Uso pastoral de la Biblia con jóvenes: teoría y práctica de la lectio divina

Jordi Latorre i Castillo, es profesor de Sagrada Escritura en el Centro Teológico Salesiano Martí-Codolar.

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

El artículo propone la práctica de la lectio divina en la acción pastoral entre los jóvenes como forma privilegiada para llegar al conocimiento y apropiación de la Sagrada Escritura. Ofrece una visión sistemática, presentando el dinamismo de la lectiodivina desde las primeras comunidades cristianas hasta la época actual. Presenta de manera sintética algunas metodologías paradigmáticas para la lectio divina, y hace una sugerencia de interés para su programación en los grupos de jóvenes.

 

Actualmente hay un mayor conocimiento de la Palabra, gracias a la riqueza de los actuales leccionarios de la misa, de los sacramentos y de la Liturgia de las Horas. Paralelamente se da una gran proliferación de comentarios bíblicos, siguiendo el leccionario o bien siguiendo los libros bíblicos.

Pero también se constata un uso selectivo de la Palabra: usamos exclusivamente el evangelio, olvidando las otras lecturas; y son siempre los mismos textos los que usamos con jóvenes, en las oraciones de grupo, en las catequesis y en las celebraciones ocasionales; bien porque son catequéticamente significativos, bien porque responden a sensibilidades de moda (justicia, no-violencia, ecologismo…), o bien porque son los únicos de los que “ya sabemos” qué tenemos que decir. La lectio divina, como personalización asidua y sistemática de la Escrituraresulta idónea para paliar ese desconocimiento, tanto en los animadores de la pastoral de juventud, como en los mismos jóvenes.

 

  1. La lectio divina como dinamismo espiritual

 

La lectura de la Escritura en las primeras comunidades cristianas

 

El pueblo de Israel fue haciendo a lo largo de los siglos una lectura creyente de su propia historia, descubriendo en ella la presencia salvífica de Dios. Igualmente, durante siglos la Iglesia ha ido leyendo la Escritura para profundizar en el misterio de Cristo y para descubrir la voluntad de Dios en cada situación y en cada persona.

Cuando los escritos del NT toman en sus manos el AT, tienen como clave última de interpretación la persona de Jesús. Comprender toda la Escritura, significa leer en ellas a Cristo y la realidad cristiana a partir de la resurrección.

La relación entre el AT y Cristo en la reflexión exegética de la primitiva comunidad cristiana fue hecha con la metodología técnica de los rabinos. Así, por ejemplo, Pablo (cf. 1Cor 10,6-11; Rom 5,14), y 1Pe 3,21 hablan de tipoy de anti-tipo. Según Heb, las realidades del AT son modelos, figuras, símbolos, sombra de la experiencia cristiana, que constituye la verdadera imagen.

La exégesis de la Iglesia apostólica nos ha dejado una herencia hermenéutica en la que podemos reconocer un elemento teológico permanente, que es la lectura del AT en clave cristológica, y un elemento cultural superado, que es el de los procedimientos exegéticos propios de aquel tiempo.

De aquí se desprenden las siguientes claves, que toda lectura cristiana de la Escritura debe tener presentes.

– La lectura se hace en profundidad, intentando captar su sentido profundo, más allá de las simples palabras. Por ello la lectura de la Escritura debe ser una lectura respetuosa con el texto; es decir, sitúa el texto en el conjunto de toda la Escritura, sitúa literaria e históricamente el texto, analiza narrativamente el texto —personajes, acciones, y transformaciones—, se ayuda de las notas a pie de página y de algún comentario, y capta el sentido profundo del texto.

– La lectura de la Escritura se hace desde la vida, y para la vida. Mira la vida en profundidad; es decir: con un diálogo continuo entre Escritura y vida. La Escritura interpela la vida cotidiana y se encarna en ella, la vida interroga la Escritura para captar su sentido, hay pluralidad de interpretaciones —unicidad de texto pero pluralidad de situaciones vitales—.

– La lectura se realiza en el seno de la comunidad de discípulos. La lectura es comunitaria: el paradigma es la asamblea litúrgica, son diversos carismas interpretativos en la comunidad —los exegetas – los pastores – la gente sencilla y los pobres—, la lectura privada prepara y continúa la lectura comunitaria.

– La lectura se hace a la luz de la Pascua de Cristo: Cristo y, en consecuencia, “el Dios de Jesús” constituye la clave de lectura de toda la Escritura, toda Escritura —tanto el AT como el NT— encarna la Palabra de Dios revelada en Cristo, desde Cristo, y para Cristo; y por ello me ayuda a profundizar el misterio cristiano y constituye la mediación de mi encuentro personal con Él.

– La lectura de la Escritura educa a la persona cristiana. La experiencia de fe de los personajes interpela nuestra experiencia de fe actual. La lectura de la Escritura conlleva la pregunta: ¿en qué me ayuda el texto leído a crecer en mi fe?

 

. La lectura de la Escritura en la patrística y en la Edad Media

 

Desde la época del Nuevo Testamento hasta nuestros días, la lectura de la Escritura ha pasado por distintas etapas. A grandes rasgos, vale la pena contemplar qué acentuaciones ha tenido la lectura de la Escritura en la antigüedad cristiana y en el medioevo.

Durante la edad patrística, los Padres tomaron la Escritura como base de su predicación, y en ella reflexionaron sobre los misterios de la fe y alimentaron la vida cristiana de sus comunidades. La lectura y comentario de la Escritura en el seno de la asamblea litúrgica, dominical o vespertina, fue fuente de la reflexión cristiana —teología—, de la vida cristiana —moral—, de la celebración cristiana —liturgia—, de la experiencia profunda de Dios —espiritualidad—.

