“Y mirando al agua descubrió que era un hermoso cisne…”

Julio Yagüe es párroco, educador social, especializado en intervención con menores (Barrio de Pan Bendito, Madrid)

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO

Ante las conductas de riesgo, tan presentes ya entre los adolescentes, el artículo se pregunta y reflexiona sobre las claves de intervención efectiva para poder ayudar a la normalización de la conducta. Se centra especialmente en el estudio del concepto de resiliencia. Señala sus grandes principios: resistencia a la destrucción y capacidad de construir. Y sugiere, sobre todo, los caminos educativos para conseguir la adquisición de recursos internos (de competencia, comunicación, resolución de problemas, conciencia de la realidad, capacidad de autonomía).

 

…pero sucedió que ser despedido de Apple fue lo mejor que podía haberme pasado.

La pesadez de ser exitoso fue reemplazada por la liviandad de ser un principiante otra vez,

menos seguro de todo. Me liberó para entrar en uno de las etapas más creativas de mi vida.

( Discurso de Steve Jobs el 12-VI-05 a alumnos graduados)

 

Me extrañó que no viniese, pues la tengo por una persona seria. Habíamos quedado en el despacho de Caritas para ver el tema del pago de la vacuna de su hijo, a la que no podía hacer frente. No quise insistir, ya que el interés era suyo y esperé a ver los acontecimientos.

Cuando al cabo de una semana no dio señales de vida, intenté conectar con ella, pues conozco bien sus dificultades. Cuando lo logré comprendí la razón de su ausencia. Entre lágrimas me explicó que estaba con su hijo en el “12 de Octubre”. Le habían diagnosticado una leucemia. El muchacho con 9 años estaba totalmente aislado, ya que estaba sin defensas. Sin perder tiempo me acerqué al hospital a la planta 7ª (lo de la Planta 4ª de la película). Allá estaba plantada a los pies de la cama de su hijo. Cuando me vio salió deprisa con la mascarilla y se me echó a los brazos llorando. Estaba deshecha.

Me contó la situación entre lágrimas. No se sabía todavía bien lo que era, pero le habían dejado al hijo encerrado tras el cristal, con la primera sesión dequimio ya en el cuerpo, para no llegar tarde. “¿Qué hago ahora?, me decía. No puedo seguir con el trabajo, pues los médicos me han dicho que debo estar las 24 horas a su lado… Encima mi marido ni se ha presentado todavía. Y el médico ha preguntado por él.”

Al poco de casarse se había liado en la droga hasta el punto de que tuvo que separarse para poder vivir con sus dos hijos, de pocos años en esos momentos. Había vivido en su casa el problema de la droga con varios hermanos. Sólo ella se había librado. Ha visto morir a alguno de ellos y cómo tuvimos que buscar a sus hermanos por las prisiones de España para acudir al entierro. Y ahí estaba en el hospital con su hijo que iba perdiendo el pelo y con la entereza de luchar por él.

A los pocos días volví a recoger alguna lágrima más, mientras los médicos iban definiendo lo que al niño le ocurría. Allá en la cama de la habitación aislada, estaba su hermana, con él en la cama, consolando su dolor. Una imagen de esas que se quedan paralizadas en la memoria y que alumbran con potentes focos la vida sencilla de nuestra gente. Había logrado una unión increíble con sus hijos, luchando todos por el más débil, mientras el padre, que ya había aparecido, de vez en cuando se evaporaba en busca de ‘recursos’ para aguantar el rato…

 

  1. Algunas preguntas

 

La conocí de adolescente y tenía todas las cartas para perder la partida frente a la marginación. De hecho, todos los hermanos, sin mucho esfuerzo, fueron cayendo uno tras otro, o, tal vez, el uno con el otro, en esta peste de la droga que ha asolado nuestro barrio. ¿Por qué ella no? Es una de las preguntas que todos nos hacemos y que es clave para el trabajo en ambientes de riesgo de marginación. Y uno de los puntos decisivos para poder prevenir una conducta desviada.

El psiquiatra y criminólogo Vicente Garrido Genovés se pregunta, después de un análisis completo de todas las teorías que fundan la delincuencia: “En los últimos años los investigadores están dando una gran importancia a la siguiente pregunta: ¿Qué motiva a unos jóvenes que viven en un ambiente criminógeno a no delinquir?”[1].

Creo que es la pregunta fundamental que nos lleva a sacar las bases para poder prevenir las conductas desviadas de una manera eficiente. Si descubrimos los engranajes por los que la persona se vacuna frente a las diferentes modalidades de vida marginal, tenemos los medios para lograr que una persona se inmunice de los modelos excluyentes que crecen con fuerza, sobre todo en ambientes pobres y con una educación deficiente. Aunque hoy día lo mismo podemos apuntar de ambientes que aparentan más normalizados, pero que generan también personalidades alejadas de la inserción social. Antes, dice un sociólogo norteamericano, se generaba marginación de las familias marginales, pero hoy también crece las actitudes marginales dentro de familias normalizadas.

