter o Matrix.

 

  1. Poniendo orden

 

Dentro de un “aparente desorden” el libro del Apocalipsis guarda un orden meticulosamente ideado en su desarrollo y organización interna. A grandes rasgos se podría decir que el libro se divide en dos partes muy desiguales. La primera estaría formada por las siete cartas a las Iglesias que reproducen el mismo esquema (Ap 1,4–3,22), mientras la segunda es bastante más compleja.

De extensión mucho más larga – ya que abarca el resto de los capítulos – se podrían pergeñar dentro de ella cinco secciones. La primera (Ap 4–5), en estrecha conexión con la última, introduce a los protagonistas del drama: Dios, el cordero, la corte celestial, el libro de los siete sellos. La segunda sección se va a caracterizar por la apertura sucesiva de cada uno de los sellos (Ap 6,1–7,17) y con ello aparece una primera oposición entre el bien y el mal. En la tercera sección el orden lo marca el septenario de las trompetas (Ap 8,1–11,14). De nuevo, se continúa presentando esa lucha establecida entre el bien y el mal. Una lucha que llega a su punto dramático en la cuarta sección (Ap 11,15–16,16) caracterizada por las tres “señales”: la mujer, el dragón, los siete ángeles con los cuencos. Finalmente, la lucha termina con la victoria del bien sobre el mal que confluye en la visión de la Jerusalén celeste. Así aparece en la quinta sección (Ap 16,17–22,5).

Sin embargo, como advierten algunos autores, la progresión lineal no es unívoca, en el sentido de que algunos elementos se mueven libremente. Esto es, no siempre se avanza hacia adelante. De este modo, el autor refleja la experiencia real y cotidiana. Esto es, aunque la humanidad camina hacia ese final, la historia sufre regresiones que la desenfocan y que dificultan dicha marcha hacia la transformación en ese cielo nuevo y esa tierra nueva.

 

  1. Una ficha práctica

 

Por todo lo que hemos dicho al principio, probablemente la sensibilidad actual y, especialmente la juvenil, conecte mejor con la sensibilidad del libro del Apocalipsis que con la de otros libros de la Biblia. Al menos la corriente moderna, muy pendiente a todas esas voces que surgen diciendo poseer la revelación de un misterio, facilita la atracción y la lectura de este libro.

A lo largo del curso 2010-2011, en la lectio divina que se tiene en la sede Alberto Aguilera de la Universidad de Comillas, se hizo la experiencia de una lectura orante y continuada del libro del Apocalipsis. Cada jueves se tomaba un pasaje que, con la ayuda de una breve explicación, era objeto de meditación, oración y actualización. La propuesta, por cierto bastante atrevida dado la dificultad implícita del libro, fue sin embargo muy fructífera. Por eso, para terminar os propongo una de las fichas que yo misma elaboré, de manera que de una forma sencilla leamos juntos un texto en el que se despliega un gran potencial simbólico, y de este modo y ayudados por unas pequeñas indicaciones, captemos la riqueza y la fuerza expresiva del texto y tomemos gusto por el libro.

Apocalipsis 13 1Y vi subir del Mar una Bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, con una diadema en cada cuerno y un título blasfemo en cada cabeza. 2La Bestia que vi se parecía a una pantera; tenía patas como de oso y fauces como de león. El Dragón le dio su fuerza, su trono y su inmenso poder. 3Una de sus cabezas parecía haber sido herida de muerte, pero su herida mortal estaba ya curada. La tierra entera corría fascinada tras la Bestia. 4Entonces adoraron al Dragón, porque había dado su poder a la Bestia y adoraron también a la Bestia diciendo: ¿quién será como la Bestia y podrá luchar contra ella? 5Y se le dio una boca que profiere arrogancias y blasfemias, y poder para actuar durante cuarenta y dos meses. 6Y abrió su boca para proferir blasfemias contra Dios, contra su Nombre, contra su tienda y contra los que habitan en el cielo. 7También se le concedió hacer la guerra contra los santos y vencerlos; y se le otorgó poder sobre las gentes de toda raza, pueblo, lengua y nación. 8Y le adoraron todos los habitantes de la tierra, a excepción de aquellos que desde la creación del mundo están inscritos en el libro de la vida del Cordero degollado desde el comienzo del cosmos. 9Quien tenga oídos, que escuche esto: 10Quien esté destinado al cautiverio, vaya al cautiverio; quien deba morir al filo de la espada, muera al filo de la espada. ¡Ésta es la resistencia y fidelidad de los creyentes!

…………………………………………………………………………………………….

–          CUANDO LEAS…                                                                                           

Contexto: nos encontramos en la sección 11,15–14,5. Han llegado los 1260 días de la bestia (11,1-13), se ha oído el tercer ¡ay! (11,14) y ha sonado la séptima trompeta. Enmarcado entre dos cantos que proclaman la victoria de Dios (11,15-19 y 14,1-5) se encuentran dos episodios de lucha: el de la mujer y el dragón (12,1-18) y el de las dos bestias (13,1-18). Mientras “Ap 12 presentaba los poderes primordiales (mujer y serpiente) caídos del cielo y enfrentados en el suelo”[1], Ap 13 pasa a otro plano; el de la historia humana dominada por la violencia.