En la época patrística, la lectio divina consistía en una lectura cordial y orante de la Escritura, fuente de vida cristiana, es decir, de espiritualidad y de formación para el pueblo cristiano bajo la guía de sus pastores. Especialmente importante fue considerada para la formación de los presbíteros, de los eremitas y de los monjes. La lectio divina era practicada primordialmente en forma litúrgica: en asamblea, bajo la enseñanza homilética de los pastores, y dirigida a toda la comunidad. El gran mérito de los Padres es el de haber sentido y transmitido la necesidad del estudio de la Escritura como fuente de la entera vida cristiana.

Al llegar la Edad Media se fue distinguiendo, poco a poco, entre lectio divina, que leía la Escritura como alimento para la fe, y la lectio scholastica, que buscaba comprender mejor el sentido preciso del texto.

La lectio scholastica desarrolló los llamados cuatro sentidos de la Escritura: el sentido literal y el espiritual; y, dentro de éste último, tres sentidos que se referían al contenido de la revelación -sentido alegórico-, a la conducta del cristiano -sentido moral- y a la escatología -sentido anagógico-.

La lectio divina continuó siendo practicada en los monasterios, siempre en común. Se partía de las lecturas bíblicas y de las homilías patrísticas que se leían largamente en Maitines en el coro; y se complementaban con la lectura sistemática de la Biblia y de sus comentarios en el claustro, donde se hacía en común la ruminatio de la Escritura, predecesora de nuestra meditación. A lo largo de su vida, el monje aprendía de memoria, además del Salterio para el rezo en el coro, amplias secciones de la Escritura, y las asimilaba, ensamblándolas temáticamente, penetrando en su sentido, a través de los comentarios patrísticos, y los veía aplicados en las vidas de los santos.La Escritura era así la fuente de la espiritualidad litúrgica y ascética de las comunidades monásticas.

La lectio divina, más que un método de lectura, era en esta época un estilo de vida espiritual que llenaba la entera jornada y la entera vida de los monjes. Se fundamentada en unos principios:

– En la Escritura Dios habla a la persona, y ésta le responde a través de las palabras de la oración. Se siente interpelada por la Palabra, que ayuda a interpretar la vida a su luz.

– Ayuda a tener una visión global de la Palabra de Dios. Cada pasaje de la Escritura es leído e interpretado en el marco del conjunto de toda la Biblia.

– La lectio divina se realiza en el clima de la oración. En el silencio del corazón resuena la voz de Dios, y es allí donde brota la respuesta de la persona.

– La Escritura es una palabra para la vida, por ello la escucha y el discernimiento conducen a la acción: “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la viven cada día”.

Guigo II (s. XII),[1] expuso el itinerario de la lectio divina en el seno de una carta dirigida a sus hermanos. Dicho itinerario ha llegado a ser clásico en toda la lectio divina posterior, hasta el punto que la mayoría de métodos de lectio divina actuales continúan inspirándose en él. Su itinerario contempla cuatro momentos o grados: lectio(lectura), es decir, la lectura lenta, atenta y comprensiva del texto bíblico; meditatio (meditación) es decir, el rumiar el texto (ruminatio) repetidamente hasta aprenderlo de memoria y asimilarlo personalmente; oratio(oración), es decir, el diálogo orante con Dios a partir del contenido asimilado del texto, dándole gracias, pidiéndole perdón, suplicándole su ayuda; contemplatio (contemplación), es decir, el paso del contenido de la oración de la mente al corazón, dejando aflorar los sentimientos y las emociones, a fin de gustar afectivamente de los consuelos aportados por la lectura y la oración.

En la Edad Media, la lectio divina pasa a ser una actividad preferentemente claustral; sus destinatarios privilegiados son  ahora los monjes. En ella se procede a la lectura común de la Escritura, pero a su meditación privada. La homilía de los pastores ha sido sustituida por la lectura de los Padres de la Iglesia, especialmente de sus comentarios a los libros bíblicos.

En el claustro, la lectio divina continúa siendo un estilo de vida que acompaña al monje a lo largo de sus jornadas. Con todo, la progresiva sistematización conlleva el convertir la lectio en un método de asimilación orante a la Escritura, un método de devoción personal.

 

1.3. En la época moderna y contemporánea

 

Al llegar la devotio moderna (s. XVI) comienza el declive de la lectio divina, la época que ha sido llamada «el destierro de la palabra y de la lectio divina». En los monasterios comienza la “meditación” en el sentido moderno del término, junto con la “devoción” y las “devociones” que han perdurado hasta bien entrado el s. XX.

A los Institutos Religiosos surgidos después de Trento se les prescribe un tiempo de meditación personal y comunitaria. Aunque sus formas sean múltiples, el método más difundido es el de Ignacio de Loyola, que adapta lalectio tradicional a los postulados de la devotio moderna. Con todo, algunas órdenes, como los Servitas, continuaron con el uso de la lectio, si bien con algunas adaptaciones.

Ya en el s. XX asistimos a una recuperación de la lectio y a un reflorecimiento de la misma. Un fruto de ello, lo encontramos en la Constitución conciliar Dei Verbum, que insiste en la lectura asidua de la Escritura para los sacerdotes y religiosos, y además, –y es una novedad respecto a siglos anteriores– invita también a todos los fieles a dicha lectura. Recuperando así la antigua tradición eclesial de la lectio divina, afirma: “Este Santo Sínodo recomienda insistentemente a todos los cristianos la lectura asidua de la Sagrada Escritura, a fin de adquirir el sublime conocimiento de Jesucristo (Flp 3,8), pues desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo (San Jerónimo)” (DV 25).

El contacto que pide el Vaticano II no es una lectura ocasional, fragmentaria o discontinua, sino un acceso sistemático al texto bíblico desde la fe, en un clima de coloquio con Dios, a fin de experimentar personalmente a Cristo, discernir la voluntad de Dios, y descubrir la presencia de Cristo en las personas.