Conductas de riesgo existen siempre, sobre todo en la etapa de la adolescencia. Ahora se van adelantando muchas de estas conductas a la preadolescencia. Y debemos conocer cuáles son esas claves de intervención efectiva de modo que ayudemos a una normalización de la conducta, respetando siempre la personalidad diferente que cada uno tenemos. Ha habido muchos programas llamativos que han caído en el fracaso. Y “con las cosas de educar no se juega”. Garrido Genovés, después de su acción y reflexión con delincuentes, opina que “los programas efectivos incluían como un objetivo no sólo el ambiente del sujeto, o sus sentimientos, o su conducta, o sus habilidades vocacionales, sino también su cognición, es decir, su razonamiento, sus atribuciones, susautoevaluaciones, sus expectativas, su comprensión y apreciación que hace de su mundo. Incluían, en esta línea, alguna técnica que podía incrementar sus habilidades de solución de problemas interpersonales, a ampliar su visión del mundo, a desarrollar interpretaciones alternativas de las reglas y obligaciones sociales, y a considerar y comprender los pensamientos y sentimientos de otras personas.”[2].

Hay cosas que funcionan en la respuesta a la prevención de conductas desviadas. Y no todo sirve. El educador debe tener en su cabeza una buena lectura teórica para ir traduciendo en la práctica del día a día su trabajo para prevenir desviaciones. El ser humano no está condenado al determinismo. Tiene la libertad de reaccionar frente a las circunstancias adversas. “En la misma familia nacen el delincuente y el sacerdote”, decía un psiquiatra norteamericano. Y esto nos abre la posibilidad de intervenir para que la persona que ha recibido golpes pueda enderezar su vida con un futuro feliz.

Y es que en el trabajo educativo en situaciones de dificultad, siempre te sorprendes ante personas que, por lógica, tendrían un final en la exclusión social. Sin embargo su presente es normalizado, mientras que en su ambiente hay muchos cercanos, familiares, amigos, compañeros… que han sucumbido ante las dificultades.

La pregunta pide una respuesta que alumbre nuestra acción preventiva, de manera que sigamos los mismos caminos que se han dado en esas personas normalizadas, que las dotemos de las mismas energías que las han llevado a responder de manera diferente a como han respondido los que han hecho de sus vidas un desastre para ellos mismos y para los demás. Muchos de ellos ya no lo pueden contar, pues las sendas que han tomado los han acercado a precipicios que sólo te parecen preocupantes cuando estás a media caída. De “yo controlo” está el cementerio lleno.

A veces sólo nos sorprenden los que acaban mal. Cuando lo lees en una noticia de sucesos o cuando te enteras que está en Alcalá-Meco. Los otros se pierden en la abundancia de gente buena que vive y lucha su vida con sencillez. Los dejas con frecuencia de lado, porque ya su vida está bien dirigida, pero es importante que estas vidas nos sirvan de referente para guiar otras vidas por esos caminos que llevan a disfrutar de la felicidad que da el piso conseguido, el trabajo en el que van considerando tu valía o el hijo al que vas enseñando a caminar, como otras manos te enseñaron a tí a dar los primeros pasos.

 

  1. Una buena teoría para una buena práctica

 

Hemos vivido unos años en los que parecía que el determinismo nos llevaba a andar caminos trazados por el destino. Los que entonces delinquían, parecían herederos de una niñez desdichada. El marginal sólo podía engendrar hijo de su misma calaña. El delincuente daba clases a su hijo de delincuencia… Sin embargo caemos en la cuenta de etapas malas de niñez que han engendrado una madurez positiva para la vida, para el progreso, para la ciencia… para la felicidad. De la oruga asquerosa de la que nos apartamos con gesto repelente nacerá la mariposa, detrás de la que iremos admirando su belleza. Esa una parábola de la vida que se hace real en muchas historias.

En esa experiencia se funda una de las teorías que últimamente está haciendo pensar a muchos pedagogos, trabajadores sociales, educadores e incluso profesionales de la medicina. Es la resiliencia. Es un término que no se encuentra en el Diccionario de la Lengua Española. Se trata de un concepto traído del mundo de la física-mecánica: “Índice de resistencia al choque de un material, cuyo valor expresa la energía potencial acumulada para la rotura de una barra de ensayo, referida a la unidad de sección… En sentido general el término resilienciase considera como contrario a fragilidad”[3].

