¿Y la familia…? Reflexión necesaria

La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad

 y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado

(Declaración Universal de los Derechos Humanos, 16)

 

 

Los estudios sociológicos han señalado un dato verdaderamente importante respecto a la familia: la mayor parte de los jóvenes españoles viven con sus padres. Por diversas razones, tienden a prolongar su estancia en la familia. Y, además, le asignan la máxima importancia en la vida, por encima de los amigos, el trabajo, el ganar dinero, los estudios o la competencia profesional.

 

Naturalmente que este dato sociológico es susceptible de múltiples interpretaciones. Pero no cabe duda de que detrás de él subyace el reconocimiento de su importancia, un elevado concepto de la familia y también experiencias personales gratificantes. Sin embargo, se percibe al mismo tiempo en todos los observatorios sociales una gran preocupación en torno a la familia. Muchos la ven desprotegida; bastantes, amenazada; algunos, simplemente envuelta en el proceso de cambio social. ¿De dónde procede tal percepción? ¿Se encuentra la familia realmente amenazada?

 

La familia no es simplemente una realidad natural, sino también cultural y, en cuanto tal, es moldeada por la cultura de cada pueblo. En este sentido me parece que hemos de percibir, ante todo, la crisis en la familia actual. Se trata de un cambio con el pasado; no sólo con un pasado lejano, sino también cercano. Mirando simplemente a las últimas décadas es posible darse cuenta del cambio acaecido en la familia en torno a múltiples aspectos.

 

Si tenemos en cuenta esta doble constatación: la importancia social de la familia y su actual situación de cambio, no puede menos de resultar imprescindible resaltar la necesidad de reflexionar sobre su identidad y verdad, su vocación y su misión, su ser y su quehacer. Es el ámbito en el que se sitúa este número de Misión Joven. La familia no solo es importante en la vida de los jóvenes; lo es también para la sociedad. La sociedad necesita a la familia. Por ello, como establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

 

Vivir en cristiano la familia

 

La reflexión que ofrecemos se sitúa en la perspectiva de la reflexión cristiana. A ella nos referimos, teniendo en cuenta ciertamente el sentido mismo de la familia. Partimos de su base: no es otra que el sacramento del matrimonio. Quizás, como advierte Manuel Sánchez Monge, respecto a la familia el verdadero problema de la Iglesia está precisamente en los matrimonios que debieran vivir cristianamente porque celebraron el sacramento del matrimonio, y, sin embargo, se han dejado arrastrar por el ambiente y viven exactamente igual que los que no tienen fe. Es necesario subrayar que en la familia cristiana, toda la vida matrimonial y familiar queda marcada por el sacramento celebrado.

 

No es que la familia cristiana sea diferente de las demás familias. Pero en ella hay una opción de fe que, asentada en el evangelio, orienta un proyecto de vida que se vive en la Iglesia, al servicio del Reino. Es el sentido de mi reflexión, refrendada y complementada en el testimonio de Juan Lecumberri y Patricia Sotoque comunican lo que significa para ellos vivir en cristiano la familia, lo que supone en su vida la misteriosa presencia de Dios. Y, si Dios anda por nuestra casa, ciertamente que transmitiremos y contagiaremos esa fe, de manera sencilla y espontánea, hablando de Dios, enseñando a rezar, a ser agradecidos, a compartir, poniendo poco a poco los cimientos de una fe adulta. Como dice Mari Patxi Ayerra, el Espíritu sigue soplando y Dios cuenta con nosotros para hacerle llegar a cada ser humano con el que nos encontramos en el camino de la vida, para que mientras hacemos realidad la construcción de la gran familia humana, en nuestro hogar se respire, se celebre y contagie el amor de Dios.

 

Vivir en cristiano la familia y transmitir la fe en ella, dos desafíos abiertos a toda familia que, cimentada en la gracia del sacramento del matrimonio, quiere hacer de su casa una pequeña Iglesia, una “Iglesia doméstica”. Porque también la familia, como la Iglesia, es signo y sacramento de Cristo. Revela y testimonia el misterio del amor de Cristo y de su Iglesia.

 

EUGENIO ALBURQUERQUE

directormj@misionjoven.org