La aparición, además, de nuevas órdenes ecuménicas que, a falta de una tradición más inmediata, buscan sus cimientos sobre la antigua tradición eremita y monástica, trae consigo la recuperación de la antigua lectiomonástica. Cabe destacar, en esta línea, la Comunidad de Taizé (Francia – fundador Roger Schutz) y la Comunidad Ecuménica de Bose (Italia – fundador Enzo Bianchi).

Recapitulando, la lectio divina en la tradición eclesial ha sido, preferentemente, una escuela de espiritualidad, más que un método de lectura de la Escritura. Parte del entero contacto con la Escritura —personal y comunitario, litúrgico y privado, directo o indirecto—, sigue con el estudio reflexivo de su contenido, en vistas a su comprensión profunda, se realiza en un contexto orante, desemboca en la conversión: un cambio progresivo del corazón que se expresa en la vida cotidiana. La lectio no se reduce a unos momentos concretos de la jornada, o de la vida, aunque sean abundantes; sino que abarca toda la jornada y la vida entera del cristiano.

 

  1. La lectio divina como método

 

En la actualidad, la popularidad de la lectio divina y la falta de tiempo y de preparación para realizar una lectura sistemática y profunda de la entera Escritura, ha provocado que la lectio divina deje de ser un dinamismo de vida para reducirse a un método de meditación de la Palabra de Dios, practicado frecuentemente de forma ocasional. Ello contrasta con la tradición cristiana anterior, en  la que la lectio divina, más que un método de meditación de una determinada perícopa bíblica, es un dinamismo de formación cristiana y de espiritualidad que abarcaba la entera vida. Y es en el seno de ese dinamismo constante de formación y de espiritualidad que el método de acercamiento a un texto concreto encuentra su sentido auténtico y su contexto eficaz.

La lectio divina, entendida como método de acercamiento al texto bíblico, se ha desarrollado, en las últimas décadas, según una variedad de metodologías diversas, según los lugares y las circunstancias. Con todo, cualquier metodología usada, para poder ser considerada auténticamente como lectio divina, debe combinar estos cuatro componentes esenciales: lectura del texto bíblico, la meditación (personal y / o comunitaria), la oración contemplativa, la vida (de las personas y/o del grupo).

No todas las metodologías acentúan de la misma manera cada uno de estos componentes, de ahí su variedad, y su consiguiente adaptabilidad a las diversas circunstancias de los grupos y de las personas.

Llegados a este punto, presentamos siete metodologías paradigmáticas para la lectio divina, con una referencia a su aplicación con los jóvenes. Las dos primeros pertenecen a la larga tradición eclesial, las otras cinco son metodologías nacidas en las últimas décadas.[2] La mayoría están pensadas para seguirse en grupos reducidos, aunque alguna de ellas puede usarse también en gran grupo, y las otras son de índole privada.[3]

 

2.1 Metodología monástica de la lectio divina

 

La metodología monástica hunde sus raíces en la tradición patrística y, sistematizado en la edad media, constituye el origen de los diversos itinerarios popularizados a partir de mediados del s. XX.

No es una metodología ocasional, es decir, para una reunión periódica de grupo, o para un retiro personal o comunitario, ni siquiera para un rato diario de meditación personal. Es un método sistemático que abarca toda la jornada y toda la vida del monje.

Mantiene las dos expresiones complementarias tradicionales: la comunitaria y la privada. La comunitaria, o litúrgica, se realiza en los Maitines diarios, con una lectura casi seguida del AT y NT y de los comentarios patrísticos, en un ciclo litúrgico anual o bienal. En algunas órdenes, además, en el refectorio de procede a la lectura de un capítulo diario de la Escritura siguiendo una lectura completa y seguida, independientemente de los ciclos litúrgicos.

La privada, a la que los monjes dedican un promedio de dos horas diarias. Una por la mañana, entre los Maitines y las Laudes; otra por la tarde, al final de la jornada, antes de las Vísperas. Esta se realiza en privado, ordinariamente en la propia celda o en el jardín. Tiene cuatro elementos: lectura, comprensión, oración y conversión. Resulta esencial la comprensión del texto, para ello el monje lee los comentarios exegéticos y espirituales de que dispone la Biblioteca del monasterio; es un auténtico “estudio” de la Palabra. La adecuada comprensión del texto desemboca en la oración personal, y en la conversión de la propia vida a la Palabra de Dios. Cada persona programa su itinerario de lectio divina: lectura seguida de todos los libros bíblicos, o bien alternando libros del AT y del NT, o bien por grupos (Evangelios, cartas, profetas, Pentateuco, sapienciales…). Sabiendo que es una tarea que le empeñará toda la vida, y en la que siempre deberá recomenzar.

Esta forma sistemática de leer, estudiando y rezando, la entera Biblia, la podemos aplicar a un plan personal de formación permanente. Resulta adecuada para jóvenes adultos que ya poseen una formación básica suficiente.

 

2.2 Lectura contemplativa de la Palabra

 

Este método está fundamentado en el método que S. Ignacio sugiere, en sus Ejercicios Espirituales, para orar y contemplar personalmente los relatos evangélicos. Se fundamenta en la experiencia personal de Ignacio, en la escuela de la tradición monástica, y de la devotio moderna de la época. Resulta apto para la lectio personal de los textos evangélicos, y puede aplicarse también a otros textos narrativos del AT y NT. Pone en juego, sobre todo, elafecto, es decir, la implicación personal del orante en aquello que lee y medita.

– La persona comienza buscando un lugar idóneo para la oración. Una vez hallado, y tras un rato de silencio interior, toma conciencia de la presencia de Dios y le pide la gracia que pretende hallar en la oración.