Con este término se quiere expresar la cualidad que tienen unas personas para resistir a los golpes, los traumas, los malos momentos de la vida que todos tenemos, pero que no les hacen ‘deformarse’, ‘doblarse’, ’dejar huella’ que dure toda la vida y que perjudique una evolución positiva de la persona. Una sociedadvaloradora de lo débil ha exagerado los traumas infantiles. Cualquier contrariedad que tiene el pequeño le lleva a vivir en su juventud y madurez de una manera traumática… ¡Qué equivocación! ¡Qué mecanismos de defensa no han hecho hundirse a muchos de nuestros chicos en la protesta fácil!

Conocemos, sin embargo, cantidad de personas mayores, muy mayores, que han vivido la guerra, los campos de concentración… y, más que hacerlos trapos inservibles como seres humanos, los ha ayudado a crear un carácter de fortaleza frente a las dificultades, de comprensión del dolor del otro, de ‘ciencia de la proximidad’ para saber estar la lado del que sufre sin molestar. Basta profundizar la experiencia de Víktor Frankl. Seguramente si no hubiese pasado por el infierno del campo de concentración no habría enriquecido nuestras vidas con la necesidad de sentido. Ciertamente que a muchos los llevó al borde del precipicio del suicidio (posiblemente estaban ya ‘suicidados’ como seres humanos). Pero a tantos otros les enseñó los valores auténticos de la vida. Es bueno escuchar las experiencias de la generación de la guerra para conocer cómo cada ser humano tiene dentro la capacidad de la reacción ante la muerte para buscar, con angustia muchas veces, los cauces que traen aguas de vida. “Los lisiados por el pasado pueden darnos lecciones”, asegura B. Cyrulnik.

Estas capacidades, que llevamos dentro y que en momentos graves nos salen de lo más hondo de nosotros, son el tema principal de lo que queremos hablar. Uno de los primeros que lo ha estudiado, Boris Cyrulnik, lo ilustra parodiando el cuento de Andersen: Los Patitos Feos[4]. El mismo autor nos recuerda al principio la triste vida del ‘patito feo’, que funda toda su vida sobre lo que los otros le hacen creer. Desesperado por la agresividad de los cisnes, ve que su tiempo llega a su fin: “Se dirigió entonces hacia ellos, con la cabeza baja, para hacerles ver que estaba dispuesto a morir. Y entonces vio su reflejo en el agua: el patito feo se había transformado en un soberbio cisne blanco…”[5]. Estos cuentos nos han enseñado a despertar a tantos…

Esta es la base de la lectura que podemos hacer de esta realidad de las conductas de riesgo. Y no se trata de leer la vida, sino de transformarla. Y es que muchas veces nos chocamos con chicos que son auténticos cisnes blancospero marchan por la vida esperando que alguien, una circunstancia, los haga descubrir que no son los patitos feos que todos desprecian, sino blancos cisnesque son capaces de mirar la vida desde la misma altura que los otros.

 

  1. El concepto de resiliencia

 

Es curioso constatar que los estudios sobre resiliencia, se basan, casi todos, en las vidas de gente que ha superado las mismas circunstancias que a otros los llevan al desastre, y que han logrado hacer una historia de superación. Por eso me he encontrado en muchos momentos de mi vida de educador con gente que no lo comprendía. Es la historia de los chicos la que nos enseña por dónde tenemos que ir. Es una historia sagrada para mí. Por eso nunca lo cito a la ligera, sino con el cariño de lo que he luchado con alguien a quien he querido.

Hace poco descubría un discurso de Steve Jobs (12 de junio de 2005), el que revolucionó desde un garaje el mundo de la informática con el sistema MAC. No tiene desperdicio[6]. Él mismo reconoció delante de unos graduados que él había fracasado en la universidad. Es un discurso sobre tres historias de su vida. Es un resiliente. Reconoce que su nacimiento no fue algo esperado, sino más bien un fracaso en la vida de su madre, que le dio en adopción: “…mis padres, que estaban en lista de espera (para dar el niño en adopción) , recibieron una llamada en medio de la noche preguntándoles: “Tenemos un niño no deseado; ¿lo quieren?”. Ellos dijeron “Por supuesto”. Parece el principio de una historia de fracaso, de alguien de quien nos tenemos que defender… y ¡me ha hecho pasar tan buenos ratos delante de un Mac creando…! Lo confieso. Volveremos a él.

