UN CURSO AL LADO DE JESÚS DE NAZARET

Dos jóvenes se dirigían, mochila al hombro, al colegio. Iban comentado “el engorro” que suponía comenzar un nuevo curso cuando Jesús, en persona y también con la mochila al hombro, se acercó a ellos. Los jóvenes, pensando que se trataba de un compañero nuevo, le acogieron y los tres siguieron camino del centro que iba a ser, durante nueve largos meses, como su segunda casa. Jesús, para romper el hielo, entró en escena preguntándoles:

–¿De qué hablabais?

Ellos le miraron y uno de ellos, como arrastrando las palabras, le respondió:

–¡Chico, cómo se nota que eres nuevo!

Jesús, no conforme con la respuesta, volvió al ataque:

–¿Por qué? ¿Sucede, acaso, algo?

Ellos le contestaron:

–No es por amargarte el primer día de curso, pero ya verás el espectáculo al que vas a asistir: exámenes todas las semanas, profesores que te dan la bienvenida con la dichosa lista en la mano y que te despiden con una lista de tareas interminable, fines de semana cortísimos, vacaciones que parece que no llegan nunca, compañeros que van “a su bola”… Esto sin contar la academia, el laboratorio dos veces por semana, los trabajos en grupo, las broncas en casa debido a las malas notas… En fin, que lo que nos espera no es para estar demasiado entusiasmado, ¿no crees?

Jesús iba a volver a tomar la palabra cuando se encontraron con un tumulto de jóvenes saludándose, yendo de un sitio para otro comprobando listas, profesores nuevos, compañeros de otros cursos… Vamos, que los tres jóvenes se dispersaron sin apenas poderse despedir…

No sabemos más, aunque de lo que estamos seguros es que desde ese día Jesús asiste a vuestro mismo colegio, se sienta en un pupitre idéntico al vuestro, sale al recreo con vosotros y “echa codos” y ansía los fines de semana como el que más…

Si este curso que acabamos de comenzar os encontráis con él (para reconocerle tan sólo tenéis que partir y compartir vuestro tiempo, vuestros talentos, vuestros sueños, también vuestros fracasos, vuestras dificultades… en definitiva, vuestra vida con vuestros compañeros) invitadle a quedarse en vuestro grupo… Ya veréis cómo arde vuestro corazón y pasáis un curso arropados, alentados y queridos por el Amigo que nunca falla, por el Estudiante que todos quisiéramos tener a nuestro lado, por el Compañero de camino que siempre, siempre acude a nuestra llamada…

J. M. de Palazuelo

 Para hacer

  1. Si Jesús estuviera en nuestra clase, como un alumno más, ¿qué pasaría? Escribir un relato imaginando que está.
  2. Jesús realmente está: en los demás… ¿Cómo actuamos ante ellos?
  3. Invitamos a Jesús a que forme parte de nuestro grupo. Esa es nuestra oración.