– Sigue la lectura atenta del texto; acabada ésta se ponen en juego la memoria (se “recuerda” el relato evangélico) y los sentidos internos (se “ve” la escena, se “escucha” a los personajes, se “comparten” sus sentimientos…). La persona se implica en la escena, imaginándose como un personaje de la misma, e interviniendo en la misma; o bien, poniéndose en el papel de Jesús, de sus discípulos o interlocutores, de sus opositores… No se trata tanto de comprender el texto, cuanto de revivirlo.

– Al sentirse interpelada por la escena, y revivirla interiormente, la persona se siente “afectada” por lo que medita; observa su vida actual y la confronta con lo meditado.

– Se pasa a la oración en diálogo cordial con el Señor, “como un amigo habla a otro amigo”. En la oración presenta ante el Señor los afectos suscitados por la contemplación de la escena evangélica (temor, consuelo, dolor, alegría, confusión…), le “cuenta” en lo que su vida se ha visto interpelada, y le pide su presencia y su ayuda.

– Todo concluye con una breve evaluación de la lectio realizada.

La novedad de la lectio ignaciana estriba en integrar la “contemplatio” con la “meditatio”, así la reflexión ya no es puramente intelectual, sino que se realiza con los sentidos internos y los afectos, con lo que en la misma reflexión ya se “gusta” lo meditado. Aparentemente falta el aterrizaje en la vida, pero, en la línea de tradición medieval, el aspecto “práctico” de la lectio es la “conversión de corazón” que obra la lectio, mediante lasistematicidad y la perseverancia, en el ejercitante, y que confluye en la “elección” o programa de vida cristiana que éste realiza. Esta metodología se puede aplicar a retiros de jóvenes y adultos y a tandas de EE.

 

2.3 Estudio de Evangelio

 

Usado como instrumento de formación interna y de evangelización por los Sacerdotes del Prado, fundados en Francia por A. Chevrier. A pesar del nombre, se inspira en el método de la lectio. Este método puede ser usado de forma personal o grupal, si bien se recomienda alternar ambos usos. Previamente se ha formulado un tema que sea de interés para el grupo, y se ha buscado, en un diccionario bíblico, uno o varios pasajes de la Escritura que reflejen o iluminen dicho tema. A continuación se procede al “estudio”.

– Tras un rato de oración, se proclaman los textos bíblicos propuestos. Se da tiempo abundante de silencio para que cada uno los profundice. En un primer momento la atención se centra en los mismos textos: ¿qué personajes aparecen?, ¿qué hacen?; ¿qué transformaciones se dan en los personajes y en las circunstancias a lo largo del texto?; ¿cuál es el comportamiento de Jesús/Dios?, ¿qué revela de sí mismo?. Si es un texto del AT: ¿qué proyección tiene en el NT?, ¿cómo ilumina Jesús esta escena bíblica? Se pueden leer otros textos paralelos relacionados con lo leído.

– En un segundo momento la atención se dirige hacia la vida de hoy: ¿cómo se viven situaciones parecidas en nuestro ambiente de vida?; ¿cómo lo vive hoy la Iglesia?; ¿cómo lo vivo yo?; ¿qué luz nos aporta la Biblia, sobre todo Jesús, para iluminar nuestra acción futura?

– A continuación se hace la puesta en común, evitando discusiones y debates. El animador acaba haciendo una breve síntesis a partir de las aportaciones personales de todos.

– Se concluye con una oración final algo más larga.

Esta metodología se puede aplicar a grupos de jóvenes y adultos que deseen un itinerario sólido de formación cristiana a partir del texto bíblico, o bien en una sesión de formación comunitaria.

 

2.4. Método de Kigali

 

Fue creado para favorecer la lectura de la Biblia en grupos de catequistas. Está pensado para la reflexión de textos narrativos del NT -Evangelios y Hechos- y del AT -Pentateuco y libros Históricos-.

– Se comienza con un momento de silencio, una oración, o un  canto que invite a la escucha de la Palabra. Seguidamente se proclama atentamente el texto elegido, sigue un momento de silencio personal, y se proclama por segunda vez el texto, facilitando la retención de los elementos esenciales. A continuación cada uno manifiesta sus impresiones (sin sacar conclusiones!).

– Se pasa a observar el texto en detalle: localizar los lugares que son nombrados; descubrir los personajes y sus relaciones; agrupar las palabras y expresiones que son de la misma familia semántica; comparar principio y final del pasaje y ver qué transformaciones se han operado.

– Se aprovechan las informaciones sobre el pasaje que aporta la propia Biblia: notas y comentarios, y se cotejan los textos paralelos.

– De una manera o de otra se presentan cuatro puntos fundamentales: la vida de Jesús de Nazaret, el acontecimiento de la vida de Jesús o de sus discípulos, de que habla este pasaje ¿cómo se inscribe en el conjunto de la vida de Jesús?; la Resurrección, ¿qué elemento de la fe en la Resurrección acentúa este texto?, ¿qué esperanza suscita?; la vida de la Iglesia, ¿a qué necesidades de los cristianos trata de responder este texto?, ¿por qué la comunidad primitiva conservó y comunicó este texto?; las Escrituras: las alusiones a otros textos del AT y NT ¿cómo ayudan a comprender mejor el mensaje del texto?

– Después de todo lo anterior, se pasa a descubrir el testimonio de que para el hoy, que se desprende del texto: ¿cómo traducir en otras palabras el mensaje del texto?; ¿cómo ilumina nuestra fe, cómo ilumina nuestra situación, qué exige de nosotros?

– Se concluye con una oración.

Este método resulta interesante para grupos bíblicos principiantes, o con personas de escasa formación bíblica. Ya que la lectio apunta hacia la vida, resulta interesante para grupos de jóvenes comprometidos en alguna acción social o eclesial.