Pasando nuestra definición de resiliencia al aspecto personal, lo podemos definir como “la aptitud de los individuos y de los sistemas ( familias, grupos y colectividades) a vencer la adversidad o una situación de peligro. Esta aptitud evoluciona con el tiempo. Está reforzada por unos factores de protección en cada individuo o en el sistema y en el medio. Contribuye al mantenimiento de una buena salud o a una mejoría de la misma”. Esta definición del mundo de la medicina (su verdadero origen es de la física mecánica), vale perfectamente para poder conocer mejor la interioridad de muchas personas y su capacidad para afrontar la adversidad. Así la define V. Vanistendael: “la capacidad para superar, para vivir, para desarrollarse positivamente, de una manera socialmente aceptable, a pesar del estrés (en cuanto dificultad para la adaptación) o de una adversidad que comporta normalmente el riesgo grave de una salida negativa”[7]. ¡Qué importante en la cultura frágil que vivimos! Este concepto, dentro de lo amplio que abarca, lo dirijo hacia la comprensión y utilización en el trabajo educativo-preventivo con adolescentes y jóvenes ‘en dificultad’.

No todos aceptan este concepto. Se trató en el Congreso Nacional de Historia de los Conceptos (Vitoria 2003)[8]. Nacido en Estados Unidos, donde es tomado como una virtud social asociada al éxito, en Francia ha sido concebido como una forma de riqueza interior, no en la versión americana de buscar el éxito, sino como la búsqueda de lo maravilloso en uno mismo ( B. Cyrulnik), o el cultivo del arte de rehacerse (R. Poletti-B. Dobbs). Parece un poco frágil este concepto, derivado del mundo americano (ya lo reconoce Paul Claudel en 1965como unido a las ideas de elasticidad, de resorte que hace saltar, de recursos, de buen humor…), pero que toman una fuerza de interioridad en el mundo europeo, como modo de explicar ciertas reacciones internas de algunas personas que se sobreponen a las dificultades que a otras destrozan. Son, al mismo tiempo, las capacidades que podemos crear en el interior de un-a chico-a en dificultad para que resista el deterioro que los problemas crean en la persona, por un lado, y sean capaces (son capacidades) de crear unos caminos de crecimiento que vayan levantando una historia diferente de la persona que afronta los traumas de toda vida.

 

  1. Principios de la resiliencia

 

Una de las imágenes inherentes a este concepto de resiliencia es el de la perla. Sólo cuando la ostra es herida, invadida por un ser extraño, como puede ser un grano de arena, es entonces cuando es capaz de crear la perla. Las que están tan cerradas que no son habitadas por esos seres externos, serán incapaces de trabajar el nácar para sacar esa perla preciosa que apreciamos y que tiene como inicio algo que puede considerarse negativo, como es un invasor grano de arena. Lo positivo de esta lectura de la realidad, está en descubrir lo que puede ayudar a nuestros chicos a ‘positivar’ esas experiencias que parecen de principio negativas, como puede ser una infancia difícil, y ayudar más bien a crear una madurez feliz, con lo que enseña y fortalece una resistencia a los empujones que nos da la vida para caer por los precipicios que nos envuelven.

Una de las dificultades para aceptar este concepto de ‘resiliencia’ es su sentido. Señala Serge Tisseron en su crítica a esas concepciones americanas que nos invaden, que parece un concepto derivado de Darwin , en su explicación de la lucha por la vida y que sólo resisten los más fuertes. Y analiza cómo esta resistencia a las situaciones de dificultad puede crear en el interior de algunas personas una gran energía destructora, como la que denotan los kamikazes de 11 S. “Eran ejemplares, hasta su misma acción suicidiaria y mortífera, de una sólida resiliencia, como lo era también David Hicks, el llamado ‘talibán australiano’”, calificado como “educado, respetuoso, serio y honesto” Es, por tanto, importante ver los aspectos positivos de esta explicación de las reacciones de la persona ante las dificultades de inserción social, pero al mismo tiempo señalar las direcciones que necesitamos tomar para que no deriven en actitudes degeneradas contra los otros. La misma resiliencia podía tener Stalinque Madre Teresa, pero ¡qué maneras tan diferentes de realizarlas en su vida!.

Surge aquí una distinción que quiero señalar antes de seguir adelante. Se trata de la diferencia en habilidades y competencias sociales. Llevamos años de moda de las habilidades sociales, definidas como conductas o destrezas sociales específicas requeridas para ejecutar competentemente una tarea de índole interpersonal. Implica un conjunto de comportamientos adquiridos y aprendidos y no un rasgo de personalidad (Cfr. Monjas 1999, p. 28). Pero un concepto más profundo es el de competencia social, un constructo hipotético y teórico global, multidimensional y amplio, mientras que las habilidades sociales pueden verse como parte del constructo de competencia social… El término competencia se refiere a una generalización evaluativa y el término habilidades se refiere a conductas específicas. (Monjas 1999, 28). El término, y la realidad vital, de la competencia se refiere a lo cognitivo a lo profundo a las convicciones personales, mientras que las habilidades hablan de algo externo, acomodaticio, sin que tenga siempre que ver con las convicciones de raíz. Nuestra concepción de resiliencia debe introducirse en el ámbito de las competencias, no de las meras habilidades sociales. Sabemos bien de los comportamientos de los chicos de centros de menores. Es un comportamiento acomodaticio a lo que quieren los educadores. Cuando sale, ya saca su verdadera forma de actuar. Y se oye decir a los educadores: “¡ Con lo bien que se comportaba en el centro…!”

