Vocación en directo y vocación en diferido

Vocación en directo y vocación en diferido (o mejor, vocación instantánea y vocación procesual)

Cuando escucho el testimonio sobre el inicio de la vocación cristiana en jornadas vocacionales me sucede una cosa muy, muy rara. Es como si la butaca en la que estoy sentado se abriese por el medio y me tragara, o como si mi estatura disminuyese como en la película clásica de Disney Cariño, he encogido a los niños, o como si mi cara cambiase de color instantáneamente poniéndose roja como un tomate.

foto:cathopic.com

El motivo está en los evangelios de las comunidades de Marcos, Mateo y Lucas, los sinópticos que llaman. En esos tres evangelios, el imperativo de Jesús es claro en el origen de toda vocación cristiana: “¡Ea! Venid detrás de mí (…) Y al instante (…) lo siguieron”. Y todos[1] los que escuchaban esa invitación/orden expresa le obedecían sin demora, inmediatamente.

Porque, claro, yo en mi vida cotidiana, normalucha, no he escuchado (me cuesta decirlo en público) esa irresistible invitación. Y de ahí mi trauma. Sí que es cierto que mi ser con mi “pensar-sentir-hacer” va en la línea de los valores de Jesús de Nazaret, o por lo menos eso intento, aunque tenga límites y fallos (“pecados”, en católico) pero creo que está clara mi opción fundamental, que diría Marciano.

Pero, gracias a Dios, hace poco tiempo cayó en mis manos una sencilla publicación[2] “para todos los públicos” (católicos: eclesiales, terrenales, no eclesiales; incrédulos hedonistas y no creyentes) que me descubre otro origen de la vocación cristiana sin ser la tan directiva ni tan idealista de los sinópticos. Según el evangelio de la comunidad de Juan, “otro creyente” te lleva a Jesús, y el itinerario de aceptación ¡tarda una semana! Hay un largo proceso personal: otros lo anuncian, crece la curiosidad por Él y uno lo experimenta en la convivencia en comunidad.

Y es en este nuevo (para mí) / viejo (para las comunidades cristianas) inicio de la vocación cristiana narrada por Juan donde me identifico. Pues mi vocación nació en un centro educativo donde varios educadores me indicaron el camino para seguir a Jesús, donde participando en grupos juveniles se inició mi itinerario de seguimiento que duró mucho más que una semana, donde acompañado por una comunidad y trabajando con niños, niñas y jóvenes descubrí su llamada personal.

Ahora sí que me identifico con el origen de la vocación cristiana escrita en los evangelios, no en los sinópticos, sino en Juan. ¡Y qué gozada! El origen de mi vocación es “¡de 1ª división!”. ¡Es evangélica total!

Y lo más importante es que me indica mi camino a seguir en este mundo apasionante, viviendo con gente joven. Estoy invitado por el mismo Jesús a ser mediador, a poder indicar con mi vida a quien lo escuche: “Este es el Cordero de Dios”. ¡Qué poder y qué responsabilidad! Como nos recuerda la película Spiderman: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” (sea la frase original de su tío Ben o del presidente Franklin D. Roosevelt).

Xulio C. Iglesias

 

[1] Todos, todos, no. Uno que por “culpa” de Mateo decimos que era “joven” dijo que no. Pero tranquilos, que para Marcos y Lucas era un adulto buena gente, pero rico, individualista  y desocupado.

[2] JUAN JOSE BARTOMÉ, Seguir a Jesús. Dos inicios diversos del discipulado de Jesús. Colección Sal y luz, nº11. Editorial CCS, Madrid, 2018, 64 páginas.

Compartir
Artículo anteriorVen y Sígueme 31
Artículo siguienteMás allá de las redes sociales