 

2.5 Ver, escuchar y actuar

 

Es una variante del método de Revisión de Vida impulsado, desde Bélgica, por el sacerdote Joseph Cardijn, y que se ha convertido en la formación básica de los grupos de los Jóvenes Obreros Católicos (JOC). A diferencia de otros métodos, no parte de la Escritura para llegar a la vida, sino al revés.

– Se comienza con una oración, o un canto, o unos minutos de silencio.

– Cada uno de los miembros del grupo pasa a exponer un hecho de vida que le haya afectado de forma significativa en los últimos días o semanas. Al acabar, se escoge uno de los hechos presentados para examinarlo en un clima de respeto y de escucha mutua, intentando captar los mecanismos de fondo que se hallan tras el hecho concreto.

– Sigue un amplio momento de silencio, intentando valorar el hecho analizado con los ojos de Dios, intentado descubrir, a la luz de la Palabra, cómo Dios lo juzga. Tras el silencio, se pasa a intercambiar las reflexiones suscitadas durante el silencio, acabando su intervención cada miembro con la cita de una frase o de un pasaje de la Escritura que, a su juicio, expresa la valoración divina del hecho. El texto se cita de memoria o se busca en la Biblia personal.

– El animador propone al grupo, mediante preguntas concretas (qué– quién– cuándo), una actuación común futura.

– Se concluye con una oración de intercesión, un salmo o un canto.

Este método, un clásico del s. XX, resulta apropiado para grupos de jóvenes-adultos, sesiones formativas de animadores, sesiones comunitarias de formación. Acentúa el compromiso de llevar a la práctica lo leído y rezado en común en forma de compromiso.

 

2.6. Escuela de la Palabra

 

A finales de 1980, un grupo de jóvenes pidió al Cardenal Martín, entonces Arzobispo de Milán, que les enseñara a rezar con la Biblia. La experiencia comenzó en el Seminario diocesano con unos pocos jóvenes, pero a los pocos meses ya se tuvo que trasladar a la amplia Catedral de Milán, cada primer jueves de mes. En 1985 fueron ya setenta los grupos distribuidos por las parroquias de la diócesis los que seguían la Escuela de la Palabra, conectados con la Catedral mediante la emisora diocesana. El gran dinamizador de la experiencia ha sido el carisma personal del Cardenal Martini, con sus conocimientos bíblicos, su práctica de dirigir EE y de acompañamiento personal, y sus dotes comunicativas de conectar con el gran grupo.

Es un método eminentemente grupal, con reflexiones bíblicas a modo de retiros. El aspecto que acentúa es el de oración personal. Adquiere importancia el ambiente en el que se desarrollan los encuentros: iglesias o capillas, debidamente acondicionadas.

– Se comienza con un canto, una oración o un salmo que invite al recogimiento. Se hace un clima de silencio absoluto que predisponga a la escucha y a la oración. A veces se entroniza la Palabra tras una procesión por la Catedral, o se invita a los jóvenes a ponerse de rodillas, en actitud de adoración.

– Lectio. Se proclama solemnemente la Palabra. Sigue una explicación (20 minutos) hecha en clave de meditación: no es una homilía ni una catequesis, sino una aclaración meditada del texto. La exposición es sencilla ymemorizable en sus puntos fundamentales: ¿qué dice el texto?, ¿cuáles son los elementos bíblicamente relevantes?, ¿cuál es el corazón del pasaje?

– Meditatio. Siguen otros veinte minutos de silencio absoluto (sin música de fondo ni cantos) en el que los presentes se dejan interpelar por el texto meditado previamente. Para ayudar a la meditación pueden formularse preguntas breves, directas e incisivas, fáciles de retener: ¿qué me dice el texto?, ¿cómo ilumina la situación que estoy viviendo estos días?, ¿qué gesto, compromiso, acción me sugiere para los próximos días?

– Oratio. Se concluye con una oración o un canto en común.

Este es quizá uno de los métodos más simples y efectivos de lectio divina y por lo tanto resulta útil en retiros de jóvenes y adultos, y también para tandas de EE con jóvenes. También es el más apropiado para ser usado en la meditación diaria de la Escritura.

 

2.7. Lectura creyente de la Biblia

 

Este método de lectura fue propuesto, a comienzos de las década de los ’90, por el equipo animador de La Casade la Biblia (Madrid). Al igual que el método de Revisión de Vida, parte de la vida para volver a ella; pero, a diferencia de él, lo complementa con el estudio objetivo de un texto bíblico.

– Comienza también este método con una ambientación orante o un canto.

– Mirar la propia vida. El animador escoge una situación vital que esté relacionada con el texto que se estudiará después, y la plantea al grupo en forma de pregunta para que todos aporten su experiencia personal del respecto: ¿conocéis a alguien que…?, ¿habéis visto alguna vez…?, ¿os ha sucedido que…?, ¿qué opinión os merece?

– Lectura de un texto, escogido previamente, o bien lectura continuada de un libro bíblico. Uno lee y los demás siguen en su propia Biblia (mejor tener todos la misma versión, o una fotocopia). A continuación, si es preciso, el animador hace aclaraciones sobre el texto, o responde a las preguntas de los miembros del grupo sobre puntos o expresiones oscuras. A continuación, se pasa a analizarlo: ¿qué personajes aparecen?, ¿qué hacen?, ¿qué relaciones mantienen?, ¿qué transformaciones se dan en los personajes y en las circunstancias a lo largo del texto?, ¿cuál es el mensaje del texto?, ¿qué relación tiene el texto con los hechos comentados?

El animador debe haberse preparado previamente el texto, a fin de que su pregunta inicial sea una explicitacióndel núcleo del texto que ahora se analiza entre todos.