Pasa como en la labor pastoral: sin la interioridad, sin la fuerza del Espíritu que nos mueva, el trabajo queda vacío: la evangelización se queda en propaganda y la predicación en mera publicidad. Para comenzar a hablar de los principios de la resiliencia, señalaremos con Vanistendael, que la resiliencia tiene dos dimensiones diferentes:

 

– la resistencia a la destrucción, la capacidad de proteger la propia integridad cuando se está bajo una fuerte presión. Ana Frank tiene una presión externa que la empuja a la depresión y encuentra en su diario una forma de resistencia ante esa opresión externa que sufre. Hay cantidad de ejemplos en la historia de personas ‘resilientes’ que inventan sus medios para superar los malos momentos, los malos ambientes… Recuerdo a un muchacho, abandonado de sus padres en un centro de menores, que recurrió a un ratoncillo de monte que metía en su cuerpo y que a veces le aparecía por la camina en medio de una clase. Era el apoyo personal para evitar el ambiente, a veces destructivo, que este tipo de centros tiene.

 

– la capacidad de construir, de crear una vida digna de ser vivida, más allá de circunstancias adversas. He señalado la actitud de Steve Jobs que recuerda a unos alumnos que se van a graduar. Los habla de su descubrimiento del sentido de su vida y su capacidad para construirla día tras día: Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo parecido a “Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable que algún día hagas lo correcto”. A mí me impresionó y desde entonces, durante los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: “Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” por varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.

Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a decidir las grandes elecciones de mi vida. Porque casi todo –todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso – todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solamente aquello que es realmente importante. Recordar que van a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienen algo que perder. Ya están desnudos. No hay ninguna razón para no seguir a su corazón. (12 de junio de 2005 discurso en la ceremonia de graduación de laUniversidad de Stanford[9]. Posteriormente se le diagnostica un cáncer, pero con esta capacidad interna de construirse es capaz de plantarle cara.

 

  1. Caminos por donde llegar a encontrarla

 

La resiliencia tiene como base el análisis de vidas. De esas vidas se va sacando lo que parece que ha valido a algunas personas para superar las experiencias de adversidad que a otras han hundido. El trabajo de estas claves nos ayudará a que el niño o la niña vayan protegiendo su vida contra el desastre y andando caminos de construcción que los asegure una vida feliz, dentro de las dificultades normales que la vida tiene, ya que el vivir, según alguien sentencia, “es un oficio que hay que hacerlo de pie”. Por eso los educadores aprendemos de los chicos y chicas con los que trabajamos lo que vale de verdad para andar con dignidad, sobre todo cuando el cielo pinta nubes.

Por otro lado hay dos ambientes o ámbitos en los que mejor se trabaja el fortalecimiento de la resiliencia. Dada la profundidad que requiere este trabajo, los lugares de intervención deben ser también íntimos. Por eso, tanto la escuela como la familia son los ámbitos privilegiados de crecimiento de esta fortaleza personal. Es donde se transmiten las convicciones, las realidades profundas de la vida. Así, son muchos los estudios sobre el trabajo escolar para reforzar la resiliencia, sobre todo en los Estados Unidos. Y no digamos la familia, o la relación de familiaridad cuando la familia no existe. De ahí que los menores carentes de familia ( o de relaciones del mismo nivel que las familiares), suelen ser los que menos capacidades resilientes poseen. Con todo es de admirar (y de estudiar para sacar conclusiones), el hecho de muchachos que han tenido una niñez maltrecha, carentes de relación familiar, y son capaces de levantarse, de remontar esas dificultades. Ese es el poder y el sentido de la resiliencia. Monumentos había que levantar a estos muchachos. Y a la muchacha que a sus ocho años tenía que ir a buscar ‘suministros’ a su madre e inyectárselos ella misma. Hoy vive con su pareja y su trabajo normal. Ha tenido una vacuna que la ha inmunizado frente a las conductas desviadas. Y esta vacuna está compuesta de pequeñas dosis de relaciones personales positivas que han dado alternativas a la vida de destrozo.

Boris Cyrulnik señala tres grandes aspectos que se deben tener en cuenta para trabajar la resilencia:

– La adquisición de recursos internos que se desarrollan desde los primeros meses de vida. Con ellos cada persona se prepara para resistir a la destrucción que provocan las adversidades y a reaccionar positivamente ante las dificultades que la vida trae. Es el tema que en este artículo nos interesa. Los otros pueden quedar en tintero para otra ocasión.