Contenido: En Ap 12,18 ya se había anunciado que el dragón se retira a la vera del mar para suscitar a dos bestias: la bestia del mar (13,1-10) y la bestia de la tierra (13,11-18). Ambos seres son descritos en neta contraposición con los vivientes delAp 4, “animales” buenos y signos de Dios y de la vida. Las bestias, en cambio, son la expresión política del dragón, la encarnación del pecado y del mal en las estructuras culturales, políticas, sociales, económicas y religiosas.

Lectura por partes: el texto se podría dividir en tres partes. En la primera se ofrece una descripción de la bestia (13,1-4). La segunda trata de las “competencias” que tiene la bestia (13,5-7). Por último, las distintas reacciones humanas frente a la bestia así como una exhortación a la perseverancia.

 

Ø       Descripción de la bestia (13,1-4)

  • La bestia surge del mar, por tanto, del abismo y para los judíos de occidente. Luego, parece tratarse de Roma.
  • Tiene 10 cuernos y 7 cabezas. La cabeza significa la perfección mundana, mientras los cuernos simbolizan los reyes.
  • Es la bestia entre todas la bestias, porque condensa los rasgos de los viejos imperios (leopardo, león, oso; cf. Dn7,14). El poder que otorga el dragón a la bestia es desmesurado. Aunque a lo largo de la historia ha habido estructuras perversas, la perversión alcanza su culmen con el rechazo de Jesús.
  • Se trata de una bestia herida, aunque ya curada. La alusión hace referencia a las luchas intestinas en Roma en tiempos de Nerón que hicieron temer por el imperio. Superadas, éste vuelve a renacer con más fuerza. Hecho que se interpretará como un signo divino. De esto se hace eco el v. 4. El centro de la religión del imperio será la divinización de su poder.

Ø       Las competencias que se le otorgan a la bestia (13,5-7)

A la bestia se le da: 1) una boca que profiere arrogancias; 2) el poder para actuar por 42 meses; 3) la posibilidad de hacer guerra contra los santos y vencerles; 4) el poder contra las gentes. La imagen de la boca que profiere arrogancias recuerda a Antíoco (Dn 7,8.20). Una palabra blasfema que consiste en la divinización del poder. Y si bien se le concede un poder universal (v.7), por otra parte, es limitado (42 meses). Dios permite que el grano y la cizaña crezcan juntos. Es más permite que la bestia “venza” aparentemente a sus santos (cf. Dn 7,21), como ha sucedido con Él que se ha “dejado matar”. La muerte de Jesús es la verdadera victoria.

Ø       Reacciones frente la bestia (13,8) y exhortación a la perseverancia (13,9-10)

Frente a una gran mayoría que adora a la bestia existe una minoría que se muestra fiel al Cordero. De repente se escucha el mismo aviso que el dado a las Iglesias: el que tenga oídos para oír que oiga y se exhorta a seguir el camino de Cristo; vencer el mal no oprimiendo sino dejándose matar, si fuera necesario. Ésta será la verdadera fidelidad y resistencia de los santos.

………………………………………………………………………………………..

–          CUANDO MEDITES…                                                                                                          

v      Las bestias simbolizan las estructuras que oprimen a otros hombres. ¿Bajo el poder de qué bestias está sometida hoy la humanidad, sociedad, cultura, religión, ambiente, familias, etc.?

v      Juan pone de relieve en este pasaje el riesgo de idolatrización del poder humano. ¿Qué idolatrías de poder se encuentran hoy en el ámbito social, cultural, político, económico, religioso, eclesial?

v      El Apocalipsis subraya el martirio como una forma de resistencia y respuesta al mal. ¿Qué otras formas de oposición a la bestia, tanto en el plano político, social, religioso, serían necesarias hoy?

…………………………………………………………………………………………

–          CUANDO ORES…                                                                                                                

Habiendo dicho que al mal se responde con bien, sería impropio recomendar un salmo imprecatorio. Sin embargo, estos salmos surgieron como rechazo profundo al mal. En ellos el orante expone ante Dios sus sentimientos oscuros. Le suplica que haga algo, pues él es incapaz de vencer el mal, también el propio. Y aunque le señala cómo tiene que hacer, en el fondo lo deja en sus manos. Esto es, renuncia a tomarse la justicia por su mano. En este sentido la cruz de Cristo es la respuesta a la imprecación, ya que allí se vence el mal sin destruir al pecador.

Cuando ores siente el horror del mal, también del tuyo. Como le pasa a Dios no te quedes insensible ante el sufrimiento ajeno ni ante la injusticia. Sé capaz de verla allí donde se esconde bajo forma de legalidad. Expón con sinceridad a Dios tus sentimientos, los más nobles y los más oscuros. Implora con todas tus fuerzas la petición del padrenuestro: “líbranos del mal”. Deja en sus manos la respuesta definitiva y renueva tu compromiso por el Reino, la justicia y la construcción de un mundo más humano.

 

[1] Esta y las siguiente notas están sacadas del libro de X. PIKAZA, Apocalipsis, GLNT 17, Estella 1999.