– Se vuelve sobre la propia vida: ¿cómo ilumina el texto los hechos comentados al inicio?, ¿en qué puntos nos llama a conversión?. Puede surgir algún compromiso personal o de grupo.

– Se concluye con una oración: un salmo seleccionado por el animador (de acuerdo con lo meditado) y rezado todos juntos, unas intercesiones, un canto o el padrenuestro final.

Este método se puede aplicar a grupos de jóvenes y adultos, y también en catequesis de adultos. Combina el objetivo educativo con la proyección de vida en forma de compromiso.

 

  1. Itinerarios de lectura de la Biblia en la lectio divina

 

Habiendo presentado una selección de metodología de lectio divina proponemos ahora algunas sugerencias para una programación general de la lecturas a usar de forma sistemática en las sesiones personales o grupales delectio, ya sea por parte de los jóvenes y de sus propios animadores.

 

3.1. El ritmo del año litúrgico

 

El año litúrgico es el itinerario básico de formación cristiana. Tenemos a nuestra disposición dos ciclos diarios: el leccionario de la Misa diaria y dominical, y el leccionario de la Liturgia de las Horas (Oficio de lecturas). Ambos se complementan y se enriquecen.

– Ventaja: nos ayudan a sintonizar nuestra escucha de la Palabra con la Historia de la Salvación y con los Misterios de Cristo, celebrados a lo largo del año.

– Inconveniente: no nos permite una lectura suficientemente sistemática de los textos bíblicos, situación agravada en los tiempos fuertes, en los que se pierde la lectura seguida de los libros bíblicos.

Este itinerario resulta útil en cualquier etapa de la vida cristiana, siempre que se quiera adquirir un conocimiento sistemático de la Escritura. Resulta útil para la meditación diaria tomar como base las lecturas de la Eucaristía del día.

 

3.2. Un recorrido general por la Escritura

 

No se trata de leer la Biblia toda entera, sino de disfrutar de una panorámica general, a base de la selección de algunos de sus textos más significativos. Existen listados con selecciones ya hechas.

– Ventaja: proporciona, por una parte, una visión de conjunto útil a un estudio posterior más pormenorizado, y, por otra, permite afrontar, en poco, tiempo los textos más esenciales del AT y del NT.

– Inconveniente: se centra en textos, muchas veces, ya conocidos, y extraídos de su contexto. Una vez recorrido, exige pasar a otros itinerarios más completos.

Puede resultar útil en grupos que se inician en el conocimiento sistemático de los textos bíblicos -por ejemplo, adolescentes, jóvenes o adultos con poca formación bíblica previa-. Resulta más útil si se trabajan los textos en pequeño grupo.

 

3.3. La lectura seguida de un libro

 

Se hace una experiencia de lectura sistemática de un libro bíblico, tomando en base a los intereses de la persona o del grupo, o bien del año litúrgico. Para principiantes es mejor comenzar con la obra lucana: evangelio y Hechos, de forma seguida. Se puede seguir con otro evangelio, o bien pasar al Génesis y al Éxodo.

– Ventaja: ayuda a un conocimiento profundo del libro y de la teología de su autor, al tiempo que permite gustar el texto como obra literaria: con su comienzo, su desarrollo y su conclusión.

– Inconveniente: no todos los textos pueden tener el mismo interés, por lo que se requiere constancia, y habilidad en el animador del grupo.

Se puede proponer a grupos bíblicos de frecuencia semanal o quincenal. Se puede sugerir a los jóvenes como lectura formativa personal -incluso sin aplicar explícitamente el método de la lectiode acercamiento al mensaje evangélico. Puede ser útil también, aplicando esta vez el método de la lectio, para la oración diaria, en cualquier etapa de la vida. Seleccionando algunos pasajes de un determinado libro, se pueden organizar “ciclos” de retiros, o de encuentros bíblicos de frecuencia mensual.

 

3.4. Profundización de un tema

 

Se estudia un tema escogido de antemano, ayudándose de un diccionario o un vocabulario bíblico, o también del índice temático que existe al final de la mayoría de ediciones de la Biblia. A lo largo de varios días o sesiones se van leyendo y meditando los distintos textos bíblicos relativos a al tema elegido.

– Ventaja: permite captar las distintas connotaciones que los distintos temas teológicos o espirituales han ido teniendo a lo largo de la tradición bíblica.

– Inconveniente: exige una previa visión de conjunto de la Biblia y de sus tradiciones, de lo contrario puede desorientar el enfrentarse a varios textos sacado de su contexto y, a veces, contradictorios entre sí.

Este itinerario resulta útil para grupos bíblicos de frecuencia mensual, o mayor; también para retiros.

 

3.5. Lectura de toda la Biblia

 

La lectura de toda la Biblia constituye, ciertamente, el culmen de cualquier itinerario de lectio divina. La lectura meditada de la Biblia, en base a un capítulo diario, abarca, evidentemente, varios años.

Existen dos formas básicas de realizarla: una lectura seguida y canónica, es decir, siguiendo el orden de los libros canónicos tal como vienen dispuestos en nuestras Biblias; o bien una lectura cronológica, siguiendo el orden de composición de los distintos libros —leyendo, por ejemplo, el Pentateuco antes que los libros proféticos, leyendo éstos antes que los sapienciales, leyendo las cartas paulinas antes que los evangelios; pero también prestando atención a los distintos libros: por ejemplo, leyendo Esdras y Nehemías antes que 1-2 Crónicas, o bien Amós yOseas, antes que Isaías 1–39, o Jeremías antes que Isaías 40–55, o Apocalipsis antes que Judas o 2 Pedro; etc.—. Tanto el cursus canónico, como el cronológico son válidos, aunque el efecto producido en el lector es distinto.