El tipo de agresión, y herida, de ausencia… y, sobre todo, el significado de la herida en el contexto interno de la persona. En las heridas es más importante la lectura que la persona hace de la misma, que las contusiones que cualquier golpe nos deja.

Los encuentros de la vida, las posibilidades de diálogo y de acción. “No se gana Zamora en una hora”, ni se consigue la resiliencia en diez días, como se quieren aprender algunas lenguas. Es labor de toda la vida y tiene como medio la apertura y el continuo diálogo con las personas que nos rodean y que son significativas para nosotros.

 

5.1. La adquisición de recursos internos

 

¿Cuáles son esos recursos básicos que se necesitan para ser resiliente? Los Wolin (Steven y Sybil), desde su centro de intervención de la universidad de G. Washington, han creado un mándala, esa figura de origen sánscrito que organiza y resume las fuerzas de la vida. Su resultado son los siete factores internos, las fuerzas que enriquecen la vida de cada persona:

Insight o perspicacia, es decir, capacidad para observar y observarse a sí mismo simultáneamente, para hacerse preguntas difíciles y darse respuestas honestas.
Independencia, o capacidad para mantener distancia física y emocional con respecto a los problemas sin caer en el aislamiento.
Relación o capacidad para crear vínculos íntimos y fuertes con otras personas.
Iniciativa o capacidad para la auto – regulación y la responsabilidad personal necesarios para lograr autonomía e independencia.
Humor y Creatividad, entendidos como capacidad para encontrar el lado divertido de una tragedia, y para crear orden, belleza y objetivos a partir del caos y del desorden. Generalmente son manifestación de que la adversidad ya ha sido superada.
– Y por último, moralidad o capacidad para desearle a otros el mismo bien que se desea para sí mismo y comprometerse con valores específicos, unida a la capacidad para darle sentido a la propia vida[10].

En estos siete recursos encuentran los educadores, psicólogos, trabajadores sociales e incluso médicos… los medios de conseguir ser resilientesy poder afrontar las dificultades, los golpes, las heridas que la vida va dejando. Es claro que en cada etapa de la vida se debe seguir trabajando estas ‘fuerzas’ que siguen fortaleciendo tanto la resistencia ante los obstáculos, como la capacidad para construir una vida feliz. Y partiendo de estas mismas bases, cada persona va construyendo su propia historia, que no entra en esquemas rígidos, sino que tiene la creatividad que la personalidad y acontecimientos le proporciona. Siempre necesita de la ayuda de los que le rodean y en la edad más temprana posible. Puede haber ‘enseñanza’ a distancia, pero la ‘educación’ siempre es presencial. Esa relación educativa es el momento privilegiado por el que se almacenan los recursos para ser resiliente.

No es imprescindible que sean los padres los que realizan este trabajo. Basta con que el chico, la niña tengan cerca adultos de los que reciban mensajes positivos que los vayan asimilando como la herencia más importante que va a enriquecer su propia vida. Dice James Mason, no el actor, que la juventud no va a ser salvada por los burócratas sentados detrás de sus despachos. Sólo pueden ser salvados por padres, abuelos, buenos educadores capaces de un amor inteligente. Esta puede ser la clave desde donde comienza un camino de resistencia a los golpes de la vida , tan dura para muchos niños y adolescentes; y de construcción, en medio de una sociedad donde escasean los materiales de construcción.

Y es que es en edad muy temprana cuando el muchacho tomas decisiones importantes para su vida, las que van a veces a definir lo que es su futuro desviado. Recuerdo en el cementerio de Fuencarral, en las cercanías de Madrid, un día desapacible, cuando un muchacho de 12 años, en medio del silencio que pedía la ocasión, con el sólo ruido de las paladas que echaban los sepultureros, gritó en medio de todos: “De mayor voy a ser drogadicto, como mi padre”. En la caja estaba el cuerpo de su padre, muerto por el tema. Me pareció muy serio su veredicto. Con el encanto de su madre, que había sufrido las condiciones duras de la vida de un marido toxicómano, comenzamos una actuación para mandarle mensajes positivos. Hoy tiene su trabajo normal dentro de un barrio complicado como es Villaverde. Trabajamos desde diferentes acciones para que este muchacho se enriqueciese con los recursos internos que su padre fue adquiriendo cuando ya llevaba en el bolsillo la ‘condena a muerte’. Estos mensajes deben partir de convicciones. Es la manera de crear las competencias sociales que no necesitarán la continua exigencia del respeto a la ley, sino la seguridad de sentir que la felicidad le viene a uno de las acciones constructivas de su persona, aunque sean difíciles. Todos sabemos que los grandes educadores han sabido decir y convencer a los pequeños diciéndoles: “¡ Animo, chico, que tu vales!” Y es maravillo el escuchar al cabo de años de los labios de un chico, del que todos dudaban de su futuro, aquello de: “¿Recuerdas que me dijiste que yo valía? ¡Pues he luchado para darte la razón!”

Todo ser humano nace con recursos para hacer crecer la resiliencia en su interior. No cabe duda. Parece algo genético. Pero es el trabajo de relación con el exterior, sean personas o sea el ambiente, donde va percibiendo el reflejo de lo que él es. Y ese reflejo le va dirigiendo hacia un crecimiento o un aniquilamiento de sus dotes resilientes. Unos datos claros pueden ayudarnos a trabajar con el niño la resiliencia, sea en el hogar, en la escuela, en el centro de menores… Con varios autores los podíamos resumir en estos puntos:

 

Desarrollar las competencias sociales, es decir, la capacidad para entenderse con los demás. Hacer crecer la capacidad de empatía, de ponerse en lugar del otro. ¡ Cuántos conflictos y mediaciones tienen este valor como base! Recuerdo las lágrimas de un adolescente ¡que ‘se había hecho una panadería’, cuando soñaba en el centro de menores con los ojos de aquel hombre. Oía que le gritaba: ¡No me mates, que tengo hijos! Aquello le hizo parar sus fechorías, porque había comprendido lo que el otro sentía.

– La capacidad de comunicación, de saber expresar con palabras los sentimientos que a uno le comen dentro. La comunicación tiene una función catártica. Un joven que me contó el plan de una gran atraco, no lo llevó a cabo, pues al soltarlo se deshizo de la tensión que tenía dentro para dar a conocer su valía, pues como le decía su suegra: “Este chico no vale ni para robar! ¡Cuántas fechorías no se harían si los adolescentes tuviesen confianza para contárselas a algún adulto…!

La capacidad para resolver los problemas por sí mismo o pidiendo ayuda a algún ‘adultos significativo’. Todos hemos armado alguna… pero cuando hemos chocado con el problema que hemos creado, hemos aprendido a vivir. Pero hoy día, cuando hay algún joven armando algún jaleo, los adultos huimos. De niños les reímos las gracias, de mayores desaparecemos porque les tenemos miedo, como dice J. M. Petitclerc. ¡Qué bueno es educativamente los consejos de conflictos en los institutos! Enseñan a los chicos a afrontar el problema que ellos mismos han puesto. La vez siguiente antes de crear el problema se lo piensan, pues han aprendido las consecuencias que puede tener.

– Ayudar a tomar conciencia de la realidad. ¡Cuántos hijos esclavizadoreshemos parido por no abrirles los ojos a la realidad de pobreza que los padres vivían! Los temas profundos de la vida conviene discutirlos con ellos para que sepan analizarlos. La injusticia, la mentira, el sexo, la inmigración, la madurez, el trabajo, la vida, la muerte… tantos temas que ayudan a tomar conciencia de esa realidad que van a vivir.

Fomentar la capacidad de autonomía, lo que habla más de responsabilidad que de victimismo. Enseñar las consecuencias que tienen las propias decisiones, sin querer los adultos vivir su vida. Pero con el cuidado de estar al lado en las situaciones que pueden tener consecuencias peligrosas. Si han puesto un problema son ellos los que tienen que afrontar las consecuencias. Elpaternalismo infantiliza y llega a que nunca madure el chico. En estos momentos tengo la experiencia de un ‘hombre’ de 40 años que está afrontando la ruptura del paternalismo en el que ha vivido. Está costando sangre, ya que son rupturas que, a destiempo, suponen traumas que se viven como un castigo que le dan los que tanto le han querido.

– La capacidad de creer en un futuro positivo. Frente a las políticas que no son capaces de ilusionar a nuestros jóvenes en un proyecto social que merezca la pena, está el discurso y la propuesta de los padres y educadores que saben que una de las posturas más dignas de todo ser humano está en auparse para entrever el futuro. Para conseguirlo merecen la pena todos los esfuerzos.

 

5.2. Cómo conseguir los recursos internos

 

No crecen en cualquier tierra. Se necesita un tipo de tierra adecuado para que podamos gozar de esas flores que, según algunos, estaban llamadas a ser cardos, pero que en la primavera de la vida gozamos de los colores y aromas más vivos que otras plantas de invernadero no logran alcanzar. Para un buen resultado necesitamos estos ingredientes:

 

  • Un adulto interesado por la vida del niño.