– Ventaja: Proporciona un amplio conocimiento espiritual de toda la Biblia.

– Inconveniente: exige un alto grado de constancia, y supone haber tomado gusto a la lectura bíblica, a través de otros itinerarios previos de lectura parcial.

Resulta sumamente útil para personas que poseen ya una formación bíblica básica más o menos sistemática. Proporciona una visión completa de toda la revelación Bíblica.

 

  1. Educar a los jóvenes para la lectio divina

 

De todo lo dicho pueden extraerse unos principios orientadores sobre cómo educar para la lectio divina a los jóvenes.

 

En clave de formación permanente

La lectio divina no se circunscribe a un método para afrontar la meditación de un texto bíblico, ni tampoco a una manera concreta de hacer la meditación en común cada mañana. La lectio divina constituye toda una espiritualidad centrada en la palabra de Dios como dinamismo de crecimiento en la fe y de encuentro con Dios: consiste en tomarla Escritura como fundamento de la vida cristiana, ya que parte de la convicción que la Escritura educa al cristiano en su camino hacia Cristo. Abarca toda la vida del cristiano, y sobre todo del religioso, desde el principio hasta el fin; y abarca toda la jornada, de la mañana a la noche.

Desde esta perspectiva la lectio divina es un dinamismo de formación permanente de la espiritualidad del cristiano.

 

Es un todo con momentos diferenciados

Todo aquello que permite el acceso a la palabra de Dios y a su personalización forma parte de la lectio divina. Así tanto la meditación diaria, como el estudio de la Escritura, como la reflexión personal o en grupo, como la acción pastoral… son aspectos diversos de un único dinamismo. Es más, son aspectos diversos y complementarios, así cada uno de ellos aporta algo específico al conjunto.

El estudio ayuda a comprender el sentido de la Escritura. La buena voluntad no basta para acercarse correctamente a la Escritura. Debemos saber captar el sentido auténtico del texto, a fin de poder actualizarlo y personalizarlo en la meditación, en la oración  y en la acción. En los momentos explícitos de formación el estudio de la Escritura aporta los elementos adecuados para saber captar el sentido del texto bíblico. Pero también poseemos un material  sencillo y básico que debemos saber usar y saber enseñar a usar: los medios auxiliares de las Biblias -introducciones, notas, vocabulario- y las publicaciones populares de divulgación bíblica.

 

La interpretación tipológica es preferible a la alegórica

La alegoría toma cada uno de los detalles o de las imágenes que aparecen en el texto y la usa para sacar unaenseñanza. Es un método interpretativo muy usado en la catequesis y en las homilías, ya que resulta fácil de aplicar y no exige un particular esfuerzo comprensivo del conjunto del texto. Con todo, es engañoso ya que, con facilidad, permite agarrar “el rábano por las hojas”, o bien usar el texto para proyectar nuestras preconcepciones: el texto de convierte en pre-texto para nuestras propias ideas.

Para saber usar la alegoría de forma adecuada, sin forzar el texto, se requiere un cierto grado de formación bíblica, y no siempre nuestros jóvenes, o, incluso, nosotros mismos estamos capacitados para ello. La tipología, en cambio, busca el sentido global del texto y, una vez hallado, pasa a su actualización en el hoy de las personas y de las comunidades. No se interpretan tanto los detalles, las imágenes, o las palabras bonitas y las expresiones felices que encontramos en el texto, sino más bien el sentido nuclear del texto. Exige el esfuerzo previo de comprendercorrectamente el texto antes de interpretarlo, es decir, exige el estudio antes de la meditatio.

 

El análisis del texto bíblico resulta imprescindible para captar su sentido

La exégesis, a lo largo de su historia ha desarrollado dos tipos de análisis del texto bíblico: el diacrónico —también llamado método histórico-crítico— y el sincrónico. De este último existen diversos métodos: el narrativo, el retórico y el canónico son tres de ellos que pueden ser usados sin demasiadas complicaciones en la lectura personal o grupal de la Escritura. El método narrativo estudia los personajes, sus acciones y sus actitudes, y sus transformaciones a lo largo del texto, y está indicado para textos narrativos del AT y del NT. El retórico puede ser útil para textos no narrativos —por ejemplo las cartas paulinas o los textos proféticos—, estudia la composición o estructura literaria de un texto para ver cuál es su afirmación principal y cuáles las secundarias; estudia también las imágenes usadas, las citas implícitas, etc. El canónico estudia el lugar y la función del texto en su contexto: ya sea dentro del libro bíblico, o bien dentro de la sección en la que se halla, o incluso en el conjunto del canon bíblico. Los tres métodos, sueltos o combinados, ayudan a captar mejor el sentido del texto.

 

Incluir los elementos esenciales: lectura- meditación- oración–vida

Toda práctica de la lectio divina –ya sea entendida como dinamismo espiritual, o bien como el método concreto de meditación de un texto bíblico– debe incluir los elementos esenciales de lectura, meditación, oración y vida; en caso contrario no podemos considerarlo propiamente como lectio divina.

La lectura de la Escritura debe ser sistemática y tender a ser completa. La lectura pausada de grandes secciones bíblicas forma el marco de referencia de la lectio de una perícopa concreta. En este último caso, la lectura pausada, atenta y repetida del texto de la perícopa debe preceder a todo intento de meditación de la misma. La lectura tiende a una visión completa de la Escritura. Es respetuosa con el texto y va acompañada del estudio del mismo. La lectura del texto bíblico incluye también la lectura de algún subsidio que nos ayude a encuadrar el sentido del texto.