Alguien que sepa acercarse y ‘compadecerse’ ( en el sentido etimológico del término compadecerse-con) del muchacho concreto, más allá de instituciones, aunque se pueda hacer en su interior. Aquí sí que se necesitan ‘padrinos’, pero no de los que mandan dinero y tienen, como mucho, una foto del chico. Sino de los que están cerca y saben a qué huelen sus lágrimas y su rabia por lo que la vida ha hecho con él. Y que sea, al mismo tiempo un modelo positivo de vida. No se trata de alguien impecable. Todos guardamos y hacemos salir a veces a la superficie nuestros defectos. Basta con alguien que sepa escuchar habar en primera persona, con un yo, porque hay un que está enfrente interesado por lo que sale de sus labios. No es uno de los sobrantes, que habla Joaquín García-Roca como uno de los conceptos de los pobres en nuestra sociedad posmoderna.

Pueden ser padres, maestros, educadores, monitores… puede ser la escuela, la familia, el centro de menores, el campamento, el taller, la calle… cualquier lugar que lleve a la relación profunda que le haga al chicoexperimentar que su vida le interesa a alguien. “No sólo que se les quiera, sinoque se sientan queridos”, que decía Don Bosco, que de esto sabía un montón.

 

  • Un proyecto positivo para la vida del chico

Decía Saint-Exupérye que amarse no es mirar el uno al otro, sino mirar los dos hacia el futuro. La educación, que es un acto de amor, debe conseguir la misma perspectiva: crear un proyecto. Un proyecto en el chico y en el educador. Los dos cambian. “Nadie educa a nadie, nos educamos mutuamente”, que nos recordaba Freire. El adulto empuja en el chico un proyecto en el que están los dos interesados. Más allá de las dificultades que se han vivido hay que crear un futuro diferente. Hoy pudo gozar de que algunas de las personas que han sido capaces de salir de momentos degradantes, han tomado el futuro en sus manos y van luchando su vida, diferente de la que les habían augurado los profetas de mal agüero.

 

  • Los espectadores suben al escenario.

Quien ha sido espectador y esparring de la vida cambia cuando se hace actor y luchador. Por eso es importante hacerlos partícipes de la vida, de manera que sepan analizar lo que han vivido y sepan actuar, ayudando a los que han sufrido lo que ellos han sufrido. Quien ha sido drogodependiente, es quien mejor entiende la vida de otro que está sufriendo el mismo calvario. Los que no hemos pasado el mono nos deshacemos por responder a los problemas que, tan vez, no son tales problemas. Dice Myryam Cardinaux en el testimonio de su vida ( Unepetite fille en trop p.89 Ed. D’En-Bas.Lausanne.1995): “Tengo que decir que una buena parte de mi energía iba a evitar la violencia del ambiente en mi hermano pequeño y a retenerme de llorar delante de él… Yo me imponía el deber de protegerle, costase lo que costase.” Y es que gente que ha vivido las dificultades son después los más realistas a la hora de trabajar con gente que sufre la misma dificultad. Claro que antes tienen que ser capaces de leer de manera positiva lo que han vivido y de estudiar la manera educativa de trabajar con estos chicos.

 

A modo de conclusión

Me he adentrado en un tema complejo. He dado unas pinceladas. He tratado, como los dibujantes japoneses de sumi-e, de trazar con pocos rasgos los movimientos de esta interpretación del comportamiento humano y la manera de servirnos de esta lectura para actuar con chicos en dificultad de una manera preventiva.

Sólo quiero terminar diciendo que no podemos resumir la educación en el adiestramiento. Una de las ideas claves de la resiliencia la dejo enunciada: es la espiritualidad. La resiliencia pide en la persona una espiritualidad, una fuerza interior que sirve de escudo, de protección, de creación y de crecimiento de una persona feliz, de lo que los pronósticos hablaban de un problema para nuestra sociedad.

Si de algo te ha servido, sigue buscando, que el tema es profundo. ¡ Ah! Y lee El Patito Feo. Verás que se trata de un cuento muy serio.

 

JULIO YAGUE

julio@panben.org

 

[1] Técnicas de Tratamiento con Delincuentes, Ed. C.E. Ramón Areces, Madrid 1993, 48.

[2] O.c., 60

[3] Tomado de la Nueva Enciclopedia Larouse, Ed. Planeta. Barcelona, Tomo IX, p.8.463.

[4] Traducción española en Gedica Ed., Barcelona 2002.

[5] Hans Christian Andersen (18015-1875) El Patito Feo, citado por B. Cyrulnik o.c. p.19.

[6] Cfr. entero en: http://www.faq-mac.com/bitacoras/memoria/?p=159

[7] Le Bonheur est toujours posible, éd. Bayard, Paris, 2000.

[8] Cfr. Le Monde Diplomatique Agosto 2.003: “Ces Mots qui Polluent la Pensée” de Serge Tisseron.

[9] http://www.faq-mac.com/bitacoras/memoria/?p=159

[10] Puerta Maya: Wolin y Wolin, 1999.

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