La meditación del texto consiste en la personalización y actualización del sentido del texto bíblico. La meditación incluye algún tipo de análisis sincrónico del texto —narrativo, retórico o canónico, como ya hemos indicado—. Pero la meditación no es sólo un análisis reflexivo y especulativo del texto, sino, y sobretodo, una apropiación personal del mismo, hecha desde la simpatía, el afecto, la cordialidad, sólo así se llega a la auténtica personalización del texto. Incluye también la confrontación entre la situación presentada en el texto, es decir el sentido del mismo, y mi situación personal o la de mi comunidad.

La oración marca sustancialmente el tipo de lectura bíblica hecha en la lectio divina, hasta el punto que ésta también ha sido definida como “lectura orante de la Escritura”. La oración es un momento privilegiado de la personalización del texto ante Dios, en diálogo con él. Se puede integrar de varias maneras: o bien dirigiendo a Dios nuestra oración —de alabanza, acción de gracias, perdón, o súplica— una vez acabada la meditación del texto; o bien realizando la misma meditación en forma de diálogo con Dios. Es igualmente importante que ya antes de la lectura el corazón de prepare con la oración a acoger la palabra de Dios en la propia vida, de esta manera la oración encuadra el conjunto de la lectio.

La vida a la que conduce el texto es la transformación del corazón. Aunque en ocasiones se puede extraer un compromiso de acción concreta a partir de una perícopa bíblica leída, meditada y rezada, no es necesario que siempre ocurra así. Lo importante es contemplar la acción de Dios en la historia de salvación, captar sus dinamismos y hacerlos propios, a fin de convertirse a ellos: que la Escritura eche raíces en el corazón y genere convicciones y mueva a tomar decisiones que lleven la Palabra a la vida de cada día.

El proceso personal realizado mediante el método de la lectio divina puede desembocar, si así se desea, en un compartir mutuo. El comunicar y compartir en grupo el fruto personal de la lectio divina (llamado tradicionalmentecollatio) puede realizarse a través de medios muy variados: comunicación grupal, diálogo espiritual, testimonio ante otros, homilías compartidas… Hay que tener siempre en cuenta que este compartir debe realizarse en clima de escucha mutua y de respeto. No se trata de dialogar o discutir con otros, sino de exteriorizar lo que el Espíritu ha obrado en mí, a fin de enriquecer con mi propio testimonio la lectio de los demás, y enriquecerme yo con la de ellos.

 

Usando diversos métodos e itinerarios, de forma complementaria

Ningún método de lectio divina agota todas las posibilidades, que conlleva en sí mismo el dinamismo cristiano de la lectio divina. Si bien las circunstancias determinan qué método preferir en cada ocasión, a lo largo de la vida la práctica de los diversos métodos de forma complementaria resulta enriquecedora. Igualmente, los diversos itinerarios de lectura de la Biblia se pueden combinar entre sí, según las circunstancias o las etapas vitales, a fin de proporcionar un mayor enriquecimiento.

Comenzábamos señalando la pobreza en el uso de la Escritura, a pesar de su amplísima presencia, entre los cristianos de hoy, y señalábamos que la lectio divina puede venir a subsanar dicha pobreza, aportando un conocimiento y una apropiación personal de la Escritura que difícilmente de otra manera podemos adquirir. Hemos visto a lo largo de estas páginas que la lectio constituye un dinamismo de formación cristiana que arranca ya del Nuevo Testamento y que alcanzó su máximo esplendor en la época patrística y en los primeros siglos de la época medieval. La recuperación actual del uso de la lectio divina promete revitalizar la vida de los cristianos y de la Iglesia.

La presentación de siete métodos actuales de realizar la lectio y de cinco itinerarios de recorrido del texto bíblico ha pretendido ofrecernos un abanico de posibilidades distintas en vistas a su aplicación concreta y a su adaptación al grupo de jóvenes del que somos animadores. Y no sólo eso, sino que también nosotros podemos beneficiarnos de su uso a fin de que la lectio divina se convierta también en el dinamismo fundamental de crecimiento en nuestra espiritualidad evangélica.

Finalmente hemos aportados una pautas y criterios a la hora de formar a los jóvenes para la lectio divina, criterios que podemos aplicar igualmente a nuestras personas y a nuestras comunidades. Así se cumplirá en nosotros las palabras del profeta Jeremías: “Cuando encontraba palabras tuyas laas devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón” (15,16a).

 

Bibliografía

Pontificia Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia. Documentos 5. Madrid: PPC 1994 [especialmente IV C 2].

Santiago Guijarro (dir), La Biblia en grupo. Doce itinerarios para una lectura creyente. Palabra y Vida 2. Estella: Verbo Divino 21997.

Carmelo Granado, “Guigo II, Carta sobre la vida contemplativa (Escala de los Monjes). Introducción, traducción y notas”, Proyección 46 (1999) 291-304.

Mario Masini, La lectio divina. Teología, espiritualidad y método. Estudios y Ensayos 18. Madrid: BAC 2001.

Arturo Somoza Ramos (et alii), Qué es… la lectio divina. Herramientas 7. Madrid: Ed. Paulinas 52002.

 

[1] Prior de la Cartuja desde 1174-1180. Murió en 1188 dedicado a la contemplación. Cf. A. WILLMART, Auteurs spirituels et textes dévots du Moyen Age latin. Études d’histoire littéraire (Paris: Études Augustiniennes 1971, réimpression de l’édition parue en 1932) 218-221.

[2] Cf. Santiago Guijarro (dir.), La Biblia en grupo. Doce itinerarios para una lectura creyente (Estella: Verbo Divino 21997).

[3] Entendemos la lectura “privada”  como complementaria de la “comunitaria”, sea ésta “litúrgica” o “grupal”. La lectura “individual” la entendemos diametralmente opuesta a la “eclesial”. El carácter “personal” debe afectar a todo tipo de lectura, privada o comunitaria, en cuanto la “persona” se siente implicada en lo que lee o le es proclamado.